Conocí al entonces Padre Morán -que nunca supe cuál era su nombre y apellidos completos-, dominico, en los primeros años del período 1959-66, cuando nos dio clase de Literatura a mi promoción, la primera en terminar 7º del Bachiller Laboral, modalidad Industrial Minera, en el convento de Corias, entonces gran foco de educación y formación cultural de jóvenes de todo Asturias; hoy lo es de camas, copas y gastronomía. Solo falta que pongan un banco también para que la degeneración sea completa.
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sábado, 7 de enero de 2017
ADIÓS, MORÁN, ADIÓS
Conocí al entonces Padre Morán -que nunca supe cuál era su nombre y apellidos completos-, dominico, en los primeros años del período 1959-66, cuando nos dio clase de Literatura a mi promoción, la primera en terminar 7º del Bachiller Laboral, modalidad Industrial Minera, en el convento de Corias, entonces gran foco de educación y formación cultural de jóvenes de todo Asturias; hoy lo es de camas, copas y gastronomía. Solo falta que pongan un banco también para que la degeneración sea completa.
Pero antes de esas clases, hubo un
preámbulo, con fugaz encuentro, pues él fue quien me hizo aquel examen de
ingreso al que sometían a todo aspirante. En un despacho, allí estábamos mi
padre y yo sentados en sendas sillas, y al otro lado de la mesa aquel fraile
joven (podía ser quince años mayor que mis once), de buenas facciones, gafas
metálicas, pelo rubio con entradas, peinado en raya y ligeramente hacia atrás,
de fácil y sonoro y agradable verbo, con cierto sesgo de chuleta o para
ser más amable, de galán de cine.
De lo que me preguntaban en aquella hoja
yo no sabía casi nada. Como estaban necesitados de matrícula, aquel fraile me
dijo: "Mira, si es muy fácil" y me arrimó el examen que había hecho
otro que sabía más que yo. Yo me quedé parado, sin saber qué hacer,
pero mi padre, que era tan poco ilustrado como avispado, me lo
aclaró. "Pepín, te lo ha dicho el señor: copia lo que viene ahí".
Tengo que decirte Morán, donde quiera que estés, que tu pusiste la primera
semilla con aquella incitación a copiar un examen en el que "saqué"
un diez, de lo que posteriormente tuvo una doble repercusión en mi vida:
fue el primer escalón para llegar a tener unos estudios que me permitieron
trabajar en lo que me gustaba y vivir bien, y fue la alternativa de mi
gran habilidad como copiador de exámenes cuando me cansé de estudiar y ser un
chico bueno y quise seguir manteniendo el nivel de notables y
sobresalientes que antes honradamente y a base de madrugones y
codos había alcanzado. Mis chuletas, de fabricación artesanal, eran
ingeniosas y nunca fueron cazadas. Se llegó a pensar que yo iba a ser un nuevo
Isaac Peral, por mi capacidad para inventar artilugios salvaexámenes, pero no,
me tiró más la línea cervantina. Como supongo que el "delito",
como algunos de Blesa y Rato, ya han prescrito, no me avergüenzo de
confesarlo, máxime cuando luego en mi trabajo como docente di el callo
ante los más de 500 alumnos que pasaron por mi docencia y hasta a veces con
notable acierto, ganándome el respeto de compañeros y padres y alguna
distinción.
Pese a aquel "favor", al Padre
Morán le tuve cierta animadversión durante bastante tiempo, porque fue él,
quien en 1º y en el primer día de clase, cuando nos estaba nombrando y
conociendo, dijo: "Y aquel chico (yo, como tímido y de pueblo me había
sentado en la última fila), que tiene gafas de doctor, ¿cómo se llama y de
dónde es?" A partir de entonces fui cocido con el mote de El Doctor, lo
que me repateaba, y creo que ese fue el origen de que nunca me hayan gustado
los motes, ni los apodos o frases que denigren a la persona. Hasta que llegado
a 6º y con los galones de la veteranía a cuestas, saqué pecho y tras
soltarle un par de mamporros un día a un gallito de 5º, se corrió la voz y al
menos a la cara nadie osó volver a nombrarme por tan ilustre título.
Digo ilustre y digo bien. Entre tanto
mote vejatorio y dañino como había allí ("Cuito d´ovea",
"Culerón", "Carpanta", "Carmina"...), el tener
uno con reminiscencias universitarias era un honor. ¡Pues no hay que estudiar
nada para alcanzar un doctorado!
Tras ese mal paso como educador,
quien nunca debe incitar a la violencia verbal a sus alumnos, mi relación
con Padre Morán fue buena. En un colegio donde los capones y las ostias
rondaban por nuestras cabezas y mejillas como mariposas por el aire (por no
citar al fraile aquel que llevaba un trozo de cable de la luz trenzado y lo
utilizaba como látigo o aquel otro que, cogiendo castañas en el monte, le atizó
varios "flisguazos" con una vara en piernas y nalgas a un pobre
muchacho por una chiquillada, que tuvo las marcas una semana en sus carnes),
nunca me tocó. Tampoco recuerdo verle "papear" a alumnos preferidos.
¿Qué qué era eso de papear? Pues llana y sencillamente, meterles mano. Él
tuvo siempre muy clara su orientación sexual.
En una ocasión que el profesor de
Religión nos mandó escribir sobre "La Virtud y el Pecado", ahí es
nada, yo pergreñé un par de hojas en aquellas libretas de pastas marrón fuerte.
En uno de los estudios vigilados por él me acerqué al estrado y se lo enseñé,
buscando su parecer. Lo leyó y me dijo que eran buenas las ideas pero que
estaban por pulir. Y me las pulió. Aún conservo la libreta donde el profesor de
Religión -que tengo mis dudas si era o no el Padre Lastra- me puso: "Muy
bien" y estampó un 10 al lado. Morán, creo que dos o tres puntos como
mínimo eran tuyos. Te los enviaré por carta expres en forma de flores. Hay
que empezar el año sin deudas.
No acierto a recordar si era buen o mal
profesor o del montón. Pero sí hay algo que le honra y que podía servir de
ejemplo a todas las generaciones de enseñantes que le sucedieron. Y es
que nos hizo vibrar con el relato fantástico nada menos que en forma de
teatro leído.
Efectivamente, por aquel entonces
regresó de su exilio el dramaturgo asturiano y cangués, por más señas, de la
magia escénica Alejandro Casona, algunas de cuyas obras más emblemáticas nos
leyó el Padre Morán en clase, tal como "Los árboles mueren de pie",
"La sirena varada", "La barca sin pescador", etc. que
a mi me engancharon al relato fabulado. Más aún, puedo decir que gracias
la lectura de aquellas piezas teatrales llenas de fantasía, despertó en
mí lo que por natura seguro llevaba dentro y hoy puedo decir que soy un
mentiroso creativo de consideración, pero no para salvar los muebles u obtener
un beneficio personal, sino un mentiroso cuasi literario que cuando cuenta algo
suyo o de otros o cuenta cosas de la vida, las modifica y adorna para hacerlas
más bellas, llamativas, más escabrosas o irreales de modo que prendan en el
escuchante. La realidad es dura y fea. Me gusta reinventarla. Así, pues, dejo a
vuestro olfato que creáis o no cuando escribo de "cosas reales como la
vida misma", como decía el ilustre humorista.
Pasaron muchos años sin verlo ni saber
nada de él, más allá de que se que se había secularizado y casado con
aquella chica de Corias, cuyo balcón daba a la carretera, por donde él gustaba
de salir a correr y hacer gimnasia (no diré por qué, pero me podéis adivinar el
pensamiento), joven a la que también aspiraba un compañero de clase, dos años
mayor que yo y con cierta escuela amatoria, que me ha relatado jugosas
historias de los dos gallos peleando por la misma gallina, pero eso lo contaré
con pelos y señales cuando vaya a Tele 5, jajaja.
Hará como unos ocho años coincidí con él
en Corias, con motivo de una comida de convivencia de exalumnos, de esas que se
hacen todos los últimos sábados de septiembre desde hace años. Me reconoció,
estuvo cariñoso conmigo y abandonamos la iglesia, donde había tenido lugar el
reencuentro, con el brazo de él echado por encima de mis hombros. Me pareció
lúcido, aunque algo lentecido, y tuve que corregirle un par de veces que yo no
era José Francos Rodríguez (el político que tiene calle y estación de metro en
Madrid, 1862-1931), si no José Rodríguez Francos. Pero donde sí me pareció
lúcido siempre fue en sus escritos en el Blog. Él y Ulpiano eran y son,
respectivamente, las mejores plumas del mismo con diferencia.
Pues, nada, Morán, eso es todo y
así lo he contado. No voy a decir que nos esperes allá muchos años porque, en
lo que a mí respecta, después de tantos tiros pegados, con diez o doce añitos
más -hasta que todavía tenga capacidad intelectual para escribir un artículo
casi tan bien como tú- me conformo.
Descansa en paz.
jueves, 1 de octubre de 2015
Los Calandrias toman el Alagón
Por jrFRANCOS
En una
jaula de oro
pendiente de un balcón,
se hallaba un piragüista,
en la sequía de agosto,
cantando su dolor.
Hasta que un hermoso río
a su piragua llegó
y con sus aguas alegres,
corriente abajo lo llevó.
Parafraseando con poca delicadeza aquel
corrido que cantaba Pedro Infante, titulado La Calandria, iniciamos este
pequeño reportaje de aire fresco y desenfado.
Los miembros del grupo Los
Calandrias, de Zafra y Los Santos de Maimona, que desde aquella incursión
en Alqueva (publicada aquí, en Abril), estaban tristes, porque habían
permanecido inactivos... Ya se sabe: el estío veraniego, la diáspora de las
vacaciones, el coordinar fechas que vengan bien a todos... Pues se
pusieron de nuevo en acción y sonrieron.
El fin de semana del 19 y 20 de
septiembre cogieron sus vehículos, las piraguas y se fueron al Alagón, afluente
del Tajo, en la provincia de Cáceres. Descendieron desde Galisteo hasta los
Canchos de Ramiro (a la altura de Cachorrilla, 64 habitantes), unos
cincuenta kilómetros, en dos jornadas (en piragua, salvo por ríos de
aguas rápidas, la media suele estar en los 6-8 km/hora). Los primeros
kilómetros transcurrieron por el Jerte, hasta "La Junta", donde se
une al Alagón, que marcha perezoso por una vega de maizales y muchos secaderos
de tabaco en abandono. Tabaco que era apreciado para envolver puros y farias
por su poca nervatura (nos lo decía el señor Hernández, ¿os acordáis?).
Como población más significativa, se
pasó por Coria (en singular, no como la del Blog) con sus 11.690
habitantes y su puente de hierro, estilo Eiffel, sobre el río, aún en servicio.
Un fin de semana de vida al aire libre,
incluso para dormir, por veinte euros mal contados, comiendo y bebiendo bien.
Es indudable que la presencia y el cómo vistes y el coche que llevas dice algo
de la persona y muchas veces ya se la cataloga sin más. Sin embargo, en Los
Calandrias eso falla. Parecen desahuciados de un banco, inmigrantes
de poco pelo comiendo y durmiendo en las alamedas. No obstante, de provisiones
alimentarias, de bebidas y hasta de licores y otras "delicatesen"
llevan las furgonetas bien repletas. Y de cultura y formación, una poca: un
licenciado y profesor de instituto, un ingeniero de calidad en la Deutz Spain
(antes Díter Zafra), la multinacional alemana de componentes de automóviles
asentada en la población; un carpintero, tallista, escultor y restaurador y
corredor de maratones, un soldador y monitor de deportes de aventura, una
diplomada en turismo, un empresario con estudios y el que suscribe, jubilado de
la enseñanza y aficionado a escribir y a hacer fotografías. Son Los Calandrias,
donde en esta ocasión faltó otro profesor y un argentino-irlandés, afincado en
un cortijo en pleno campo.
Detalle de las almenas de la muralla de Galiesteo, población
cacereña de 1.095 habitantes, completamente cercada en su parte antigua por la
misma, de gran altura, donde toda consideración queda eclipsada por este hecho
diferencial: Está construida, de los cimientos al remate, con
cantos rodados. Caso único. (Foto: jrFrancos).
Puente de Galisteo, del S. XVI. Empezado y terminado, hasta
la calzada, con sillares tallados. Después, lo mismo que empezamos el mes
comiendo chuletas y terminamos con panceta, remataron los pretiles con
ladrillo. Era contadero de ovejas de la trashumancia, lo que da idea de su
estrechez. (Foto: Pedro Grajera)
Canchos de Ramiro, que como una serpiente pétrea cruza el
río transversalmente. Hace millones de años, era una barrera que retenía el
agua, dando lugar a un gran embalse natural. Abierta brecha y formado el río
sin interrupción y transcurridos muchos millones de años, después,
el hombre construyó aguas abajo, a unos cuarenta kilómetros, en frontera
casi con Portugal, el embalse de Alcántara, cuya cola llega justo hasta aquí.
(Foto: Pedro Grajera)
El meandro del Melero (publicado ya en estas páginas), no
nos cayó en la trayectoria, pero se quiere resaltar como accidente
geográfico notable de este río, el Alagón, que en abrazo amoroso estrecha
la cintura de su amada, la tierra. Es algo digno de ver, tanto que siempre
cuenta con espectadores tomando fotos o vistas desde el mirador. (Foto:
jrFrancos)
Una parte de los "expedicionarios" al calorcito de
la candela, para luego ir a dar con sus huesos en el suelo, sobre una esterilla
y metidos en el saco. (Foto: Pedro Grajera)
El autor del reportaje desperezándose, al despertar, en la
habitación 504 del Hostal, con su colchón, su almohada, sus sábanas y su
pijama. Solo le faltó el orinal. (Foto: Paola de Olivenza)
martes, 19 de mayo de 2015
Un fin de semana en Alqueva
Texto: jrFRANCOS
Fotos: Pedro "el Bueno"
El último fin de semana de abril fue la fecha fijada.
El buen tiempo y la inactividad a que nos había sometido el invierno habían
creado la motivación suficiente para coger la furgoneta y los coches, cargarlos
con las piraguas y los trastes propios de la ocasión e irnos a Alqueva, el gran
embalse situado sobre el río Guadiana en el Alentejo (Portugal), quien
con sus 83 kilómetros de cola, (algunos de los cuales se adentran en territorio
español, en concreto hasta llegar a la altura de Olivenza) y sus 4.150 hm3 de
agua almacenada, con profundidades máximas de 152 metros, es el mayor
embalse de la Europa Occidental. Hora y media de viaje.
Una vez en sus
inmediaciones le damos un tiento a una tortilla de espárragos y a un trozo de
jamón ibérico de recebo que se pone sobre la improvisada mesa junto a la hogaza
de buen pao comprado en la vecina Mourao, corriendo el vinho tinto
con generosidad para entonar.
Ellos, jóvenes, rebosantes de energía
para quemar, se fueron dándole al remo por las inmensidades del lago hasta laaldeia da
Luz, donde tomaron café. Yo me quedé, hice aprovisionamiento de leña para la
candela de la noche y luego remé un poco por las inmediaciones.
La noche tuvo una primera parte buena.
Tertulia mientras se hacía la cena, con entremeses para animar; después,
la cena en sí (una exquisita menestra o parecido con abundante carne de oreja
de cerdo y morro) y la sobrecena, con licores y dulces caseros. De la dormida,
no me hables. A media noche comenzó a llover, se levantó un buen viento que se
llevó un plástico lateral de la improvisada tienda... En fin, que yo, que era
el más perjudicado por estar en un lateral, terminé, después de pronunciar un
"con lo bien que estaba yo en casa, quien carajo me habrá mandado venir
aquí...", metiéndome en la furgoneta y durmiendo algo ya de amanecida. Un
reconfortante desayuno, echándole humor a la esperpéntica noche pasada, puso
final a la aventura, pues el viento y la lluvia no cesaban con lo que
regresamos a casa.
Componentes de la
"expedición":
-Pedro "el Cura", 52 años,
profesor de instituto y cocinero.
-Antonio "Cande", 50 años,
formación profesional, mecánico y empresario.
-José Manuel "el Vera",
41 años, carpintero y escultor. Corredor de maratones.
-Igor "el Pamplonica", 43
años, ingeniero informático.
-Pedro "el Bueno", 29 años,
cerrajero y monitor de deportes de aventura.
-José "el Asturiano", maestro
de Primaria jubilado, aficionado a la escritura y a la fotografía. Deportista
de mantenimiento. ¿Y la edad?
¡Ah, la edad! Tengo una edad metabólica de 52 años, según el
estudio de una dietista. La otra... veo en el horizonte, a tres leguas,
los setenta.
Gastos por cabeza, incluido el
combustible, 14 euros.
Próximas citas: a primeros de junio, en
mi campito una barbacoa y practicar el esquivotaje (dar la vuelta en el agua y
salir) en la piscina. A finales de junio, tres día y dos noches (ya con buen
tiempo, en el "Hotel de las Estrellas") en las costas de Portimao (El
Algarve, Portugal), para despedir la temporada. Hasta el puente de la Virgen,
hacia el 8 de septiembre, en que reanudamos.
martes, 11 de noviembre de 2014
VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA * (Con la venia de J. Verne)
Por jrFRANCOS **
NOTA (preliminar).-Pudiera haber escrito este reportaje
desde un punto de vista más objetivo, más distante y técnico. Pero tanto como
informar he querido haceros partícipes de mi filosofía sobre los viajes y
también dejar asomar sensaciones y emociones. Por eso es personalista, porque
me he metido dentro.
Hay gente que se hace grandes viajes a
lugares exóticos a base de muchas horas de vuelo e incluso transbordos. Y también
de cartera . Unas veces organizados por agencias y otras de programación
propia. No voy a negar que tal vez me gustaría hacerlos, pero
como no los hice -cuando era joven y derrochaba deseo de aventura por
todos y cada uno de los poros de mi piel- (un solo sueldo y cuatro niños
que "comían" como limas tienen algo que ver en ello), ni los hago
(porque como decía aquel: "ahora que sé hacer el amor no tengo con
quien", léase, ganas de viajar, aunque puedo), por eso digo "tal
vez". (De hecho pude ir a Las Vegas, a gastos pagos sin límite de tiempo,
donde mi hija trabajó durante tres años, y no fui). He ido, eso sí, dos
veces a Marruecos por varios días, otras dos a Gibraltar y mucho a
Portugal, país que me gusta, habiendo entrado por vez primera en en 1989 por el
río Guadiana a borde de una piragua y cámara en ristre con ojo avizor. Una
singularidad de la que no todos pueden presumir.
Más de una vez me he preguntado por qué
esa inercia mía de salir al extranjero. Tal vez si una compañía me hiciese un
poco de lazarillo, empezando por decirme cuántos calzoncillos, camisas y
pantalones debo meter en la maleta y no arrastrar auténticos baúles de los que
la mitad no te pones, como me sucede, y se metiese en internet para sacar
los billetes de avión con antelación para coger las mejores ofertas y se
encargase de conducirme por ese maremagnun que se da en todos los aeropuertos,
donde muchedumbre y pantallas luminosas me emborrachan, así como de buscar
hoteles y demás, pues no voy a decir que tirase del carro, pero sí que no
pondría palos en la rueda. De hecho soy una persona curiosa con el saber, y
viajando se aprende mucho; soy una especie de esponja que me gusta preguntar y
enterarme, tanto que más de una vez me tomaron por periodista realizando algún
trabajo de campo o policía investigando.
Por si alguien piensa que soy un
"zuño" apegado a su madriguera, se equivoca. Mi familia, mujer y
cuatro hijos, fue de las primeras, por no decir que la primera -a juicio
de mis hijas que sabían lo que hacían los padres de sus amigas, gente de
posición saneada- en salir de camping, incluso con niños en cuna, hace más de
treinta años. Así recorrimos, los seis más un perro (Neva, recogida de la
calle) el del Puerto de Santa María, Caños de Meca y el de Chipiona (Cádiz) el
camping Cata-Pun en el Andévalo (Huelva), el de Proserpina en Mérida (Badajoz)
y los campings de El Brao en Llanes y el Costa Verde en Lastres (ambos en
Asturias). Y varias veces uno que está a cinco kilómetros de Melides
(Portugal), entre un pinar y cuyo nombre no recuerdo. Todos en la costa, menos
el de Proserpina que está junto a un lago artificial. Turismo barato, sí,
pero de gran calidad ambiental, de grandes posibilidades de relaciones
humanas con los otros campistas, y aventurero y viajero. Es decir, que
entrenado estoy, a lo que añado que viajé mucho por España en auto-stop. Pero
al extranjero, no. Bueno está.
Los viajes que sí me gustan son aquellos
de pocos días a rincones de la Iberia, fuera de los circuitos turísticos y que
me suponen un desembolso mínimo. Me revienta el hígado que me estafen
cobrándome tres euros por una caña y veinte por un plato de jamón ibérico,
cuando en mi entorno habitual sacio mi sed y hambre con la tercera parte: una
caña un euro, plato de jamón ibérico, ocho.
Es que eres de la cofradía del puño. El dinero
es redondo para darle curso, para rodarlo. No, no; no te confundas.
Precisamente los que tienen es porque no lo derrochan, saben administrarlo y no
caen en las garras del préstamo.
De Picasso, al decir de un enmarcador de
cuadros, conocido por haber trabajado para pintores de renombre, en un
artículo sobre cuestiones que hay que tener en cuenta a la hora de escoger un
marco para una pintura, era de los que "miraba mucho por la peseta",
yéndose siempre a los más económicos. Y el multimillonario... (¡ay, me patina
la memoria!)..., instaló en su mansión teléfonos de meter moneda, para que sus
múltiples amistades y visitas no le engordaran la factura del teléfono. Ambos
vivieron bien (Picasso en lo carnal incluso fue de unos brazos de mujer en
otros) y al morir dejaron una fortuna.
Pues en esa línea de viajes que a mí me
gustan y que en términos militares habría que decir que no son los propios de
soldado de batallas que duran días, sino miembro de un comando que da
golpes de mano tipo relámpago (entiéndase el símil), estaban algunos de
los que publiqué aquí en el Blog, como Turismo y gastronomía por la
Raya (la frontera con Portugal), Por las Rutas del bajo
Guadiana (Mértola-Ayamonte) , Alcantilados, Cuevas y Turismo de
alpargata en Portimao, Parada y Fonda en Pola de Allande (que recuerdo
tuvo muchos comentarios), y algún otro que se me escapa, viajes de dos,
tres, cuatro días a lo sumo.
Hoy voy a hablaros del viaje cultural
que un grupo de gente de Zafra, al que me sumé, hizo a las Cuevas de Fuentes de
León, población de unos 2.500 habitantes fundada por la Orden de Santiago.
El aglutinante y la iniciativa partió de
José Antonio Amador Redondo, un inquieto investigador y "pateador de la
naturaleza", como él mismo se define, con varios libros escritos, de los
cuales tengo dos dedicados. Nos conocemos desde que enseñó a nadar a mi hijo...
que ya pasa con creces de los treinta años. Miembro fundador del G CAEM de
Zafra (Grupo Cultural de Arqueología, Espeleología y Montaña), en 1985, quienes
desde entonces y durante cinco años exploraron, fotografiaron, filmaron y
estudiaron estas cuevas cuando tenían que ir con machete en mano y canoa
inflable y cuerdas para descolgarse, pues estaban solo localizadas, no
acondicionadas como ahora para recibir a los visitantes.
Este hombre se conoce todas las cuevas
de España, incluida la que descubrió ahí en Asturias nuestro compañero
cauriense Tito Bustillo y que lleva su mismo nombre. Y la de Valporquero en
León. Y la de... Sentí un poco de vergüenza porque esas son dos que tengo ganas
de visitar y que no he hecho pese a tenerlas a mano (la primera está a pocos
kilómetros de Oviedo, donde me quedo, y la otra la veo anunciada en una
desviación de media hora cuando subo a Asturias). Solo cuento en mi haber de
visitas a la de Nerja (Málaga) y a la llamada "gruta de las
Maravillas" o Gruta de Aracena (Huelva). Bueno también entré en la Cueva
de Montesinos, en Ruidera (Ciudad Real), hace más de treinta años, nombrada en
el Quijote. Y si una mina de carbón es una cueva, que lo es, durante un año, de
lunes a viernes, bajé hasta la cuarta planta de la mina "Tres
Hermanos" en Armayán, concejo de Tineo (Asturias).
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Las Cuevas de Fuentes de León son
varias, y serán aún más cuando se acondicionen para ser visitadas. Nosotros lo
hicimos a tres. La primera, Cueva del Agua, así llamada por el lago que tiene
al fondo, tiene interés espeleológico, arqueológico (por los restos
encontrados) y Zoológico, en concreto en la rama denominada Quiroptorología,
por la colonia de miles de murciélagos que alberga.
La segunda, denominada Cueva de los Postes,
por las columnas que a veces en forma de portería presenta, tiene interés
arqueológico. A parte de huesos largos que se ven asomando en el tajo de las
excavaciones, tiene un cuenco romano del siglo I calcificado.
Con los estratos y restos hallados
en estas dos cuevas, los investigadores trazan el mapa de la flora y
fauna de hasta nueve mil años a. de C., así como de los seres humanos que las
habitaban. Por ejemplo, se han encontrado restos de pino piñonero negro, propio
de zonas frías, lo que lleva a deducir que la Iberia de entonces estaba
sometida a un clima riguroso. Por eso sus gentes y en concreto los de estas
cuevas, ante la dificultad de encontrar alimentos con la generosidad que se
darían en un clima más benigno, no perdían puntada, practicando la
antropofagia, es decir, se comían a sus muertos. (El canibalismo, y conviene
establecer la diferencia, es la acción de matar a un semejante, y
enemigo, es de suponer, porque sino, malo, para comérselo).
Algo curioso encontrado y que sirvió
para determinar aspectos de su cultura médica, fue un cráneo bastante
deformado, con la frente huida y un agujero. Convinieron los investigadores que
ante alguna enfermedad, esa persona llevaba como una especie de turbante
de piel (tenía que ser piel de los animales que cazaban, ya que aún no se había
inventado la tela) comprimiendo el frontal contra en occipital. (A una de mis
hijas, la melli, que nació con la cabeza ahuevada, le pusieron una especie de
gorro durante unos peses para redondeársela). Y para que saliesen los malos
espíritus, tal vez, le habían hecho una trepanación, pues presenta un agujero.
¿Y los chillos de dolor, hasta donde se oían?, pregunté yo. Y José Antonio
Amador, me dice: "Los anestesiaban dándoles a comer o beber brebajes de
plantas alucinógenas, como por ejemplo...". Vaya, me vuelve a patinar
la memoria y no la recuerdo en español, pero en portugués si: la
Figueira do Inferno, que habréis leído en la prensa que hace poco salió la
sentencia contra unos jóvenes que dieron de beber a otros ese mismo brebaje y
se pusieron a morir.
También se han encontrado restos de
animales que aún existen hoy en día y de otros que están extinguidos.
En fin, que estas cuevas, que
reutilizaron romanos y gente más recientemente, donde hicieron fogatas que
ennegrecieron el techo, constituyen un laboratorio para los investigadores del
pasado de la especie humana.
Cada vez que estoy en un lugar con peso
de pasado, como unas cuevas de éstas, un castillo, el lugar donde tuvo lugar una
batalla, etc. me gustaría tener un caleidoscopio para viajar en el túnel del
tiempo y sentado en una atalaya contemplar como era la vida o la acción de
aquellas gentes o hechos. ¿Quién no pagaría por ver cómo fue la batalla de
Covadonga, el gesto del rey visigodo Guzmán el Bueno arrojando el cuchillo para
que matasen a su hijo, cautivo de los invasores musulmanes, si no entregaba
Tarifa... o el grito de Fabila, hijo del rey Pelayo, cuando se lanzó cuchillo
en mano contra aquel gran oso que lo terminó matando?
Igual deseo me asalta cuando alguien
interesante me cuenta algo de su vida y sospechas que se calla otra mucha. Me
gustaría también ahí tener el ojo de Gran Hermano proyectado a su pasado y
husmear en su vida. Pero eso entraría dentro de la invasión de la privacidad de
la persona. O sea, puro morbo, puro alcahueteo. Pero, ¿quién no pagaría, y
probablemente la cotización estuviese más alta, por ver cómo fue la noche de
bodas de Aznar y Ana Botella, el momento en que Rodrigo Rato se gastaba unos milejos
de euros comprando no sé qué con la tarjeta oculta de Bankia o las miradas de
soslayo de Franco, cuando Evita Perón visitó España y de quien, según una amiga
mía argentina, se enamoró?
Para el final, la guía, una chica
muy linda que hablaba con una finura que no es propia del extremeño (su padre,
me dijo, era... de no recuerdo qué país, donde se crió y pasó muchos años), y a
quien me empeñé en llamar Sidney hasta que me corrigió, con invitación amable
de que visitase al otorrino, pues ella había dicho que se llamaba Sindy, nos
llevó a la cueva de matrícula de honor, denominada Cueva de Masero. La
supercueva, que no envidia en nada a las dos que dije conocía. Es más, en
algunos aspectos las supera. A parte de las estalagtitas y estalamitas y las
columnas y las banderolas dentadas, los gour, marmitas y pisolitos (las
llamadas perlas de las cuevas), tiene formaciones y en cantidad que yo no había
visto nunca ni siquiera sabía que existían, como banderolas dentadas y alas de
mariposa que penden del techo. Y también tiene una geoda, que es como una
hornacina donde están presentes todas esas formaciones artísticas y caprichosas
que he mencionado. Es el bonsai de la cueva.
Una maravilla, en suma, que incrementa
su encanto cuando la guía de nombre parecido al de la ciudad australiana apaga
la mayor parte del alumbrado y lo deja reducido al mínimo para poder contemplar
cómo, todas aquellas estalagtitas y estalagmitas y demás en forma de
flecha o de punta de lanza o de verga de toro o de pene o de cabeza pelada o de
dedo o de gato negro (proyección de una sombra) o de ... qué se yo: la
imaginación se puede echar a volar y encontrar mil parecidos. Pues cuando Sindy
alias "Sidney" hace un medio apagón, esas esculturas calcáreas de la
naturaleza y los milenios se dejan ver cual luciérnangas. Son fosforecentes.
Ganas dan de ponerse de rodillas y con las manos en postura beatífica hacer
aquello que no haces por mucho que desde púlpitos te prediquen: orar.
Tras más de tres horas viajando al
centro de la tierra, en el bar que hay allí mismo -donde una caña vale un euro,
un café un euro, una copa de vino de marca un euro, parece el bar del todo a un
euro -, compramos la bebida y en las mesas del merendero que tiene bajo encinas
tiramos de mochila: bocadillos -cada uno el suyo-, pero a partir de ahí,
el chocolate, los higos pasos, las nueces, el turrón... todo para todos. Ya sé
que hijosdeputa los hay hasta en los confesionarios, pero la experiencia me
enseña que la gente que anda en bicicleta por la ciudad, villa o pueblo
(pudiendo hacerlo en el autobús), hace senderismo (pudiendo ir en coche),
acampada (pudiendo dormir en hotel); la gente que anda por la naturaleza
(pudiendo andar por las calles mirando escaparates), pues esa gente suele ser gente
sana de espíritu, que es tanto como decir noble y compañera. O cuando menos es
una gente que tiene otra concepción y filosofía de la vida, lo cual la hace muy
interesante.
Para remate visitamos el castillo de
Segura de León, allí cerca, en perfecto estado, por cuyos muros almenados
hicimos la ronda del vigilante disfrutando de unas estupendas vistas.
Un buen día, donde lo único en contra
fue el sol, que se dejó ver poco. Y todo por cuatro euros para gasolina al que
ponía el coche, más uno de una caña y otro de un café al del bar. Y otro más
para poder acceder al castillo. Total, siete euros. Rajoy, no nos cuentes
milongas sobre la salida de la crisis y los brotes verdes. Con nosotros, ni en
tres legislaturas.
Me encantan estos cortes de manga al
consumismo.
De lo que acabo de decir sobre la gente
que vive de otra manera, es elocuente este intercambio de guasas que tuve con
una amiga, ya de noche en casa, y que después del viaje fue a visitar a un
familiar muy directo que permanece en cama aquejado de una enfermedad
incurable. Yo le pregunto qué tal después de la visita, si le afectaba
mucho el ver a un ser querido enfermo. Y me contesta: "Pues ya menos,
hasta al dolor se termina acostumbrando una y lo voy llevando. Además he pasado
un día muy agradable. Me habéis parecido unas personas maravillosas y espero no
perderme ninguna excursión".
Pues nada, amiga, nos vemos ya mismo en
el Torcal de Antequera (Málaga), que aunque lo conozco, sus caprichosas y
fantasmagóricas rocas calizas del Cámbrico en forma de torrecillas con
abundantes fósiles marinos incrustados; como un museo al aire libre de
catedrales a cual más artística, donde las cabras monteses te comen casi de
mano, como sucede también en la Peña de Francia. Pues aunque lo/la conozco,
merecen una segunda visita. Y al retorno, Estepa ( Sevilla), la
capital del polvorón y otros dulces navideños, para aprovisionarse. Que la
Navidad ya está ahí. Y si no nos habíamos dado cuenta, pasear por Badajoz, que
ya luce desde hace días alumbrado. Gastad, gastad malditos, que diría Sidney
Polack en versión baile en su famosa película.
* Este reportaje aparecerá también en el periódico
digital ww.lagacetaindependiente.es en
el plazo de una-dos semanas.
** José Rodríguez Francos "jrFRANCOS" fue
profesional de la enseñanza (E.F. y Dibujo). Fotógrafo de la Naturaleza, con
cuatro exposiciones itinerantes en su haber, trabaja la fotoliteratura. La
escritura es una de sus aficiones. Nacido en Asturias, vive desde 1974 en Los
Santos de Maimona (Badajoz).
miércoles, 22 de octubre de 2014
Va por ti, Cubanín
Texto y foto: jrFRANCOS
¡Hola, a todos!
Me decía hace poco Ulpiano en un correo
personal que hacía tiempo que no aparecía por el Blog. Es cierto. De tarde en
tarde le echo un vistazo, sorprendiéndome la última vez que lo hice que en
aquel momento había dos personas en línea: una en ¡¡México!! y yo. Me llamó la
atención que allende las fronteras y los mares el Blog tuviera seguidores.
Pese a esta especie de "tiempo
sabático" que me tomé con respecto al Blog (la vida ya no es lo que era),
escribí tanto en otros tiempos que aún estoy en el cajón de la medalla de
bronce en cuanto a entradas. En primer lugar figura Galán, nuestro honorable y
respetado y nunca bien ponderado Padre Prior y Administrador del Blog con más
de doscientas entradas. En segundo lugar y por tanto medalla de plata, aparece
el fallecido Miguel Ángel con más de ciento cincuenta. Y en tercer lugar, yo,
con unas ciento veinticinco entradas. (Hablo de memoria).
Probablemente a ese centenar largo
habría que aplicarle el consejo que le dio un escritor consagrado a otro que
quería serlo: "Escribe mucho y rompe, quédate solo con la mitad de la
mitad". Con lo cual, en mi caso, serían solo una treintena las entradas
que merecerían la pena. Y entre esas sí recuerdo algunas que suscitaron más de
veinte comentarios. Y otras varias más de diez.
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Tras esa entradilla quiero decirle a
Cubanín, quien tuvo el detalle de dedicarme una (en la primera quincena de
septiembre, bajo el título Para nuestro amigo Francos), donde hablaba,
foto incluida, de un árbol que tenía cuarenta injertos, cada uno de una
variedad distinta, que con su aportación hirió mi presunción ante los
visitantes de mi campito (o finca, como decís por ahí a cualquier propiedad
rural), a quienes enseñaba un ciruelo y les decía: "una rama es de
las negrovioláceas y la otra las da amarillas" (como el del patio de la
casa donde vivió hasta los diez años Maribel Pérez, según dice en su
comentario) . Los desplazaba luego unos metros y les volvía a decir: "una
rama es de manzanas y la otra da peras". Y para sacar un poco más de pecho
remataba: "ambos los injerté yo".
Me has dejado empequeñecido con tu
entrada, Cubanín.
Espero no acabes de rematarme con otra, ésta sobre manipulación en los árboles, porque entonces ya no podría seguir estando orgulloso con varias realizaciones "artístico"- arbóreas que tengo y de las que también presumo ante las visitas. Y son éstas: de las guías de un membrillero, avellano, etc. que fui tejiendo, al cabo de los años resultaron troncos en forma de coleta. ¿Que cómo se me ocurrió eso? Debe ser porque el pelo largo en una mujer para mí siempre tuvo algo de fetiche y una coleta sólo puede salir de una melena.
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Como la entrada de Cubanín iba de
árboles, ser vivo que me gusta y respeto en sobremanera, la mía va ir también
por esos derroteros.
Quiero en concreto hablaros de un árbol
que hay en las afueras del pueblo que destaca por su longevidad. Para ello nada
mejor que transcribir lo que de él dicen Susana Domínguez y Ezequiel Martínez
en su interesante libro titulado Árboles, Leyendas Vivas editado en
2005 por la Obra Social de Caja Madrid y por SDL Ediciones.
"Al sur de la provincia de Badajoz,
se encuentra Los Santos de Maimona, una bonita población en donde se puede
contemplar una buena muestra de las típicas casas señoriales y blasonadas,
encaladas al típico estilo de los pueblos del sur. Su nombre alude a la gran
cantidad de ermitas que había antiguamente dedicadas a los santos de la zona.
En una de ellas y alejada del pueblo, destaca un olmo de considerable grosor
rodeado con una valla, que goza de gran popularidad y consideración; es el
Árbol Gordo de Maimona.
"El nombre de "gordo" se
lo dieron los lugareños de Los Santos con toda la razón, como siempre ocurre
con los motes o apelativos dados por los paisanos, pues de este árbol, entre
todas sus características la que más destaca es su gordura descomunal. Se dice
que en él se apareció la Virgen hace unos seiscientos años y a raíz de este
hecho se empezó la construcción de la ermita de Nuestra Señora de la Estrella,
a principios del siglos XVIII. Cuenta la leyenda que dos pastorcillos que
apacentaban el ganado cerca del olmo, se vieron sorprendidos por un fulgor
radiante en forma de estrella que emergía de él y en el centro del
resplandor los pastorcillos creyeron ver el rostro de la Virgen que les sonreía
dulcemente y que les transmitió el deseo de que se erigiera un santuario en ese
mismo lugar. Según otras variantes del relato se cuenta que, en realidad, los
pastorcillos descubrieron una imagen de la Virgen oculta en el árbol, donde fue
depositada por los cristianos para evitar su profanación por los musulmanes
durante la época de la dominación árabe.
Existe una cierta controversia acerca de
la autenticidad del relato y sobre todo acerca del árbol, pues algunos
consideran que éste no fue el verdadero protagonista de la historia. Se dice
que podría ser descendiente directo del árbol primitivo en donde se apareció la
Virgen. No obstante, todo indica que nuestro olmo es un ejemplar muy viejo que
perfectamente pudo haber vivido los acontecimientos relatados. La escasa copa,
de la que se han desgajado gran parte de sus ramas principales, el tronco hueco
y enorme y los abundantes agujeros (a modo de chimenea) rellenos con una
sustancia de poliespán, confirman su avanzada edad, probablemente muy cercana
al límite propio de la especie. Lo que es indudable es la singularidad de este
ejemplar, pues es uno de los pocos olmos vivos que quedan en España y en Europa
con estas dimensiones".
Cuando se escribió eso, antes del 2005
en que apareció el libro -que debió tener una larga gestación de trabajo de
campo, ya que muestra ejemplares de toda España- el árbol todavía tenía algo de
copa y así aparece en una fotografía a toda página. En la actualidad está
completamente seco, como podéis comprobar por la fotografía que hice hace unos
días. Hubo voces de alarma, y entre ellas había que destacar la de Luis Martín
Martín, santeño, proyectista de nuevos parques y jardines en el Ayuntamiento de
Madrid, autor de un libro de éxito (Árboles del Retiro, tres ediciones),
barítono de música lírica donde es conocido como Luis Maimona, que desde hace
por lo menos veinte años, me contó, ya dio la voz de alarma de que el Árbol
Gordo se moría. Hasta presentó un plan de saneamiento y mantenimiento que no
llegaba ni al medio millón de pesetas. Ni la Cofradía del Santuario ni el
Ayuntamiento le hicieron más caso que las buenas palabritas de entretenimiento.
Ahí en la foto están los resultados.
Ya que viene a cuento y os van a
resultar familiares los lugares, quiero deciros que a unos cinco kilómetros de
mi aldea natal y a menos de dos de Gera (concejo de Tineo), en cuyas
inmediaciones nació nuestro compañero y colaborador del Blog, está el Roble
Valentín, de quien el citado libro comienza hablando así: "Era allá por el
año 1.160 cuando el Roble Valentín vio sus primeros rayos de sol. Por aquellos
tiempos, los condes de Tineo eran de los más poderosos del reino astur".
(...)
O sea que, restando, sale que el
ejemplar tiene 954 años.
El día que fui a verlo fue un día de
ecologismo salvaje. Salí a media mañana de casa en bicicleta y cuando llegué a
Gera, después de cuestas arriba y abajo, sudaba como una esponja. Me adentré en
el río del mismo nombre, que pasa por allí, y me di un refrescante chapuzón en
una poza con el traje de baño más antiguo que ha usado el hombre. Después de
una buena cuesta de subida, llegué al imponente roble. Me senté, cogí aire...y
terminé tirando de la bota y del bocadillo. Luego me tumbé durante un buen rato
en el prado y a su sombra. Repuesto y bien descansado, me abracé al roble y lo
fui rodeando y besando... ¿Que por qué tanto rito? Pues porque solo de las
personas y seres alegres, vitales, con optimismo y ganas de vivir puedes
recibir buenas vibraciones. De alguien triste y pesimista y negativo o de un
árbol seco no te llegará nada, más que miseria espiritual.
También habla el libro de la Fayona de
Eiros y su primer párrafo dice así: "La gran Fayona se encuentra en Eiros,
pequeña aldea asturiana del Concejo de Tineo" (...). En concreto está en
la carretera Tineo-Pola de Allande, a unos diez kilómetros de ésta, población
que desde nuestro internado algunos visitamos en aquellos años. Según el libro
puede tener entre 300 y 400 años. Tras un temporal que azotó la cornisa
cantábrica hace unos años (5 ó 6 ?), según me han contado quedó bastante
tocada.
Para terminar, pienso que ya que
hablamos de árboles vendría bien poner el colofón con este poema de Antonio
Machado, una composición sencilla por su métrica de estrofas en cuarteta, que
tras hablar del árbol en cuatro de ellas, personaliza las dos
últimas de tal guisa, sin perder la línea, que es fácil identificarse con
su esencia (y mi felicitación para los que no: sois unos afortunados).
LA GRACIA DE LA RAMA VERDECIDA
(o Poema del Árbol)
Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento...
Hoy he visto
en tus ramas la primera
hoja verde,
mojada de rocío,
como un regalo de la primavera,
buen árbol del estío.
Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé donde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me
responde.
Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.
Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.
No, tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
soñaré con otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.
sábado, 1 de marzo de 2014
Cual Dr. Cavadas
Texto y fotos: jrFRANCOS
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Cuando uno se ausenta durante
mucho tiempo de un grupo de amigos, creo que lo menos que debe
hacer es dar una explicación al retornar. Y la mía sería ésta: "La vida le
sirve a veces a uno platos fríos y amargos que tiene que comerse quiéralo o
no". Como la frase es un tanto ambigua y solo la entenderán quienes lo
saben, digamos que problemas familiares me han tenido ausente.
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Hay personas que se admiran ante un
edificio de arquitectura innovadora, ante un invento revolucionario o
ante cualquier avance tecnológico, porque creen que eso nos lleva al progreso y
a la felicidad. Yo en cambio me admiro ante un árbol (y por extensión
ante un bosque). Cuando estoy al pie de uno de esos que son monumentales y por
añadidura, a buen seguro que centenarios, me gusta tocarlo y sentarme un
rato bajo él porque semejante monumento de la naturaleza, que desafió sequías,
tormentas y vientos huracanados, que desafió en suma a los tiempos, tiene
por fuerza que desprender energía positiva. Buenas vibraciones.
No lo hago en cambio ante un edificio de
arquitectura innovadora (lo admiro, eso sí), ni ante un invento revolucionario
o avance tecnológico (aunque aún me siga maravillando de que un avión, con sus
cientos de toneladas, logre remontar vuelo) porque no me aportan nada vital
para que exista la Vida. En cambio, el primero, el árbol o bosque sí aporta
algo esencial para que la Vida exista, cual es el oxígeno, sin el cual no
habría personas que levantasen edificios, inventasen cosas ni lograsen
avances tecnológicos. Y esto se produce de un modo tan natural que no le
damos importancia. Nos limitamos a respirar y únicamente le prestamos atención
al aire cuando está contaminado.
Voy a transcribir un párrafo copiado de
la Selva Amazónica (6 millones de km2, repartida entre ocho países: Brasil,
Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Guayana, Venezuela y Surinam), considerada
"el pulmón de la tierra", donde se pone de manifiesto cuanto
acabo de decir: "Los vegetales producen biomasa a través de la
fotosíntesis, que es el proceso por el cual los rayos solares proporcionan la
energía suficiente para transformar, el dióxido de carbono y los minerales y
agua del suelo o de la atmósfera, en hidratos de carbono, que son la materia
prima que los seres vivos utilizan para alimentarse, crecer y reproducirse. En
el proceso de la fotosíntesis se libera oxígeno que casi en su
totalidad va a parar a la atmósfera o al agua. (...)
El dilema está tan claro que ni
existe: o árboles y bosques y selva amazónica o no hay Vida.
En el reciente temporal de
lluvias y vientos, que notamos en toda España aunque más por el norte,
uno de estos me desgajó varias ramas de dos mimosas, árbol de crecimiento
rápido y madera por tanto poco consistente. Fue como un desgarro de mis
entrañas. Árboles que había plantado con mis propias manos, que regué y podé, y
hasta acaricié, que eran como dos hijos, a cuya sombra me sentaba y de
cuya floración amarillenta alegraba la vista durante casi todo el mes de
marzo e incluso el florero del centro de mesa, un viento de más de 80
km/h me los había destrozado en una de sus embestidas.
La primera intención (reacción
colérica) fue coger la motosierra y terminar de cortarlas para quitar de
mi vista aquel desaguisado de ramas tronchadas. Era ya tarde y lo emplacé para
el día siguiente. Bendita demora porque entonces concebí otro plan. El de
aligerar de peso las ramas desgajadas con una poda severa y mediante unas
cuerdas,, a las que aplicaba un torniquete para tensar, volverlas a su sitio.
Luego sellé las heridas con silicona para evitar que entrase agua en la parte
desgajada, a fin de que suelde mejor la madera violentamente separada, y
los árboles volvieron a recobrar casi su fisonomía primigenia; sólo estaban
aligerados de copa, que con el tiempo volverá a tener su explendor de antaño.
Cuando alejándome unos metros las contemplé, me sentí satisfecho de la labor de
recomposición realizada, me sentí casi como el doctor Cavadas, el cirujano
plástico de fama internacional, cuando hace esas increíbles operaciones y
vuelve a su sitio y a su funcionalidad miembros destrozados.
EL ÁRBOL
Viajero, escucha:
Yo soy la tabla de tu cuna, la
madera de tu barca, la superficie de tu mesa, la puerta de tu casa. Yo soy el
mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez. Yo soy el fruto que te regala y
te nutre, la sombra bienhechora, el refugio amable de los pájaros que alegran
tus horas y limpian de insectos tus campos. Yo soy la hermosura del paisaje, el
encanto de la huerta, la señal de la montaña, el lindero del camino...
Yo soy la leña que te calienta, el
perfume del aire, la salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma. Por último,
soy la madera de tu ataúd.
Por todo eso, viajero, tú que
me plantaste con tu mano y puedes llamarme hijo, o que me has contemplado
tantas veces, mírame bien, pero... no me hagas daño.
El Autor: Rabindranath Tagore, fue filósofo, artista, músico
y escritor bengalí (1861-1914). Premio Nobel de literatura en 1913.
miércoles, 2 de octubre de 2013
40 millones, que se dicen pronto
Texto y foto
del periódico: jrFRANCOS
Foto del racimo: Santi POVES
Cuarenta y dos millones de litros e imaginándonoslos en
tetrabik y puestos en fila, seguro que llegan de Corias al alto del Acebo
o de Oviedo a Gijón (a 20 cm. cada uno, se puede echar la cuenta). Se dicen
pronto, pero dan para unas cuantas borracheras o siendo más positivos, para
unas pocas de comidas, con buenas carnes, a la familia del Blog (entre 50 y 100
visitantes diarios).
Actualmente Los Santos de Maimona, mi pueblo de
acogida, tiene centrada la mayor parte de su producción de uva en la
elaboración de caldos blancos y en los últimos años, merced a una política
dirigida desde la Junta, lo que se tradujo en nuevas plantaciones de cepas de color,
también de caldos tintos. La uva de mesa, la acreditaba Eva, que
se rifaban los mayoristas de las principales ciudades españolas e incluso en el
extranjero, saliendo al encuentro de los camiones cuando se acercaban a las
plazas de abastos y quedándose con toda la carga o viniendo al viñedo y
comprándola in situ, es casi residual hoy en día, aunque
recuperándose.
El fotógrafo Santi Poves, que fue testigo de aquel esplendor y
tuvo incluso mucho que ver en la celebración de la I Fiesta de la Vendimia, evento
que tuvo lugar por primera vez en toda Extremadura aquí, en Los santos de
Maimona, el 7 de septiembre de 1967 y continuaría celebrándose durante nueve
ediciones, tenía por finalidad poner en valor la citada uva.
En una colección de treinta fotografías, que se han exhibido en la
localidad, en Zafra y en Mérida y en octubre irán a Badajoz, presenta
distintos aspectos de la viña, la cepa y la uva. De su catálago extraigo esta
información:
"La uva Eva de Los Santos ( o Beba, que también
se le dice) como su nombre indica, nació en Los Santos de Maimona,
mediada la segunda década del siglo pasado, gracias a la investigación llevada
a cabo en los laboratorios de experimentación agrícola sobre las
características del terreno del término que llevó a afecto D. Ezequiel
Fernández Santana "El cura de Los Santos"* y sus colaboradores
que, luego de la desaparición del viñedo debido al ataque de la filoxera a
finales del siglo XIX, acertaron con la variedad que había que injertar en la
planta americana o portainjerto, la Rupestri de Lot. Esto dio
origen al nacimiento de la uva Eva, variedad con la que se comenzó la
restitución del viñedo en el término y que, en un plazo relativamente corto,
iba a reinar.
"En 1970 entre el término de Los Santos de Maimona y otros
limítrofes se estimaba en unas 12.000 hectáreas la superficie
dedicada a la misma (más o menos y para hacernos una idea, el equivalente a
doce mil campos de fútbol), lo que arrojaba unos 16 millones de
kilogramos,
que
precisarían de 400 camiones de 40 toneladas, que ya es grande el camión, para
transportarla.
"En 1972 un decreto reconocía dicha variedad de uva de mesa,
con la máxima categoría de Carácter preferente.
"Por diversas
razones aquel momento boyante se vino abajo y hoy en día se estima en la
tercera parte la superficie dedicada a ella, con cierta tendencia a la
recuperación". (...)
El resto y
gran grueso de la producción, que se localiza en la feraz y conocida Tierra de
Barros, se destina, como se dijo, a la producción de vino, que llevan a efecto
las cuatro bodegas existentes en la localidad (una de ellas, en plan
cooperativa, que agrupa a cientos de pequeños y medianos productores). De ahí
salen los más 40 millones de litros.
NOTA:
*El Dr. Ezequiel Fernández Santana,
insigne pedagogo, conocido como "El cura de Los Santos", desarrolló
una inmensa labor en la localidad desde principios del s. XX hasta el inicio de
la Guerra Civil. Fundó escuelas parroquiales para niños y también nocturnas
para los trabajadores del campo, cuando acababan su jornada, empleando
métodos pedagógicos innovadores. Las extendió por toda Extremadura e incluso
por Huelva, Palencia y Salamanca, llegando a contar con dieciocho.Fundó también
un Sindicato Agrícola para defender al obrero del campo de los abusos de los
terratenientes y una Caja de Ahorros. Creó asimismo un colegio de Segunda
Enseñanza con internado. Escribía (crónicas periodísticas, cuentos,
narraciones breves y hasta teatro) y montó una imprenta donde publicaba sus
escritos y cuestiones relativas a sus escuelas. Dejó un interesante legado
fotográfico, pues cultivaba la fotografía documentalista, que fue motivo
de una exposición y un libro, que coordinó José Soto.
Tuvo varias condecoraciones, entre ellas la Cruz de Alfonso XII en 1917.
Su obra dejó huella y el pueblo le recuerda dándole su nombre a
una calle y al instituto.
Ha sido objeto de diversos estudios y libros. Uno de los más
interesantes es el de José Soto y Juan Manuel Gordillo Luna titulado Estudio
bibliográfico de Ezequiel Fernández Santana: Escuela y Literatura.
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