PRESENTACIÓN

Anualmente cuando nos reunimos los antiguos alumnos de Corias, bien sea en grupos minoritarios por promociones en diferentes lugares del Principado y alrededores, o de forma general en el encuentro de Corias a finales de cada mes de septiembre, siempre solíamos comentar al sentir la alegría de juntarnos de nuevo que, era una pena el que hubieran pasado tantos años sin comunicarnos y sin saber unos de otros.

Afortunadamente, en estos tiempos eso está subsanado gracias a los medios informáticos disponibles que tenemos a nuestro alcance. Aprovechando la oportunidad que nos brinda BLOGGER para poder crear un espacio cibernético común, en la nube, donde se pueda participar y expresar los recuerdos que cada uno de nosotros guardamos celosamente de aquellos años, es cuando surge el Blog de los antiguos alumnos de Corias.

Esta elemental presentación lo único que pretende y persigue es reavivar la amistad y la armonía que hemos trabado entre todos nosotros durante los años de convivencia en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias y, que a pesar del tiempo transcurrido, aún perviven frescas en nuestro recuerdo.

Otro de los objetivos del blog es recordar y compartir las peripecias vividas por aquellos jóvenes que coincidimos bajo las mismas enseñanzas, disciplinas, aulas, comedores, dormitorios, juegos, etc., durante varios años en el convento de Corias y que aún las tenemos muy presentes.

La mejor forma que tenemos para rememorarlo es ir contando en este blog todos los pasajes que cada uno de nosotros recuerde, expresados con la forma y estilo propios de cada uno pero, siempre supeditados a los principios del buen gusto, el respeto y a la correcta educación que nos han inculcado los padres dominicos. El temario en principio aún siendo libre, sí debiéramos procurar en general, que tengan preferencia los temas relacionados con el colegio y su entorno, ya que es el vínculo y denominador común entre todos nosotros.

Como es lógico, cada colaborador es el único responsable de sus opiniones vertidas aquí en el blog; las cuales pueden ser expresadas libremente sin condicionantes ni cortapisa alguna por parte de la dirección; tan solo debemos atenernos todos, a las premisas mencionadas anteriormente del respeto y el buen gusto.

Una vez hecha esta breve presentación, se pide la colaboración y aportación de todos los antiguos alumnos pues, seguro que todos tenemos algo ameno e interesante que contar. Unas veces serán relatos agradables y divertidos, y otras no tanto; pero así es la realidad de la vida.

Al blog le dan vida una serie de antiguos alumnos que colaboran de forma fehaciente y entusiasta con Benjamín Galán que es el bloguero administrador. A este galante caballero el cargo de administrador no le fue asignado por méritos propios, más bien por defecto, de forma automática; simplemente, por ser el titular del blog. Pero podría delegar el cargo en cualquier otro colaborador que así lo deseara.

De antemano, muchas gracias a todos los participantes y colaboradores. Tanto a los antiguos alumnos y profesores que deseen intervenir, como a todos nuestros amigos lectores.

¡A colaborar y a disfrutarlo!

(21 de noviembre de 2009)

B. G. G. (BLOGUERO PRIOR)

Mostrando entradas con la etiqueta Escrito por Ulpiano Rodríguez Calvo. Mostrar todas las entradas
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jueves, 29 de junio de 2017

A VUELTAS CON LA MEMORIA




El paso del tiempo y la pérdida de memoria suelen ser circunstancias propicias para que el olvido  tienda sus mortales emboscadas.

Esta semana se celebraron los 40 años de la legislatura constituyente con actos en los que fueron homenajeados, y condecorados, algunos de los miembros que formaron parte de ella. Éstos, junto a otros hombres y mujeres ya fallecidos, son reconocidos, unos con más justicia que otros, como protagonistas de la Transición democrática en nuestro país.

Sin embargo son muchos más los protagonistas olvidados, o solo recordados en esta ocasión por algunos de los actuales diputados en un acto celebrado al margen del boato oficial. Duele que tantos sacrificios personales y colectivos por una sociedad más justa hayan sido, y sean hoy, aprovechados por quienes detentan el poder político y económico para perpetrar el  saqueo del bienestar de todos.

Al seguir estas celebraciones a través de los medios de comunicación experimenté la misma sensación que había experimentado hace más de dos décadas, cuando, al cumplirse los 20 años de la muerte de Franco y del inicio de la Transición, se prodigaron fastos parecidos.

Entonces sentí la necesidad de rescatar la memoria de uno, de uno al menos entre los miles de olvidados. De un compañero y amigo. Era noviembre - diciembre de 1995 y escribí una carta al director de El País con el título La otra Transición La carta fue publicada (algo que dudo hubiera hecho hoy el actual Director teniendo en cuenta la deriva informativa y editorial mantenida por este periódico durante los últimos tiempos)

Ahora, igual que entonces, para que el paso del tiempo y la pérdida de memoria no nos lleve a olvidar, he sentido la necesidad de recuperar ese recuerdo, y después de bucear en los archivos de Cartas al Director de la edición impresa de El País recuperé aquella carta. Hoy la transcribo aquí:

-La otra Transición - (El País -15 de diciembre 1995)

Un tema de moda: la Transición. ¿Quién, quiénes fueron sus artífices, sus protagonistas? Unos se ponen medallas, otros las ponen a señores importantes ahora, algunos también lo eran entonces. Pero de los otros protagonistas ¿quién se acuerda? Yo recuerdo uno, uno más entre miles.

Comenzó a luchar por la libertad y la democracia y muy joven se hizo comunista. Muy joven también un tribunal militar, año 1962, le encarceló en el penal de Burgos. Cuando salió, día a día, mes a mes, año a año, se dedicó tenazmente a continuar esa lucha visitando periódicamente nuevas cárceles.

Los trabajadores de Madrid, especialmente los metalúrgicos, recordamos una empresa, Taybesa, donde entonces (años 70) trabajaba, y una zona, Ventas, en la cual desarrollaba su actividad sindical y política. Después años de trabajo agridulce para crear la estructura capaz de transformar lo que era un movimiento obrero en un sindicato democrático y de clase.

Una vez cumplida esa etapa, y ya en los años 80, retomó su oficio de siempre, mecánico de automóviles. Pero ya había cumplido 40 años. Su edad y militancia sindical y política no eran buena compañía para encontrar nuevos empleos: La Transición permanece detenida ante la puerta de muchas empresas.

Transcurre entre el paro y contratos temporales (antecedentes de los hoy oficializados contratos basura) ese periodo de su vida. Hasta una mañana de principios de agosto de 1988. Muchos partíamos de vacaciones, él se dirigía a un nuevo empleo (temporal, por supuesto). Su vehículo se salió de la carretera y dejó de existir. Aún no tenía 50 años. Este protagonista de la Transición se llamaba Emilio Alcaraz.


Fdo. ulpiano rodríguez calvo.

viernes, 3 de febrero de 2017

LA DÉCADA DE LAS LUCES… Y DE LAS SOMBRAS



Solemos mirar atrás, a los comienzos de nuestra vida, para evitar, quizá, aquello que escribió Malraux en La condición humana: Cuando un hombre ya está hecho; cuando ya no queda en él nada de la infancia y de la adolescencia; cuando, verdaderamente ya es un hombre, no sirve nada más que para morir

Tampoco era una década fácil aquella de los cincuenta del pasado siglo para la inmensa mayoría de españoles. Sin embargo se podría decir, dicho en plan exquisito y tal vez de forma pretenciosa, que para quienes ahora frisamos la setentena esa fue nuestra década de las luces y también de las sombras. En ella abandonamos la inocencia o inconsciencia propia de la infancia para adentrarnos en los albores de una juventud, y de una consciencia, que nos llevaría paulatinamente a percibir la realidad de la vida. Primero como adolescentes y solo años después como personas adultas.

Es posible que aquella nos pareciera una década interminable, de años lentos y hojas de calendario que se demoraban en las paredes hasta ennegrecerse, permitiendo, incluso, que las moscas depositaran sobre ellas sus diminutas heces hasta convertirlas en curiosas, y dudosas, obras de puntillismo pictórico. Solo mucho tiempo después nos dimos cuenta de que la vida es una montura que cabalgamos en una única dirección, y que aún sabiendo que la velocidad de su andadura es siempre la misma, la percepción que de ella tenemos suele ser muy diferente. Al comienzo, durante el primer tramo de vida, su trote resulta cansino, indiferente a los esfuerzos por espolearla para que nos adentre en el atrayente futuro que nos aguarda. Después, al bordear el abismo de la vejez, su trote se desboca y son vanos los intentos por frenarla, por demorar la llegada del cada día más cercano final. Es el ciclo de la naturaleza imposible de eludir.

Durante aquellos años cincuenta los Reyes se transformaron en padres y, en la noche mágica, sustituyeron los carros hechos con recias tablas, los caballitos de cartón o las pequeñas camionetas de hojalata por zapatos, la Enciclopedia Álvarez o un cabás de madera para el colegio. En lo relativo al sexo los infantiles y retozones juegos a padres y madres  entre la hierba del pajar fueron dejando paso a las miradas furtivas y a las sonrisas del quiero pero no puedo. Dogmas y prejuicios, implacablemente inculcados,  invadieron la inocencia para empujarnos en brazos del inevitable confesor. A él debíamos confiarle nuestros más recónditos e inexistentes secretos, mentirijillas ocasionales y peleas con amigos, únicos pecados al alcance de un niño. Peor era años después, ya bajo el influjo del deseo, cuando arrebolados de vergüenza había que responder al consabido cuantas veces.

Sin pretender herir las creencias de nadie no deja de resultar admirable la capacidad  inventiva de la Iglesia al instaurar, a través de la confesión, el más poderoso sistema de información pre-cibernético que se pueda imaginar. Poco valor informático podían tener aquellas confesiones de niños. Su único valor, y explicación, tal vez se inscribía en el educacional, esto es, crear el hábito para cuando se tuviera capacidad de pecar. Quién dispone de información tiene poder y capacidad de someter, según nos han explicado ya muchas veces. La confesión, desde un punto de vista jurídico, puede albergar otra cierta anomalía; un mismo poder, la Iglesia, establece las normas, legisla, y al tiempo juzga y condena su incumplimiento. Pero este es un terreno resbaladizo y mejor dejarlo a la conciencia de cada cual.

Puede resultar ilusorio intentar abordar estos temas en unos tiempos en los que impera ese concepto llamado posverdad; donde la mentira puede ser asumida como verdad, o la mentira, como tal mentira, suele transformarse en creencia compartida por la sociedad. Ejemplos de esa posverdad nos asaltan a diario. Basta con escuchar, o leer, a no pocos personajes públicos y creadores de opinión. Sobre todo a los que detentan el poder. Solo un botón de muestra que afecta directamente a los jubilados; cuando la ministra, Sra. Báñez, se ufana en televisión, y en carta personal, de haber subido las pensiones, ese mísero 0,25%, nos está diciendo una posverdad. En realidad su gobierno las ha reducido en un 2,75 %. La diferencia entre esa subida y el incremento experimentado por el IPC según los datos de este enero.
 Como escribía hoy mismo Adolfo Muñoz en la sección de Opinión de El País: Para mentir no es necesario caer en el bulo. Se puede mentir diciendo solo una parte de la verdad. Se destaca una pequeña parte de la verdad, se la ilumina, se la descontextualiza, se carga de notas sentimentalesy ya tenemos esa pequeña parte de la verdad convertida en una descomunal mentira.


Pero aunque resulte una osadía por mi parte no es a ese tipo de mentira, o posverdad, a la que me quería referir aquí sino a la mentira blanca que en ocasiones torturaba las aún impúberes conciencias en el amanecer a la vida. Mentiras dictadas por la inocencia que, en realidad, eran una especie de autodefensa para poner a salvo incipientes parcelas íntimas de libertad. Tiernas mentiras que bajo la amenaza de castigos infernales solían provocar ataques de terror y largas noches de insomnio, más cuando se acercaba la fecha de rendir cuentas al temido confesor.  Puede parecer transgresor pero también lícito afirmar que en aquellos años cincuenta encorsetaron nuestros raciocinios y comportamientos con dogmas y anatemas que ligaban de forma indisoluble mal y bien con  mentira y verdad, ignorando que la sabia naturaleza ofrece siempre una infinita gama de matices y modos de vida.

Ningún ser humano debiera nacer, y crecer, bajo sospecha. Son sus hechos, buenos y malos, de adulto consciente los que se debieran juzgar.

El protagonismo de aquella cruzada catequizadora, no podía ser de otra manera, la llevaron a cabo algunos curas vestidos con sotanas negras que habían cursado el seminario en una de las trincheras de la reciente guerra.

Por eso tal vez la llegada a Corias, con independencia de estar más o menos llamados por las cuestiones religiosas, pudo representar un soplo de aire fresco. Allí, bajo el hábito blanco, estaban personas que, salvo algunas excepciones poco gratas, habían estudiado y asimilado una vasta cultura que les permitía ver más allá de dogmas y anatemas. No solo habían leído a San Agustín o Santo Tomás, también a otros clásicos desde Kant hasta Hegel. Ellos nos enseñaron que existían más colores que el blanco y el negro. También diferentes graduaciones entre la mentira y la verdad o entre el bien y el mal. Algunos recordareis como un profesor, fraile, nos hablaba de la posibilidad de mentir sin mentir con un ejemplo clásico:  Él, decía, estaba situado en mitad de un camino aislado por el que veía pasar a un buen hombre huyendo de unos malhechores, no recuerdo que especificara si esos perseguidores eran el brazo ejecutor del poder o no. Al llegar éstos a su altura le preguntaban si había visto pasar por allí al huido. El fraile, al responder, apuntaba subrepticiamente, sin que nos percatáramos, con el dedo índice al interior de la amplia manga de su hábito y respondía que por allí no había pasado nadie. Después nos preguntaba si él había mentido, y, ante nuestras dudas, desvelaba que por el interior de su manga nadie había pasado. De esa forma sencilla nos desvelaba que verdades y mentiras tienen muchas vueltas.
Después, a lo largo de la vida, fuimos descubriendo que la mentira, y en justa correspondencia también la verdad, es poliédrica. Por eso suele resultar tan difícil averiguar el sentido de su orientación y la cara en que se asienta.


ulpiano rodríguez calvo 

martes, 27 de diciembre de 2016

ENTRE RECUERDOS Y OLVIDOS



No sé si, tal como afirma Gera, el blog emula al llano mejicano, lo que sí es cierto es que está vivo. Después de la fértil sementera de adviento, nueve entradas hasta la fecha, alcanza ya las cincuenta y nueve. Además han vuelto a florecer  los comentarios como en sus mejores tiempos.

Aunque  Hemingway, Fitzgerald y tantos otros brillantes autores lo  hayan desmentido escribiendo grandes obras, los excesos y ajetreos, propios de estos días de fiestas navideñas, no suelen ser buenos compañeros para ponerse a escribir. Más aún cuando trata de hacerlo un aficionado pedestre, no un escritor.

Consciente de ello, pero aprovechando  la permisividad que confiere la víspera del día de los inocentes, me dispongo a rellenar uno o dos folios con un declarado propósito: que el blog en 2016 alcance, o supere con la aportación de otros participantes, las sesenta entradas.

Invierno 63/64.- El primer trimestre era siempre difícil. Impregnado por el dulce regusto a las recientes vacaciones veraniegas avanzaba lentamente hacia la oscuridad a medida que se acortaban los días. El segundo y el tercero ya resultaban diferentes, buscaban la luz y el buen tiempo a la par que se alargaban los días, y, en el horizonte, el final de curso cada vez más cercano se veía.

Tal vez llovía o solo hacía viento aquel desapacible anochecer. Las vacaciones de navidad recién estrenadas habían dejado al instituto-convento de Corias sumido en un aletargado y melancólico silencio. Los alumnos internos, fulgurantes los ojos y henchidos de gozo, regresaban a sus hogares después de un primer trimestre de clases interminables y días carentes de final. Los externos, con no menor gozo, deambulábamos por la Calle Mayor. Unos, con el más o menos disimulado propósito de ver aparecer las chavalas que cursaban bachillerato en Oviedo y regresaban de vacaciones a casa. Otros, esperando el comienzo de la función en el Toreno. Imposible ahora recordar si en la cartelera anunciaban Horizontes de grandezacon Gregory Peck, Charlton Heston y Jean Simmons, actores-ídolos de entonces, o Rocco y sus hermanosinterpretada por la magnífica Annie Girardot, un atractivo Alain Delon que levantaba arrebatadores suspiros entre el público femenino y una deslumbrante Claudia Cardinale que los provocaba si cabe aún mayores entre el masculino. Al menos así parecían manifestarse las inclinaciones dentro de su orden natural. Si alguien tenía esas inclinaciones diferentes más le convenía ocultarlas en aquella época…  y temo que también en ésta.

Terminada la función, con las estudiantes recién llegadas recluidas en sus casas y el resto de cangueses esperando la cena caliente en torno a la mesa, la calle Mayor, todo Cangas, era solo inhóspito silencio. También la hora de regresar a casa de quienes vivíamos en los pueblos de alrededor.

La bicicleta, con el sillín perlado por la primera lluvia de la noche, aguardaba pacientemente apoyada en la farola donde la había dejado, lista para emprender un no fácil regreso a Limes. La carretera, más o menos como la de Morán cuando iba a la  escuela portando la fardelina, era un mosaico de profundos baches, alcanzando algunos la categoría de socavones,  rebosantes de recientes lluvias. Sus bordes, afilados como navajas, tendían sucesivas trampas haciendo peligrar las precarias cubiertas neumáticas de la bicicleta. Dejadas atrás las últimas luces de Santa Catalina la oscuridad era absoluta. Solo la parpadeante y débil luz generada por la dinamo, su inestable intensidad dependía de la velocidad de la rueda, rasgaba con timidez las tinieblas. De cuando en cuando una ráfaga de viento descorría una nube como si fuera una  cortina y por la rendija abierta  asomaba la luna colgada del cielo y escoltada por dos o tres estrellas. Entonces su lechosa luz convertía  la carretera en engañosa pista de plata y los árboles emergían desnudos desde la oscuridad transformados en inquietantes y fantasmales sombras chinescas. Las afiladas cuchillas que bordeaban los baches permanecían emboscadas bajo el brillo plateado, listas para cercenar cubiertas y llantas, incluso dar con los huesos del incauto ciclista, yo en este caso, en el maltrecho asfalto. Menos mal que ya estaba avezado y conocía casi al dedillo todas las trampas tendidas en un recorrido memorizado cientos de veces al año.
 Pero aquella noche ningún obstáculo, ni siquiera el fuerte viento que se abalanzaba desde las cimas de Leitariegos para encajonarse en el valle y golpear de frente, disminuía la euforia al pedalear. No solo era el comienzo de las vacaciones, también me aguardaba un acontecimiento singular que se repetía solo una vez al año.

Dos días atrás se había llevado a cabo la matanza, una matona y tres gochus las víctimas, y era el día de partir. Salvo para sujetar las víctimas en el momento del sacrificio nadie me había pedido colaborar en las tareas posteriores de partir, picar, embuchar, salar y demás propias del sanmartín, tal vez pensando que serviría más de estorbo que de ayuda. Así pues con la conciencia tranquila podía llegar a mesa puesta y participar en la opípara cena que año tras año se  celebraba con motivo de la matanza. Ocasión que reunía a familiares, vecinos y amigos alrededor de la mesa.

Los  callos, lavados escrupulosamente en el río por manos de mujer enrojecidas de frío, hervidos durante horas con repetidos cambios de agua y cocinados después, ligerísimos y perfumados de laurel, estaban siempre  deliciosos; las chuletas, doradas por fuera, jugosas por dentro, con el perceptible toque dulce del último engorde a base de castañas eran auténticos manjares. Estos platos nunca faltaban en aquellos pantagruélicos banquetes regados con el primer vino del año que chispeaba en las jarras, hacía cosquillas en la garganta y dejaba un agradable sabor afrutado en la boca.

 Aquellas cenas, con ciertos aires saturnales que hacían palidecer incluso a los festejos de las cercanas navidades, se prolongaban, entre dulces caseros, cafés orujos, animadas charlas, antiguos cuentos, chistes, risas y algunos pellizcos clandestinos por debajo de la mesa, hasta altas horas de la noche. Incluso hasta unas sopas de ajos si el amanecer ya despuntaba.

Estos son recuerdos de una tarde-noche lejana. Recuerdos rescatados de entre otros muchos olvidados. De recuerdos y olvidos, positivos y negativos, se compone ese mosaico dejado atrás en el ya largo recorrido por el corto camino de la vida.

Si el recuerdo instalado en el consciente configura buena parte de la personalidad, y ayuda a la percepción de la realidad; el olvido, ese conjunto de vivencias ocultas pero no ausentes que permanecen ancladas en el subconsciente, también puede estar condicionando esa misma personalidad y  realidad percibida.

Este blog, su enunciado lo dice, es de recuerdos de Corias, pero tal vez va más allá. En el olvido de cada cual habitan episodios, quizá no menos importantes que algunos de los recordados, que también pueden estar incidiendo en el vínculo de cada antiguo alumno con Corias, y con este blog incluso después del largo tiempo transcurrido.

Al despedir el año, a la par que no pocos de los episodios de la vida buscan y encuentran refugio en el olvido, puede resultar lícito, al margen de toda pretensión filosófica,  elucubrar y tomarse licencia para reivindicar la importancia de ese olvido. De los espacios en blanco existentes en la memoria que no emergen, aparentemente, en el blog ni en ninguna parte pero que  sería injusto, además de erróneo, minusvalorar.

Es posible que nuestra vida, al menos la pasada, vista desde el cerro bajo el cual se apilan muchos años, ofrezca cierta similitud con la escritura. Si en la escritura los signos, letras, y los llamados no-signos, espacios en blanco que separan las palabras, son determinantes para dar sentido a lo escrito; también los hechos recordados, signos, y los hechos olvidados, no signos, puedan contribuir de igual manera a configurar la personalidad y la particular percepción de realidad de cada persona.

A la importancia del espacio en blanco, no-signo, en la escritura se refiere con frecuencia el escritor y lingüista Alex Grijelmo (a qué espera la Academia de la Lengua para nombrarle académico) ilustrando esa importancia con frases del tipo un barco chino  frente a un bar cochinoodígalo, sin vergüenza en contraposición a dígalo, sinvergüenza  Frases que cambian radicalmente de sentido según se sitúe el espacio en blanco o no-signo. Advierte que en estos casos ese espacio en blanco o no signo  adquiere incluso la categoría de signo.

Pero escribir sobre los conceptos recuerdo y olvido no resulta fácil, más cuando trata de hacerlo un lego en la materia como es el caso. Son conceptos juguetones y traviesos que mutan, de motu proprio o por injerencia externa, de condición adquiriendo la personalidad del otro con sutil fluidez. Claro que siempre existirán recuerdos irreductibles que jamás mutarán en olvido. Éstos son los pilares básicos del armazón que sustenta cada personalidad y cada visión propia de la realidad.

En fin… divagaciones a brochazos que espero encuentren justificación por despedir de nuevo un año para recibir otro nuevo. Un 2017 que espero y deseo sea, menos con los enfilados por la justicia y por Samuel, magnánimo con todos.


ulpiano rodríguez calvo

domingo, 4 de septiembre de 2016

CINCUENTA Y CINCO AÑOS DESPUÉS



Con este septiembre un nuevo verano se va por el sumidero del tiempo. Antes de despedirse me deja antiguas imágenes aún vivas, no importa que sobre ellas hayan transitado, y dejado sus huellas, otros cincuenta y cinco veranos.

En junio las notas en Corias llegaban con olor a hierba recién cortada. Mientras las guadañas con su característico sonido, mitad silbido mitad rugido, atacaban por los prados la alta hierba que se tornaba dorada, nuestros profesores afilaban los lápices para fijar las notas de fin de curso y, también a veces, los convertían en guadañas. Los lápices no segaban hierba, sí las cabezas de algunos alumnos, al menos su futuro de estudiante. Los decapitados, al no poder disponer ya de beca, casi siempre eran arrojados extramuros del Instituto. Solo un hálito de esperanza, una especie de purgatorio a penar durante todo el verano, quedaba depositado en los exámenes de septiembre. Si entonces los lápices continuaban siendo inclementes las puertas del Instituto se cerraban para siempre y su futuro, en muchos casos, decidido; cuidar unas pocas vacas y trabajar unas tierras, si las había, o  entrar por el agujero negro de la bocamina.

No debía resultar fácil (Morán se ha referido a ello repetidas veces), para aquellos profesores ejercer de juez y verdugo. De su lápiz guadaña- podía depender el futuro de un alumno. Hoy podemos imaginar sus dudas y desasosiego entre el fatídico cuatro y el salvador cinco. Algunos profesores, aunque la responsabilidad no fuera en buena parte suya, ante el desastroso examen que estaban corrigiendo se culparían de su fracaso como docentes. Otros se regodearían (palabra muy de  moda en el instituto-convento)  calificando con un cuatro o nota menor y tomar así una alambicada venganza contra aquel proyecto de individuo incapaz de atender a las explicaciones, elemento perturbador y graciosillo incluso, durante las interminables horas lectivas del curso. De estos últimos existían dos tipos con muy diferente suerte: Los que hacían gracia, y su cuatro se podía transformar en cinco, y los que no, condenados a convivir durante el verano con el estigma del cuatro.

Poco podíamos disfrutar entonces, con aquellos lápices convertidos en guadañas sobre nuestras cabezas, de la maravillosa eclosión de vida multicolor, con predominio de todas las tonalidades del verde, que se enseñoreaba de uno a otro confín del concejo de Cangas. Escaso era el tiempo para, extasiados, contemplar cómo el agua y el sol vestían con hilos de plata las laderas de desnuda roca. O ver  la folguera surgir de la tierra como un fino violín antes de desplegar su voluta sobre el  grácil mástil para formar la fronda. Miles de frondas. Bajo ellas se cobijarían los animales más pequeños del monte.

En contadas ocasiones, entre examen y examen, un profesor se apiadaba de nosotros y nos llevaba, para desanudar los nervios, a dar una vuelta por el monte. Si se trataba del P. Castaño era a la parte más alta, a los confines de la finca del instituto-convento. Allí nos ordenaba rebuscar entre las xiniestas, ya vestidas de deslumbrantes amarillos o blancos y perfumadas de penetrante olor, hasta encontrar los más raros especímenes de la fauna del lugar. Los seleccionados, una vez disecados, completarían las colecciones del Museo de Ciencias Naturales, gran afición de aquel profesor. Si era el rector, P. Jesús Martín, quien nos pastoreaba solía permitir  acercarnos al bosquecillo de cerezos situado a media ladera. Las cerezas de mayo son de las primeras frutas que maduran en Cangas y por ello las más ansiadas. Admirados contemplábamos cómo los rayos de sol, al penetrar entre las verdes hojas, arrancaban de aquellos  frutos ya rojizos destellos de rubí. Con consentimiento de nuestro guardián o a hurtadillas tomábamos alguna de aquellas tempranas cerezas que al llegar a la boca se tornaban en carnosos y dulces labios de novia enamorada.

Terminados los exámenes llegaba la estampida. El silencio se adueñaba de aulas y claustros castigando con estruendosos y múltiples ecos cualquier indicio de vida. Solo algunos días, como nos contaba el recordado Carlos Lobato, la magnanimidad de un guardián permitía acceder al patio del frontón a los chavales de Corias. Jugaban al fútbol y sus gritos junto al sonido sordo del balón rompían ese silencio en mil añicos.

La suerte de los estudiantes ante las vacaciones era dispar. Unos podían haraganear y divertirse desde el primer al último día. Otros, sobre todo quienes proveníamos de casas de labranza, teníamos que arrimar el hombro en las tareas de la casa: ayudar a terminar de pañar la hierba, cuidar vacas y ovejas, echar el agua a los praos cuando correspondía la vecera, enramar y ayudar a sulfatar y azufrar las viñas, segar el trigo y el centeno además de otras múltiples tareas requeridas por una casa de labranza. Esto, en Limés al menos, no impedía bajar al río después de comer a bañarnos con las chavalas del pueblo. Tampoco, hasta ahí podíamos llegar, ir a todas las fiestas que se celebraban en la zona.

El verdor de los campos adquiría tonos dorados mientras los días de vacaciones transcurrían raudos, arrastrados por voraz torbellino. Alcanzábamos finales de agosto embriagados por el olor de la manzanilla en las cumbres. Entonces la tarea se multiplicaba, había que mayar el trigo y el centeno. No solo el de casa, también ayudar a familiares y amigos. Durante una o dos semanas el rugido de la máquina, al devorar los manoyos para separar el grano de la paja, inundaba todo el valle. Al terminar la faena, en cada casa éramos obsequiados con pantagruélicas comidas regadas con abundante vino. Éste limpiaba bien el gaznate del polvo de la paja.

Con la llegada de septiembre el final del verano se precipitaba, la fiesta del Acebo, como un mojón, marcaba su fin. El desfile de autocares rebosantes de veraneantes rumbo a Madrid se intensificaba hasta que, pocos días después, partía el último. Montañas y valles de Cangas quedaban envueltos por un profundo silencio disturbado solo por el sonido metálico de la esquila de una vaca. Silenciosos también maduraban los racimos en los viñedos de las laderas del valle. Llegaba la hora de la vendimia y de nuevo se multiplicaba la tarea, vendimiar para casa y para familiares y amigos. Se repetían las comilonas y se trasegaba abundante vino.

 El final de las vacaciones, y regreso a Corias, llegaba cuando los castaños abrían sus erizados ojos mostrando miles de iris dorados.

Al llegar nos encontrábamos con antiguos y nuevos compañeros, también con el olor a tinta y cola de los nuevos libros. Hacíamos recuento de los compañeros ausentes, unos víctimas del lápiz-guadaña de algún profesor, otros por los más diversos motivos. Si se había intimado con alguno en el curso anterior, independiente de cual fuera la circunstancia, el pesar por la pérdida no era menor.

Dentro de unos días antiguos alumnos volverán a encontrarse en el convento-instituto hoy convertido en flamante parador. Con pesar, por circunstancias, este año tampoco podré acudir. Pero quienes acudan volverán a hacer recuento de los ausentes, ausencia trágica ahora, para recuperar su memoria y para que esa memoria acompañe a todos los presentes durante  muchos encuentros más.


ulpiano rodríguez calvo.

viernes, 20 de mayo de 2016

JORDANIA ( II )


20 de Septiembre -3º día – Ammán.
Tras un copioso desayuno y algunas dificultades en la distribución de los viajeros en los autobuses, a las 8.30 de la mañana, bajo una luz cegadora, iniciamos la marcha. Atravesamos la abigarrada y bulliciosa Ammán y tomamos dirección N.O. para dirigirnos a la fortaleza de Ajlún, a unos 50 km de la capital. El paisaje es árido, semidesértico, solo se ven algunos olivos y frutales en las pequeñas parcelas a las que el agua, siempre escasa, llega. Los pueblos ofrecen un aspecto desolado y mísero, acentuado por las casas sin terminar. En efecto: suele ser un matrimonio quien inicia la construcción de la planta baja, en la que habita, pero no la remata con un tejado sino con un techo plano del que sobresalen las columnas de los forjados (“al aire”, dicen aquí) para que, en el futuro, se pueda seguir construyendo en altura a medida de las necesidades de la familia.
A medio camino entre Ammán y Ajlún atravesamos un campamento de refugiados palestinos. Un estremecimiento sacude a los viajeros. Nuestro guía explica que las primeras oleadas de ellos llegaron a Jordania en el año 67, a raíz de La Guerra de los 6 Días. Sucesivamente han ido llegando más y más, al compás de los acontecimientos políticos. Lo que en origen fue un campamento se ha convertido -sin perder por ello su aspecto de provisionalidad, de pobreza, de anarquía y suciedad- en establecimiento. La vida sigue incluso bajo estas penosas condiciones y podemos ver cómo han proliferado míseros negocios de alimentación o talleres inmundos de reparación de coches. Observando el mapa de la región el cronista advierte que Israel –a la que los jordanos jamás aluden por ese nombre sino por Palestina- tiene forma de punta de flecha. Jordania, de hacha de guerra. El Jordán parece una larga cicatriz entre ellas y se diría que ambos países están condenados a vivir sobre la misma tierra sin entenderse jamás.
La silueta de la fortaleza de Ajlún se recorta sobre el horizonte a varios km de distancia sobre el Monte Auf y fue construida en 1.184 por orden de Saladino. Desde su imponente altura se contempla una hermosa vista del Valle del Jordán, larga cinta verde ceñida por el desierto. La fortaleza recuerda los castillos españoles con sus espesos muros de sillería, fosos, torreones, saeteas y barbacanas. Ha sido destruida y reconstruida tantas cuantas veces cambió de amo esta atormentada tierra.
A muy pocos km al este de Ajlún está Jerash. No es fácil resumir en pocas palabras la belleza de esta extraordinaria “Pompeya Oriental”. El Emperador Trajano ocupó todo lo que hoy es Jordania en el año 106 d. C. y esta región es incorporada a la provincia romana de Arabia. Su antigua capital, Rabat-Amón (hoy Ammán) se convirtió en Philadelphia, y Jerash, una de las ciudades más importantes de la región, en Gerasa. De su esplendor da idea el primer monumento que recibe al viajero, fuera de la ciudad propiamente dicha: el Arco de Adriano, levantado en honor del sucesor de Trajano con motivo de su visita a esta ciudad en el año 129 d. C. A partir de aquí vamos de sorpresa en sorpresa: la magnífica Plaza Ovalada, antiguo foro de la ciudad; el Hipódromo; el Templo de Zeus, grandioso; el de Artemisa; la preciosa fuente pública llamada Ninfeo que aún conserva restos de frescos; los tetrápilos, en el cruce de las antiguas calles principales…Y, sobre todo, el Teatro, perfecto, armónico, bellísimo, que conserva íntegra su cávea capaz para 3.000 espectadores, su orquesta y su escena decorada con columnas, hornacinas y frontones. Comprobamos su extraordinaria acústica oyendo a un trío musical que toca gaitas y tambores.
El calor es terrible, pero continuamos recorriendo el Cardo Máximo que conserva columnas, capiteles corintios e incluso entablamentos. Las gruesas losas del pavimento conservan la huella de los carros que contemplaron hace 2.000 años aquella grandeza cuyas ruinas admiramos nosotros hoy. Ni siquiera los terremotos han logrado destruir una de las ciudades más perfectas que Roma nos ha legado.
Nos refugiamos en un restaurante de la moderna Jerash huyendo del aplastante calor. Algunos viajeros aún tienen fuerzas para comer. Otros, solo beben agua helada y se abanican. Tras un descanso volvemos al autobús para regresar a Ammán.
Ya en la capital visitamos “La Ciudadela” situada en lo alto de una colina desde la que se contempla una espectacular vista de Ammán. En esta “acrópolis” se conservan restos de antiguas fortificaciones romanas y las columnas corintias, aún en pie, del Templo de Hércules (sg. II d C.). Un equipo de arqueólogos españoles está sacando a la luz restos de construcciones árabes y bizantinas. Pero lo más sorprendente es la vista de Ammán cuyas casas, pálidas y cúbicas, se extienden por las colinas circundantes hasta donde la vista alcanza.
En el autobús hacemos un recorrido por los barrios elegantes de la ciudad. Vemos la Embajada de EEUU, protegida por doble muro, calle cortada e incluso un tanque con soldado metralleta en ristre frente a la única puerta que parece la de un bunker. Vemos casas lujosísimas, algunas de arquitectura notable; otras, simplemente ostentosas. Desde cualquier punto de la ciudad es visible una enorme bandera jordana que ondea en lo alto de una colina. George, nuestro guía, comenta que se trata de la bandera más grande del mundo, más de 100 m. cuadrados de tela, y que por ello figura en el libro Guiness de los records. (“el que no se conforma…” piensa, sarcástico, algún viajero…).
Hacia las 6 de la tarde estamos de regreso en el hotel, cansados, acalorados y satisfechos. Tras el imprescindible aseo aún conservamos fuerzas para dar un paseo por las cercanías, charlar en el bar antes de la cena y, después, contemplar la puesta de sol, que cubre de sangre las colinas de Ammán mientras el “sagrado lamento” estremece la mágica atmósfera del anochecer.

21 de Septiembre – 4º día - Ammán.
Salimos del hotel a las 8 de la mañana en dirección Este, hacia la frontera siria, para visitar la fortaleza de Azraq. El paisaje es llano, árido y desolado, una extensa estepa solo interrumpida por las tiendas de campaña de los pastores de cabras. La carretera es recta, con intenso tráfico de camiones, casi todos “Mercedes” de modelos antiguos, que transportan petróleo desde la cercana Siria. Vemos numerosas canteras de donde procede esa caliza pálida que da a Ammán su particular apariencia.
La fortaleza de Azraq es maciza, sólida, tosca, achaparrada, de oscura piedra basáltica. Incluso sus puertas son gruesas losas de piedras a prueba de llamas. En su patio central hay una humilde mezquita colocada de través para orientar su mihrab hacia La Meca. La fortaleza fue en origen un castra romano; luego fue adaptado a las nuevas necesidades por los omeyas y más tarde por los  ayyubíes… pero debe su fama y leyenda a Lawrence de Arabia que se hospedó en ella en 1.917 mientras organizaba la rebelión de los árabes contra los turcos y preparaba la batalla de Aqaba.
De nuevo en el autobús volvemos sobre nuestros pasos y tomamos dirección Oeste para visitar Qasr-Al-Amra, edificio sólido y sin vanos  cubierto por tres bóvedas de medio cañón y una pequeña cúpula lateral . Lo sorprendente es el interior. Fue construido en el sg. VIII como pabellón de caza y descanso de un califa que, pese a ser el representante de Alláh en la tierra, parece que no tomaba muy en serio los dictados del Profeta. Todas las paredes están cubiertas de frescos en los que prolifera la figura humana en escenas de caza y danza. Los desnudos son muy numerosos y las actitudes notablemente “desenfadadas”. Estas pinturas son patrimonio de la Humanidad con todo merecimiento pues, por su temática, son únicas en el arte árabe.
La siguiente visita es otro castillo, muy distinto del anterior. Qasr-el-Kharana es cuadrado, macizo e imponente y se alza en medio de la nada en la desértica llanura. Probablemente sus orígenes son romanos, luego sería bizantino y más tarde omeya. En sus 4 esquinas se levantan 4 torreones semicirculares y otros 4, más bajos, en el centro de cada muro. Se trata de un caravasar, es decir, un establecimiento en un cruce de rutas comerciales cuya finalidad es dar cobijo y protección a las caravanas. En un gigantesco patio central descansarían los animales de carga, mientras que comerciantes y camelleros se distribuirían por las estancias en torno a ese patio, en donde hay, además, pozo, almacenes, cisterna e incluso baño. Un hotel de la época.
Continuamos en dirección Oeste para acercarnos al Mar Muerto. En determinado punto de la carretera un cartel nos indica que estamos a nivel del Mar Mediterráneo. A partir de ahí comenzamos a descender. El paisaje se vuelve sumamente árido e inhóspito y solo la línea oscura del Jordán interrumpe la monocromía. Al otro lado del río adivinamos Jericó, la ciudad más antigua de Occidente, Jerusalén, Betania, Hebrón y tantos otros lugares de resonancias bíblicas y evangélicas. Llegamos al Mar Muerto a medio día. El sol brilla inclemente sobre este lago salado y percibimos un olor peculiar, desconocido para nosotros, que lo impregna todo. Después de la comida en uno de los confortables hoteles de la zona los viajeros, bajo un sol de justicia y un calor sofocante, se dirigen a la cercana playa donde experimentan la sensación de flotar incluso contra la propia voluntad en esa agua terriblemente salada y densa y del contacto con el barro. Acerca del baño y sus placeres hay diversidad de opiniones.
Hacia las 5 de la tarde regresamos a Ammán tras parar en uno de los almacenes de carretera para comprar cremas y jabones, muy famosos por las propiedades que las sales del Mar muerto les confieren, y otros recuerdos de la región. A las 7.30 llegamos al hotel y el día termina tranquilamente después de la cena y la animada sobremesa.

ulpiano rodríguez calvo

sábado, 28 de noviembre de 2015

POR QUÉ ME HICE DEL BARÇA (nada tiene que ver con el reciente 0-4)



Sí, ya sé que es un hecho trivial y no importa a nadie, incluso ya ni me importa a mí, peroDurante las clases en Corias, en escasas ocasiones por cierto, algunos profesores entablaban diálogos con los alumnos sobre temas que poco tenían que ver con la materia que estaban dando. Escasos eran los profesores que se avenían a permitir esos debates, menos aún aquellos que los alentaban. Eran liberadoras ocasiones para abordar temas interesantes no recogidos en los libros de texto. Permitían dejar de lado, durante ese siempre corto espacio de tiempo, la aridez de la asignatura con la que estábamos ocupados.

Se debatía sobre casi todo, si bien dos temas no tenían cabida: el sexo, que aunque latente estaba reservado para charlas más intimas o tímidas, pues, además de vetado, allí se tenía por ausente; y la religión, que, al tener su propia y obligatoria asignatura, resultaba superflua por  omnipresente.

Uno de los temas más socorridos, junto a otros de mayor enjundia, era el fútbol. Éste nos ocupaba en uno de aquellos recesos. Por aquellas fechas el Real Madrid visitaba Asturias para enfrentarse al Real Oviedo, equipo que entonces, incluso ahora de forma mucho más tibia, gozaba de mi simpatía. El profesor, no diré el nombre por si falla la memoria, solo que era dominico no catalán, participaba animando el debate futbolero, y, en determinado momento, vino a decir: Los del Madrid son prepotentes y engreídos, cuando vienen a jugar se burlan de las costumbres asturianas, se ríen de los paisanos por calzar madreñas; al contrario, los del Barça, son  más cercanos y respetuosos con las tradiciones y sentimientos regionales.

Desde aquel día comencé a mirar con recelo y cierta antipatía a los del equipo de color blanco, por mucho que lucieran ese color jugadores tan populares como Di Stéfano, Puskas o Gento, mientras  mi simpatía se inclinaba hacia el color blaugrana de los catalanes, sin importar a esa nueva filiación futbolística que si bien en la defensa del Barça abundaban catalanes: Ramallets, Segarra, Gensana y otros, en la delantera predominaban húngaros, Kubala, Kocsic o Czibor o suramericanos, Evaristo, Martínezy  un gallego, Luisito Suárez. Ya se sabe, todo sentimiento tiene un componente irracional, y esta atracción futbolera, complementada por una naciente simpatía hacia lo catalán y  distanciamiento  del centralismo representado por el Madrid, no iba a estar exento de él.

Recordaba este hecho anecdótico, más de cincuenta años después,  paseando hace unos días por La Rambla de Barcelona, al tratar de explicarme la actual efervescencia independentista asentada en Cataluña con la impresión de comprender, no necesariamente de compartir, una parte de los motivos que la sustentan.  La poderosa capacidad de influencia que se puede ejercer sobre quienes se encuentran en el albor de la adolescencia, incluso entre quienes ya están alejados de ella, cuando alguien influyente, de forma persuasiva, les indica que están menospreciando aquello que perciben como parte de sus raíces.

 Se dirá que mi caso no constituye un dato empírico, desconozco, o no recuerdo, el impacto causado por las palabras del profesor entre mis compañeros de curso, pero, si observamos los movimientos gregarios que se producen en torno a los más variados fenómenos sociales, se puede afirmar que sí es así. No es casualidad que en Cataluña el cambio generacional juegue a favor del independentismo.

 En aquel lejano entonces de Corias no conocía que, casi siempre, los movimientos independentistas o centralistas no surgen de los pueblos, éstos tienen intereses mucho más inmediatos, sino de los intereses particulares de la élites que los dirigen. Tampoco conocía, con el tipo de historia adulterada que se estudiaba no podía conocer, que el encaje de Cataluña en España nunca fue fácil a través de los siglos.

 La sobrevalorada unificación de los reinos de Castilla y Aragón llevada a cabo por Isabel y Fernando fue poco más que un matrimonio de conveniencia. Una vez muerta Isabel,  Fernando, casado al poco tiempo con Germana de Foix, se instaló de nuevo en Aragón y los dos reinos funcionaron en la práctica por separado. Concesiones posteriores, por parte de Carlos I, a la nobleza catalana permitieron que se lograra una cierta reunificación. Situación que, a través de distintos episodios de confrontación -aunque valencianos, aragoneses y baleares, también integrantes de aquel reino, fueran abandonando la causa separatista- se mantuvo hasta nuestros días. Episodios de confrontación que alcanzaron su punto álgido durante la Guerra de Sucesión, cuando los catalanes impulsaron una insurrección en favor del Archiduque Carlos y la dinastía austriaca, más proclive ésta a reconocer sus leyes y derechos históricos, frente a Felipe V y los Borbones, partidarios de un sistema absolutista y centralista. Esta guerra, una guerra civil con intervención extranjera, terminó con la retirada de apoyo a la causa austriaco-catalana, principalmente por parte inglesa, y la entrada a sangre y fuego de las tropas borbónicas en Barcelona el 11 de septiembre de 1714.

Puede parecer anacrónico y fuera de lugar recordar esto, pero sería ignorar que buena parte del mensaje independentista hunde sus raíces, junto acontecimientos más recientes, en esos hechos históricos. No es casual que la Diada, cada año con mayor poder de convocatoria, se celebre un 11 de septiembre. Y no se debe desdeñar a un pueblo capaz de conmemorar su derrota.

 Pero estos hechos históricos no explican por sí mismos el auge actual del independentismo. La sociedad catalana actual, incluso el origen de buena parte de ella, es muy diferente de aquella a la que nos remite la historia. Diferente es el contexto europeo, una Europa que, con contradicciones y no siempre en sentido favorable a los ciudadanos, avanza en el derribo de fronteras. También diferentes son los principales actores del movimiento secesionista. Si en el pasado éste estaba encabezado y dirigido por la nobleza y los poderes feudales apegados a su tierra y sus derechos ancestrales, en la actualidad quienes lo impulsan son partidos políticos de raíz nacionalista, cada uno con sus particulares intereses. El antiguo poder feudal, al menos buena parte de él, convertido hoy en pujante capitalismo, parece haberse echado a un lado. El dinero no entiende de sentimientos ni fronteras; hace cálculos para, de una u otra forma, siempre ganar.

Quizá sean otros, dos principalmente, los factores que han dado alas al independentismo: La crisis económica, y las torpezas del Gobierno del Estado, sobre todo del partido que sustenta el Gobierno actual, en su relación con Cataluña.

Recientemente, J.Stiglitz, Nobel de Economía 2001, afirmaba en una entrevista: El auge independentista catalán se debe a la austeridad. Es evidente que la política económica pilotada por la UE y aplicada por el Gobierno español, su alumno aventajado, ha provocado una quiebra social, un descontento generalizado que las fuerzas soberanistas catalanas han sabido convertir en caldo de cultivo independentista.

Aunque el actual Gobierno de la Generalitat, fiel a sus planteamientos ideológicos en materia económica, aplicó en el ámbito de su competencia medidas de recortes en prestaciones y servicios públicos similares a las practicadas por el Gobierno central, está logrando, situándose de perfil y parapetándose tras la estelada, señalar como responsables de sucrisis  a otros, ajenos a Cataluña. El déficit en la balanza fiscal se utiliza para hacer calar eslóganes, no expresados explícitamente pero sí de forma más o menos sibilina, tan eficaces como el España nos roba, obviando, interesadamente, que quienes roban a los catalanes son los mismos que se lucran del resto de españoles, o con mensajes falsos como en una Cataluña independiente no se hubieran producido recortes

Esos factores, el económico y, quizá en menor medida, el histórico sentimental, han hinchado las velas al fenómeno independentista. Causa perplejidad, si la económica es razón principal, el extraño maridaje de las fuerzas políticas que impulsan el proceso: desde la derecha liberal-capitalista hasta los anticapitalistas. 

Se pueden entender las razones, y el interés, de Convergencia -partido que en distintas legislaturas fue el cómodo bastón en el que se apoyaron los gobiernos de la nación, tanto del PSOE como del PP, cuando éstos se encontraron en minoría- para acelerar el proceso en eludir las responsabilidades de su gestión económica que le estaba provocando la pérdida de apoyo electoral, o tapar el que ya parece demostrado saqueo del 3% asociado a la financiación del partido, además del escandaloso enriquecimiento de la familia Pujol, pero no parece que se pueda entender, al menos desde planteamientos de izquierda, la sumisión de quienes así se definen a esa estrategia. Se supone que uno de los pilares ideológicos de la izquierda es la solidaridad y no resulta creíble que quienes se oponen al trasvase de recursos entre comunidades y colectivos de población en función de su nivel de desarrollo y riqueza -sin entrar en la más que discutible política fiscal desarrollada por el actual Gobierno central, algo que debiera ser tarea de catalanes y  del resto de españoles cambiar- vayan a desarrollar una política solidaria con las comarcas y los sectores populares más desfavorecidos de la sociedad catalana.

No parece razonable que el independentismo aparque o difumine el conflicto o confrontación entre esos diferentes intereses. No es propio de quién se define de izquierdas el sálvese quién pueda, más cuando con el que intenta compartir salvavidas es quien le arrojó al mar. Menos se entiende aún cuando el poder financiero abatió toda frontera situando a los ciudadanos ante el reto de unirse, saltando también las fronteras, para hacer frente a la voracidad de ese poder.

 Soy de los que piensan que la única patria que merece la pena es aquella que no tiene fronteras.(aunque esto solo sea un oxímoron, esa palabreja tan de moda en los últimos tiempos)

Si miramos atrás no todos los movimientos de rebelión en Cataluña han tenido como objetivo la independencia. La izquierda catalana no ha sido independentista. Ésta, uno de las principales arietes contra  la Dictadura, alcanzó su máxima expresión con La Asamblea de Cataluña. Sus reivindicaciones, aún pueden resonar en los oídos de quienes tenemos más de cincuenta años, eran Llibertat, Amnistía, Estatut dAutonomía. El PSUC primero y el PSC después fueron el crisol en el que se fundían y amalgamaban las culturas y sensibilidades que mayoritariamente componían la sociedad catalana, independientemente de su origen o procedencia. Muy mal se han tenido que hacer las cosas para que fuerzas políticas llamadas de izquierda, marginales durante los cuarenta años de democracia, ocupen hoy la centralidad de la política y puedan embarcarse junto a la derecha catalana de siempre en esta insolidaria aventura soberanista.
Resulta chocante ver ondear al viento banderas esteladas de triángulo amarillo con estrella roja junto a otras de triángulo azul y estrella blanca unidas por el alborozo de la independencia, como si en Cataluña, también en el resto de España, no hubiese graves problemas que las separan

Difícilmente estos factores, el histórico-sentimental y el económico, hubieran calado en la sociedad catalana de no estar acompañados de otro decisivo:  la actuación, por acción u omisión, del Gobierno central y del partido que lo sustenta. La torpeza demostrada con el Estatuto, votado en referéndum en Cataluña y aprobado por el Parlamento español, echó en brazos del independentismo amplios sectores de la sociedad catalana que como mucho eran federalistas. La sentencia del Tribunal Constitucional, actuando a instancias del Partido Popular, que anuló partes sensibles de ese estatuto, contribuyó a que las instituciones del estado fueran miradas con mayor recelo. No se puede olvidar que este Tribunal, y la mayoría del poder judicial, actúa bajo la influencia del poder político que es el que, en buena parte, le nombra. (Sospechoso resulta que sea precisamente ahora, y no hace años, cuando se aceleren las causas por el enriquecimiento de la familia Pujol y mordidasdel 3%. Estos hechos con todos los visos de delictivos, conocidos desde hacía largo tiempo, inducen a pensar que, desde el Gobierno, se puso freno a la actuación de la justicia a cambio de mantener dormido el independentismo)

Junto a la torpeza con relación al Estatuto, y otras actuaciones, el Gobierno de la nación ha permanecido impasible, tal vez por interés electoral, ante la realidad cambiante en Cataluña.
Una realidad que, me temo, está dando buenos réditos electorales tanto al Sr. Rajoy como al Sr. Mas. Se podría decir que, mutuamente, se están haciendo su respectiva campaña electoral. Son ellos, desde el poder político que representan, quienes, envueltos en las banderas que dicen defender, alimentan las calderas de la confrontación.

 El Gobierno que salga de las urnas el próximo 20-D tiene ante sí  difíciles retos: las rupturas, cuando se solapan las causas que las provocan, son mucho más difíciles de soldar. Lograr que los apoyos a la causa independentista no continúen creciendo y ganar a sectores que hoy le dan su apoyo a través de soluciones de entendimiento, desde el respeto mutuo, debiera ser objetivo prioritario. Aunque siempre habrá una parte de irreductibles, respetables si actúan democráticamente, el independentismo no es monolítico, tiene fisuras izquierda/derecha independentistas/ federalistas.

Ayudaría a ello entablar un diálogo partiendo del reconocimiento de las diferencias y trabajar por eliminar los prejuicios, recelos y  anti que, interesadamente, se han sembrado y han tomado arraigo entre amplios sectores de la sociedad catalana, y, también, contrapuestos, en buena parte fuera de Cataluña. Imprescindible resultaría echar a los talibanes políticos, personajes cuyo medio de subsistir es la confrontación nacionalista, y que pululan por todo el Estado. Eliminar el lenguaje tabernario, chula tú, chulo yo, de esta confrontación política.

El próximo Gobierno debería actuar con valentía, con visión amplia de futuro, de todo el conjunto, no con la miopía de intereses particulares cortoplacistas. Ilusionando a una gran mayoría de la sociedad con un solidario proyecto común.

Retos de similar o mayor envergadura se han superado, al menos transitoriamente, actuando con ciertas dosis de cordura democrática, en Quebec y más recientemente en Escocia.

Claro que éstas solo son algunas opiniones personales, plagadas de lugares comunes, formuladas con la vana ilusión de que, al menos parte de ellas, sean compartidas por quienes salgan elegidos para formar gobierno el 20-D.

Antes de terminar las ya demasiado largas y tediosas divagaciones, regreso al principio para reafirmar aquí mi agradecimiento a aquél profesor de Corias. Él propició, aunque para ello utilizara cierto maniqueísmo,  que comenzara a valorar la pluralidad, la diversidad de los pueblos de España, y fuera creciendo en mí el interés hacia la cultura y la historia catalana.

El fútbol siempre lo seguí a cierta distancia, nunca fui lo que se conoce como forofo. Reconozco que el Barça me permitió distraer durante ratos buenos y malos, los últimos años más bien buenos.  Pero ya sabemos, este tema, como tantos otros, mientras en algunos despierta pasiones para otros solo es una solemne tontería.


ulpiano rodríguez calvo