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lunes, 23 de octubre de 2023
AQUEL TRÍO DE TRES
Por jrFRANCOS.
Esto creo que ya lo conté hace años, pero ahora es una "edición" revisada y ampliada, como dicen en los libros.
Un fin de semana Lorenzo, Galán y yo decidimos ir a pasarlo a Luarca. En el convento nos dieron una mochila donde iban la tienda de campaña y provisiones, más las cuatro cosas de aseo personal nuestras. Pesaba lo suyo.
Cogimos el autobús hasta Tineo, donde hicimos transbordo a otro que nos llevaría hasta Navelgas. Hicimos parada y fonda en casa de Lorenzo, que nos atendieron del diez.
Al día siguiente, tras el desayuno, Lorenzo nos condujo por un atajo, muy empinado, para alcanzar la carretera que iba a Luarca, evitándonos así un rodeo. En el trayecto nos encontramos unos socavones y galerías, adentrándonos unos metros en una de ellas. "Fueron las minas de oro de los romanos", aclaró Lorenzo. No le concedimos más importancia, pero la tenía. Y por eso me voy a detener un poco en ello.
El primer idilio de Navelgas con el oro tuvo lugar con los romanos, quienes entre los siglos I y III impulsaron la explotación
aurífera, en una auténtica "fiebre del oro", llegando a haber 480 yacimientos, la mayoría de los cuales explotados por ellos.
Pasado aquel momento vino un largo periodo de inactividad hasta que en 1947 se halló en el río Navelgas una pepita de oro de considerable tamaño. Aquello fue el detonante para que ese mismo año se crease el Grupo Aurífero Asturiano, que realiza estudios y concluye que hay "posibilidades de importancia económica".
Ello hizo que la noticia tuviese eco en la prensa nacional. Periódicos como "La noche", "La voz de Castilla", "El diario de Burgos", "Solidaridad nacional"... dieron cuenta del hecho con titulares tan expresivos como éste: "Oro en Asturias!", citando en concreto a Navelgas.
Al calor de todo ello se fundó e 1951 la compañía Aurífera Asturiana S.A., que operó hasta 1955, en que se disolvió.
Un personaje a recordar, dentro del mundo del que hablamos, Enrique Sanfiz (1911-1992), "el último buscador de oro asturiano", como lo apodó la prensa, resaltando que, además de bateador, había trabajado también en las minas.
Como heredera de una técnica secular, la practicada por Sanfiz (a quien homenajeron en el XVII Campeonato de bateo), el pasado julio se celebró el XXII Campeonato Nacional de Bateo de Oro en el río Navelgas, que atraviesa la población, con una nutrida participación y asistencia de público.
La relación de Navelgas con el oro se prolonga en el tiempo con la apertura en 2006 del Museo del Oro de Asturias (MOA), "dedicado al oro, a su valor y al de la historia de los hombres que desde hace siglos han luchado contra la naturaleza para obtener de ella el preciado metal", según su carta de presentación.
Dejamos todo el mundo del oro que envuelve a Navelgas y retomamos la excursión de aquel trío de tres.
Alcanzamos la carretera, a la que se le hace un favor llamándola así, porque probablemente desde que se hizo (a principios del siglo XX y probablemente por la Dictadura de Primo de Rivera, 1921-29, que impulsó las obras públicas para reducir el paro) nadie le había puesto una mano encima. Era la carretera comarcal que unía Pola de Allande con nuestro destino, el conocido como Corredor del Esva (57 km), que presentaba un firme de auténtico pedregal, pues no era de asfalto, técnica constructiva viaria posterior, sino de piedra molida a golpe de porreta, asentada con arcilla, que hacía de conglomerado y fijación, piedra que se había desprendido en algunos lados creando socavones y pedregales alrededor.
Los 27 km se nos hicieron duros pues al irregular firme hay que añadir el peso de la mochila, que nos turnábamos cada dos kilómetros, teniendo al liberarte de ella la sensación de que flotabas.
Tengo una laguna en los ya últimos kilómetros que, no sé por qué, hicimos a pie, como tampoco recuerdo si fue a la ida o a la vuelta. Lo cierto es que nos encontramos con un recinto cuadrado o rectangular grande, al pie de carretera, con una buena tapia donde llamaba la atención una puerta de estilo no habitual (lo huérfana que era la enseñanza en arte y humanidades en aquel Bachiller Laboral no nos alcanzó a reconocer que estábamos ante una puerta con arco de herradura musulmán ).
Entramos y aquello era una selva, con maleza, arbustos y hasta árboles. No vimos nada de interés. Años después, leyendo un día la prensa regional veo un reportaje, con la foto de aquella puerta y reconozco el lugar. Se trataba del Cementerio Musulmán de Barcia, donde enterraron al casi medio centenar de soldados moros, de las tropas africanistas, que se utilizaron como carne de cañón en la batalla de El Escamplero, vital para llegar a Oviedo por los insurrectos, donde resistía el también insurrecto coronel Aranda, y vital para las tropas republicanas que querían impedir la llegada de refuerzo en auxilio del sublevado.
Aquel camposanto me recuerda al Cementerio Militar Alemán de Yuste, cerca del Monasterio, donde descansan los restos de 180 soldados fallecidos durante la I y II Guerra Mundial caídos en España o arribados por el mar a sus costas. Pero a diferencia de aquel, éste está bien cuidado.
Ha habido algún intento de rehabilitarlo, incluso autoridades religiosas musulmanas pidieron que se les concediese permiso para ello, pero creo que sigue igual de abandonado.
Ya del resto de aquella excursión lo que más recuerdo es que llovió durante toda la noche, golpeando con ganas la lona de la tienda como si tuviese que achicarse todo el agua habida el cielo. Me parece recordar que las previsiones, calculadas mirando hacia arriba, eran de que iba a continuar lloviendo, por lo que anticipamos el retorno.
Saludos y hasta otra.
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NOTA.- Mi agradecimiento a Samuel por el documento enviado.
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