PRESENTACIÓN

Anualmente cuando nos reunimos los antiguos alumnos de Corias, bien sea en grupos minoritarios por promociones en diferentes lugares del Principado y alrededores, o de forma general en el encuentro de Corias a finales de cada mes de septiembre, siempre solíamos comentar al sentir la alegría de juntarnos de nuevo que, era una pena el que hubieran pasado tantos años sin comunicarnos y sin saber unos de otros.

Afortunadamente, en estos tiempos eso está subsanado gracias a los medios informáticos disponibles que tenemos a nuestro alcance. Aprovechando la oportunidad que nos brinda BLOGGER para poder crear un espacio cibernético común, en la nube, donde se pueda participar y expresar los recuerdos que cada uno de nosotros guardamos celosamente de aquellos años, es cuando surge el Blog de los antiguos alumnos de Corias.

Esta elemental presentación lo único que pretende y persigue es reavivar la amistad y la armonía que hemos trabado entre todos nosotros durante los años de convivencia en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias y, que a pesar del tiempo transcurrido, aún perviven frescas en nuestro recuerdo.

Otro de los objetivos del blog es recordar y compartir las peripecias vividas por aquellos jóvenes que coincidimos bajo las mismas enseñanzas, disciplinas, aulas, comedores, dormitorios, juegos, etc., durante varios años en el convento de Corias y que aún las tenemos muy presentes.

La mejor forma que tenemos para rememorarlo es ir contando en este blog todos los pasajes que cada uno de nosotros recuerde, expresados con la forma y estilo propios de cada uno pero, siempre supeditados a los principios del buen gusto, el respeto y a la correcta educación que nos han inculcado los padres dominicos. El temario en principio aún siendo libre, sí debiéramos procurar en general, que tengan preferencia los temas relacionados con el colegio y su entorno, ya que es el vínculo y denominador común entre todos nosotros.

Como es lógico, cada colaborador es el único responsable de sus opiniones vertidas aquí en el blog; las cuales pueden ser expresadas libremente sin condicionantes ni cortapisa alguna por parte de la dirección; tan solo debemos atenernos todos, a las premisas mencionadas anteriormente del respeto y el buen gusto.

Una vez hecha esta breve presentación, se pide la colaboración y aportación de todos los antiguos alumnos pues, seguro que todos tenemos algo ameno e interesante que contar. Unas veces serán relatos agradables y divertidos, y otras no tanto; pero así es la realidad de la vida.

Al blog le dan vida una serie de antiguos alumnos que colaboran de forma fehaciente y entusiasta con Benjamín Galán que es el bloguero administrador. A este galante caballero el cargo de administrador no le fue asignado por méritos propios, más bien por defecto, de forma automática; simplemente, por ser el titular del blog. Pero podría delegar el cargo en cualquier otro colaborador que así lo deseara.

De antemano, muchas gracias a todos los participantes y colaboradores. Tanto a los antiguos alumnos y profesores que deseen intervenir, como a todos nuestros amigos lectores.

¡A colaborar y a disfrutarlo!

(21 de noviembre de 2009)

B. G. G. (BLOGUERO PRIOR)

miércoles, 2 de agosto de 2017

Crónica de Grandas




¡Al fin llega el día 13 de julio, al fin vamos a volver a Grandas! Después de 60 años, quienes contamos ya tantos como para hablar de mediados del siglo pasado, recordamos con emoción  la primera y única vez  que vimos aquella obra gigantesca, siendo niños. Ni siquiera importa que el día sea oscuro y lluvioso porque eso confiere al paisaje su más pura esencia asturiana y lo llena de melancolía, tan proclive a los recuerdos.

A las 10 de la mañana, puntualmente, estamos en Pola de Allande, donde no había vuelto desde mediados de los 60, cuando mis padres nos llevaban a ver aquella descarga de fuegos artificiales de colores, a la china, tan distinta de la nuestra. Me pareció que la villa de los americanos no había cambiado mucho y reconocí alguno de aquellos palacetes de indianos y La Nueva Allandesa, sede de inolvidables banquetes.

En el Bar Lozano se reúnen todos los viajeros y nuestro Prior oficia como maestro de ceremonias presentándome a todos y cada uno. En realidad creo que no es necesario porque somos ya viejos amigos a través del blog y de los recuerdos compartidos, pero un buen Prior jamás olvida las formas, imprescindibles para la buena marcha de la comunidad.

Después del café y de unos minutos de amena conversación volvemos a los coches para proseguir el viaje. El Puerto del Palo está envuelto en niebla y apenas es visible el refugio de cazadores, cuya preciosa foto nos envió Samuel. Apenas adivinado entre la bruma y en lamentable estado de abandono, es como una alegoría del paso del tiempo y sus desastres. Algunos esforzados peregrinos aparecen y desaparecen al borde de la carretera, fugaces como figuras incorpóreas e inquietantes de un sueño.

A la hora prevista estamos ante la fachada de la Central que sigue siendo la monumental construcción que recordaba y siempre he deseado volver a ver, quizá porque fue mi primer encuentro con el arte moderno, que habría de interesarme el resto de mi vida. Ahora, pasados 60 años, entiendo lo que entonces me impresionó pero no entendí. Ahora entiendo que sus raíces de hunden en el arte egipcio y que esta fachada se parece a los pilonos de un templo nilótico donde todo ha sido concebido para la eternidad.

Nos recibe un amable guía que comienza a hablarnos de Los Vaquero, Vaquero Palacios, arquitecto y pintor, y su hijo, Vaquero Turcios, pintor, escultor y arquitecto, a quienes se debe el diseño y decoración de la obra. Los relieves que creí tallados en granito rosa, como muchas esculturas faraónicas, no son tallas graníticas sino hormigón vaciado en moldes y adherido a la fachada. Su tema es el agua, que cae desde las nubes al río, pasa por complicados procesos en los que intervienen hombres y máquinas, se convierte en rayos y sale de la central por cables sostenidos por torres metálicas. El tiempo y la humedad van oscureciendo la piedra y el hormigón y los van dotando de pátina, ese halo misterioso, inexplicable, que convierte una obra de ingeniería en arte.

Ya dentro, convenientemente protegidos por blancos gorros quirúrgicos y cascos, comenzamos la visita no por la sala de máquinas a nivel de la entrada sino por la de control, más elevada, a la que accedemos en ascensores. Se parece a una nave espacial antigua porque las que hoy vemos en las películas son mucho más sofisticadas. No es grande pero sí llena de paneles color verde inglés con lucecitas de colores, botones, mandos, relojes y pantallas. En fin, para expertos como yo, una atracción cinematográfica donde los metales relucen como recién pulidos y todo funciona con germánica precisión…desde mediados del siglo pasado, cuando la tecnología y los medios eran muy distintos a los de hoy.

Bajamos después a la sala de máquinas donde está el gran mural de Vaquero Turcios, que narra muy gráficamente toda la génesis de la central, desde la localización del lugar por un anciano con larga barba blanca y túnica que parece un filósofo griego y, al parecer, representa al abuelo de uno de los Vaquero, hasta el proceso costosísimo y a veces doloroso de la construcción en tan difícil paraje. La técnica de las pinturas es cubista, estilo dominante en esa época, y tienen un marcado propósito descriptivo y pedagógico. Sobre el enorme mural, en cuatro grandes ménsulas, aparecen las imágenes de cuatro ilustres personajes con una frase emblemática de cada uno de ellos. Se trata de Picasso, Freud, Max Plank y Einstein, todos ellos pilares del mundo moderno, que fueron allí colocados en 2001, cuando los frescos fueron restaurados. En época de la construcción no fue posible dada la escasa simpatía que tan insignes personalidades despertaban en el régimen dominante.

Bajo el monumental fresco, bajo la mirada de aquellos genios, hay una salita redonda con sofás rojos en torno a una mesa circular, de aire funcional y neoyorkino años 50. La diseñó Vaquero Turcios para facilitar las reuniones de ingenieros, arquitectos y técnicos in situ, al abrigo del fragor de la obra en construcción. Pues bien, El Caudillo, cuando inauguró la central en 1953, se negó a entrar en la salita porque ¡estaba tapizada en rojo! Parece que Su Excelencia ignoraba que aquellos frescos bajo los que se hallaba son un claro ejemplo de realismo socialista, idénticos a los que pueden verse en las estaciones de metro de Moscú y que Stalin ordenó construir por las mismas fechas. Y es que el arte no sabe de fronteras y como muy bien dice un refrán castellano “los extremos se tocan”.

A la salida de la sala de máquinas observamos la maqueta de uno de los dos colosales halcones que habrían de ser miradores colocados sobre la presa, entre cuyas patas pasarían los coches. También en Moscú, en el solar de la catedral del Salvador que Stalin ordenó demoler, se proyectó levantar una estatua de Lenin cuyas manos extendidas serían dos helipuertos. Los halcones de Grandas y la estatua de Lenin han tenido el mismo destino. Sic transit gloria mundi.

Ya en el exterior observé con más atención aquel paisaje áspero al que las construcciones auxiliares, abandonadas y ruinosas, dan cierto aire siniestro subrayado por las nubes bajas y sombrías. Volví a ver el mirador en forma de fauces abiertas y la imagen de la Virgen de la Luz y ambos me parecieron menos grandes y más feos que entonces. Las enormes paredes de la presa, los aliviaderos, toda la obra se va ennegreciendo, todo tiene un aspecto posindustrial, de decadencia, de abandono, de irreversible pasado.

Hacia las 13 h nos instalamos en torno a la mesa del restaurante Las Grandas. Acerca de la comida ha habido disparidad de criterios, como dicen los taurinos, pero como no soy autoridad en la materia y para mí la compañía es siempre lo más importante, solo diré que disfruté de lo lindo de todo, comida, compañía, conversación y vistas espectaculares desde la terraza sobre el embalse. 

Continuamos camino hacia Grandas por una carretera sinuosa y bellísima y ya en el pueblo, fuimos directamente al museo, ubicado en un recinto cercado al que se accede por un amplio portón que bien podría ser la entrada a cualquier pueblo del suroccidente asturiano de nuestra infancia: casa con hórreo, molino, tienda, ermita y demás instalaciones necesarias para la vida en la aldea.

Empezamos la visita por la casa con su chariega, escaños, trébedes, masera, bacitas y los innumerables utensilios que tan familiares nos son a los aldeanos cangueses que ya peinamos canas…en el mejor de los casos. Después, la habitaciones: camas, cunas, armarios, enseres y ropas de todo tipo, algunas verdaderamente jocosas. Una escuela con pupitres con tinteros de mojar, mapas en las paredes, globo terráqueo, cartillas, enciclopedia, encerado, retratos de los amados líderes, y la estufina de carbón que a punto estuvo de arrancar una lágrima a algún nostálgico. Una peluquería-barbería de caballeros, con sus sillones blancos, navajas, tijeras, peines, cuchillas, Varón Dandy y papel higiénico El Elefante entre un sinfín de objetos cuidadosamente ordenados en las viejas vitrinas. Una sastrería muy bien surtida donde el Prior tuvo ocasión de deleitarnos con una lección magistral. Sacas de correos y valijas que me saludaron como a una antigua colega. Una tienda como la de Saturno de Ventanueva donde había desde caramelos hasta carburo para los candiles… Telares de todas clases; máquinas de coser, de ebanistería y de todo tipo; enorme colección de cuencos, jarras, cestas y toda clase de utensilios hechos de madera; una completísima colección de madreñas, no solo de Asturias sino de otras regiones de España y Europa… El Prior nos explicó detalladamente el funcionamiento de las trampas para cazar ratones, una de las cuales era como una guillotina de madera. ¡Qué ingenio, que derroche de talento para matar o cazar a un pobre ratón! Y una cocina más moderna, de aquellas llamadas económicas (fabricadas en el País Vasco, se vendían en la tienda de mis padres y eran eternas, prácticamente indestructibles), equipada con toda la cacharrería propia de la época.

En torno a aquel precioso espacio verde y ajardinado están el hórreo y el molino completo y en pleno funcionamiento, movido por las aguas claras del regueiro que riega la propiedad donde también se alza la capilla, ejemplo perfecto de arquitectura popular en cuyo interior pasamos momentos divertidos examinando confesionarios, imágenes, carracas, incensarios, apagavelas, ornamentos varios y hasta un féretro de madera toscamente tallada que debía pasar de generación en generación pues, de lo contrario, estaría bajo tierra y no aquí sobre unas andas.

A la salida dimos las gracias efusivamente a quienes se encargan de reunir, clasificar, restaurar y cuidar tan ingente cantidad de objetos y les animamos a continuar en tan admirable labor. Firmamos en el libro de visitantes y así concluyo una visita memorable a un museo ejemplar.

En un café cercano nos sentamos durante media hora para comentar las emociones del día, quizá con el secreto deseo de alargarlo un poco más. Todos agradecimos a Samuel su perfecta organización y me atrevo a decir que nadie la disfrutó más que yo y por todo ello, por la oportunidad que me brindasteis de volver a ver lo que nunca creí posible y por vuestra calurosa acogida, siempre os estaré agradecida, siempre desearé volver a reunirme con tan extraordinarios amigos.

Para todos y cada uno el más cariñoso abrazo y ¡hasta pronto!

MGM

domingo, 23 de julio de 2017

“DALÍ”



Desvalido, solitario,
enfermito imaginario
traído de acá para allá
por tiránicas blancuras
en níveas urnas rugientes;
triste majestad sedente
en férreo trono rodante
coronada gentilmente
por barretina colgante.

¡Pobre Salvador Dalí,
pobre niño consentido
sin papás y sin amigos
a quien todos dicen sí!

Patético niño mío,
no sé si te habrán querido
pero ahora serás feliz
en el Ampurdán celeste
que he pintado para ti.

.....


MGM

viernes, 14 de julio de 2017

VISITA A LA CENTRAL HIDROELÉCTRICA DE GRANDAS DE SALIME








Ayer día 13 de julio, dada la mala fama que arrastra el número trece  según la superstición popular, es probable que  para muchos no fuera un día muy  propicio para alejarse del entorno conocido de cada uno. Sin embargo, nuestro amigo y compañero Samuel, allá a primeros de junio ya  pensó en organizar  una excursión junto a sus compañeros de colegio y esposas, que no fuera muy lejos y que tuviera  un poco de todo: gastronomía, paisaje, entretenimiento, distracción, cultura… El punto elegido con mucho acierto fue la Central Hidroeléctrica de Grandas de Salime sobre el río Navia. 

En principio íbamos a ser bastantes más los asistentes , pero por diversos motivos y ocupaciones familiares hemos acudido solo once: Samuel, Olga, Manolo Camposín y Maribel,  Alfredo y Conchita, Raúl y Rosi,  Galán y Elena. Como miembro e invitada especial,  participante y entusiasta del Blog de los antiguos alumnos de Corias, nuestra entrañable amiga Gloria.

El punto de encuentro fue en Pola de Allande a las diez de la mañana. Una vez que tomamos café nos pusimos en marcha  toda la comitiva con dirección hacia el Embalse de Grandas. La hora prevista para la visita eran las once. Llegamos sobre las once y diez. Como Samuel lo tenía todo gestionado a la perfección, no hubo ninguna sorpresa. A la entrada de la central ya nos estaban esperando los guías, que por cierto, uno era exalumno de Corias, pero de promociones posteriores a las nuestras.

 Antes de iniciar el recorrido nos pertrecharon de una especie de redecilla de color blanco, a modo de velo, de usar y tirar, para cubrir la cabeza, y sobre ella nos calamos el flamante y reluciente casco blanco. Fuimos recorriendo los distintos departamentos de la central, acompañados por personal acreditado que nos fue explicando el funcionamiento y control de los cuatro grupos generadores que posee la central, con los consiguientes cuadros de mandos así como los dispositivos autómatas que vigilan y regulan los posibles imprevistos que pudieran surgir durante la generación de la electricidad. Como detalle que apreciaron rápidamente las mujeres fue el refulgente brillo que despedían los rótulos y dispositivos de los cuadros de mandos que eran de bronce.

En la sala de generadores existe en la parte alta de  uno de los laterales un atractivo mural con mucho colorido en el que se representa  el proceso completo de la construcción de la presa y que es obra de los artistas Vaquero, padre e hijo. También recoge figuras que hacen comprensible el proceso de generación de la electricidad mediante el agua embalsada. Comienza por la nube que proporciona el agua que aportará la energía potencial necesaria, hasta que salen de la central los kilovatios a la subestación y de ahí a la  red eléctrica. Todo el recorrido fue muy ameno,  muy interesante y bien explicado en términos muy accesibles para profanos y entendidos.

Sobre las 13 horas finalizamos la visita, nos hicimos la foto de familia en la entrada de la central y nos fuimos a comer  a un hotel cercano, en la carretera hacia Grandas, llamado Las Grandas. Por la tarde nos acercamos hasta Grandas de Salime para visitar el Museo Etnográfico y que algunos ya habíamos visitado hace muchos años. Nos gustó mucho a todos por el lugar donde está albergado, el contenido, lo  bien ordenado, el número de piezas que posee, por la simpatía de los guías y por qué no decirlo: por  el precio tan económico de la entrada,  1,50 €.  Gloria firmó en nombre del grupo en el libro de visitas y con esto dimos por concluida la excursión.

A la salida de la visita al museo tomamos un café en un bar frente a la bonita iglesia del pueblo y cada mochuelo a su olivo. Todos regresamos  a casa muy satisfechos de haber disfrutado de un estupendo día entre viejos amigos. Lástima que Josefa, la mujer de Samuel,  no pudo asistir por tener otros compromisos. Muchas gracias a Samuel por la dedicación y esfuerzo en la preparación del evento, y decirle que es  todo un experto en logística pues, no deja ningún cabo suelto,  todo atado y bien atado, no como les pasó a otros.  Así da gusto.


B. G. G. bloguero “Prior” 

jueves, 29 de junio de 2017

A VUELTAS CON LA MEMORIA




El paso del tiempo y la pérdida de memoria suelen ser circunstancias propicias para que el olvido  tienda sus mortales emboscadas.

Esta semana se celebraron los 40 años de la legislatura constituyente con actos en los que fueron homenajeados, y condecorados, algunos de los miembros que formaron parte de ella. Éstos, junto a otros hombres y mujeres ya fallecidos, son reconocidos, unos con más justicia que otros, como protagonistas de la Transición democrática en nuestro país.

Sin embargo son muchos más los protagonistas olvidados, o solo recordados en esta ocasión por algunos de los actuales diputados en un acto celebrado al margen del boato oficial. Duele que tantos sacrificios personales y colectivos por una sociedad más justa hayan sido, y sean hoy, aprovechados por quienes detentan el poder político y económico para perpetrar el  saqueo del bienestar de todos.

Al seguir estas celebraciones a través de los medios de comunicación experimenté la misma sensación que había experimentado hace más de dos décadas, cuando, al cumplirse los 20 años de la muerte de Franco y del inicio de la Transición, se prodigaron fastos parecidos.

Entonces sentí la necesidad de rescatar la memoria de uno, de uno al menos entre los miles de olvidados. De un compañero y amigo. Era noviembre - diciembre de 1995 y escribí una carta al director de El País con el título La otra Transición La carta fue publicada (algo que dudo hubiera hecho hoy el actual Director teniendo en cuenta la deriva informativa y editorial mantenida por este periódico durante los últimos tiempos)

Ahora, igual que entonces, para que el paso del tiempo y la pérdida de memoria no nos lleve a olvidar, he sentido la necesidad de recuperar ese recuerdo, y después de bucear en los archivos de Cartas al Director de la edición impresa de El País recuperé aquella carta. Hoy la transcribo aquí:

-La otra Transición - (El País -15 de diciembre 1995)

Un tema de moda: la Transición. ¿Quién, quiénes fueron sus artífices, sus protagonistas? Unos se ponen medallas, otros las ponen a señores importantes ahora, algunos también lo eran entonces. Pero de los otros protagonistas ¿quién se acuerda? Yo recuerdo uno, uno más entre miles.

Comenzó a luchar por la libertad y la democracia y muy joven se hizo comunista. Muy joven también un tribunal militar, año 1962, le encarceló en el penal de Burgos. Cuando salió, día a día, mes a mes, año a año, se dedicó tenazmente a continuar esa lucha visitando periódicamente nuevas cárceles.

Los trabajadores de Madrid, especialmente los metalúrgicos, recordamos una empresa, Taybesa, donde entonces (años 70) trabajaba, y una zona, Ventas, en la cual desarrollaba su actividad sindical y política. Después años de trabajo agridulce para crear la estructura capaz de transformar lo que era un movimiento obrero en un sindicato democrático y de clase.

Una vez cumplida esa etapa, y ya en los años 80, retomó su oficio de siempre, mecánico de automóviles. Pero ya había cumplido 40 años. Su edad y militancia sindical y política no eran buena compañía para encontrar nuevos empleos: La Transición permanece detenida ante la puerta de muchas empresas.

Transcurre entre el paro y contratos temporales (antecedentes de los hoy oficializados contratos basura) ese periodo de su vida. Hasta una mañana de principios de agosto de 1988. Muchos partíamos de vacaciones, él se dirigía a un nuevo empleo (temporal, por supuesto). Su vehículo se salió de la carretera y dejó de existir. Aún no tenía 50 años. Este protagonista de la Transición se llamaba Emilio Alcaraz.


Fdo. ulpiano rodríguez calvo.

jueves, 22 de junio de 2017

ADIÓS A UNA AMIGA DEL BLOG



Nuestro más sentido pésame a los familiares de Marta Rodríguez por su fallecimiento. Dada  la simpatía  que sentía esta amiga hacia los antiguos alumnos de Corias,  que mientras tuvo salud, procuró sacar tiempo de donde fuese para  visitar con frecuencia este blog y participar en él con sus poéticos y nostálgicos comentarios. Sobre todo, siempre que saliese a relucir algo relacionado con: Corias, el convento, los frailes,  la juventud de aquellos años, etc. Los amigos del blog siempre la recordaremos y le quedamos muy agradecidos por sus colaboraciones. Te echaremos de menos amiga Marta. D. E. P.

B.G.G. bloguero"Prior"

miércoles, 21 de junio de 2017

LA DÉCIMO SEGUNDA





Este grupo de talludos “pimpollos” que vemos posando  en la tercera foto, tras los rosales enanos repletos de lucidas y atractivas rosas rojas, son  antiguos alumnos de Corias,  restos de la promoción: 1959-1966. Aunque por ley natural el grupo va mermando,  pues, ya sufrimos tres bajas entre nosotros; la última muy reciente todavía  pues, apenas hace tres semanas que nos dejó el amigo Juanma de Pola de Lena.  La foto en la que estamos todos de pie,  recoge el momento del brindis en  su honor y memoria por buen amigo y excelente compañero.

A pesar  de estos reveses que da la vida, el resto de compañeros seguimos reuniéndonos al menos una o dos veces anualmente. La de este año ha hecho  la décimo segunda cuchipanda. El número de asistentes a estos encuentros suele oscilar entre ocho  como máximo y como pocos seis, como ha sido el caso de este año.  Lo que sí ha cambiado esta vez fue el  lugar de celebración, que ha sido en La Cruz de Lena en una preciosa casita de recreo, propiedad de Raúl, con trazas de hórreo y enclavada en un paisaje  de montaña idílico. Pero el cambio afectó principalmente, a las coordenadas del lugar pues, en cuanto a bonitos y acogedores lugares y esmerada atención por parte de los anfitriones son a cual más, entre los cuatro “refugios” que caritativamente,   han ido acogiendo  al grupo a lo largo de estos diez últimos años.

 Estos sufridos amigos que se brindan gustosamente  para atender y asistir a este maduro grupo, la mayoría  septuagenarios, tienen mucho mérito y les estamos todos muy agradecidos por ello, pues,  queramos  o no, vamos muy mayores  y ya damos mucha lata. Bueno, en cuanto a lata, no nos quejaremos demasiado pues podría ser la cosa mucho peor si la asistencia fuera al completo.  

También es de justicia  decir que algunos de estos “mesoneros” improvisados,   se les hace la carga un poco más llevadera gracias a la  veteranía adquirida en prestar este servicio una y otra vez, como es el caso de Fidel en Baselgas, en el concejo de Grado, que llevamos recayendo por allí,  ya cinco veces. No sería nada de  extrañar  que   la próxima vez que por allí aparezca la comitiva,   se encuentre en la fachada de la casa con un letrero que diga más o menos esto: “CERRADO POR TIEMPO INDEFINIDO DEBIDO A  REFORMAS ESTRUCTURALES MUY IMPORTANTES EN EL EDIFICIO. LA PROPIEDAD SOLO ATIENDE  ON LINE, Y VISITAS  NO SE  RECIBEN  HASTA NUEVA ORDEN”.

Bromas aparte, es justo decir que pasamos un estupendo día y que regresamos todos a casa con ganas de volver a repetirlo en cualquier momento: bien sea en cualquiera de estos privilegiados lugares, o en el albergue municipal más próximo si hiciese falta; eso daría lo mismo. El caso es poder seguir juntándose todos, y celebrándolo así de bien. Hasta pronto.

B. G. G. bloguero “Prior”

viernes, 16 de junio de 2017

CANÍCULA Y CEREZAS



Continuando con las diversiones propias de nuestra infancia,  durante los calurosos meses de julio y agosto, los que fuimos criados en pueblos con río cercano, hay que reconocer que tuvimos mucha fortuna pues, ya siendo pequeños, como dicen los argentinos, apenas unos soretes,  llegados los calores caniculares  nuestra mayor distracción a la hora de la siesta era ir al río y meternos en los pozos más remansados para, a base de insistencia y de algún que otro trago involuntario de agua, y de sufrir mofas y repetidas “aguadichas” por parte de los “xabardus” (brutos) mayores, lográbamos  aprender a nadar.

Otro entretenimiento, muy valorado por todos nosotros en estas fechas, consistía en por las noches ir a visitar los cerezos vecinos que había en el pueblo y si estaban bien cargados de fruto les aligerábamos un tanto  de peso. Esta diversión conllevaba cierto riesgo físico pues,  a veces,  a pesar de cobijarnos la  oscuridad de la noche, no resultaba nada fácil el esquivar  los cantazos que llegaban a la “caramiecha” (cima) de los árboles, estando como estábamos, sin nosotros saberlo, bajo  la atenta vigilancia y puntería de los astutos y recelosos dueños de los  cerezos.

Volviendo a la primera diversión, conviene resaltar que en aquella etapa de nuestra adolescencia, el  adquirir la capacidad de poder comportarse como un  “bilaxu” (trucha pequeña) en el agua,  durante al menos unos momentos, suponía  todo un reto y  era una de las formas de poder compartir de igual a igual con los mayores  las sesiones de baño,   ya que  ellos eran más veteranos en esas lides y se manejaban con cierta soltura, tal como el lanzarse de cabeza al agua desde un risco  elevado de la orilla y bucear hasta tocar con la punta de los dedos el  fondo del pozo. Para los más novatos  el poder llegar a hacer esas mismas proezas que hacían los mayores,  era como alcanzar un rango, un estatus superior dentro de la jerarquía de la pandilla pues, entrañaba una de las mejores formas de divertirse y de que los mayores te respetaran y te tuvieran en cuenta. Sin embargo, las muchachas era más raro que fueran al río a bañarse junto con nosotros. De ir, iban algunas veces, pero ellas solas y medio escondidas, para procurar que los rapaces no las viésemos en traje de baño, ya que  para ellas aquella pudorosa y generosa vestimenta resultaba poco menos que estar en paños menores.

No hace mucho he hecho un comentario en Facebook relacionado con los baños en la playa, que por cierto, como apreciación diré que a pesar de haber tantas piscinas al aire libre y climatizadas en todas las ciudades,  todavía se ve bastante gente que no sabe nadar.  En dicho comentario reconocía y agradecía el haberme criado en un pueblo ribereño con río cercano pues, gracias a eso, a partir de los 10 o 12 años, aproximadamente, ya sabíamos nadar lo que nos facilitó a lo largo de la vida el poder disfrutar de los relajantes baños veraniegos en los ríos y ocasionales en el mar.

Recuerdo siendo niño  que de vez en cuando, en verano, se organizaba en el pueblo alguna que otra excursión a Luarca, gracias a los servicios de ALSA, pues,  era la única forma de que los de interior pudiésemos  disfrutar, al menos por un día,  de los reconocidos efectos beneficiosos que la brisa marina y  el agua del mar producen en el cuerpo humano. Era curioso comprobar que la mayoría de nuestros progenitores, a pesar de ser ribereños,  no sabían nadar;  pero una vez en la playa,  se remangaban la ropa como podían, tanto hombres como mujeres, y se metían en el agua hasta que les cubría por la rodilla  para disfrutar de las caricias del oleaje y también para que el salitre marino les aliviase los frecuentes dolores musculares y reumáticos que les solían acompañar.

Por el contrario,  los zagales nada más que pisábamos arena fina, ya  nos despojábamos a la carrera de la ropa y nos quedábamos  con el calzón de baño, de marca Meyba, el cual, la mayoría de las veces,  no  estaba para muchos trotes pues, entre lo descolorido y desgastado que lo teníamos, era como si lleváramos encima puesto un tul,  (más o menos como el que se vio que llevaba puesto Rodrigo Rato, de color amarillo, estando a bordo de un yate), pero como tampoco teníamos mucho que tapar, esas minucias a nosotros apenas nos condicionaban ni nos coartaban a la hora de tener la oportunidad de meternos en el mar. Al instante, ya nos adentrábamos con cierto recelo en el agua  hasta donde hubiese calado suficiente y que las olas no fuesen muy grandes,  para poder demostrar que nuestras habilidades natatorias adquiridas clandestinamente en aguas dulces,  también eran igual de válidas para la mar salada.

Nada más comenzar a nadar  nuestros mayores se quedaban estupefactos al comprobar que no solo nos manteníamos a flote del agua, sino  que sabíamos nadar y bucear casi tan bien como lo hacen las anguilas. En ese momento se preguntaban entre ellos: ¿y dónde aprendieron a nadar estos diablecos? La duda no duraba mucho pues, siempre había alguno  del grupo con cierta incontinencia  verbal,  que descubría el intríngulis al momento, diciendo que habíamos aprendido en el Narcea mientras nuestros padres dormían la siesta, y que la mayoría de nosotros la siesta la pasábamos  metidos en el río,  y cuando salíamos al prado a secarnos estábamos ya blancos como la leche, tiritando y dando diente con diente,  de lo fría que solía estar el agua.

Recuerdo que algunas madres y padres de los amigos del pueblo, gracias a las esporádicas excursiones a Luarca,  descubrieron  que sus retoños sabían nadar sin su consentimiento y sin que ellos les hubieran enseñado. De ahí que se mostrasen algo más tolerantes a la hora de aplicar castigo pues,  a pesar de haber  burlado las horas impuestas de siesta, tampoco era como para decir que habían desperdiciado el tiempo pues,  mientras los padres se creían que los  “diablecos” estaban reposando en la piltra, para que luego afrontaran los trabajos de la labranza con mayor ímpetu y ganas,  lo que estaban haciendo era chapotear  en los pozos del Arca o de  Souto como si fueran auténticas “tsóndrigas” (nutrias).

La verdad es que no era de extrañar que nos prohibieran el ir solos a bañarnos al río, ya que, algunos  de los pozos que frecuentábamos encerraban mucho peligro por los remolinos que en ellos se formaban,  sobre todo, en los situados en profundos recodos o meandros del río Narcea y también de sus tributarios, el Gillón y el Moal, principalmente, en las inmediaciones de Ventanueva.

Pero no todo eran parabienes por el sorprendente aprendizaje adquirido, no; a más de uno y de dos,  cuando sus madres descubrieron la  desobediencia  y el rechazo de  las horas de la siesta,  les costó  algún que otro disgustillo, como el tener que asumir, día tras día, el realizar ellos solos, sin la ayuda de nadie,  ciertas tareas engorrosas de la ganadería, que no resultan muy gratas en sí, pero que son obligatorias para la higiene y desarrollo de los animales estabulados: como era la limpieza y barrido de la cuadras,  sacar el cuito de las cortes de gochos y vacas, el abastecimiento de mullido para el ganado, etc.

Lo positivo de todo esto es que,  a base de mentir un poco a los padres, mentiras piadosas,  no sin riesgo de recibir unas buenas “xostradas” (bofetadas) si nos descubrían, y  a tener que chapotear incansablemente en el agua por nuestra propia cuenta,   primero solo con las manos, imitando a los perros, y después ya con brazos y piernas, tipo rana,  aprendimos a movernos dentro del río  con cierta soltura, sin gastar un duro y sin necesidad de tener que adquirir excesivos tecnicismos en las formas y en las poses, ni soportar reproches de monitores, demasiado estrictos y académicos.


B. G. G. bloguero “Prior”