PRESENTACIÓN

Anualmente cuando nos reunimos los antiguos alumnos de Corias, bien sea en grupos minoritarios por promociones en diferentes lugares del Principado y alrededores, o de forma general en el encuentro de Corias a finales de cada mes de septiembre, siempre solíamos comentar al sentir la alegría de juntarnos de nuevo que, era una pena el que hubieran pasado tantos años sin comunicarnos y sin saber unos de otros.

Afortunadamente, en estos tiempos eso está subsanado gracias a los medios informáticos disponibles que tenemos a nuestro alcance. Aprovechando la oportunidad que nos brinda BLOGGER para poder crear un espacio cibernético común, en la nube, donde se pueda participar y expresar los recuerdos que cada uno de nosotros guardamos celosamente de aquellos años, es cuando surge el Blog de los antiguos alumnos de Corias.

Esta elemental presentación lo único que pretende y persigue es reavivar la amistad y la armonía que hemos trabado entre todos nosotros durante los años de convivencia en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias y, que a pesar del tiempo transcurrido, aún perviven frescas en nuestro recuerdo.

Otro de los objetivos del blog es recordar y compartir las peripecias vividas por aquellos jóvenes que coincidimos bajo las mismas enseñanzas, disciplinas, aulas, comedores, dormitorios, juegos, etc., durante varios años en el convento de Corias y que aún las tenemos muy presentes.

La mejor forma que tenemos para rememorarlo es ir contando en este blog todos los pasajes que cada uno de nosotros recuerde, expresados con la forma y estilo propios de cada uno pero, siempre supeditados a los principios del buen gusto, el respeto y a la correcta educación que nos han inculcado los padres dominicos. El temario en principio aún siendo libre, sí debiéramos procurar en general, que tengan preferencia los temas relacionados con el colegio y su entorno, ya que es el vínculo y denominador común entre todos nosotros.

Como es lógico, cada colaborador es el único responsable de sus opiniones vertidas aquí en el blog; las cuales pueden ser expresadas libremente sin condicionantes ni cortapisa alguna por parte de la dirección; tan solo debemos atenernos todos, a las premisas mencionadas anteriormente del respeto y el buen gusto.

Una vez hecha esta breve presentación, se pide la colaboración y aportación de todos los antiguos alumnos pues, seguro que todos tenemos algo ameno e interesante que contar. Unas veces serán relatos agradables y divertidos, y otras no tanto; pero así es la realidad de la vida.

Al blog le dan vida una serie de antiguos alumnos que colaboran de forma fehaciente y entusiasta con Benjamín Galán que es el bloguero administrador. A este galante caballero el cargo de administrador no le fue asignado por méritos propios, más bien por defecto, de forma automática; simplemente, por ser el titular del blog. Pero podría delegar el cargo en cualquier otro colaborador que así lo deseara.

De antemano, muchas gracias a todos los participantes y colaboradores. Tanto a los antiguos alumnos y profesores que deseen intervenir, como a todos nuestros amigos lectores.

¡A colaborar y a disfrutarlo!

(21 de noviembre de 2009)

B. G. G. (BLOGUERO PRIOR)

martes, 17 de mayo de 2016

JORDANIA ( I ) (18 - 26 SEPTIEMBRE 2.004)



   “QUE EL CAMINO SEA LARGO Y EL REGRESO, LEJANO
 El blog está mortecino. Espera la llegada de las aguerridas huestes formadas por ex-alumnos y ex- profesores para rescatarle de su letargo. Mientras, huérfano de lejanos recuerdos acontecidos entre los recios muros del que fue convento, instituto y hoy parador, hurgo en papeles más recientes en busca de algún alimento  que dar a las páginas de este blog. Y aparecen ¡sorpresa! apuntes perfectamente detallados de un viaje realizado a Jordania hace unos 12 años. Solo a falta darles forma para poder ser publicados.
Desde los libros escolares nos resuenan míticos lugares, Mar Muerto, Tiberiades, Nebo, Petratambién Palmira. Salvo esta última que se encuentra en Siria y ha estado tristemente de actualidad por la barbarie perpetrada contra ella, el resto, y otros lugares, aparecerán en el transcurso de este viaje.

Un viaje que no se antojaba fácil cuando fue realizado en 2004. Viajar  a ese conflictivo mosaico de intereses religiosos, étnicos, petroleros y resto de intereses geopolíticos que se entrecruzan y enfrentan con inusitada violencia no resulta fácil desde hace ya muchos años. Bien es cierto que Jordania, practicando una política pragmática que se podría definir como la de nadar y guardar la ropa, y a pesar de la enorme presión ocasionada por los gigantescos flujos de refugiados que acoge, antes palestinos y ahora sirios, no sufre la caótica situación de los países vecinos. Cuando se realizó este viaje en el vecino Irak estaban latentes los rescoldos causados por las bombas arrojadas siguiendo las órdenes del Trío de la Azores con la excusa de unas supuestas armas de destrucción masiva. Unos rescoldos que se iban transformando en llamas. Una de esas lenguas había golpeado salvajemente Madrid pocos meses antes. Otras, en años sucesivos, incendiarían Siria, y dejarían su huella mortal en Londres, París Bruselas, Túnez  y en un sinfín de lugares. A pesar de ese entorno caótico, Israel amparado por el paraguas del amigo americano continúa golpeando con puño de hierro al pueblo palestino mientras Líbano se lame las heridas de una guerra que amenazaba con ser interminable, Jordania es una isla de relativa calma que invitaba, aún invita, a visitar las maravillas que atesora.

Las personas emprendemos sucesivos viajes, muchos o pocos, a lo largo de la vida. El principal el que nos lleva del nacimiento a la muerte. Por el camino realizamos otros, profesionales, amorosos o para conocer desconocidos lugares. Éstos también son importantes, nos permiten descubrir nuevas gentes, culturas y ampliar horizontes. Cuanto más largos sean esos viajes más amplios serán los horizontes. Así nos lo dejó escrito Cavafis: Cuando salgas en el viaje, hacia Itaca, desea que el camino sea largo, pleno de aventuras, pleno de conocimientospide que el camino sea largo. Que sean muchas las mañanas de verano en que llegues ¡con qué placer y alegría! a puertos antes nunca vistos
Bajo estas premisas se emprendió este viaje a Jordania.


18 de Septiembre – 1º día – Madrid – Ammán.
            Los viajeros llegan escalonadamente al Aeropuerto de Barajas. Tras los trámites de facturación embarcan a las 8 de la tarde. Desgraciadamente, en esta ocasión nada podemos ver desde el aire pues es noche cerrada. Hacia las 12.30 de la noche una zona intensamente iluminada quiebra la densa oscuridad: volamos sobre Israel. Una hora más tarde tomamos tierra en el Aeropuerto de Ammán.
            Tras la recogida de equipajes, algunos con evidentes signos de deterioro, y la lenta y dificultosa lectura de la lista de pasajeros del grupo español por un guía exclusivamente angloparlante, subimos al autobús y al cabo de unos 30 minutos llegamos al hotel Days Inn, en la zona N.O. de Ammán. Nuestra sorpresa es mayúscula cuando el que será en adelante nuestro guía nos anuncia cambio de planes: mañana, domingo, no realizaremos viaje ni visita alguna y todas las actividades se posponen hasta el lunes. Hay voces de protesta que el guía ignora. Y son más de las tres de la madrugada, hora intempestiva para emprender batallas de antemano perdidas. Mañana visitaremos Ammán y ocuparemos el día del mejor modo posible.
            Las habitaciones son confortables y llegamos a ellas rendidos. La sorpresa del cronista, que nunca ha visitado un país árabe, es mayúscula cuando, a las 4 de la madrugada el sagrado lamentodel muecín quiebra el silencio de la noche. Desde la terraza de la habitación ve la cercana mezquita con su minarete iluminado en verde, el color del Islam. A riesgo de parecer exagerado el cronista piensa que merece la pena el cansancio y la hora solo por oír esa voz sobrehumana.
 19 de Septiembre – 2º día – Ammán.
            Dado que tenemos el día libre, después de un excelente desayuno, tomamos unos taxis y tras no pocas dificultades de comunicación conseguimos hacernos llevar al centro de la ciudad, donde se encuentra el teatro Romano (sg. II d C.) que sigue siendo el corazón de la capital.
 Ammán, la antigua Philadelphia grecorromana, es una ciudad impresionante no por su belleza sino por su singularidad. Se asienta sobre varias colinas, 7 en origen, como Roma o Lisboa, y hoy sobre 20, por las cuales trepan sus monócromos edificios cúbicos de 4 plantas. Quizá lo más sorprendente de Ammán sea su falta de color. Todo es del tono crema pálido de la piedra caliza, materia prima de todas las construcciones. El polvillo que esta roca desprende lo cubre todo: casas, coches, los escasos árboles y plantas, e incluso parece teñir los rostros y ropas de los viandantes. También debemos recordar que Ammán está cercada por el desierto. En la capital no hay una sola calle llana. Todo son cuestas, algunas muy pronunciadas y las casas se apiñan y trepan por ellas hasta los lugares más inaccesibles. La calle principal está atestada de comercios que exhiben sus mercancías en las aceras. La variedad de tipos humanos es muy interesante. Muchos hombres visten a la europea pero son más los que lucen largas túnicas blancas o pardas y la tradicional kufía”, gran pañuelo, blanco y rojo para los jordanos, blanco y negro para los palestinos, que se sujeta a la cabeza con un grueso cordón negro y que todos se colocan de infinitas formas con notable desenvoltura y maestría. Hombres de edad avanzada visten túnica y gorro blancos que junto a su larga y poblada barba les confiere un aspecto imponente.
s sorprendente es la indumentaria de las mujeres. La mayoría viste larga túnica de color pardo o negro, pantalones bajo ella y todas con el tradicional pañuelo bien ajustado en torno al rostro. Las de más edad suelen vestir de negro riguroso y hemos visto a varias con la cara totalmente cubierta e ¡incluso con guantes! Nos cuesta imaginar cómo deben sentirse estas mujeres sepultadas bajo tales ropajes con este calor. Las que se visten así, llamadas jaimas o ninjaspor los niños jordanos, suelen ser de origen saudí.
Caminamos largo rato por las calles viendo el bullicio de la gente y el abigarramiento de las tiendas. Nos llama especialmente la atención el mercado de frutas y verduras y la calle de los sastres que por sí solas merecen una visita a la capital. Contemplamos las empinadas y estrechísimas escaleras que suben desde la calle principal hacia lo alto de las colinas y sospechamos las dificultades que la orografía de la ciudad debe plantear a los servicios públicos de agua, comunicaciones, alcantarilladoDespués hemos sabido que muchas de estas casas aún conservan sus pozos negros.
Visitamos el Teatro Romano, en excelente estado de conservación, con sus tres tramos de gradas capaces de acoger a 6.000 espectadores. Aún conserva elementos decorativos en la scena y la orchestra y su situación en la ladera de la colina lo hace parecer el centro neurálgico de la ciudad. Y lo es. En el siguen celebrándose, sobre todo en verano, concierto, representaciones y festivales de todas clases.
El calor es sofocante. Nos refugiamos en la terraza de un restaurante próximo al Teatro donde nos ofrecen un dulcísimo zumo de mango como aperitivo de la comida a base de kebabs y ensalada, excesiva en cantidad para algunos estómagos solo deseosos de agua helada. Después de un rato de tertulia decidimos volver al hotel. Solo los más valientes nos atrevemos a seguir caminando bajo las altas temperaturas de media tarde.
Cuando el sol se pone tras las colinas de Ammán el cronista intenta entrar en la cercana mezquita. Inútil. Va acompañado por una mujer y ni una sola mujer se ve por los alrededores. Un anciano, amable pero enérgicamente, les impide acercarse a la puerta. Deben conformarse con oír el sagrado lamentodesde la escalera, al pie del minarete.
Después de la cena recibimos en el hotel la visita de una española residente en Ammán, prima de una viajera. Con infinita paciencia contesta a todas nuestras preguntas y nos hace observaciones que solo su experiencia de extranjera en tan diferente país podría hacer. La conversación no puede ser más interesante y le hacemos prometer que repetirá su visita mientras dure nuestra estancia en la ciudad.
Hacia las 12 de la noche, cansados y satisfechos, nos retiramos.

ulpiano rodríguez calvo

jueves, 12 de mayo de 2016

TETAS DE LA SACRISTANA

                                                      Foto: Viñedos Bodega Fuente Victoria

Las tetas no están proscritas en el blog. Adquirieron carta de naturaleza, entraron por la puerta grande, con la inolvidable entrada del profesor Morán al recordar la ingeniosa y arriesgada pregunta de Juan Carmelo, entonces compañero suyo de estudios eclesiásticos y después también profesor nuestro, a su profesor de Moral cuando éste trataba de dilucidar un límite; la parte de los senos que una mujer podía mostrar en público sin caer en pecado mortal. Ese relato, independiente del débito personal que cada uno podamos tener con este blog, es una joya que por sí solo justificaría su existencia. Solo alguien con el valor y la agudeza mental de Carmelo podía ser capaz de formular una pregunta así en un seminario español de los años 50. En mi opinión ese relato de Morán debería colocarse en un lugar destacado para poder releerlo, y regocijarnos con él, sin tener que rebuscar entre los cientos de entradas que ya configuran el patrimonio de este blog.

Sin embargo a nada de eso me quiero referir ahora. Un vino almeriense, Tetas de la Sacristana, es el que hoy invita a escribir.

En Almería, aunque fuera de la provincia sean unos perfectos desconocidos, también hay vinos. Les ocurre un poco como a los de Cangas que lejos del suroccidente asturiano les cuesta abrirse mercado. Solo en eso se parecen, el resto son lógicas diferencias. El vino de Cangas es fruto de abundante agua y escaso sol. Esto obliga a deshojar las cepas para que los rayos de sol incidan directamente en los racimos y a retrasar al máximo la vendimia, hasta finales de octubre incluso, prolongando la maduración para lograr así un aceptable grado de alcohol. En Almería la uva es producto de la extrema escasez de agua y de un sol abrasador. Aquí las hojas de la vid son valiosos  parasoles que protegen los racimos de los implacables rayos solares. La vendimia se adelanta al mes de agosto y se realiza de noche, cuando la temperatura se suaviza ligeramente para evitar que se dispare el grado de alcohol.

En Almería, igual que en Cangas, el empeño de unos bodegueros que han convertido el vino en su pasión ha obtenido recompensa logrando vinos de reconocida calidad, aunque no tengan tropecientos puntos en las guías de Parker o Peñín. Uno de estos vinos es Tetas de la Sacristana. Vino con la graduación embridada en los 14,6º, y elaborado con una mezcla (coupage dicen ahora los entendidos) de tempranillo, merlot y cabernet sauvignon. La cata, esa engolada retahíla de palabras comunes tan al gusto de algunos catadores, comienza diciendo, De color rojo cereza, con ribetes amoratadosetc etc”  que yo resumiría en un buen vino para acompañar los platos tradicionales de la Alpujarra de Almería, sobre todos los invernales: gurullos, migas, trigo, conejo y choto(cabrito) al ajillo o variadas carnes a la brasa. Tampoco desentona con los gazpachos y salmorejos veraniegos.

 El nombre suele recibir algunas críticas por su dudoso gusto, pero es fiel al nombre de las parcelas por las que se extienden los viñedos en los que tiene su origen. Existen varias versiones del motivo por el que recibieron ese nombre y parece que la explicación más razonable es la siguiente: Los hombres solemos guardar recuerdos y deseos en una burbuja secreta. Solo alguna vez les permitimos aflorar a la luz. Así el recuerdo y el deseo afloraron en un hombre hace muchos años, quizá recién la Reconquista, al contemplar desde un alto las prominentes lomas que tanto le recordaban las turgencias de la mujer del sacristán y ama del cura, y su mirada, cargada de ese recuerdo y ese deseo, se posó en las parcelas de dura tierra rosada bautizándolas con el nombre de Tetas de la Sacristana. No se debiera ser riguroso por la inconveniencia de tal nombre. Nombres peores etiquetan productos a lo largo y ancho de España. Algunos resultan insultantes como se puede comprobar en no pocos escaparates de Asturias que exhiben un determinado aguardiente.

Ningún propósito tenía de hacer propaganda de este vino, podía haber elegido otro cualquiera, incluso alguno de los buenos blancos que se elaboran con la uva macabeo abundante en la zona.

Tetas de la Sacristana, más allá de su nombre y calidad, solo es una excusa para dar un breve paseo por ese desconocido rincón de Andalucía que son las alpujarras almerienses. No tan conocidas ni con el tirón turístico de las granadinas; grandioso balcón abierto al mar a los pies del Mulhacén, surcado, sobre todo en primavera, por torrentes que se despeñan desde Sierra Nevada hasta las vegas de Granada o Motril.

La Alpujarra almeriense recorre profundas quebradas orientadas al sureste y podría decirse que el río Andarax es su eje vertebrador. Nace este río muy cerca de Láujar, cerca también de los viñedos que dan nombre a esta entrada, en un paraje natural entre Sierra de Gádor y Sierra Nevada. Un lugar idílico, así lo percibí cuando estuve allí por primera vez hace unos treinta años, poblado de pinos, chopos y sauces. En la actualidad intenta resistir a la degradación a que es sometido por los visitantes domingueros que asaltan su frágil ecosistema con vehículos convertidos en modernos caballos de Atila.

 El Andarax es un río que podríamos llamar clandestino. Poco después de su nacimiento se hunde bajo la tierra y solo de cuando en cuando muestra uno de sus ojos plateados enmarcado por las pestañas verdes de un frondoso cañaveral. El resto de su cauce parece estar cubierto por terrones de azúcar moreno. No puede resultar extraño ese comportamiento, durante todo su curso sufre el acoso de profundos pozos perforados para robarle su único bien, el agua. Solo con ella pueden rendir cosecha aquellas sedientas y áridas tierras. Discurre entre pronunciadas laderas de tierras resecas y polvorientas. De cuando en cuando se ven pequeñas parcelas arañadas por un rústico arado donde unas semillas reposan en los precarios surcos esperando unas gotas de lluvia para que una magra cosecha de cereal recompense tanto esfuerzo y sudor. Los espaciados pueblos blancos muestran visibles huellas de su pasado árabe.

En Láujar de Andarax fue confinado de por vida Boabdil, el rey que lloraba según nuestros libros escolares al ser expulsado de su Alhambra y su Granada. Por estas tierras se libraron durante casi un siglo revueltas moriscas, muestras del carácter indómito de aquellas gentes. Las huellas de su paso, de su asentamiento durante varios siglos, están presentes en edificaciones, algunas históricas, cerca de Almócita está el llamado Cortijo de Paces donde hacia 1570 D. Juan de Austria firmó un acuerdo de paz con los líderes de los sublevados. Por las escarpadas laderas se pueden ver con asombro los ingentes trabajos realizados por aquellos hombres y mujeres para arrancar su sustento a tan hostil naturaleza. Acequias realizadas con ingenio para el aprovechamiento hídrico, bancales para el cultivo sobre kilométricos muros de piedra construidos pacientemente piedra a piedra dan idea del carácter laborioso de aquellas gentes. Mayor quizá que el de los conquistadores cristianos llegados desde el norte.

Siguiendo el curso de este clandestino río, a comienzos de febrero el blanco de los almendros se confunde con el blanco de las nieves en las cumbres, se encuentran pueblos como Fondón con secaderos de jamón y una hermosa fuente construida en 1720. Padules, igual que Láujar y Albodoluy es  importante centro cosechero de vino y uva de mesa. Por toda la zona media del Andarax abundan olivos, naranjos y almendros. En Canjáyar, kilómetros más abajo dirección al mar, se puede comprar directamente en su almazara un excelente aceite virgen extra de arbequina y también en los portales de algunas casas, durante los meses de enero y febrero cuando más dulces y jugosas están, se pueden comprar naranjas recién cogidas del huerto por un precio que ronda los 5 euros la caja de 10 kilos.

Pasado Canjáyar, en lo alto de una ladera, casi a 1000 metros de altitud, se encuentra Ohanes, uno de los pueblos más bonitos de toda la zona. Visto desde abajo parece una sábana blanca tendida al sol. Es famoso por la calidad de su uva de mesa, una variedad toma su nombre. Durante el siglo XIX y parte del XX sus uvas eran envasadas en barriles de madera y exportadas a países europeos, Inglaterra y Alemania eran sus mejores clientes, también  Estados Unidos.

Se abandona la Alpujarra para sumergirse entre el llamado mar de plástico almeriense y esa piel reseca, arrugada, cuarteada por el sol, de cautivadora belleza, que es el Desierto de Tabernas. Antes se pasa por Alhama de Almería, pueblo natal de D. Nicolás Salmerón, Presidente de la I República. Según decían sus convecinos cuando regresaba al pueblo para pasar unas vacaciones detenía todos los relojes de su casa para no ver como se consumía el tiempo que le obligaría a volver a la vorágine política de Madrid. Un rasgo  que definió su carácter y la firmeza de principios  es el de haber renunciado a su cargo de presidente para no verse obligado a firmar unas penas de muerte. Su casa se conserva en perfecto estado, también su recuerdo en el pueblo. De esto puedo dar fe por haber asistido, casualmente, a la conmemoración del centenario de su muerte y haber visto todo el pueblo, edificios y gentes engalanados en homenaje a quien fuera su ilustre paisano.

Próximo a Alhama se encuentra el que dicen es el más antiguo yacimiento arqueológico de Europa, Los Millares. Datado en la época de transición entre el Neolítico y la Edad de Bronce, unos 2700 a.C. Permanecen vestigios de fortificaciones, torres semicirculares, cámaras funerarias y dólmenes. Un lugar ideal, para recrearse en la contemplación de aquellas desoladas cumbres y laderas en las que solo las matas de esparto atestiguan que permanece un hálito de vida. En vivo contraste con las pinceladas del color verde de los naranjales en lo más hondo del valle. Al ser un lugar poco visitado no es infrecuente tropezarse con alguna liebre o conejo, incluso con un corzo o un zorro. También se pueden avistar, en lo más alto de Los Filabres, las cúpulas blancas del observatorio astronómico de Calar Alto. Su silueta se recorta sobre un cielo de casi perenne color azul.

El Andarax continúa su curso furtivo, temeroso de la voracidad de los regantes, ahora perpetrados bajo interminables extensiones de plástico, hasta entregar en secreto su menguado pero valioso tributo al Mediterráneo.


ulpiano rodríguez calvo   

miércoles, 27 de abril de 2016

CORIAS O COURIAS


Con fecha 20 de abril, Alfredo Fernández compartió en Facebook una fotografía del Jardín del Claustro del Parador de Corias, subida por Avelino García Arias,  en cuyo pie tanto Avelino como Alfredo,  abogaban por el topónimo Corias y descartaban Courias.

Transcurrido un tiempo aparecieron más comentarios al respecto,  hechos en el mismo sentido por  Celso Albuerne, Galán y Villamil, arropando todos ellos el término Corias, y  manifestando que en toda su existencia, no recordaban haber oído  la denominación Courias.

No tardando,  el  amigo Inocencio Fernández, exalumno de Corias  anterior al Instituto Laboral,  hizo  un comentario en el que dijo textualmente lo siguiente: “Yo cuando fuí interno...en Septiembre de 1955....fuí COURIAS....y cuando íbamos a las ferias de Cangas....pasábamos por delante del convento de COURIAS.....

Al igual que yo procedía de SANFLIZ....ahora San Félix....puede ser, que los de la Villa de Cangas dijesen CORIAS....pero en las aldeas del contorno, tanto La Pola, Tineo y Cangas... popularmente COURIAS”.

Ante la discrepancia surgida,  Eduardo Villamil  ha profundizado más  y se ha informado  al respecto, y me envía las cuatro copias que acompañan a este texto, extraídas de la obra del Padre Luis Alfonso de Carvallo,  titulada “ANTIGVEDADES Y COSAS MEMORABLES DEL PRINCIPADO DE ASTVRIAS”, del año 1695, donde se demuestra  que en el siglo XVII, el autor de la obra, ya se refería  al convento como  Corias y no Courias.

Con este breve texto espero haber recogido lo que pretendía decir Eduardo  Villamil y ojalá  haya más aportaciones  sobre este  discutido término  de  Corias o Courias.

B. G. G. bloguero “Prior” 

                ***
Información enviada por Eduardo Villamil:






domingo, 17 de abril de 2016

DE REENCUENTROS CON EL PASADO


Al comienzo del relato de Salamanca escribía algo así, el regreso a un lugar aviva los recuerdos que residen en él, y cuánto más largo es el tiempo transcurrido mayor suele ser la necesidad de indagar en ellos. Y quizá debía haber añadido: el reencuentro, después de una eternidad, con quienes se comparten esos recuerdos solo puede ser obra de un milagro. No de un milagro divino, del milagro realizado por la constancia, generosidad y entrega de las personas que se buscan y se   quieren  reencontrar.

Pero también se pueden reencontrar y recibir con gozo objetos, escritosque desde hace mucho se creían perdidos para siempre. Aunque su valor material sea dudoso permiten recuperar una parte del pasado ya olvidado.

Hace unos días abrí un pequeño maletín que llevaba muchos años cerrado. Entre los escasos papeles que conservo, unos pocos relacionados con empresas por las que transcurrió mi vida laboral, apareció un cuaderno de desgastadas tapas marrones. De su existencia no guardaba ningún recuerdo. Al abrirlo descubrí que aún tenía páginas en blanco, otras estaban ocupadas por apuntes técnicos de algún primerizo curso de trabajo y las dos o tres primeras estaban ocupadas por una redacción de aquellas que nos encomendaba el P. Jesús Martín, cuando él era Rector en Corias. Él fue quién alentó en mí la importancia de escribir, incluso escribió una carta a mis padres para que hicieran todo lo posible y pudiera cursar una carrera de letras. Después mi vida, como resulta evidente, tomó unos derroteros alejados de las letras, al menos de la escritura.

La primera vez, cincuenta años después de abandonar Corias, que asistí a un Encuentro de Ex-alumnos también asistió él. Durante el saludo le recordé los consejos que me había dado sobre la escritura, me preguntó si los había seguido y tuve que responder que no. Pero no le expliqué los motivos, no era el momento ni el lugar. Por eso, aunque él no lo vaya a leer, me tomo la licencia de contarle aquí algunos de los motivos por los que no seguí sus consejos y me alejé de la escritura.

 Es cierto que durante unos años, últimos de Corias y primeros en Madrid, de forma errática y discontinua escribí algo en prosa, también verso. Pero al carecer de formación adecuada (el intento de acercamiento a una carrera de letras pronto quedó abortado por dificultades con el latín y la dedicación a otras actividades que me resultaban más atractivas) tengo serias dudas que alguno de aquellos escritos tuviera la mínima calidad para ser conservado. Además, influido por mi militancia política, los textos fueron derivando de la temática bucólica de Corias a la de protesta contra el Régimen de entonces. Los nuevos escritos iban a parar, junto a variadas publicaciones clandestinas, a una caja de cartón que guardaba bajo la cama. En esa caja también estaban unas pocas de las más antiguas redacciones hechas en Corias que había salvado de la quema de Limés.

 Libros, cuadernos y demás material utilizado en el instituto lo dejé en el desván de la casa antigua de mis padres. Cuando años después vendieron la casa para mudarse a otra mi madre me preguntó que hacía con todo aquello que ya estaba en estado calamitoso por la voracidad de polillas y ratones. Le dije que lo utilizara para encender la chariega, ella se negaba, le parecía un sacrilegio, pero ante mi insistencia ese fue su destino. Por eso pensaba que, salvo una o dos fotografías, también están en el blog, no guardaba nada material de los tiempos de estudiante en Corias. Hasta que apareció este cuaderno de tapas marrones.

Su aparición me llevó a recordar tiempos de Corias, también los hechos que motivaron mi ruptura con la literatura, no con su lectura, sí con cualquier veleidad de elaboración literaria.
 Hechos que tienen su origen a principios de enero de 1971 cuando una noche varios policías de la Político-Social se presentaron en el domicilio donde vivía. Después de registrar la habitación que ocupaba  me llevaron detenido a la DGS, a Sol. También llevaron la caja en la que guardaba esos escritos, publicaciones y otras pertenencias personales. Allí me informaron que estaba detenido por ser, en mi calidad de secretario del Jurado de Empresa, instigador y participante en huelgas y otras movilizaciones que se venían llevando a cabo en la empresa donde trabajaba, que, aunque tratábamos de darles carácter de reivindicación social, tenían fines subversivos; además dijeron disponer de una denuncia anónima acusándome de ser miembro activo del ilegal PCEY que, al estar suspendido el artículo 18 del entonces llamado Fuero de los españoles, permanecería  allí incomunicado y detenido indefinidamente hasta que les dijera los nombres de las personas que formaban parte de la organización y  les informara de las acciones subversivasque estábamos planeando. Al final fueron doce interminables días, aislado, inquieto por desconocer la suerte de otros compañeros. Las noches, normalmente de doce a cinco de la madrugada, estaban dedicadas a los interrogatorios, en ellos alternaban las preguntas persuasivas, amables, con inesperados puñetazos en el estómago o patadas en los riñones. Cuando se cansaban de interrogar revolvían en la caja que contenía mis cosas, sacaban un papel y leían entre risas parte de lo que tenía escrito. Se divertían mofándose, sobre todo, de mis poesías. Recuerdo esto sin ningún tipo de odio, tampoco afán de revancha, si lo he recordado en alguna ocasión  es para que situaciones como esas jamás se vuelvan a repetir en España, y lo hago hoy por tener relación directa con mi renuncia a cualquier veleidad con la escritura.

Al ser trasladado a la cárcel de Carabanchel (no fui de los peor parados, otros compañeros con más responsabilidades en la organización soportaron esa situación durante más de 30 días) respiré tranquilo. Más que camino de una cárcel me parecía ir camino de la libertad. Además allí podría reencontrarme con compañeros detenidos igual que yo y de los que nada sabía. Sin embargo, cuando me trasladaban en el furgón, ya tomé una determinación, nunca volvería a escribir nada, ni en prosa ni en verso. No servía para nada, solo para hacer reír a la policía.

Aunque esto fuera un contrasentido, uno más de los que suelen jalonar la vida. Tiempo después alguien me preguntó cómo podíamos soportar esas situaciones sin derrumbarnos, sin delatar a los compañeros Le respondí, por sentirlo así, que, al menos en mi caso, no había sido yo quién había resistido, habían sido unos versos de Miguel Hernández los me habían ayudado, obligado, a resistir, versos recitados mentalmente, mil veces, durante aquellos días.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Sé que hoy, a estas alturas de la vida, todo esto suena melodramático. Esto no impide, aunque me alejara de ella durante cuarenta años, mi eterno agradecimiento a la literatura, también a la primera persona que me habló de su importancia, el P. Jesús Martín.

Pocos meses después salí de Carabanchel, sobreseído por no encontrar la policía ni el juez de Orden Público  pruebas suficientes que me incriminaran. La caja con mis cosas nunca más apareció, supongo que los papeles más comprometidos terminaron adjuntados a mi ficha policial y el resto en un contenedor de basura. La decisión de no volver a escribir permaneció firme hasta convertirse en hábito.


Perdonad tanta divagación y rodeo a cuenta de un viejo cuaderno, solo pretendía explicar, explicarme, algunos de los motivos por los que durante cuarenta años me mantuve alejado de la escritura. Si bien, por fortuna, no tanto de la lectura, aunque fuera con escasa asiduidad.

Solo recomencé a escribir algo cuando Samuel, después de localizarme, insistió para que escribiera en este blog. Algo que llevo haciendo, de forma discontinua y a salto de mata, desde hace cinco años. A él  tengo que agradecer, además de otras, el haber recuperado, al menos en parte, aquella afición escolar de escribir.

Consciente de la extensión inusual de esta entrada retorno al viejo cuaderno. Que hoy exista solo se puede justificar por haberlo traído de Asturias al estar casi sin usar y permanecer en un cajón de la mesa en el trabajo y no en la caja que se llevó la policía.

Inicialmente pensé que no era mío, pero en la tapa tiene mi nombre. No reconocía la letra, en la actualidad, por circunstancias, la tengo muy diferente. Tampoco me reconocía en lo que está escrito. La redacción, además de su aire ingenuo (naïf dicen ahora) tiene un cierto halo religioso que ahora me resulta extraño. Toda creencia religiosa me abandonó hace muchos años para emprender un viaje sin retorno. Incluso creía que ese abandono se había producido antes de la edad que tenía, unos catorce años, cuando escribí esta redacción. Pero, adentrándome en el desván de la memoria, no me queda duda que es una de las redacciones de tema libre que nos encomendaban en Corias. Por algún motivo no la entregué, no la pedirían, y permaneció en el cuaderno.

En recuerdo de nuestro antiguo Rector, supongo que sería él quién la encargó, la copio tal cual, título incluido, solo entrecomillando las palabras que el corrector de texto señala como falta ortográfica.

Ahí va una redacción sobre un Acebo que tal vez ya no existe.


Un despertar en Asturias

El subconsciente percibe la llegada del día, los párpados se abren lentamente, se agitan unos instantes, bajo ellos se libra dura batalla entre la luz y las tinieblas. Liberada al fin, la mirada lanza rauda su saeta visual que despues”  de atravesar el cristal de la ventana  se estrella contra la ladera de enfrente.

El sol ya tiñe de rojo las nuves" y dora la cresta de la montaña, también dora el monte de castaños donde ya amarillean sus erizos preparándose para liberar pronto sus frutos, las dulces castañas.
Mientras, por los praos" del valle, corren las últimas sombras. Huyen del sol y  buscan refugio en un  lugar ignorado.

Pronto un extraño hormigueo de felicidad recorre las venas del chaval recién despertado al recordar que hoy es la festividad de Nuestra Señora del Acebo, la mejor romería de toda la comarca.

Los últimos vestigios de sueño desaparecen como por encanto, la mente se lúcida, despejada. Frena el intento de saltar de la cama y se recrea imaginando el feliz día que le aguarda. El mismo que recuerda desde que tiene uso de razón. En unos escasos minutos desfilan ante sus ojos las imagenes" de todo un día.

Los grupos de mozas y mozos, las familias enteras, desde el abuelo ayudándose con sus muletas hasta el pequenin" en hombros, forman interminables hileras por todos los escarpados caminos que ascienden hasta el santuario. Suben los jóvenes a paso rápido, con las botas de vino colgando. De cuando en cuando se paran, las elevan sobre sus cabezas y les dan un tiento. Los de edad madura suben más lentamente, hablando de leyendas del santuario y de otras mil cosas. Pero todos, igual jóvenes que ancianos, tienen una cosa en común, el brillo de la alegría en sus ojos.

Después de mucho subir, al llegar a un cerro llamado Penablancadesde el que se divisa la majestuosa silueta de piedra gris del santuario recortada sobre el cielo azul celeste, los devotos se detienen y rezan una oración. Es una costumbre tan antigua como el vetusto santuario que, generación tras generación, conservan quienes habitan en la zona. Después reanudan la marcha y la gente que va llegando se sienta alrededor a una cruz de piedra que se alza sobre un montículo. Desde allise divisa todo el campo del santuario. Recuperados de la fatiga de la costosa subida se dirigen a la iglesia para cumplir sus promesas, asistir a misa y a la procesión alrededor de la iglesia.
Más tarde las familias se reúnen formando círculos entornoa los manteles estendidos" sobre el  mullido campo. De las rebosantes cestas van saliendo tortillas, empanadas, choscos", lacones, perniles y un sin fin de ricas cosas. El vino corre a raudales, nadie, desde el más pequeno" al más anciano se queda sin beber. Los corros se van juntando hasta ocupar por entero el campo y los trozos de carne, tortilla o empanada, igual que la bota de vino va de unos corros a otros. Comen  entre risas ,con gritos de alegría, de amistad y paz, respirando el aroma de las mil flores distintas que visten el campo de colores.

Luego suena la música, la gaita o el acordeon", los jóvenes se levantan y en los corros solo quedan los más viejos hablando de sus cosas. La mocedad baila y se divierte hasta que el anochecer se aproxima, entonces todos se dirigen al santuario a despedirse de la Virgen. Ella queda en su trono, resplandeciente de ver como confían en Ella quienes habitan estas vastas montañas.
Poco a poco comienzan a tomar el camino de bajada, más lentamente que cuando subieron. El día ha concluido y las risas  no se oyen. En el campo solo quedan algunos papeles que envolvian" las meriendas mecidos por una suave brisa Esperan el golpe de viento que les lleve lejos para dejar el campo limpio como cuando amanecía.

Durante la bajada algunas mujeres se meten entre el toxio" y la folguera" a coger arándanos para meter en aguardiente o flores de manzanilla. Los nenos" cogen clariones en la cantera que estaa la orilla del camino para escribir en la pizarra de la escuela que pronto va a empezar.
Las sombras ya invaden el valle, en la cumbre el sol, como si quisiera prolongar el día, aún dora las paredes del cada vez más pequeño y lejano santuario del Acebo.

Al fin el chaval se levanta, está radiante, lleno de ilusión por el día que tiene por delante.

ulpiano rodríguez calvo

domingo, 10 de abril de 2016

LA MANCEBÍA



                                          LA MANCEBÍA
   En una de las entradas, hace unos días, el amigo Ulpiano nos daba un paseo por la hermosa ciudad de Salamanca.
      Aunque este relato es conocido, por muchos de los lectores del blog, lo traigo aquí como curioso y para aclarar alguno de los refranes de nuestro vocabulario.


                                                          DICE ASÍ:

       El príncipe Don Juan, hijo de los Reyes Católicos, decide crear en 1.497 una casa conocida como mancebía debido a la numerosa presencia de mujeres de “vida alegre” en la ciudad de Salamanca.

       Ese mismo año el príncipe muere a la edad de 19 años. El dictamen oficial afirmaba que su muerte se debía a un esfuerzo en su amor matrimonial por dejar un heredero, pero el pueblo comentaba que la causa había sido la enfermedad contraída en su alterne con ciertas mujeres. La mancebía, que fue sometida a concurso mediante pregón, se situó al lado del Colegio de Fonseca y se establecieron ciertas normas: la profesión no podía ser ejercida por mujeres casadas, con padres en esta ciudad, ni mulatas. Antes del anochecer, las mujeres debían recogerse en esta casa y permanecer en ella toda la noche. Aquellas que ejerciesen y salieran por la ciudad debían llevar las puntillas de sus enaguas de color gris parduzco como distintivo, de ahí el conocido dicho  “ir de picos pardos”.

        La multa por no llevar la indumentaria ascendía a 300 maravedíes, y estaba prohibido ejercer en días de fiesta, en Cuaresma y Vigilia. El “padre putas” era el encargado del orden del barrio y de que las mujeres pasaran  las revisiones médicas. La función por la que era conocido es la que ha dado lugar al famoso “lunes de aguas”.El Miércoles de Cenizas el padre putas reunía a todas estas mujeres para sacarlas de la ciudad y llevarlas al otro lado del río, donde pasaban los 40 días de Cuaresma.

        La octava de Pascua, 8 días después de la Resurrección, los estudiantes partían a buscar a las mujeres en barcas, ya que éstas no podían pasar por el puente romano. Las barcas iban adornadas con abundantes ramas, por lo que acabó llamándose “rameras”  a las mujeres que albergaban en la mancebía. Esa tarde toda la gente de la ciudad se acercaba al río para cotillear y festejar el alborozo de estudiantes y mujeres de vida alegre.  En este día de campo se merendaba el hornazo, una empanada a base de harina de trigo rellena del mejor jamón, chorizo y lomo de la casa, acompañado de un buen vino.

        Hoy, cada lunes de aguas los salmantinos salen al campo y algunos se acercan hasta las orillas del Tormes para festejar este día acompañados del hornazo, que también sirve acompañamiento habitual en sus meriendas o celebraciones familiares.