PRESENTACIÓN

Anualmente cuando nos reunimos los antiguos alumnos de Corias, bien sea en grupos minoritarios por promociones en diferentes lugares del Principado y alrededores, o de forma general en el encuentro de Corias a finales de cada mes de septiembre, siempre solíamos comentar al sentir la alegría de juntarnos de nuevo que, era una pena el que hubieran pasado tantos años sin comunicarnos y sin saber unos de otros.

Afortunadamente, en estos tiempos eso está subsanado gracias a los medios informáticos disponibles que tenemos a nuestro alcance. Aprovechando la oportunidad que nos brinda BLOGGER para poder crear un espacio cibernético común, en la nube, donde se pueda participar y expresar los recuerdos que cada uno de nosotros guardamos celosamente de aquellos años, es cuando surge el Blog de los antiguos alumnos de Corias.

Esta elemental presentación lo único que pretende y persigue es reavivar la amistad y la armonía que hemos trabado entre todos nosotros durante los años de convivencia en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias y, que a pesar del tiempo transcurrido, aún perviven frescas en nuestro recuerdo.

Otro de los objetivos del blog es recordar y compartir las peripecias vividas por aquellos jóvenes que coincidimos bajo las mismas enseñanzas, disciplinas, aulas, comedores, dormitorios, juegos, etc., durante varios años en el convento de Corias y que aún las tenemos muy presentes.

La mejor forma que tenemos para rememorarlo es ir contando en este blog todos los pasajes que cada uno de nosotros recuerde, expresados con la forma y estilo propios de cada uno pero, siempre supeditados a los principios del buen gusto, el respeto y a la correcta educación que nos han inculcado los padres dominicos. El temario en principio aún siendo libre, sí debiéramos procurar en general, que tengan preferencia los temas relacionados con el colegio y su entorno, ya que es el vínculo y denominador común entre todos nosotros.

Como es lógico, cada colaborador es el único responsable de sus opiniones vertidas aquí en el blog; las cuales pueden ser expresadas libremente sin condicionantes ni cortapisa alguna por parte de la dirección; tan solo debemos atenernos todos, a las premisas mencionadas anteriormente del respeto y el buen gusto.

Una vez hecha esta breve presentación, se pide la colaboración y aportación de todos los antiguos alumnos pues, seguro que todos tenemos algo ameno e interesante que contar. Unas veces serán relatos agradables y divertidos, y otras no tanto; pero así es la realidad de la vida.

Al blog le dan vida una serie de antiguos alumnos que colaboran de forma fehaciente y entusiasta con Benjamín Galán que es el bloguero administrador. A este galante caballero el cargo de administrador no le fue asignado por méritos propios, más bien por defecto, de forma automática; simplemente, por ser el titular del blog. Pero podría delegar el cargo en cualquier otro colaborador que así lo deseara.

De antemano, muchas gracias a todos los participantes y colaboradores. Tanto a los antiguos alumnos y profesores que deseen intervenir, como a todos nuestros amigos lectores.

¡A colaborar y a disfrutarlo!

(21 de noviembre de 2009)

B. G. G. (BLOGUERO PRIOR)

jueves, 27 de abril de 2017

“NIEBLA”



Salamanca fantasmal
envuelta en velos de niebla
como princesa oriental.
Torres de la Clerecía,
San Juan y la Catedral.
más que torres, torreones
de castillo medieval
suspendidos sobre rocas
de tejados de ciudad.
Baluartes desdibujados
en el paisaje irreal
de un país imaginario
habitado por las hadas,
las ninfas y los centauros.
Rumor de gente al pasar...
¡Ay, si en vez de este rumor
se oyese el rumor del mar...!
...
Salamanca nebulosa
donde no llueve ni nieva,
eres para mí más bella
trasformada por la niebla
que refulgente y dorada
y radiante como estrella.

GMM

lunes, 24 de abril de 2017

“LEJOS DEL MAR”



¿A quién contaré mis penas?
¿Quién me las querría oír?
Yo, que apenas puedo hablar…
que casi no sé escribir…

¡Ay, si pudiera llorar
en la playa solitaria
viendo las olas llegar… !

Rudo invierno mesetario
-   ¡qué calvario! –
Siempre el cielo azul añil
¡y el mar tan lejos de aquí!

No os acerquéis a mí
que rezumo olor a sal
y estando la mar tan lejos
os podría envenenar.

Solo un nombre, Ventanueva,
y mi recuerdo solloza.
¿Volveré a ver algún día
aquella ladera umbría
que llamaban Valderroza?

Páramos hoscos y secos,
pedregales sempiternos…
¡están tan lejos de aquí
los hayedos de Muniellos!

Tormes ancho y silencioso
de estampa tan señorial
¿has oído alguna vez
la voz clara del Narcea
bajo el puente de Moal?

Aldeas horizontales
color de tierra quemada
entre oscuros encinares
¿conocéis otros lugares?
¿Sabéis de montes y valles,
de ríos y torrenteras?
¿Sabéis que existe la mar,
los barcos y las riberas?

Brumas eternas del Norte,
sé que sabéis de mi duelo.
Os lo habrá contado el viento
pues no tengo en estas tierras
heraldo ni mensajero.
.....
Si muero lejos del mar,
si ya nunca vuelvo a verla
¡no me encerréis bajo tierra
en cofre de madreperla!
¡No me encerréis bajo tierra!
porque no tendré enterrada
ni sueño ni paz eterna.
¡No me encerréis bajo tierra!
y dejadme navegar
en la mar verde y revuelta,
en la mar que siempre amé
y que nunca tuve cerca.
¡No me encerréis en un cofre
forrado de madreperla,
que no quiero ser tesoro,
sólo quiero ser marea!
¡No me enterréis en un cofre!
¡No me enterréis bajo tierra!

.....

MGM

sábado, 22 de abril de 2017

¿Se muere el Blog?

Parece que la muerte de Pepe Moran nos ha dejado a todos sin muchos ánimos.
Yo creo que a él no le hubiera gustado que dejásemos el Blog.
Tenemos colaboradores que escriben muy bien y, a buen seguro, serán capaces de revitalizar el Blog.
Lo más socorrido será recordar alguna de las anécdotas mil veces contadas en las reuniones de ex-alumnos pero no por ello dejan de ser una fuente de recuerdos y comentarios.
Podemos, por ejemplo, ir elaborando una lista de los platos degustados - es un decir -en el internado. Unos por sabrosos, que también los hubo, y otros por lo contrario, que también.
Recuerdo, por ejemplo, un famoso arroz con unas ¿almejas? que olía fatal y que nos negamos a comer. Estuvo en las mesas del comedor hasta que, efectivamente, sería un peligro comerlo. Creo que era el año 1966 ó 1967. Al final el P. Basilio ordenó se retirara y creo recordar nos apuntó a todos a la famosa hora de queda durante ¿un mes?.
Seguro que hay más cuestiones de éste tipo.
Saludos y ánimo para seguir con el Blog.

miércoles, 22 de marzo de 2017

“ EL BLANCO “




Leyendo “Cangas del Narcea, guía completa”, obra de María del Roxo, me detuve (¡cómo no!) con especial interés en las páginas 248-249, dedicadas a La Venta/Ventanueva. No es mi intención, ni tengo para ello autoridad ni conocimientos, corregir a la autora sino comentar algunos aspectos que ella nos ofrece sobre mi pueblo.

Menciona la autora el castro prerromano que existió en un altozano de la primera curva de la carretera que, saliendo de Ventanueva, nos conduce a Vega de Rengos. Ese castro hace más de dos siglos que prácticamente no existe pues, según me dijo mi padre, sus piedras fueron empleadas en una de las innumerables reformas que sufrió el Palacio de La Muriella, situado en un prado, precioso y llano, pocos metros más adelante, a la izquierda de esa misma carretera. De la citada curva sale un camino hacia la derecha donde siempre hubo una casa y un hórreo, a los que conocimos como “El castro”, situados al pie de la pequeña colina pedregosa y cubierta de maleza entre la que, en otro tiempo, crecían dos cerezales bravas que hacían las delicias de la chiquillería de La Venta. Ignoro como puede saberse de cuantos muros y fosos constaba el castro puesto que sus escasas ruinas, expoliadas y maltrechas, nunca fueron excavadas.

Bajando el Rañadoiro, antes de llegar a Larón, a la izquierda de una amplia y pronunciada curva, también mi padre me señaló el perfil de otro castro sobre una colina, que nadie lograría distinguir entre la espesura que cubre la zona y dudo que yo misma fuera hoy capaz de reconocer el lugar exacto.

 La autora de La Guía cita a Álvarez Peña y su obra “Ayalgues: Lliendes de tesoros n’Ásturies”, donde se transcribe la conversación que el autor mantuvo (no se cita lugar ni fecha) con Secundino Blanco, que copio literalmente: “El castro de Ventanueva dicían que lu fixeran lus moros (…) Pa la parte d’arriba, que llamaban La Curona, anduvieran cavando lus minerus buscando un tesoro. Alcontrou miou padre un furacu cuadrau con una baldosa encima ya polvu dientru, debía ser oru, pero tiróulu pur nun lu saber y atoupamos una piedra de lus morus, désas de moler, redonda, en piedra de granu.”

Nunca conocí a ningún Secundino Blanco pero el hecho de que mencione una piedra de moler trae a mi recuerdo a los molineros de La Venta, padre e hijo, Constante y Secundino Riesco, residentes en Posada y vecinos de nuestro Prior, cuyo molino, que no fragua, aparece fotografiado al pie de la página 248 de La Guía, al lado de la que fue la tienda de mis padres.

Constante Riesco “el Blanco” ( éste era su apodo, que por algo era molinero) era un personaje genial, digno de una novela de Dikens. Pasaba más tiempo en nuestra tienda que en su molino y lo recuerdo con absoluta claridad: enjuto, encorvado, con madreñas de punta y clavos; embutido invierno y verano en un traje de pana con chaleco de incierto color pardo desvaído por el uso y el polvo blanco de la harina; con una boina diminuta a modo de solideo molinero que nunca supimos como se sostenía sobre su calvo cráneo; la nariz, aguileña y muy prominente y unos ojillos en los que brillaba toda la malicia de este mundo… Mi padre y él se adoraban…aunque costara trabajo creerlo. ”El Blanco” entraba cada día en la tienda al grito de “¡Saturno, comedor, zampapatacas!” Y mi padre le respondía “¡Molinero, macuto, ladrón!” Y así un día y otro día; y un año y otro año. En aquellos tiempos en que no había TV y, al menos en Ventanueva, la radio se oía con gran dificultad; en que no llegaban los periódicos ni se les echaba de menos porque debían ser desconocidos, estas diatribas de vecinos eran un espectáculo con el que los parroquianos se entretenían como si fueran una novedad.
“El Blanco” sentía auténtica debilidad por mi hermano, que era de la piel del diablo y buscaba refugio en el molino cuando armaba una de las suyas, un día sí y otro también, y mi padre salía de la tienda en su persecución. “El Blanco”, más viejo pero mucho más ágil, en dos zancadas subía la cuesta y se plantaba en medio del puente dando voces, blandiendo una guiada y dispuesto a tirar al río a cualquiera que osara amenazar al “sou neno”.

Ni Constante ni su hijo Secundino hablaron nunca como transcribe el Sr. Álvarez Peña (a quien vuelvo a pedir disculpas por si se refiere a otro “Blanco”). Hablaban como de Posada y de La Venta, sencillamente. En mi casa trabajó toda la vida un hombre de Lartosa, José, (a quien nuestro Prior sin duda recuerda perfectamente), que era como de la familia y hablaba tan “cerrado” como de Lartosa (hoy L’Artosa o La Artosa) que era, una de las aldeas más aisladas e inaccesibles del Concejo. Pues bien, ni siquiera José hablaba como dice el Sr. Álvarez Peña y conste que de él aprendí palabras como cedo, enguano, ainda, ia, renaz, esquilo, rapiega, curuxa… y otras muchas que creí irremediablemente olvidadas y volví a escuchar mucho tiempo después (¡con qué alegría!) en boca de amigos portugueses.

También en La Guía se habla de La Venta de Puente Fondera y fue mi abuelo quien, dejando su Moncó natal para trabajar como dinamitero en las obras de la carretera, alquiló, y compró después, aquel negocio cuya ampliación debió ser una necesidad porque tuvo 8 hijos. Creo que a él se debió también el definitivo cambio de nombre del lugar, aunque no puedo asegurarlo, y a su privilegiada situación el hecho de que allí se fueran estableciendo la oficina de Correos, el estanco, la parada de autobuses cuando se organizaron las líneas regulares, la consulta del médico, la farmacia, la sucursal bancaria…Yo, naturalmente, conocí todo eso en pleno auge, en el apogeo de las explotaciones carboníferas y madereras, cuando Ventanueva  y alrededores eran un hervidero de gente y actividad.
Hoy… hoy todo ha cambiado mucho. El bosque vuelve a invadir huertas y prados y las casas, desaparecidos o emigrados sus habitantes, una tras otra van cayendo en el abandono. Ventanueva me parece hoy más pequeña, más sombría, más solitaria, más encerrada en sí misma… Me parece que camina en dirección al pasado, a aquella confluencia deshabitada de ríos y caminos que marcó su destino. Al sentimiento que ésto me produce  le pone palabras Miguel Ángel Asturias (guatemalteco, Nobel de Literatura 1967): “En la vida de los pueblos, como en la de los hombres, hay momentos mágicos. No pueden repetirse”.

      MGM.  MARZO 2017


martes, 7 de marzo de 2017

UN FRAILE MUY PECULIAR



Se llamaba Rafael Sánchez Guerra, y si Miguel Ángel estuviera aún entre nosotros, sería otro de sus frailes misteriosos. Desconocido era al menos para mí hasta acceder en fechas recientes a parte de su biografía.

Un hecho casual, la lectura de la fecha del fallecimiento de un fraile dominico en el Colegio Apostólico de Villava, me llamó la atención. Se había producido tres meses antes de que nos acogieran generosamente en ese centro navarro con motivo del viaje de fin de curso a los sanfermines de 1964.

Recuerdos de aquel viaje ocuparon parte de mi primera aparición en el blog. Aunque solo la inconsciencia de la juventud puede explicar que algunos prefiriésemos el duro suelo de la Plaza del Castillo para pasar la noche, y ser los primeros en el encierro, a las más cómodas literas puestas a nuestra disposición por los frailes dominicos, sí pudimos disfrutar de su hospitalidad. Es por esa gratitud por la que, más de cincuenta años después, cualquier hecho acaecido entre aquellos muros continúe suscitando mi interés.

Es muy probable que algunos profesores de Corias ya conocieran a este hombre, que incluso hubieran mantenido relación con él y nos  pudieran aportar matices valiosos de su personalidad. Pero poco podíamos saber nosotros entonces de la reciente muerte, menos de su azarosa trayectoria vital. Dudo que alguien hiciera algún comentario sobre el difunto, y, si lo hizo, pasaría inadvertido, al menos para mí, con todo el interés centrado en explorar los nuevos y fascinantes horizontes vislumbrados entre el jolgorio de la etílica fiesta.

Sin embargo no cabe duda, Rafael Sánchez Guerra fue una personalidad y un fraile singular. Mucho antes de profesar como dominico había estudiado en el elitista colegio del Pilar. Después, ya licenciado en Derecho, sus sólidas convicciones y compromiso social le llevaron a destinos diversos: oficial del ejército durante la guerra de África, político republicano, concejal del Ayuntamiento de Madrid que enarboló la bandera tricolor para proclamar la República en la Puerta del Sol, presidente del Real Madrid, prisionero político en las cárceles de Franco, ministro del Gobierno republicano en el exilio presidido por José Giral, periodista en el Paris recién liberado de la ocupación nazi y autor de varios libros.

Indagar sobre su vida puede resultar interesante, incluso apasionante, para desvelar una etapa desdichada y poco conocida de nuestra historia. Católico y republicano tenía poco más de treinta años al proclamarse la República. Nombrado secretario general de Presidencia por Alcalá Zamora desempeñó un papel determinante en el planeamiento urbano del Madrid actual.

 Cuando el Ministerio de Obras Públicas, dirigido por el asturiano Indalecio Prieto, planeó el desarrollo de Madrid a partir de la actual Plaza de San Juan de la Cruz con la construcción de los Nuevos Ministerios, había previsto que la salida de la ciudad, y continuación de la Castellana, fuera un eje diagonal que siguiendo las proximidades del actual Paseo de la Habana desembocara por Chamartín de la Rosa en la carretera de Burgos. Pero esa nueva avenida presentaba un problema: su trazado atravesaba los campos de Chamartín donde el Real Madrid ya tenía su estadio y años después se levantaría el actual Santiago Bernabeu. Sánchez Guerra, seguidor madridista, intercedió para que se cambiase ese proyecto, consiguiendo que la prolongación de la Castellana continuase recta hasta más allá de Plaza de Castilla. Así se impidió el desmembramiento de los terrenos de fútbol al tiempo de perpetuar hasta hoy una anomalía en la salida desde el centro de Madrid por la Castellana a la N-I. Después de un recorrido recto hasta la altura del hospital La Paz es preciso efectuar un pronunciado desvío hacia la derecha para tomar esa autovía.

Los planes urbanísticos pueden condicionar etapas de nuestra vida, y esto pudo ocurrir en mi caso. Al finalizar la guerra, sobre los terrenos que debía haber ocupado el enlace de la descartada gran avenida diagonal con la carretera de Burgos, se edificaron las naves y oficinas de la Fábrica Electrotécnica Chamartín. Favorecida por el desarrollismo autárquico y dedicada a la fabricación de transformadores, condensadores, reactancias, luminarias y otros componentes industriales llegó a dar ocupación a unos dos mil trabajadores. En ella, meses después de abandonar Corias, comencé yo mi andadura laboral a lo largo de unos seis años. También, en un solar lindante con esta empresa, Samuel Bronston, sobrino o familiar cercano de León Trotski, montó los estudios cinematográficos donde se rodaron buena parte de las superproducciones de la época: El Cid, 55 días en Pekín, La caída del Imperio Romano, El fabuloso mundo del circoy por esos estudios desfilaron las estrellas más rutilantes del cine de aquellos tiempos, Sofía Loren, Ava Gardner, Claudia Cardinale, Rita  Hayworth, David Niven, Charlton Heston, John Wayney una interminable relación. A mediados de los sesenta, cuando entré a trabajar en la fábrica, los estudios continuaban en plena actividad, se rodaban películas y programas para TVE. Las ventanas del departamento al que fui destinado daban sobre los estudios y desde ellas veíamos el trajín del montaje y desmontaje de decorados, los avatares de los rodajes y las idas y venidas de los actores y las actrices más famosos del momento. No creo que esa circunstancia favoreciera nuestra dedicación al trabajo y elevara la productividad, pero hacía más amena la jornada laboral.

Después de este circunloquio regreso al personaje central de esta historia. En agradecimiento a sus decisivas gestiones para salvar del desmembramiento el campo deportivo, y  reconociendo  su acendrado amor al club, la afición merengue le eligió como presidente en 1935. Desde esa presidencia impulsó la popular campaña Fútbol a peseta con el objetivo de convertir ese deporte en un fenómeno de masas, con la incorporación de Lecue, Kellemen, Alberty y otros, formó un potente equipo que ganó la última Copa de la República en la final disputada al Barça.

Cuando se produjo el golpe de Estado contra la República era concejal de Madrid, cargo que ejerció durante los años de asedio a la capital. Al finalizar la guerra, con la entrada de las tropas llamadas nacionalesen Madrid, su sentido del deber y bonhomía le llevaron a pensar que no tenía nada que temer. Confiado en el cumplimento de la paz honrosa, negociada por el coronel Casado y Franco, rehusó los medios puestos a su alcance para abandonar España y permaneció junto a otros dirigentes republicanos en la sede de un ministerio. Pero ningún propósito albergaba Franco y su Régimen de ser clemente con los vencidos y, al igual que miles de madrileños, fue detenido y encarcelado. Condenado a treinta años de prisión estuvo confinado inicialmente en la cárcel de Porlier, una de las veintiuna cárceles que existieron en Madrid, dieciséis de hombres y cinco de mujeres, durante el periodo 1939-1945. Este imponente edificio, situado en el barrio de Salamanca (Padilla esquina a Porlier), existe todavía reconvertido en colegio de los Calasancios.

 Por esta cárcel, entre otros miles de republicanos represaliados, pasaron además de Sánchez Guerra, reconocidos personajes como Miguel Hernández, Antonio Buero Vallejo o Marcos Ana. Un elevado número de presos fueron sacados de allí para ser fusilados en las tapias del cementerio del Este. Juana Doña, por aquellas fechas presa en la cárcel de mujeres de Ventas, donde se hacinaban unas cuatro mil mujeres, narra en su libro autobiográfico Desde la noche y la niebla los trágicos amaneceres sacudidos por las descargas de los fusilamientos cuyo sonido, sobrevolando el antiguo arroyo del Abroñigal y actual curso de la M-30, llegaba con nitidez hasta la prisión. También el de los espaciados tiros de gracia con los que las presas hacían recuento de los fusilados cada madrugada. Tampoco las mujeres se libraban del macabro ritual diario perpetrado en aquellas tapias. Recordadas son  las llamadas Trece rosas. Trece jóvenes, de edades comprendidas entre los dieciocho y veintinueve años, fusiladas en aquel lugar meses después de terminada la guerra bajo la acusación de formar parte de la JSU. Que mi nombre no se borre en la historiaescribió Julia Conesa, una de aquellas jóvenes, en la última carta dirigida a su madre antes de ser fusilada. Rememorando ese trágico episodio autores como Carlos Fonseca, Jesús Ferrero y otros han escrito libros para recuperar pasajes de su vida, detención y muerte. Incluso se realizó una película, con dudoso acierto, en años recientes. Todos los años, el 5 de agosto, fecha de la ejecución, se celebra un emotivo homenaje ante la tapia donde fueron segadas sus vidas.
 El mismo destino, en el mismo lugar, tuvo Eugenio Mesón, joven dirigente de la JSU y marido de la autora del libro antes citado, Juana Doña.

Los presos de Porlier recordados aquí por su nombre sufrieron distintas suertes. Resulta conocido que Miguel Hernández murió en la cárcel de Alicante en 1942. Buero Vallejo permaneció en distintas prisiones durante siete años y Marcos Ana, fallecido recientemente, sufrió presidio durante veintitrés. Entró en la cárcel a la edad de diecinueve años y salió cumplidos los cuarenta y dos gracias a una amplia campaña internacional por su excarcelación. En su libro Decidme cómo es un árbol refleja con descarnado verismo aquellos terribles tiempos. También Rafael Sánchez Guerra escribió un libro titulado Mis prisiones, memorias de un preso de Franco sobre aquella dolorosa etapa de su vida. Aunque él tuvo más suerte. Gracias a los buenos oficios de su primo el general Antonio Barroso, que sería ministro de Franco, consiguió salir en libertad después de más de dos años en prisión. Posteriormente pudo salir clandestinamente de España para establecerse en el Paris recién liberado de la ocupación nazi y formar parte del Gobierno republicano en el exilio. En Francia ejerció de periodista y creó una agencia de noticias.

Cuando a finales de los años cincuenta su mujer, Rosario, estaba a punto de fallecer, él, ferviente católico, le hizo la promesa de ingresar en un convento. Ayudado de nuevo por su primo el general Barroso consiguió permiso para regresar a España con el compromiso de ingresar en la Orden de los Dominicos con sede en Villava. Allí tomó los hábitos y permaneció hasta su muerte el 2 de abril de 1964, tres meses antes de que alumnos de Corias fuéramos acogidos en aquel lugar durante nuestro periplo festivo. Tenía 66 años.


ulpiano rodríguez calvo

domingo, 19 de febrero de 2017

FUNERAL POR PEPE MORÁN



Dice el dicho popular que para muestra bien vale o basta  un botón. Y en este caso así fue pues, el grupo de la foto no es más que  una pequeña representación  de todos los que nos hemos reunido ayer sábado 18 de febrero en Pola de Lena, para celebrar en la Iglesia Parroquial de San Martín el funeral por el eterno descanso de Pepe Morán, el que fuera nuestro antiguo profesor en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias, durante los años 60 y 70 del siglo pasado.

A pesar de estar la mañana lluviosa, pero no fría, nos reunimos, aparte de los feligreses de Pola,  del orden de cincuenta y tantos  asistentes al acto, entre exalumnos de Corias y sus familiares. El funeral fue concelebrado por cuatro sacerdotes, entre los que se encontraba el dominico Padre Lastra, amigo y compañero de estudios del finado,  que también fue el encargado de decir la homilía, orientada en su totalidad al recuerdo y exaltación de los valores del recientemente fallecido, Pepe Morán.

 La misa de funeral se celebró a la una de la tarde  y una vez concluido el acto, sobre las dos,  nos trasladamos  casi la totalidad de los exalumnos presentes, salvo algunas excepciones que por compromisos familiares no les era posible el asistir  ya que les estaban esperando  otras obligaciones, a la vecina localidad de Campomanes para allí reponer fuerzas la  extensa agrupación. A pesar de ser un nutrido  grupo,  no hubo problemas a la hora de buscar lugar donde cobijarnos y poder comer, gracias  a que el  compañero Ron  tuvo el acierto y previsión de apalabrar con la debida antelación  un amplio número de plazas de comensales, las suficientes como para poder albergar a la cincuentena que nos hemos presentado, en el restaurante El Reundo (Redondo) en Campomanes.

Nos acomodaron a todos  juntos en un espacioso comedor  que ocupamos al  completo. El menú fue muy variado y abundante  a base de los contundentes platos,  propios del país. A los postres también hubo, por parte de Dimas y sus acompañantes,   los cánticos de costumbre, pero esta vez con mayor sentimiento y solemnidad, ya que se interpretaron en su honor y memoria las canciones preferidas en vida por  el finado, Pepe Morán.

A la salida del restaurante,  ya a punto de despedirnos y partir cada uno para su casa, nos hicimos esta foto a petición de Alfredo, de mayoría canguesa, en las inmediaciones del restaurante,  la cual servirá como recuerdo y para dar testimonio de este luctuoso acontecimiento, pero a la vez también reconfortante si al menos  nuestra humilde presencia,  ha contribuido para manifestar  el respeto y aprecio que sentimos por nuestro antiguo profesor y amigo,  Pepe Morán.


B. G. G.  bloguero “Prior”

sábado, 18 de febrero de 2017

REGRESO A CANGAS



Siempre me gustó viajar de incógnito, sola, sin vecino de asiento a ser posible, porque eso me evita responder a preguntas o comentarios, generalmente protocolarios, acerca del estado del tiempo o de la comodidad del autobús.

Una mañana fría y oscura de mediados de enero los dioses me fueron propicios y pude disfrutar, sin compañía forzosa, de lugares y paisajes por los que hacía años que no volvía: las amplias llanuras de Trubia por donde el Nalón se demora camino del mar; las amables colinas de Grado y el centro de la villa donde el palacete de Da. Concha Heres resiste el paso del tiempo y sus desastres; las fértiles tierras de Cornellana cargadas de resonancias salmoneras; Salas, donde el torreón de los Valdés se adivina entre la niebla; las alturas de La Espina, brumosas y ligeramente cubiertas de nieve; Tineo, asentada en su altura, colgada de sus laderas… Todo está tan unido a mis recuerdos que sigue siendo parte de mí, aunque el tiempo nos haya cambiado a todos, no siempre para mejorarnos.

El Puente del Infierno anuncia, como siempre lo hizo, que nos acercamos a Cangas y el Monasterio de Corias, al que antes llamábamos El Convento, es su puerta principal. Aquella mole severa, sombría y silenciosa estremecía mi imaginación de niña y he necesitado muchos, muchísimos años, para saber, para entender por qué.
Cangas me recibió lluviosa y fría, nada excepcional en esta época del año.

Mi primera visita, motivo principal del viaje, fue para el Palacio de Omaña, hoy Casa de Cultura, y más exactamente para la preciosa talla románica de La Virgen con El Niño que allí se expone estos días, tras muchas peripecias. El palacio estaba totalmente vacío y La Virgen me recibió en privado. Nos miramos largamente y quise preguntarle acerca del luminoso color de sus ropajes, del esplendor de su corona y, sobre todo, de la radiante blancura de su tez y del dorado fulgor de sus cabellos que me parecieron denotar un origen francés o más lejano aún. Pero sabido es que las vírgenes y las reinas no responden a las preguntas de humildes e indiscretos visitantes.

Acabada la audiencia me detuve cuanto quise ante las placas conmemorativas de ilustres cangueses; ante las maquetas de aldeas, molinos, fraguas, viñas, prados y huertas, propios de nuestra región; ante la osada arquitectura del palacio en cuyos sótanos se ven los cimientos del viejo edificio encajados en las rocas del talud sobre el río.

Atravesé el Puente Colgante que ofrece una vista privilegiada sobre el Narcea, Ambasaguas, El Cascarín y las nuevas construcciones que invaden cuantas laderas alcanza la vista. El puente, quizá porque en mi juventud no existía, sigue pareciéndome un elemento extraño y distorsionador del paisaje, como me lo parece también la espantosa estación de autobuses con sus pasarelas, el instituto y demás construcciones que han alterado La Vega para siempre.

Por delante de La Colegiata, cerrada, me dirigí a la Calle Mayor y me detuve ante el Teatro Toreno, de tan grato recuerdo para los amantes del cine, y silenciosamente le agradecí su gallarda presencia. A la entrada del Corral contemplé el chalé de Tandes cuyos leones, que tanto me intrigaban en la infancia, siguen vigilantes a su puerta. Siempre me pareció un edificio notable, romántico, escenario perfecto para una película de Hitchcock, “Rebeca”, en concreto. También le presenté mis respetos y gratitud porque, como el Teatro Toreno, son amigos que me reciben después de muchos años.

En El Corral solo queda reconocible el edificio de los Juzgados y la fachada del Bar Amador, obra del inolvidable Pepe Gómez. La maltrecha y abandonada báscula, sepultada entre musgo y maleza, tan activa entonces, parece una alegoría del demoledor paso del tiempo.

Caminé un trecho en dirección a Corias para ver la ladera de Obanca y la acera que impide que los peatones pongan en riesgo sus vidas a cada paso.

Regresé al Corral y, desandando el camino andado por la Calle Mayor, llegué hasta la de La Fuente con intención de conocer el Bar Chicote, del que he oído hablar mucho y bien, y saborear un buen vino de Cangas y unas patatas picantes. Pero estaba cerrado.

A primera hora de la tarde visité uno de los lugares más emblemáticos de la Cangas de mi juventud: El Paseo. Actualmente se llama Calle Uría y este nombre le cuadra mucho mejor porque de paseo ya no conserva nada. No quedan árboles y el Cine Trébol es una tienda de chinos. Examiné el monumento al Minero, que más me parece un cazador  y no me gusta, quizá porque mis preferencias escultóricas discurren por muy diferentes caminos. Pero me entusiasmó ver que el chalé del Soliso resiste perfectamente conservado y parece contemplar con altivo desdén la vulgaridad arquitectónica que lo rodea desde la superioridad de su perfecta belleza clásica. Le presenté mis respetuosos saludos como a otro viejo amigo y me respondió con un guiño cómplice y un susurro :”no todo está perdido”.

Llegué hasta el Colegio de las Monjas que continúa idéntico a si mismo aunque cercado por bloques de viviendas que han ocupado los antiguos prados y huertas. Me detuve sin prisa ante la fachada del Ayuntamiento, entré en su severo patio y lo recorrí con calma aprovechando la total ausencia de empleados y visitantes. El recuerdo de las fiestas del Carmen y de aquellas galas en el Patio del Conde a punto estuvieron de arrancarme una furtiva lágrima. Me asomé a las almenas y contemplé la que siempre conocimos como Calle Rastraculos, coloquial y abreviadamente Rastra, hoy muy restaurada y políticamente correcta, tanto que ha cambiado su expresivo nombre por el de So el Mercado. No será necesario decirlo: me gustaba más el de antes.

Enfilé la Calle Mayor y me detuve ante la casa de Los Astorganos, tan estrechamente unida a mis mejores recuerdos, hoy en penoso estado. Hubiera querido endulzar esa impresión amarga con un pastel de almendra, de aquellos en forma de cestito, en la Confitería Rey, frente al Café del Carmen. Pero ambos dejaron de existir hace mucho, mucho tiempo. El Café Madrid sigue abierto, casi igual al de entonces ¡pero tan distinto! Solo el Julter y la Farmacia Marcos resisten heroicamente, indiferentes a las nuevas tendencias decorativas y al marketing. Tampoco el Chacón es ya el clásico café, sala de estar de cangueses y visitantes.

Me detuve ante la desaparecida librería de Pol (Paul, sería lo correcto, porque era belga, pero eso no importaba entonces y menos aún como se escribiera su nombre), donde compré mis primeros libros, que aún conservo, mientras mi madre compraba lanas para hacernos jersys en la mercería de enfrente. El Chicote continuaba cerrado y examiné el Palacio de Pambley, necesitado de restauración, en cuyos bajos se asienta. Me sorprendió un error en la placa conmemorativa,  donde se lee franqueada por dos torres en vez de flanqueada por dos torres. ¿Habré sido la única en advertirlo? Un poco más adelante admiré la elegante y preciosa fachada tardobarroca del palacio de los Llano, que no recordaba, también en lamentable estado de abandono.

Regresé a la Calle Mayor y por aquel estrechísimo callejón llegué a Los Faroles y vi el cielo sombrío, casi amenazador, sobre las ruinas del Truita, sobre su desaparecido tejado, a través de los ojos vacíos de sus ventanas, y me produjo la tristeza indescriptible de lo irremediablemente perdido. En su fachada se anuncia que ha sido adquirido por una empresa. ¿Lo dejarán sucumbir víctima de su propio deterioro?

Siguiendo por la Calle Mayor me detuve un instante frente a la Confitería Milagros, donde hubiera querido tomar un café y charlar con la encantadora Florina que trataba a las jovencitas de entonces como si fuéramos grandes damas. Pero tampoco existe ya y lo tomé en una cafetería próxima, nueva, sin pasado, y me supo a vacío y a nada.

Llegué al final de la calle pasando de nuevo ante el Teatro Toreno, y retuve con dificultad otra lágrima. Me despedí de los leones de Tandes como quien se despide de viejos amigos a quienes no sabe cuando volverá a ver, pero sabe que siempre serán amigos.

A las 6 de la tarde subí al Alsa cargada de emociones y nostalgia, de recuerdos y, tal vez, más sabia porque esa es la misión de éste y de todos los viajes: enseñarnos más sobre nosotros mismos a través de nuestros recuerdos, de nuestro pasado, de nuestras raíces… Las mías se hunden cada día más y más en la amada tierra de Cangas.
                                                                                                     
 MGM 
Enero, 2017