PRESENTACIÓN

Anualmente cuando nos reunimos los antiguos alumnos de Corias, bien sea en grupos minoritarios por promociones en diferentes lugares del Principado y alrededores, o de forma general en el encuentro de Corias a finales de cada mes de septiembre, siempre solíamos comentar al sentir la alegría de juntarnos de nuevo que, era una pena el que hubieran pasado tantos años sin comunicarnos y sin saber unos de otros.

Afortunadamente, en estos tiempos eso está subsanado gracias a los medios informáticos disponibles que tenemos a nuestro alcance. Aprovechando la oportunidad que nos brinda BLOGGER para poder crear un espacio cibernético común, en la nube, donde se pueda participar y expresar los recuerdos que cada uno de nosotros guardamos celosamente de aquellos años, es cuando surge el Blog de los antiguos alumnos de Corias.

Esta elemental presentación lo único que pretende y persigue es reavivar la amistad y la armonía que hemos trabado entre todos nosotros durante los años de convivencia en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias y, que a pesar del tiempo transcurrido, aún perviven frescas en nuestro recuerdo.

Otro de los objetivos del blog es recordar y compartir las peripecias vividas por aquellos jóvenes que coincidimos bajo las mismas enseñanzas, disciplinas, aulas, comedores, dormitorios, juegos, etc., durante varios años en el convento de Corias y que aún las tenemos muy presentes.

La mejor forma que tenemos para rememorarlo es ir contando en este blog todos los pasajes que cada uno de nosotros recuerde, expresados con la forma y estilo propios de cada uno pero, siempre supeditados a los principios del buen gusto, el respeto y a la correcta educación que nos han inculcado los padres dominicos. El temario en principio aún siendo libre, sí debiéramos procurar en general, que tengan preferencia los temas relacionados con el colegio y su entorno, ya que es el vínculo y denominador común entre todos nosotros.

Como es lógico, cada colaborador es el único responsable de sus opiniones vertidas aquí en el blog; las cuales pueden ser expresadas libremente sin condicionantes ni cortapisa alguna por parte de la dirección; tan solo debemos atenernos todos, a las premisas mencionadas anteriormente del respeto y el buen gusto.

Una vez hecha esta breve presentación, se pide la colaboración y aportación de todos los antiguos alumnos pues, seguro que todos tenemos algo ameno e interesante que contar. Unas veces serán relatos agradables y divertidos, y otras no tanto; pero así es la realidad de la vida.

Al blog le dan vida una serie de antiguos alumnos que colaboran de forma fehaciente y entusiasta con Benjamín Galán que es el bloguero administrador. A este galante caballero el cargo de administrador no le fue asignado por méritos propios, más bien por defecto, de forma automática; simplemente, por ser el titular del blog. Pero podría delegar el cargo en cualquier otro colaborador que así lo deseara.

De antemano, muchas gracias a todos los participantes y colaboradores. Tanto a los antiguos alumnos y profesores que deseen intervenir, como a todos nuestros amigos lectores.

¡A colaborar y a disfrutarlo!

(21 de noviembre de 2009)

B. G. G. (BLOGUERO PRIOR)

viernes, 29 de junio de 2012

Fwd: libro "Jubilacion año I" angel mateos



TENGO QUE DECIR YA  A LA EDITORIAL  EL NÚMERO DE EJEMPLARES
A IMPRIMIR. SI DESEAS  TENER UN EJEMPLAR A COSTE DE EDICCIÓN (7,95euros), ¡¡¡ENVIAME!!!!   UN CORREO O    ¡¡¡¡LLAMAME!!!POR TELEFONO

Un saludo, Angel Mateos
EMAIL:  miangelma@gmail.com
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 ANGEL MATEOS MARTIN, PROFESOR DE MATEMATICAS, (prejubilado) 
"Jubilación año I"
Trata de relatos y monólogos escritos en clave de humor

El libru está indicado para los amigos que apareceis en los relatos, para vuestros padres, madres, hermanos hijos o, amigos,... bien para regalar o animar a que lo compren. Aconsejo  reservar más de un ejemplar, por si acaso.
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 "como te despistes, cuando lu quieras, va tar agotau". Ya veras



HUBO MÁS DEVOLUCIONES QUE LA DE FRAY RIPA


A propósito del flamante traje que Fray  Ripa quiso devolver a su sastre, una vez confeccionado, voy a contar una anécdota que ocurrió en mi casa siendo yo niño, unos años antes de ir a Corias. Como saben todos mis compañeros de colegio, mi padre fue sastre y junto con  mi madre, ambos, se  dedicaron durante toda  su vida laboral a la confección de ropas de caballero para una gran mayoría de los hombres que vivían en el valle de Rengos y aledaños. Incluidos ciertos encargos que les hacían  de vez en cuando, para algunos  emigrados a  Argentina y Venezuela que tenían el capricho de llevarse de aquí  los trajes hechos por su sastre habitual que se los dejaba ajustados a su gusto.

En los años cuarenta-cincuenta, como aún era palpable la miseria y escasez de dinero reinante en aquellos pueblos y en otros muchos, ocasionada por los efectos devastadores de la guerra incivil, cuando una prenda se iba ajando por el excesivo y continuado uso, también iba perdiendo casi por completo  el color, lo que le hacía parecer mucho más vieja de lo que era en sí y  si el tejido aguantaba y no se rompía, había la opción de darle la vuelta al género. Ésta, era una labor que a los sastres no les gustaba nada, es más: la odiaban. Pero no había más remedio que hacerlo; sobre todo, si el que lo requería era un parroquiano habitual de la casa.

En una ocasión le llegó al sastre Roscón, mi progenitor,  un cliente de los pueblos altos de montaña, con una  prenda bastante usada y deteriorada que quería darle la vuelta y reacomodarla para un hijo suyo que era bastante menos corpulento que él. La prenda en cuestión, concretamente, era una chaqueta de paño de color oscuro y debido a la suciedad que tenía encima, daba la impresión que estaba encerada o impermeabilizada por el cuello y las bocamangas como si fuera  un hule de cocina. La dichosa vestimenta, aparte del brillo lustroso adquirido por el sobeteo diario, aquello apestaba por el  mal  olor que daba desde lejos,  era insoportable el tufo a sudor y a “grasún” (sebo) que desprendía.

El sastre, dicha sea la verdad, nunca  tuvo buenas olederas y seguro que  notó algo de aroma al tocar aquel maloliente disfraz, pero no tuvo el desparpajo que era necesario tener para decirle al guarro del cliente que aquello no eran formas de presentar una prenda en la que debían manipular otras personas. Aunque yo supongo que, dado el carácter de conformidad que tenía mi padre para todo lo relacionado con el trabajo, aunque hubiese notado la pestilencia, no se atrevió a decirle nada y no le quedó más remedio que aceptar el encargo. Por eso, nada más irse el cliente,  dejó sobre una silla en un rincón de forma discreta aquel “pudricu” oloroso antes de que lo detectara su compañera de faena que, por cierto, contaba con un olfato finísimo, como suele ocurrir en  la mayoría de la hembras.

Por casualidad, en los momentos de la recepción del encargo, mi madre no se encontraba en el taller pues ella tenía que alternar  la costura con las labores de la casa. Tal que el dueño de la chaqueta, una vez hecho el "mandao", se fue tan pancho y nada más que entró mi madre en el recinto donde cosían preguntó: ¿Quién ha estado aquí que huele esto  tan mal? Mi padre por lo bajini, temiendo la tormenta, contestó: fulano. La compañera  enfurecida comenzó a resoplar como una fiera, pues el tema de la limpieza lo llevaba hasta  extremos increíbles y pensando que la presencia del pestazo sería solo pasajera, como primera medida abrió  las ventanas de par en par para que saliera aquella peste y ventilara la casa. Tal que, después de un buen rato, ya casi aterido de frío el sastre,  mi madre por pena, cerró las ventanas, pero el aroma no solo no se había ido, sino que, olía aún más fuerte y concentrado si cabe. Mi padre temiendo la que se le podía avecinar, estaba callado como un muerto y no decía nada del encargo que acababa de admitir. Al insistir mi madre de nuevo, en qué demonios había allí  dentro que desprendía aquel olor tan  nauseabundo, mi padre no tuvo más remedio que descubrir el encargo que acababa de aceptar ¡Ay Dios, la que se armó! La señora Emilia que, afortunadamente, los tenía muy bien puestos, se fue a la cocina, cogió el gancho de la lumbre  y a modo de pinza, como el gancho era bastante largo,  levantó “el pudricu” aquel por el cuello y sin más contemplaciones lo bajó para la cuadra del cerdo. Lo colgó de un palo que sobresalía de la pared a modo de perchero y allí lo dejó para acto seguido avisar al dueño que viniese a recogerlo.

En una de éstas llego yo a la cuadra del cerdo pues, este compartimento de la casa tenía doble función: albergar al "rancho" como cometido principal y también hacer de evacuatorio para el resto de los habitantes que compartían techo. Recuerdo que entré al sitio con cierta prisa y urgencia, pero el animal como estaba acostumbrado a vernos de continuo, ni se inmutaba;  pero cual fue mi sorpresa, cuando veo al cerdo a carreras como loco de punta a punta de la cuadra, con una prenda grande que le tapaba la cabeza y la parte delantera del cuerpo, como si hubiese intentado vestírsela. Me dio tal risa que se me cortó la urgencia que llevaba por completo. Después de troncharme de risa y a la vez buscarle explicación a lo que estaba pasando allí, rápido llegué a la conclusión de que el cerdo había mordisqueado la parte más baja de la chaqueta que colgaba de la pared y al tirar de ella se le cayó sobre la cabeza tapándosela por completo. Por eso el animal no paraba de correr para acá y para allá como loco, intentando poder liberarse de aquel oloroso y pesado velo que no le permitía ver.

Yo, en vez de quitársela y de recoger la chaqueta como hubiera sido lo normal, avisé a mi madre que bajara de la casa corriendo y los dos festejamos de lo lindo el gracioso espectáculo. Una vez que el “rancho” se vio libre de aquel molesto burka, mi madre lo pinchó  de nuevo con un palo largo y lo volvió a colgar en la pared, pero esta vez un poco más alto para que no se repitiera la escena. El apestoso andrajo aquel,  presentaba unas dentelladas por toda su superficie, que bien parecían flecos hechos a propósito con la tijera. Acto seguido, mi madre  le comunicó al maestro cosedor, que ya podía avisar al dueño de aquella inmundicia para que viniera a recogerla cuanto antes si  no quería que volviera a ser la distracción y regocijo del gocho. El pobre sastre, no sabemos como se las ingenió para justificarle al dueño de la prenda las dentelladas que tenía el modelo, pero sí sé que lo vinieron a recoger  sin consecuencia alguna para el recepcionista. Al  pusilánime de mi padre  le sirvió de lección para que  nunca más volviera  a admitir una prenda para arreglar que no estuviera aseada adecuadamente, como Dios manda.


B. G. G. bloguero “Prior”

jueves, 28 de junio de 2012

ENTRE SAN JUAN Y SAN PEDRO.


Enlazadas a sus versos, Martínez, recordó las fechas, y, el aquí llamado, Jesusín citó la noche “maxica” encendiendo la hoguera. Porque ¿quién de entre nosotros no recuerda esos días, impregnados de intensos aromas, a través de las distintas juventudes con las que nos ha regalado la vida?

Antes, poco antes, en Corias nos daban notas y vacaciones, y mientras todo Cangas estallaba de verdes, y de flores, esperando la siega de la hierba, sonaba aquello de “la noche de San Pedro te puse el ramo, la de San Juan no pude que estuve malo”

Ignoro si por los valles y cumbres de Cangas aún se escucha esta canción o se sigue practicando lo anunciado por ella:

 Una noche de duro trabajo para las “trastadas”, inocentes y sigilosas, sin hacer daño a nadie, con la única recompensa de degustar subidos en el árbol, para entretener la espera, las mejores “zreizas” del pueblo bañadas por el rocío de la madrugada, y regocijarnos, escondidos, con las atónitas caras, y las imprecaciones de los afectados por la trastada, al ver el carro del país colgando de un “noceo” o el velador de la casa depositado, cuidadosamente, en el centro de la plaza.

 Otra noche para el amor, para colocar el ramo en ventana, balcón o corredor de la amada, bueno, en ocasiones solo deseada. Cuando resultaba difícil para el galán de turno trepar por la pared y alcanzar el objetivo deseado, este, recurría a hombros amigos. En ocasiones en lugar de aparecer la Dulcinea a recoger el ramo era la madre enarbolando una escoba quién aparecía, entonces, las súplicas del cortejador, víctima de los escobazos, no hacían ceder los hombros amigos que desternillándose de risa le sujetaban desde abajo.

Lejos quedan ya aquellas fechas, más lejos, quizá, para quienes abandonamos Asturias en época temprana. Alguno, después, encontró consolación en la explosión de libertad de otras fiestas populares, con gran participación ciudadana, celebradas en cada rincón durante el último cuarto del siglo anterior a este. Fiestas, aquí en Madrid, cercenadas por el tridente Aguirre-Gallardón-Botella; salvo contadas excepciones, como el Orgullo Gay de estos días, que la alianza de los anteriores con Rouco Varela aún no la ha conseguido guillotinar.

Será la edad, pero pena da contemplar a una parte de la juventud actual desnortada, convertida en objeto de consumo al tiempo que se le niega el futuro, y cuyo rastro más visible, además de vomitonas y meadas en las calles, son las toneladas de basura dejadas con incuria (gracias Ciáurriz por la palabra regalada hace cincuenta años) tras el botellón. Pecados veniales de juventud; solo una ínfima minoría, preñada de irracional rabia, se dedica a tronchar o arrancar los arbolinos recién plantados en los alcorques de las aceras, además de otros desmanes profundamente antisociales.

Posiblemente la culpa no sea suya, sino del tipo de sociedad que les estamos dejando.

Pero ¿qué derroteros tomo abandonando lo lúdico y metiéndome en once varas? Solo pretendía referirme a estas fechas mágicas que, a pesar de todos los pesares, siempre harán bullir las sangres y enardecer los deseos. Más aún este año que, de nuevo, viene ganando La Roja.

Recuerdo un comentario que circulaba por Madrid en plena época franquista con motivo de la primera visita de un equipo de la URSS, “tantos años esperando que volvieran los rusos, vienen y…se ponen a jugar al fútbol”. Pero eso es ya otra historia.

ulpiano rodríguez  calvo

Y FRAY RIPA COMPRÓ UN TRAJE


Algunos de los lectores de este blog quizá no conocieron a Fray Ripa. Así lo calculo teniendo en cuenta que el suceso que hoy narro tuvo lugar a finales del curso 69-70. Ignoro cuándo llegó a Corias. Puede que no mucho antes. Yo le conocía de mi época de estudiante en Salamanca donde no pasó desapercibido debido a su singular interpretación de la cautela al volante. El caso es que el convento de San Esteban de Salamanca adquirió una furgoneta VW para atender a las necesidades de coordinación entre el Convento y el Santuario de la Virgen de peña de Francia, también en la provincia de Salamanca pero a 100 km exactos de la capital.
No había apenas frailes que tuvieran carnet de conducir y fue necesario que tal cometido se encomendase a un lego. Y le tocó a Fray Ripa. En aquellos tiempos un hábito inspiraba un respeto reverencial que llegaba a extremos insospechados. Tal debió de ocurrir con los examinadores de tráfico que le dieron el carnet a Fray Ripa. Lo digo porque cuando empezó a salir a carreteras generales extremaba tanto su “prudencia” al volante que cuando avistaba otro vehículo/coche/carro de mulas/camión a 300 metros  y que venía en sentido contrario, recitaba nerviosamente: “¡A Dios!, ¡A Dios! Un coche, un coche, un coche,…”. Y se detenía bien pegadito a la derecha esperando que el otro cruzara. Luego reanudaba la marcha. “Un carro, un carro, un carro”. Avisaba Fray Ripa. Parada y a esperar. Como había poca circulación en los años 50, solamente se veía obligado a parar 135 veces en los 100 kilómetros que separan Salamanca de la Peña de Francia. Pero él llegaba.
Por lo demás, él era un hombre sencillo, bendito, buenísima persona y en nada conflictivo. Un buen hombre y un buen fraile. Parecía extraído de uno de esos códices medievales ilustrados a mano con figuras de humildes frailecillos arrodillados ante alguna aparición. Durante su estancia en Corias fue cuando el mundo eclesiástico se convulsionó de abajo a arriba. En todo. Hasta en las costumbres más vulgares. Empezamos a salir a la calle vestidos de paisano, por ejemplo. Fue entonces cuando Fray Ripa, arrastrado por el oleaje secularizador que llevó todo por delante, creyó que él necesitaba un traje para su vida extra conventual. A tal efecto, se buscó un sastre. Creo recordar que se llamaba Domingo y que tenía su taller a la entrada de la Calle Mayor. Escogió un género normal y discreto, algo tirando a marrón, difícil de combinar con camisas y corbatas. Pero Fray Ripa, un ex campesino de la ribera de Navarra estaba al margen de este tipo de exquisiteces. Una vez medido, quedó a la espera de la primera prueba y luego de la entrega de la prenda terminada. Fue en esa espera cuando algo eclosionó en la mente de Fray Ripa. Nunca nadie supo qué extraño conflicto interno le llevó a desistir de aquel traje. ¿El hecho del traje?, ¿aquel traje?, ¿el color? El caso es que con la prenda ya acabada le dijo a Domingo que él lo había pensado mejor y que no quería el traje. Domingo –por aquello del respeto reverencial al que antes me refería- se vio ante una situación muy molesta. Le rogó a Fray Ripa que, por Dios, buscara una solución, ya que el traje estaba hecho a su medida. El Fray se hizo cargo del problema y no vio otra solución que tratar de empaquetárselo a alguien. ¿A quién? Arduo problema. Ninguno de los frailes estaba por la labor. Y él pensó que entre tantos alumnos… quizás… alguno… Así que él personalmente, que tenía algo de carpintero, confeccionó un marco de madera muy decente y dentro del cual encajó el siguiente anuncio: “Se vende traje sin estrenar, buen género, lo vendo barato. Es una ocasión. Lo pueden ver en la sastrería de Domingo. Fray Ripa.”
Y colgó el cuadro en el trozo de claustro que hay entre el comedor y la entrada para la sacristía. Un día, dos, una semana, tres semanas… Se acercaba la diáspora de alumnos de fin de curso y no había señales de comprador alguno.
Hasta que… la noche justamente anterior a la gran escapada de chavales, alguien desde la celda de otro fraile, llamó a las doce de la noche a Fray Ripa a su habitación y dijo:  “¿Fray Ripa? Mire, Fray soy un alumno de 7º. Me llamo Mateos. Me gustó su traje y me sirve. Me lo llevé. El dinero se lo di a Fray Javier. Pidáselo.”
Muchos conocisteis a Fray Javier. Sí, hombre, el de la portería. El que cayó en cama aquejado de un cruel herpes zoster que le tenía crucificado y que él lamentaba a grandes voces: “Ay, Ay. Este maldito espermatozoide que tengo en las espalda”
Ocurre que entre Fray Ripa y Fray Javier había una relación bastante tirante. Ignoro por qué. Seguramente no era culpa del bendito de Fray Ripa.
Al día siguiente, al romper el alba (como decía la canción de Tom Jones, Delilah) el fraile encargado en ir puerta a puerta despertando a los demás a las seis y media de la mañana y que no era otro que Fray Ripa, llamó con cierta energía y algo de impaciencia a la puerta de Fray Javier. Éste, un tanto sobresaltado por la brusquedad del aviso, abrió la puerta y vio a Fray Ripa que mano extendida, la palma hacia arriba y con gesto exigente, le requirió: “Venga, el dinero”. “¿Pero qué dinero?, ¿de qué me hablas?” contestó Javier, sorprendido. Ripa, se puso más tenso y exigió: “Venga, no disimules. El dinero que te dio Mateos”. Javier no daba crédito. “Pero, ¿qué dinero ni qué Mateos?”. Ripa se indignó ante tal postura y levantando la voz dijo: “No seas cínico. Ese dinero que te dio Mateos es para mí. Tú lo sabes”. Fray Javier no sabía nada. Así, poco a poco, fueron levantando la voz al extremo que los frailes de las celdas vecinas salieron alarmados a sofocar el incendio verbal que oían. Trabajo costó imponer la paz y convencer a Fray Ripa de que lo dejara de momento hasta hablar con el Prior, o sea, con Basilio. Otro que tal baila. Seguro que sus reconocidos reflejos enseguida le percataron de que era una broma lo sucedido. Lo malo, es que luego anda por ahí diciendo que la broma se gestó desde el teléfono de mi celda. Admito que fue desde mi teléfono, pero no fui yo quien engañó a Fray Ripa.
Es una obsesión esta de Basilio. Cada hecho delictivo que se producía en un convento, él corría la especie de que el autor era Morán. Fue lo que ocurrió con Fray Lucio. Fray Lucio era una especie de Fray Pepín pero en versión zamorana. Estábamos de estudiantes en Caldas de Besaya (Santander) en un convento viejo con un claustro parecido al de Corias pero con todos los arcos acristalados hasta el suelo. Fray Lucio decidió aprender a andar en bici dando vueltas al claustro. Fuera llovía 362 días al año. El caso es que el citado Lucio fue progresando y cogiendo confianza a tal extremo que se embalaba y un día derrapó en una curva y se fue contra el acristalamiento de uno de los arcos y se hizo muy serios cortes en manos y antebrazos. Esa es la historia real. Pero Basilio, con la manía de atribuirme a mi todo, anda por ahí contándole a todo el mundo que la realidad fue que Morán estaba agazapado en una esquina y cuando vio que llegaba Lucio a tomar la curva, empujó un tiesto hacia el centro y Fray Lucio, sorprendido, se estrelló. Le tengo advertido a Basilio que mi paciencia no es infinita y que cualquier día interpongo una querella por difamación en el Juzgado. Hombre, ya está bien.
Y que sepas Basilio que no fui yo quien colgó la bici de Fray Javier del campanario de Corias, ni quien le robó a Fray Javier un jamón, que tenía en depósito, propiedad de su amiga, la devota Dorotea. Ni fui yo quien le robó al Padre José una caja de Farias, que se llevó un disgusto que a poco más acaba con él.

Pepe Morán Fernández. Dominico ex.

LOS SANTOS DE MAIMONA, cuna de artistas/22




                                            Texto y fotos: jrFRANCOS

     Cuando escuchamos la palabra banda inmediatamente la relacionamos con un grupo de personas asociadas o que actúan juntas, y lo pueden hacer para delinquir, para..., o para alegrarnos la vida, porque ¿qué sería la vida sin música? 
     En Los Santos de Maimona existió en tiempos una modesta banda de música, de la cual hay incluso una fotografía en blanco y negro, que recuerdo haber visto en alguna parte, datada incluso. (Cuando la localice, hablo algo de ella en un comentario a esta misma entrada). Hoy nos vamos a centrar en la actual.

            FICHA

 NOMBRE: Banda de la Escuela Municipal de Música 
AÑO DE REFUNDACIÓN: 1995, siendo su primer director Enrique Rosalem
NÚMERO DE COMPONENTES: entre 45 y 50, siendo el 40% hembras y el 60% varones. La edad media está en torno a los 25 años. La mayoría son de la localidad, pero hay como una decena de personas de poblaciones colindantes.
INSTRUMENTOS: flautas traveseras, clarinetes, oboes, saxofones, trompetas, trombones,  tubas, trompas, batería y percusión, timbales sinfónicos y láminas o xilófonos y lira.
REPERTORIO: unas 300 piezas musicales, desde bandas sonoras de películas, pasodobles, zarzuelas, marchas de procesión... por todas las cuales hay que pagar derechos de autor a la SGAE, como es natural,  al estar registradas. (El director actual me señala toda una estantería  de varios anaqueles, repleta de carpetas con  partituras). 
PROFESIÓN DE LOS COMPONENTES: La mayoría estudiantes, también gente mayor con estudios como maestros y profesores, médicos, etc., y algún profesional de oficio, como por ejemplo José Manuel "El Vera", carpintero y escultor. 
ENSAYOS: Dos días a la semana
ACTUACIONES: Vienen haciendo entre 20 y 30 conciertos al cabo del año, la mayoría en la localidad y poblaciones de la comarca, pero también han actuado en Mérida y en Badajoz capital, en Punta Umbría (Huelva), Calleya (Barcelona), etc.
ACTUACIONES ESPECIALES: Entre estas destacan los conciertos histórico-culturales que, con la colaboración del periodista y jefe de programas de la SER en Mérida Lucio Poves, han hecho interpretando  bandas  sonoras de películas, pasodobles y coplas, en la cual aquel hacía una introducción contando aspectos de la pieza musical, autor, etc. y a continuación ellos la interpretaban.
      
        FICHA (del director)

NOMBRE: José Mª.  Arrabal Hipólito
FECHA DE NACIMIENTO: 5-3-47 en Almendralejo, donde reside.
FORMACIÓN ARTÍSTICA: Estudió en el Conservatorio Superior de Música de Badajoz, decantándose por el trombón de vara.
CURRÍCULUM: Lleva 17 años como profesor de música en el Colegio San José de Villafranca de los Barros. Entre 1990-95 dirigió la Coral Santa Cecilia de la misma localidad. Fue refundador y director de la Banda de la Escuela de Música de Burguillos del Cerro (BA). Ha compuesto 8 marchas de procesión y 3 pasodobles , entre ellos uno dedicado al torero Miguel Ángel Perera (Puebla del Prior, BA), que sonó mucho en televisión con motivo de la grave cornada que éste sufrió en las Ventas (octubre de 2008, donde cortó 3 orejas a cinco de los seis toros que se proponía lidiar como espada único) . Además de director de la Banda que nos ocupa, es profesor de la Escuela Municipal de Música en las modalidades de viento, metal y percusión.

     Se lamenta, casi con humor, que no ha recibido ni un euro por derechos de autor de sus composiciones. "¿Y por qué no las reclamas?", inquiero. "Porque...". Yo lo resumo: los artistas, en general, están más preocupados de su arte que del dinero, aspecto prosaico que suelen delegar en terceras personas, cosa que él no ha hecho. Por otra parte, como parece ser una persona que cuenta con los ingresos suficientes para vivir fruto de su trabajo, creo que se siente en cierto modo pagado con que interpreten y divulguen sus partituras..., de momento. (Esto, lo aclaro,  es una suposición mía).
     Ahora, lo que le preocupa, es si estará para la fecha el nuevo uniforme de la Banda, muy de gala: traje negro, camisa blanca y corbata verde (verdiblanca, la bandera extremeña), que sustituirá al otro más normal, ya un poco visto y ajado, que suelen tener las bandas, y la grabación de un disco a medio-largo plazo. También le preocupa -porque tiene muchas bajas, con esto de los exámenes a los que se enfrentan por estas fechas lo estudiantes- el concierto que va a dar en la Plaza de España, popularmente conocida como la Plaza de las Barandas, el sábado 16 de junio con motivo de la Tapa Solidaria, donde por módicos precios te dan bebida y una tapa con productos de la tierra donados por establecimientos y firmas comerciales, a beneficio de Cáritas Parroquial. 
     Menos mal que entre las preocupaciones propias de su trabajo, como las tiene todo el mundo en el suyo,  están enormes satisfacciones como el ser cantera de músicos que  están ya por ahí impartiendo su magisterio en colegios e instituciones o continuando carrera,  como el concertista de guitarra Francisco Javier Vázquez Pachón,  los animadores de Agacharanga... o su propio hijo, Javier Arrabal (tuba),  galardonado con el Premio Fin de Curso en la Escuela Reina Sofía de Madrid, de cuyas manos recibió la distinción el pasado 12-6-12.   

martes, 26 de junio de 2012

¿¿ DE QUIÉN ES LA CULPA ??

Este documental se podría aplicar a más de uno.  ¿ Se tratará de clásica demagogia barata, o encierra lo suyo en lo que se ha dado por llamar "letra pequeña del contrato" ?


Aunque me considero "un inocente observador", me aturden las noticias y me hace reflexionar ¿Dónde y cuándo tiramos la toalla ?

Un saludo

lunes, 25 de junio de 2012

PASATIEMPOS – 4


Razonamiento

    En una isla habitan dos tribus: los miembros de una de ellas siempre dicen la verdad y los de la otra mienten siempre. Aparte de este rasgo, no se distinguen en nada más. Al preguntar por su procedencia a un par de nativos, uno de ellos responde: “Como mínimo, uno de nosotros miente siempre.”

  ¿A qué tribu pertenece el que responde y porqué?