PRESENTACIÓN

Anualmente cuando nos reunimos los antiguos alumnos de Corias, bien sea en grupos minoritarios por promociones en diferentes lugares del Principado y alrededores, o de forma general en el encuentro de Corias a finales de cada mes de septiembre, siempre solíamos comentar al sentir la alegría de juntarnos de nuevo que, era una pena el que hubieran pasado tantos años sin comunicarnos y sin saber unos de otros.

Afortunadamente, en estos tiempos eso está subsanado gracias a los medios informáticos disponibles que tenemos a nuestro alcance. Aprovechando la oportunidad que nos brinda BLOGGER para poder crear un espacio cibernético común, en la nube, donde se pueda participar y expresar los recuerdos que cada uno de nosotros guardamos celosamente de aquellos años, es cuando surge el Blog de los antiguos alumnos de Corias.

Esta elemental presentación lo único que pretende y persigue es reavivar la amistad y la armonía que hemos trabado entre todos nosotros durante los años de convivencia en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias y, que a pesar del tiempo transcurrido, aún perviven frescas en nuestro recuerdo.

Otro de los objetivos del blog es recordar y compartir las peripecias vividas por aquellos jóvenes que coincidimos bajo las mismas enseñanzas, disciplinas, aulas, comedores, dormitorios, juegos, etc., durante varios años en el convento de Corias y que aún las tenemos muy presentes.

La mejor forma que tenemos para rememorarlo es ir contando en este blog todos los pasajes que cada uno de nosotros recuerde, expresados con la forma y estilo propios de cada uno pero, siempre supeditados a los principios del buen gusto, el respeto y a la correcta educación que nos han inculcado los padres dominicos. El temario en principio aún siendo libre, sí debiéramos procurar en general, que tengan preferencia los temas relacionados con el colegio y su entorno, ya que es el vínculo y denominador común entre todos nosotros.

Como es lógico, cada colaborador es el único responsable de sus opiniones vertidas aquí en el blog; las cuales pueden ser expresadas libremente sin condicionantes ni cortapisa alguna por parte de la dirección; tan solo debemos atenernos todos, a las premisas mencionadas anteriormente del respeto y el buen gusto.

Una vez hecha esta breve presentación, se pide la colaboración y aportación de todos los antiguos alumnos pues, seguro que todos tenemos algo ameno e interesante que contar. Unas veces serán relatos agradables y divertidos, y otras no tanto; pero así es la realidad de la vida.

Al blog le dan vida una serie de antiguos alumnos que colaboran de forma fehaciente y entusiasta con Benjamín Galán que es el bloguero administrador. A este galante caballero el cargo de administrador no le fue asignado por méritos propios, más bien por defecto, de forma automática; simplemente, por ser el titular del blog. Pero podría delegar el cargo en cualquier otro colaborador que así lo deseara.

De antemano, muchas gracias a todos los participantes y colaboradores. Tanto a los antiguos alumnos y profesores que deseen intervenir, como a todos nuestros amigos lectores.

¡A colaborar y a disfrutarlo!

(21 de noviembre de 2009)

B. G. G. (BLOGUERO PRIOR)

viernes, 28 de febrero de 2014

Los dibujos de Longinos: "Habemus AVE"


MADRID, 15 Feb. (EUROPA PRESS) -

   La ministra de Fomento, Ana Pastor, ha afirmado que las obras de alta velocidad del consorcio español encargado de la segunda fase del proyecto que unirá las ciudades de La Meca y Medina en Arabia Saudí avanzan "sin ningún problema técnico".

jueves, 27 de febrero de 2014

Las duchas en Corias.


Hoy, sin motivo alguno, se me ha venido a la memoria las duchas existentes en Corias allá por el año ¿1963?.
Recuerdo que teníamos que ir todos los del dormitorio, a una hora determinada, en pantalón corto y albornoz. También, evidentemente, deberíamos de llevar la correspondiente toalla y la pastilla de jabón. No recuerdo que existiesen los geles ni los champús.
Las duchas eran unos recintos cuadrangulares adosados y sin techo con una ducha fija saliendo de una de las paredes y una canaleta de desagüe en el suelo que, creo era de cemento.
El proceso era, creo recordar, como sigue: entraba un número de alumnos, uno en cada ducha, que, por cierto, recuerdo espaciosas. Los "encargados" de las duchas, alumnos también aunque no recuerdo quienes eran, abrían el agua, más o menos caliente, durante un corto espacio de tiempo ( ¿1 minuto?) para que nos mojásemos. A continuación se cerraba el agua durante otro corto espacio, uno o dos minutos, para enjabonarse. Pasado este tiempo se volvía a abrir el agua unos dos minutos para el aclarado final. Una vez cerrada el agua, un minuto y todos afuera para la entrada de la siguiente remesa.
En la puerta un fraile se encargaba de revisar que estábamos duchados mediante el procedimiento de comprobar si teníamos el pelo mojado. (Si fuese hoy día a la mayoría nos enviaría a la "hora de queda". A mi por lo menos el escaso pelo que me queda se me seca en segundos.)
Por encima de las duchas, incumpliendo las mas elementales normas de seguridad y privacidad inexistentes en aquellos días, deambulaban los "encargados" para vigilar que todos nos duchábamos. Supongo que no habría otro motivo.
Creo que las duchas eran semanales y , lo que son los tiempos, nadie nos consideraba unos guarros.
Quizás mis recuerdos no sean exactos. Se admiten comentarios.
Felipe.

miércoles, 26 de febrero de 2014

"Xuanín" de Corias. Nº 59


CRUZANDO EL MAR...



Con permiso compañeros
por lo que voy a exponeros,
pues cambio de temas serios
a otros simples y someros.

Va a ser un batiburrillo
de un viaje muy ocioso,
mezclado con chascarrillos
e intentar no ser tedioso.

Por la reseña y la traza,
bien podréis  adivinar
la isla de que se trata.

Su situación en la Tierra,
su amplia área costera,
baja orografía o media,
parece esta isla pequeña
que se mantuviera eterna
en clima de primavera.

Del siglo ocho antes de Cristo
del hombre hallan vestigios,
y tras estos pobladores
de orígenes españoles,
arribaron a esta isla
los navegantes fenicios,
seguidos de los asirios,
cartagineses, romanos,
vándalos y bizantinos.

Del siglo ocho al trece
el moro fue el residente,
hasta que Jaime de Aragón
batalla plantó y los vence.

Por sus fuertes vapuleos
de corsarios y más pueblos
bien podríamos nombrarle
isla de los “avatares”.

Bajo el dominio fenicio
se cree la bautizaron
como la isla Ibosim,
perdurando por los años.

Destácanse los fenicios
por su artesanía y artes,
negocios y navegantes
y habilidad con vecinos.

De éstos fue gran avance
el cambio del signo egipcio
mediante versión cambiante
a un simple alfabeto fenicio.

Más tarde toca a los griegos
la adaptación de vocales
tanto como consonantes,
siendo el primer alfabeto
considerado completo.

Se deja atrás a la historia
y damos un giro a la noria.

Salinas 

Amén de la agricultura
la pujanza de la isla
la nutrieron las salinas
que por los siglos perduran.

La incursión en la isla
de viajeros turistas
condenan a la desidia
la labranza y las salinas.

Su gran clima de bondad
y el movimiento hippy
en los pasados sesenta,
dio un vuelco radical
al origen de su Renta.

 Playa paradisíaca

Gran temperatura y sol
son de atractivo rigor,
como sus múltiples calas
que con fiestas hasta el alba
llevan de España la palma.

Aunque en su economía
tuvo influencia y peso
el “turismo de mochila”,
se realizaron esfuerzos
para transformar la misma
sin escatima de medios,
obrando hoteles de lujo
para minorar el flujo
de turistas mochileros.

Su especial gastronomía,
cual “borrida de rajada”
tiene de protagonista,
condimentos y la raya;
el “guisado de pescado”,
guiso de pez y marisco
está entre los favoritos.

 Las Dalias (Santa Eulalia)
También es diferencial
en esta isla famosa
el mercadillo habitual
que los sábados  del año
se da cita en “Las Dalias”.
 
 
 Moda de la Isla 

La moda de la isla es,
la de Adlib, moda “a placer”,
ropas blancas y difusas
que inconformistas hippies
plantaron en islas Pitiusas*.

 Cañones en Dalt Vila

Dalt Vila, “ciudad alta”
es de visita obligada,
con Catedral enclavada
en Castillo amurallado,
en gran extremo cuidado.

Quizá las puestas de sol
de esta encantadora isla
sean la óptima atracción
para aquél que la visita.

Puesta de sol (San Antonio) 

Pasa el cielo del azul
al naranja y al rosa
y al violeta se cambia
al hundirse el sol en agua.

Una estatua remembranza
del que fue descubridor
de la  América latina,
es el huevo de Colón
que en San Antonio se ubica,
cuya yema es carabela
y el nombre Santa María
pues a élla representa.

Huevo de Colón (San Antonio)

Este homenaje fue,
por don Cristóbal Colón
que en lugar de genovés
pudo en la isla nacer.

¿Quién no ha oído mentar
al Club de Noche Pachá?
¿Quién no sabe que Pocholo
y sus fieles seguidores
cierran las fiestas al orto
y entre raya y raya de oro,
son zombis trasnochadores?

 

Sobre fiestas desenfreno
nos recuerda un lugareño
un chistecillo travieso:

Dos amigas que van a una isla  un fin de semana y
al regresar en el avión dice una de ellas al sentarse,
- ¡Al fin juntas!
A lo que responde la otra:
Pero si llevamos 48 horas de fiesta ¡juntas!
y dice la amiga:
- Ya, ¡yo hablaba con mis piernas!




*Islas Pitiusas: Nombre que se da al conjunto de sesenta islas
que están situadas al sur de Baleares.  Parece que significa
”Islas de Pinos”, nombre usado por griegos y fenicios.


domingo, 23 de febrero de 2014

¿QUIÉN TIENE LA CULPA?



Se escuchan y se leen con demasiada frecuencia, llevando al límite de su resistencia   las costuras de la paciencia, opiniones orales y escritas que señalan a los “responsables” de nuestros males y penurias: parados, dependientes, marginados y todos aquellos que comen la sopa boba cocinada con los impuestos que hemos aportado. ¡Ojo! Que algún teórico “activo” del “nuevo-viejo orden económico” también mete en el mismo saco a los jubilados que al prolongar la vida comemos, hasta el tuétano, los dineros al Estado.

Pero ese iracundo dedo acusador tiene un blanco favorito: la inmigración. Inmigrantes  que suelen ser mirados con suspicacia, cuando no odio- con creciente ahínco cuanto mayor sea su diferencia en color y raza- como responsables de la degradación de nuestro Estado de bienestar. Personas que emigran dejando atrás seres queridos y hambrunas en busca de trabajo y pan, que se internan en desiertos, selvas y demás parajes infernales siguiendo el rastro del dinero que dejó, y deja, esquilmados los recursos en sus países de origen. Pero, a diferencia de las fortunas emigradas, que viajan cómodamente por vía telemática o jet privado y son recibidas con gozosos brazos abiertos, ellos encuentran barreras desde Lampedusa hasta el desierto de Arizona pasando por Gibraltar- por citar solo algunos de los lugares más renombrados- erizadas de los más sofisticados y mortales impedimentos. Obstáculos que les empujan a tomar barcos de juguete, de desguace, o trenes de la muerte para acabar, demasiadas veces, en el fondo del mar, o en tierra de nadie, a veces bajo el impacto de pelotas de goma, también pueden ser balas de plomo, o desollados por unas cuchillas llamadas concertinas para disimular.
 Solo algunos afortunados logran alcanzar la tierra prometida. Una nueva tierra de esperanza que puede convertirse en el frustrante  ofrecimiento de La Farola a la puerta de un súper de Madrid o, aún peor, en esclavista red de prostitución.

Es sorprendente lo común que resulta para algunos buscar responsables de su insatisfactoria situación entre quienes, en la escala social, perciben que están por debajo de ellos. Una tendencia que suele ser proporcional a la admiración experimentada, aderezada por una puntual o persistente envidia, hacia los “triunfadores”, esos que, en esa resbaladiza escala, se encuentran muy por encima de ellos. Afortunadamente, también son muchos los que miran atrás o al lado, y tienden la mano. Gesto que se ha llamado, se llama y se llamará solidaridad.

¿Son los parados, dependientes, marginados, inmigrantes, incluso los jubilados, los responsables de la degradación actual del llamado Estado de bienestar?

Esa pregunta me hacía leyendo las páginas color sepia de un diario considerado como serio. Allí, en un artículo aparentemente inocuo y técnico, se ofrecían cifras que, a pesar de su frialdad, debieran servir por sí solas para suscitar, no solo indignación, sino una llamarada de rebelión.

Las cifras ofrecidas eran elocuentes; los fondos de inversión y de pensiones, manejados por una reducida aristocracia financiera, poseen en la actualidad un patrimonio que supera el 75% del PIB mundial. Ese patrimonio, cifrado en más 40 billones de euros, es  suficiente de sobra para adquirir todas las empresas cotizadas del planeta.

Al ser irrefutable que quién tiene el poder económico tiene el poder real, ya sabemos quién detenta hoy el poder global. Por eso no puede extrañar otro dato aportado por el artículo- estudio en cuestión: el patrimonio de estos fondos se incrementó desde 2007, es decir durante la crisis actual, en un 30%, porcentaje que, traducido, supera los 13 billones de euros. Cifras mareantes difíciles de imaginar. Para hacerse una idea de su dimensión quizá ayude un dato; el PIB español se sitúa en torno a un billón de euros.

 ¿Alguien tiene alguna duda de dónde ha ido a parar el importe de todos los recortes en prestaciones y derechos que la inmensa mayoría estamos sufriendo?

Si hace ciento cincuenta años Marx escribía aquello de “Un fantasma recorre Europa” tal vez en la época actual se debiera decir que “Un monstruo recorre la faz de la tierra”. Un monstruo creado a partir de discutibles actividades lícitas, pero en gran medida por la especulación más feroz, así como por los réditos de la corrupción política que posibilitó esa especulación. Un monstruo alimentado igualmente por los ahorros de millones de trabajadores constituidos en fondos de pensiones. Fondos que, fieles a sus principios especulativos, entregan a esos ahorradores con una mano aquello que les quita con la otra. Un monstruo que recorre el planeta lanzando a diestro y siniestro derrotes para llevarse, prendidos en las astas, jirones del que era un incipiente bienestar, arrancado, éste, con sacrificios y luchas, por sucesivas generaciones. Y que, sin embargo, no suele tener gran repudio social. Actúa protegido por grandes e influyentes medios de comunicación que están bajo su control

Ante tamaña tropelía cabría preguntase, ¿qué hacen los gobiernos? Preguntar al menos por aquellos que fueron elegidos democráticamente para velar y garantizar los derechos de sus ciudadanos. La respuesta- basta seguir alguno de los pocos medios informativos que no ejercen de meros aplaudidores- es descorazonadora: La minoría de gobiernos que osaron enfrentarse a esa bestia financiera yacen sobre la arena, desangrándose, víctimas de sus cornadas. Otros pocos, que tampoco comparten, al menos plenamente, sus métodos codiciosos, permanecen en el burladero en espera de improbables tiempos mejores. Pero la inmensa mayoría de los gobiernos que debían regir, a partir de sus países, los destinos de la humanidad, mantienen dos, no tan diferentes, actitudes: Unos, sabedores de que una parte del jirón arrancado por la bestia terminará en su bolsillo, la jalea con entusiasmo y apoya sus embestidas; otros, más pudorosos, aún albergando la misma esperanza de participar en el botín, adoptan la postura de Don Tancredo. Dejan hacer subidos en su pedestal en medio de la plaza.

Me imagino que todo esto suena muy truculento, perdón, pero es lo que percibo y pienso. Solo queda una esperanza: que las futuras generaciones- nosotros, me refiero a nuestra generación, ya casi estamos amortizados- tomen conciencia del fiero animal al que se enfrentan. Eso sería el primer paso para devolverlo a sus corrales, a esos de los que nunca se le debió permitir salir.

Ulpiano Rodríguez Calvo

sábado, 8 de febrero de 2014

AGÜERA



Hace unos días, buscando en un poco visitado cajón unos papeles que creía extraviados, encontré una delgada carpeta que descansaba allí desde la última mudanza, hace más de una decena de años.

Esa carpeta contiene todo mi patrimonio material anterior a los últimos cuarenta años: alguna constancia documental de la primera o segunda empresa en las que trabajé, restos marchitos y desgastados de citaciones, requerimientos, notificaciones de multas o sentencias de la DGS o el TOP y, lo más valioso, unas cuantas fotografías.
En ellas regresaba un pasado lejano, casi siempre sonriente, de color sepia desgastado invitando a recordar personas cercanas perdidas por el camino. Perdidas por la distancia física, por el amor que fue y ya no era y, lo peor, porque a muchas de ellas ya se les paró, hace más o menos tiempo, el reloj de la vida.
De entre esas fotografías retuve una que creía, como tantas otras cosas, desaparecida. En ella aparecemos un grupo heterogéneo de soldados fuertemente armados. Tres de esos soldados habíamos sido alumnos en Corias: Agüera, Santamarta y yo mismo. El más sonriente y de mirada franca ante la cámara era Agüera.

Digo era porque un día del pasado septiembre, cuando por primera vez asistía en Corias a un encuentro de antiguos alumnos, escuché su nombre entre la relación desgranada de compañeros fallecidos. Supe entonces que, aunque había transcurrido demasiado tiempo, ya jamás le podría pedir disculpas por las comprometidas situaciones en las que le había, habíamos, metido.

Mantengo la convicción, o al menos me parece, de que el ser humano está formado de una parte de sí mismo y de otra, no menos importante, aportada por las personas con las que ha transitado por la vida. Por eso, cuando una de esas personas desaparece se experimenta un vacío cuya intensidad y dimensión suelen ser equivalentes a las del periodo de vida compartida.
Esto que resulta obvio, ese vacío, es el que experimenté aquel día de septiembre al escuchar el nombre de Agüera en aquel listado. La misma sensación - hablo solo de antiguos compañeros de instituto -, fue la percibida al recibir la misma luctuosa noticia de Ángel, Avelino, Miguel Ángel y de ya tantos otros.
 Aunque sean inevitables, esas oquedades o ausencias van minorando la propia persona, y acrecientan la sensación de soledad cuanto más camino se ha recorrido. Ante esto es lícito rebelarse y tratar de rellenar esos vacíos con recuerdos de aquello compartido.

No era mi intención traer aquí  este tema que cada uno ya mantiene presente, y que, por pudor y necesidad de continuar viviendo, se procura mantener guardado en algún lugar de la mente. Unas veces se consigue, otras no.

Ahora solo pretendo recordar sucintamente el periodo de un año que compartí, tiempo después de abandonar Corias, con esta buena persona.

Un día, diciembre de 1968, Agüera, tuvo la dudosa suerte de reencontrarse con Santamarta y conmigo en la misma compañía del Regimiento San Quintín de Valladolid. Él era entonces, y seguro estoy que continuó siendo toda la vida, un hombre de natural confiado. Esto le llevó, en mi opinión, a ser uno de los pocos alumnos de Corias seducidos por los cantos de sirena, emitidos por alguno de los frailes, induciendo a ingresar en la orden dominica, propósito que después abandonó. Siempre respetuoso y disciplinado hacia el orden establecido, solo algo estaba por encima de todo eso: la fidelidad a sus amigos. Santamarta - a quién desde aquí  envío los mejores recuerdos y al que perdí el rastro tras un fugaz reencuentro hace unos treinta años (¡ojala pueda leer esto y logremos vernos de nuevo!)- era en aquella etapa un nihilista irredento cuya única patria o religión era la amistad. Su carácter, bronco y tierno a la vez, pronto le convirtió en el adorado protector de los más débiles de la compañía, ¡que nadie se atreviese a inferir algún maltrato o novatada al último recluta! Se las tendría que ver con él. Pero, cuando se trataba de montar alguna trastada contra aquella pantomima de disciplina militar, él era siempre de los primeros en encabezarla.  Por mi parte, atravesaba una etapa en la que creía que las revoluciones estaban al alcance de la mano, y todo lo que subvirtiese aquel orden estaba bienvenido, sin distinguir mucho entre los distintos métodos utilizados. Así, sintiendo cercana la reciente huella del Ché Guevara, cuando Celaya, al que admiraba y admiro, escribía aquello cantado por Paco Ibáñez de que “La poesía es un arma cargada de futuro” yo estaba convencido, al menos en la teoría, de que también las  armas podían estar cargadas de futuro. Afortunadamente para mí, en un permiso durante el cual pude venir a Madrid, en una larga conversación con Francisco Romero Marín, también fallecido hace pocos años, a la sazón uno de los máximos dirigentes del PCE en la clandestinidad, combatiente contra el levantamiento reaccionario- militar durante la guerra española y, posteriormente, contra los nazis en las filas del ejército soviético donde alcanzó el grado de coronel y cuya experiencia en lides armadas estaba por tanto más que demostrada, me quitó aquellos pájaros armados de la cabeza, insistiendo en que, aunque la revolución era el objetivo, lo prioritario era acabar con la dictadura, y el único método de lograrlo, en aquella España y en aquel tiempo, era la razón, el diálogo y el convencimiento de la inmensa mayoría de la sociedad española.

 No voy aquí a justificar nada. Cada individuo es fruto de sus propias convicciones, de las decisiones tomadas, y también de sus circunstancias, como decía Ortega. Lo importante es que, cuando se mira atrás, el peso de la inevitable carga de traiciones, a sí mismo y a los demás, que llevamos a cuestas sea el menor posible.

 Ningún propósito tenía de hablar de mí, tampoco contar batallitas de la mili, pero, para enmarcar la situación y tipo de compañía en la que se vio envuelto la persona que aquí quiero recordar me temo que no hay más remedio, aunque intentaré hacerlo de forma resumida.

No creo equivocarme al decir que fue básicamente la amistad, además del origen y colegio compartido, lo que con firmeza allí nos unió, aunque el futuro después nos deparara caminos distantes o diferentes. En torno a aquel trío de antiguos corienses o caurienses se agrupó un considerable número de integrantes de la compañía, formando un semiclandestino poder fáctico cuyo denominador común era la rebeldía y la amistad, salvo en el caso de Agüera, al que solo la amistad, como cemento inquebrantable, le mantenía unido al grupo.

La primera o una de las primeras rebeldías se produjo cuando, al poco de llegar, sin consultarnos para nada, nombraron cabos a unos cuantos de nosotros. Agüera lo aceptó disciplinado, pero el resto nos resistíamos a ejercer cualquier tipo de responsabilidad o mando, aunque fuera la de ínfimo cabo. La palma de resistencia, y castigos, en este caso se la llevó Santamarta por quitarse sistemáticamente de las hombreras aquellas franjas rojas ribeteadas de negro. También practicábamos otros tipos de resistencia en las que, a veces, resultaba involucrado Agüera. Prueba de ello es la fotografía: en ella se ven algunos del grupo uniformados para ir de paseo por la ciudad, mientras el resto, entre los que se encuentra él, estamos descamisados o en traje de faena por estar arrestados con prohibición de salir del cuartel.

Posteriormente ocurrió un suceso que le causó gran desazón. A todos los nombrados cabos, excepto a mí, que de entrada dijeron que no tenía dotes de mando (algo cierto, pues nunca me ha gustado tener que mandar, tampoco acatar órdenes y además sospecho que también pudo influir en esa decisión el informe remitido por la Político-Social, visto de refilón en algún despacho al que de cuando en cuando me llamaban a parlamentar con un militar desconocido) les convocaron para realizar el curso de cabo primero. De nada sirvió la resistencia de la mayoría a realizar dicho curso, Agüera fue de los pocos de la compañía que lo acató sin oposición, y hasta diría con cierta ilusión. Santamarta, sin embargo, se las apañó pronto para ser expulsado de aquel intento de promoción. No consiguió lo mismo otro compañero de Oviedo, empleado o periodista de La Nueva España,  muy apegado a nuestro grupo. Sus peticiones y desplantes para ser exonerado cayeron en saco roto y le impusieron terminar el curso y el ascenso a cabo primero. Por poco tiempo. Días después de ser ascendido dijo, para no involucrarnos, que se iba a Valladolid a comprar unas cosas pero no regresó. Le echaron en falta en el recuento de la noche, cuando cundió la alarma entre los mandos. Nosotros, conociéndole y por algunas enigmáticas palabras que le habíamos escuchado días anteriores, barruntamos que había desertado. Sí nos desconcertó la información recibida el día siguiente de que habían sido localizadas sus ropas militares a la orilla del Pisuerga. Se extendió la idea de ahogamiento y Agüera estaba desolado. Quizás era el que mejor congeniaba con él; además, me consta, el compartir aquel polémico curso les había unido aún más.

 Pero todo resultaba muy extraño. La natación y el baño no formaban parte precisamente de las aficiones del ausente, tampoco el suicidio parecía probable, y las dudas de los que éramos más allegados apuntaban a que se había largado. A la misma conclusión llegaron los del SIM - para algo tendrían, supongo, la i de inteligencia en las siglas -, pero su deducción estaba fundamentada en el hecho de no haber encontrado entre las ropas las gruesas gafas que obligatoriamente portaba siempre el desaparecido. Comenzaron los interrogatorios en el círculo más próximo. En mi caso insistían con preguntas por si la desaparición tuviera alguna connotación política. Después me tuvieron tres días patrullando con otro compañero, uno diferente cada día, por las orillas del Pisuerga. Albergaban la esperanza de que el prófugo, si no se había ahogado, permaneciese agazapado por la zona y al vernos se acercase para ellos echarle el guante. Porque estábamos permanentemente vigilados por el SIM a los que, aunque se camuflaban, también nosotros teníamos permanentemente controlados. De algo tenía que servir el cierto olfato ya adquirido en detectar a los secretas de la Político-Social.

El misterio se desveló al tercer día, cuando al prófugo le detuvieron en el Puerto de Alicante al intentar embarcar rumbo a Argelia.

Gracias, supongo, a influencias familiares o del periódico se libró nuestro amigo de un tribunal militar. A cambio tuvo que permanecer incomunicado en el calabozo del regimiento hasta la fecha de licenciamiento, para la cual faltaban pocos meses. Nosotros, salvo cuando nos tocaba guardia, no podíamos tener contacto con él, pero Agüera, como cabo primero, tenía mucha más libertad de movimientos y se encargaba de visitarle casi diariamente, darle ánimos y suministrarle todo aquello que necesitaba.

Esta fue solo una de las ocasiones en que Agüera demostró su compañerismo, pero hubo muchas otras en las que este compañero interpuso su cara afable y anchas espaldas para mitigar el golpe dirigido a los verdaderos responsables. No las contaré aquí, basta recordar su comportamiento solidario con el amigo en situación comprometida reflejado en el episodio anterior.

Estoy seguro de que, a pesar de la cierta rigidez de sus principios, de los problemas colaterales que a él le podían causar, a pesar de todo,  en el fondo disfrutaba con las barrabasadas que, por rebeldía o inconsciencia, otros perpetrábamos.

Nos licenciaron un día de mediados de diciembre de 1969, día en el que me despedí por última vez  de la excelente persona que era José Rey Agüera.

Ulpiano Rodríguez Calvo

viernes, 7 de febrero de 2014

"Xuanín" de Corias. Nº 52


EL DILEMA DE UN PENSIONISTA


Últimamente he notado cierta rebeldía por parte de nuestros blogueros en cuanto se tocan temas medio políticos o económicos.  Pues queridos como bien dice el refrán "En todas las casas se cuecen habas", y por estas latitudes no vamos a ser diferentes.  Ahí os envío mi último dilema y ya me diréis a cuántos de vosotros os viene pasando lo mismo.

Todo comenzó con mi declaración de impuestos del año 2012 y la carta que recibí del Ministerio de Hacienda en la que me cuestionan las personas que están a mi cargo.  Creo que tiene algo que ver con mi respuesta a la pregunta en la declaración que dice:  Enumere a las personas que estaban su cargo.

Yo les contesté lo siguiente: 12 millones de emigrantes ilegales, 3 millones de cabezas alocadas, 42 millones de desempleados, 2 millones de presos en 243 prisiones, 535 personas (por llamarlos algo) en el senado y la cámara de representantes y un presidente inútil.

La verdad es que por más que hago memoria no termino por recordar de quien me he olvidado para que Hacienda cuestione mi respuesta.  En fin cualquier día me vendrá a la mente; todavía tengo hasta el mes de abril para dar una respuesta concreta.

Un abrazo a todos.