Texto y fotos: jrFrancos
viernes, 9 de diciembre de 2016
A OJO DE BUEN CUBERO (concurso)
Texto y fotos: jrFrancos
¡Hola, amig@s!
Hace ya un tiempo que no aparezco por
estas página, aunque algunas veces las leo y muy de tarde en tarde hago
algún comentario. Como le había dicho en su día a Galán que "sortearía
uno" y habiendo sido el pasado día tres el aniversario de la culminación para
mí de un deseo largo tiempo alimentado (tanto que ya lo tenía en mis años de
Corias), pues a falta de otras ideas o temas sobre los que escribir, voy a
sortear un libro. He barajado varias formas de hacerlo, pero al final me he
decidido por ésta: "¿Cuántas páginas tiene el libro de la foto?" (Se
concede un error de + - 10). Esto será un juego a "ojo
de buen cubero", que Pancracio Celdrán diría que "era aquel oficial
que cuando se fabricaban vasijas o tinajas de barro, dada su experiencia y buen
ojo, "cubicaba" de cabeza el contenido de las mismas" a falta de
conocer la fórmula matemática.
Ya os dejo con vuestros cálculos de
"buen cubero", quienes queráis participar, en la firme voluntad de
dejarme ver con más frecuencia en el futuro. Unas fotos (portada,
contraportada, lomo y dos recortes de prensa) ilustran esta entrada.
Hasta pronto.
jueves, 8 de diciembre de 2016
ENCONTRAMOS "UNO"
Este no es el Asno que ando aún buscando, pero para los efectos es el mejor. Deseando a todos y todas unas Felices Navidades y que el 2017 sea muy amplio en bendiciones, salud, pesetas y ...
Un fuerte abrazo para todos y todas, y etiquetando a Samuel, ¡¡¡Que haya Salud!!!
domingo, 4 de diciembre de 2016
ESCASITO, QUE ESTÁ MÁS RICO
La maestra de la escuela a que fue Angelina, mi esposa (observe usted que no digo mi mujer) desde que el Padre Jaime ofició nuestro matrimonio en Corias allá por el…¡ay Dios mío…cuándo!, digo que la maestra, como todas los maestros de por aquel entonces tenía un muy escaso sueldo y por si fuera poco el marido dicen que era un tacaño, con lo que los estipendios “para hacer el pote”, eran pocos y menguados, por lo que ella siempre guisaba las cantidades muy ajustadas y acaso exiguas. Y el razonamiento, conocido de uno a otro confín, de Doña (Maestra) era:
— “Escasito, que está más rico”. (Parece que Fidel Bigotes
—sí, sí, el de la entrada anterior—no pasó por aquella escuela, pues las
bacanales que celebran anualmente esta media docena de buena gente, superan las
que celebraban Lúculo y Petronio, aquellos dos juerguista de la Roma pagana y
que Ulpiano intuye cómo deben ser las pantagruélicas viandas que se cocinan en
las perolas que le gustaría ver y que desde tan lejos le llegan los efluvios…).
Los comentarios a mis tres últimos escritos son eso:
ESCASITOS, en cuanto a número, pero ¡QUÉ RICOS! Y no lo digo por lo agradecidos
que os mostráis, ni por la generosidad de los mismos, ni siquiera a Ulpiano por
sus ¡617 palabras!, sino por lo que nos unen esos sentimientos de recuerdos
directos, unos y, otros —otras más bien— por “apegadas” a los que los tienen
directos y que, aunque sólo sea con su presencia, estilan el carisma de Corias.
¡La vida! La vida que será, siempre, un misterio, real, presente en todas
partes y que nos está contando permanentemente sus parábolas; con sus tiempos y
sus ciclos. Mirad, sino:
Subíamos
en fila, —qué cosa tan extraña hoy en día ¿verdad?— en dos filas bien formadas digo,
por la escalera y cuando llegábamos a la planta segunda, la de las clases, allí
estaba Gurdiel, (una figura bien parecida a Sammy Davis, jr.), terminando de
barrer el pasillo que le había tocado en desgracia barrer por Dios sabrá qué
castigo. Digo que Dios sabría porque ni él, Manuel Gurdiel, ni ninguno de sus
compañeros podríamos saber por lo buen chaval que era. Pero le pasaba igual que
al propio Sammy Davis, que decía de sí mismo, con el humor que le caracterizaba,
que tenía la mala suerte de ser poco agraciado a la vez que negro, tuerto, feo
y…judío. Y encima se juntó con otros “pelgares” como Dean
Martin o F. Sinatra. Pues Gurdiel no era
ni tuerto, ni negro ni judío, pero…le pasaba así también: andaba siempre con
otros “pelgares” (dicho con cariño) que casi siempre se escabullían y él:
— Gurdiel,
mañana, durante el recreo de… a barrer el pasillo de… empezando por el extremo
sur.
—
Es que Padre,...yo…
— Por
empezar por “es que yo…”, lo barres también pasado mañana.
Y
claro un pasillo así de largo y tres metros de ancho, por mucho aire que te
dieras en la media hora del recreo era imposible… Pero después de…tantos días
de práctica algunas veces se acercaba al final, justo cuando subíamos en filas
y en dirección contraria a la faena lo que unido a la mala leche de algunos que
arrastraban la basura con los pies, el pasillo volvía a su estado original.
Claro, el inspector de turno, muchas veces un fraile de la marina, no daba de
paso la labor y quedaba pendiente para el día siguiente…
Pero,
ya me iba por los cerros de…de…del Acebo, subíamos en filas por la escalera y
al ver a Gurdiel se me ocurrió otra diablura más: Bauzán, otro alumno popular
de mi curso, que siempre vestía de negro…, era muy gordito (bolita le
llamábamos) iba delante de mí y ya había alcanzado el último peldaño, ¡¡justo,
la ocasión la pintaban calva!!, saqué la mano tiré del pie de Bauzán con tan
buena fortuna que cayó sobre Luis Arias y por efecto dominó unos cuatro, o
cinco, más, todos encima de la escoba de Gurdiel. El alboroto amplificado por
Gilberto, Marina, Puente,… fue histórico… me sentí merecedor de otra matrícula…
¡Pero…!
¡Quién
podía imaginar que justo allí, detrás de Gurdiel, estaba allí el Padre que cité
al principio, frotándose las manos por encima del ombligo, en pose bien
conocida por todos especialmente por Manolito, el de las gruesas gafas. Con tal
destreza y fuerza apuntó, que me pasó de una de las filas a la otra! Atravesé
los tres metros ingrávido, volando… Y claro, colaboré, ajeno a todo interés, a
barrer el claustro aquel, una semana.
Pero,
¡y lo que Gilberto, Puente, Veiga y otros muchos se rieron! Si supiera que podrían volver a reírse, sin
dudar pondría la cara para recibir un bofetón tal aquél.
Y
lo del ciclo venía a cuento de que nunca guardé rencor alguno por aquel insigne
y bien calculado bofetón, hasta el punto que le pedí que celebrara la
eucaristía de nuestro enlace matrimonial.
viernes, 2 de diciembre de 2016
BASELGAS V, 2016
Una vez más, y ya es la quinta, que nos hemos reunido gran
parte del grupo, “Promoción Corias 1959/1966”, en Baselgas concejo de Grado, para
festejar y perpetuar una amistad forjada entre todos nosotros ya hace más de
cincuenta años. A propósito de este bonito rincón moscón y de la
buena acogida que tiene año tras año, este grupo de amigos y antiguos compañeros de
internado de colegio, por parte del hacendado anfitrión Fidel, me viene a la memoria algo remoto de cuando yo
era niño que creo puede venir a cuento
en este caso.
En mi pueblo, Posada de Rengos, y supongo que en muchísimas
más aldeas, tanto del concejo cangués como de los concejos limítrofes, después de la guerra incivil y hasta bien
entrados los años setenta, existía un derecho adquirido popular, de trasmisión oral, del tipo de los
que regían en los pactos entre ganaderos cuando iban a cerrar el trato, que eran simples palabras y a la hora de dar validez al
compromiso adquirido entre las partes convenidas, eran tan válidas o más que
una fe de notario.
Todas estas normas o
reglas que pasaban de padres a hijos en
los pueblos, no eran publicadas en el BOE pero eran aceptadas, practicadas y
respetadas por todos de forma casi unánime. En el caso que voy a contar la ordenanza conminaba, sin llegar a obligar
bajo sanción, a los vecinos de los
pueblos a dar cobijo a cualquier mendigo,
transeúnte o pordiosero, que apareciese por el pueblo siempre y cuando faltasen pocas horas para que llegase la
noche, no dándole tiempo para que el desamparado pudiera desplazarse por su pie y con luz natural, hasta la población más cercana.
Cuando esto sucedía el pordiosero en cuestión, nada más que
llegaba al pueblo, siempre que estuviera a punto de caer la noche, antes de apostarse en
cualquier sitio público, lo primero que
hacía era preguntar por la casa del
alcalde, vistor o, en su ausencia o defecto, cualquier vecino del pueblo que
hubiese asumido la responsabilidad y el control de estas tareas de caridad y solidaridad hacia cualquier paria
que apareciese por la aldea. Para controlar
esta prestación la persona encargada llevaba un control riguroso con el orden de acogida para las diferentes casas
del vecindario. De ahí que en cuanto se personaba el desdichado de turno en casa del alcalde
pidiendo cobijo, éste consultaba su
listado de acogida y por estricto orden de cumplimiento designaba al vecino que le correspondía prestar ese servicio de caridad.
El alcalde solía acompañar al transeúnte hasta la casa de acogida y lo
presentaba a los recién nominados benefactores para darle más empaque y validez
al acto. Normalmente, ningún vecino se solía negar a hacer tal favor, pero como pasa con todo en la vida, había personas que recibían al huésped de muy buen
agrado, incluso se
esforzaban lo que podían por complacerle
en todo lo relacionado con la alimentación y con el descanso, así como de facilitarle ropa usada limpia,
pero había otros que no eran tan
receptivos y voluntariosos para socorrer al transeúnte, porque les parecían que
eran todos unos mangantes y unos vagos.
Había casos en los que podría estar justificado el intento de
escaqueo pues, la vivienda no reunía condiciones y espacio suficiente como para
albergar a desconocidos junto con los miembros de la familia. Llegado el
caso en el que el vecino intentaba zafarse,
el alcalde no solía permitirlo y de forma inflexible decía que se arreglaran
como pudiesen, porque él no podía saltarse el turno y el indigente tampoco podía pernoctar al raso. Digo esto con conocimiento de causa
porque ese era nuestro caso. La casa de mis padres es pequeña y con
los miembros de la familia que en ella convivíamos, prácticamente, ya estaba al completo. Aún así, un buen día se
personó la autoridad competente en casa junto a un pobre de los del saco, para decirnos que nos tocaba darle alojamiento esa noche a aquel pobre víctima de la vida.
Recuerdo que era un
hombre de mediana edad, bajo y
rechoncho, sonriente y de buen carácter, con tales barbas que, estando sentado, le llegaban a la altura del ombligo. El
alcalde de turno sabía la falta de espacio de nuestra vivienda pero él tampoco podía saltarse el orden establecido. Mi madre
no se oponía a darle de comer las veces que hiciese falta al mendigo, pero el
tener que proporcionarle cama, eso a
ella sí le suponía un problema y le decía al regidor que había muchas casas más amplias
que la nuestra, en las que habilitar una
habitación no les supondría ningún
trastorno, pero el juez en este caso, no
cedía e insistía en que cuando toca, toca.
Tal que, mi madre viendo
que no se podía zafar del encargo, le dijo al mendigo que en casa había poco sitio
pero si él estaba de acuerdo le podían habilitar como cama un antiguo pesebre
de la vaca bien mullido de yerba, con buenas mantas y que
dormiría allí plácidamente, sin ruidos y bien caliente. El hombre acostumbrado a hacer guardia en peores garitas, intuyó que se
le iba a tratar bien y no lo dudó. Al
instante aceptó la oferta de muy buena gana. Recuerdo lo amena que fue
la cena en la cocina los tres junto al barbas aquel, y cómo nos narró detallada y minuciosamente
las miles de peripecias y calamidades que aquel pobre desgraciado pasaba por el
mundo.
A la hora de llevarle a la suite, el mayor miedo de mi madre
era que fumase ya que había yerba seca amontonada y temía que tuviéramos que salir todos huyendo despavoridos
por las llamas durante la noche. Pero no. Antes de bajarlo a los aposentos
pesebriles le hizo una advertencia muy seria, que por Dios no se le ocurriera
fumar en el “leito” (cajón de madera que hace de cama en la Cabrera leonesa,
donde antiguamente se acostaba la
familia al completo. De ahí los problemas de consanguinidad y raquitismo
endémico) y, aquel desgraciado, a pesar de que no paraba de “aborronar” en todo
momento, fue consecuente con la exhortación del ama y no fumó en toda la noche.
A la mañana siguiente,
sobre las nueve y media, como no respiraba el huésped, mi madre bajó a la suite
a llamarle para desayunar y el hombre desperezándose como los gatos respondió muy alegre y contento diciendo
que en seguida subía. El aseo personal
se le suponía pues en la casa tampoco había agua corriente por entonces, pero
sí pasaba un caudaloso regueiro al lado, donde los nenos jugábamos, bebíamos y
nos lavábamos de vez en cuando.
Una vez el hombre en
la cocina, bien calentito sentado a la mesa, tomamos los cuatro buen tazón cada uno de café con leche migado con pan. Aún recuerdo cómo al hombre se
le quedaba la barba llena de migas y faraguyas
de pan empapadas en leche, debido a la fruición y la rapidez con que aquel
pobre desgraciado sorbía el desayuno. Una vez reconfortado por el calor del café y
también por la divertida conversación, aquel pobre mendicante se deshacía en elogios hacia sus acogedores, aunque solo fuese por una noche, y decía que se sentía feliz de lo bien que había dormido
pues, el pesebre–cama, que se le había improvisado, le había retrotraído a su infancia, ya que
aquella seudocama, especie de cajón de madera, de sección trapezoidal, era exactamente igual a la cuna en la que él y un hermano suyo más
pequeño, habían dormido juntos hasta que
no cupieron en ella.
Una vez contado el
pasaje del pobre, como conclusión diré que nuestro amigo Fidel tiene el gran inconveniente que, a pesar de vivir en otros tiempos más
democráticos que los del pobre de marras, se ve que en Baselgas no son tan respetuosos
como en Posada de Rengos con las tradiciones de corte samaritano. Por lo
tanto, por muchos pretextos que este mozo busque, siempre tendrá que seguir cargando, al menos una vez por año, con la murga de este grupo de mandrias que juran y perjuran por lo
más sagrado que son sus amigos y que
nunca lo abandonarán. De ahí que no le quedará otro remedio que albergarlos y acogerlos.
Amigo Fidel, muchas gracias por todo en nombre del grupo.
B. G. G. bloguero “Prior”
martes, 22 de noviembre de 2016
Va de ángeles
No
me digáis que no sería maravilloso que se inventara algún artilugio para
detener el tiempo. Quiero decir que sería genial poder echar el ancla justo en
el momento en que casi tocamos el cielo con las manos. Prolongar esos minutos,
horas, quizá días que nos sentimos absolutamente felices. No es posible
quedarnos, instalarnos en ese momento mágico. Estamos destinados a recorrer
otros minutos, otros días, unas veces venturados y otros desventurados.
El
tiempo se lleva todo consigo, lo grato y lo ingrato. No cabe dolerse de la
crueldad que significa poner fin a los momentos maravillosos, porque
por contrapartida, el tiempo se lleva también lo adolorido, lo triste. Es más, nos hace la caridad de mantener una
memoria gozosa al recordar lo bueno y nos ayuda, y mucho al ir dejando lo
ingrato entre las nieblas del pasado. Sólo los enfermos mentales logran
instalarse en el pasado doloroso. Y lo llevan como un insoportable fardo a sus
espaldas.
Los
sanos mentales, rebuscamos en el pasado lo momentos felices para seguir
gozándonos con ellos.
Con
frecuencia me viene a la memoria aquella Navidad del ochenta y pico. Trabajaba
yo en aquella época 11 horas al día. A las nueve de la noche terminaba en el
centro donde impartía inglés comercial. A las nueve y cuarto llegaba a casa.
Mis dos niñas, una de cuatro años, Rosa y otra de cinco, Ida, llevaban cinco
minutos acostadas pero no dormidas, pues esperaban a despedirse de papá. Yo
rendido, exhausto, les dedicaba un cuarto de hora entrañable para mí. Las
tomaba de la mano y las llevaba al mundo mágico de los cuentos, donde todo lo
imposible resultaba posible y, en la penumbra de la habitación mi voz
convertida en susurro, las transportaba suavemente al país de los sueños.
Cientos
de cuentos improvisados que lamento no recordar. Eran como un dulce somnífero a
dosis diaria… En alguna ocasión me quedé dormido yo mismo a la par que ellas.
Sólo recuerdo alguno que me veía obligado a repetir una y otra vez. A petición
del público.
En
esas estábamos cuando un incidente de mi salud me llevó al hospital Gregorio
Marañón donde estuve encamado mes y medio.
Se
trataba de una grave dolencia de la vista que me obligó a guardar reposo
durante mes y medio con los ojos vendados y sin poder mover la cabeza ni un
centímetro todo el tiempo. Fue terrible. Me encamé el día de Nochebuena y di
orden de que no llevaran a las niñas a verme, pues la estampa era patética y
demasiado impresionable para su corta edad.
La
única información que recibieron fue: “Papa está malito en el hospital”.
Rosa
de tres años y medio, fue quien primero reaccionó ante mi ausencia. Según me
explicaba mi mujer se pasaba el día diciendo –viniera o no a cuento– “Bueno, yo
como no quería a papá”, “Mamá, yo a papá no le quería”, “Yo no quería a papá”.
Así
mes y medio.
Cuando
retorné a casa ofrecía un aspecto lastimoso. Pálido, con el pelo alborotado,
vacilante, con unas gafas en la que los cristales habían sido sustituidos por
dos cartones negros con un minúsculo orificio en el centro. Llegué y me derrumbé
en una butaca con el cansancio de haber corrido un maratón.
Rosa
no se separaba de mí y me decía: “Papá, qué guapo eres”, “Papá, guapo, te
quiero mucho”.
No
aguanté más allá de diez minutos. El cansancio era tal que tuve que acostarme
en la cama.
Allí
estaba yo, en la penumbra y sin ver… cuando oí que alguien andaba junto a la
cama.
- - ¿Quién
anda por ahí? Pregunté.
- - Papá,
soy yo, Rosa. Contestó una vocecita y prosiguió, Papá ¿Me dejas acostarme un
ratito contigo?
- - Sí,
mi vida, ven y acuéstate. Respondí.
Pronto
la sentí apretarse contra mí, al tiempo que me decía:
- - Qué guapo eres Papá.
- - Ya
hija, lo sé, gracias.
Un
silencio.
- - ¿Papá?
- - ¿Qué
cariño?
- - ¿Quieres
que te cante algo o te cuente un cuento?
La
oferta me deslumbró. Quería darme lo mejor, según sus valores, una canción o un
cuento. Sentí una emoción inenarrable. En oscuridad mis quebrados ojos se me
llenaron de lágrimas. Apenas si pude susurrar.
- - Un
cuento cariño. Dije.
- - Una
vez, una ardilla que vivía…
Fui
consciente de que ni antes ni después de aquello iba a vivir algo tan bello,
tan maravilloso como aquello.
Di
gracias a Dios por facilitarme una prueba palpable de que, en efecto, existen
los ángeles. Y uno estaba allí a mi lado. Luego, reconozco que le pedí a Dios
un imposible; que detuviera el tiempo, que no terminasen aquellos minutos de
ensueño.
Y
no terminaron. Casi cuarenta años después, sigue el ángel a mi lado. La niña
creció, se hizo mayor, hizo dos carreras universitarias, aprobó dos
oposiciones, se casó y actualmente vive en Bruselas donde trabaja en la
European School 4.
El
roxín de la foto es su hijo, que, haciendo honor a su prosapia angelical es
otra prueba ineludible de que existen ángeles.
Mirad
la foto, y comprobaréis que es un ángel. Es un ángel trilingüe, ya sabe cómo se
dice: cuento, canción, soñar y cariño en tres lenguas, en francés, inglés y en
la lengua de los ángeles, o sea, el español.
Quizás
todo esto ha sido un regalo que me dio la Providencia por bautizar a mi hija
Rosa con sidra.
Sí,
sí, con sidra.
Pedí
permiso al cura de Pola, donde nació la niña para que me permitiera echar unas
gotas de sidra en el agua bautismal. Ya que la niña había nacido en Asturias y
aquí se cristianaba yo quería que saliera una criatura explosiva, exuberante,
chispeante, rubia, alborotada y alegre como la sidra que cae sobre el vaso. Y
así salió.
Pepe Morán. Dominico-ex
viernes, 18 de noviembre de 2016
Ambas son necesarias...
En la cariñosa y cercana homilía, contaba ayer uno de
los sacerdotes oficiantes en el Funeral de la madre de unos amigos, una
anécdota que os voy a compartir:
“Preguntaban en una entrevista de un popular programa
de televisión a una doctora forense que se declaraba profundamente católica,
¿qué eran para ella la enfermedad y la muerte, tan avezada como estaba a tratar
con ellas? Después de un rato en silencio con los párpados ocultando la
expresividad propia de los ojos, levantó la cara y dijo:
—Es verdad que con ambas trato diariamente, mas con
ninguna de las dos me acostumbro; pero… —tras otra pausa y ante el asombro del
presentador, añadió— ambas son necesarias… Cuál sería el sentido de nuestras
vidas, cuál es, sobre todo el sentido de las vidas de todos los vivientes…“.
Y siguió la homilía con eruditos y siempre cariñosos pensamientos
refiriéndose a la difunta, Socorro y a los familiares que durante años, años...,
la cuidaron… con la dedicación y cariño que alguno sabíamos…
Pues, queridos amigos: Una madre es un tesoro y cuando
la perdemos lo valoramos aún más y puedo asegurar que aún pasados 50 años se
sigue echando en falta. Hacemos nuestro el dolor que SAMUEL, JAVIER, ambos
alumnos de Corias y su hermana ANA, así como el resto de su familia sienten por
la pérdida de su amada madre. Por eso hemos acudido a su funeral, ayer en
Navelgas (Tineo) y hemos rogado a Dios que os conceda la fortaleza necesaria
para afrontar este irreparable designio.
Y les expresamos nuestras muestras de solidaridad, amistad, estima y respeto.
Y les expresamos nuestras muestras de solidaridad, amistad, estima y respeto.
Lo que traslado al Blog, por lo que en él es considerado
y querido Samuel.
¡Salud! Gera
domingo, 13 de noviembre de 2016
¿DÓNDE ESTÁIS QUE NOS OS VEO?
Tras otro paréntesis, (el “veroño” se presta a fútiles
escapadas) iba a decir sin levantar la persiana —pero más bien es desplegarla—
de este blog, veo que aún permanece mí última entrada esperando que otra, u
otras, la “emburriaran” al baúl de los recuerdos. Y eso que la mía ya había
sido instilada porque me parecía necesaria por ausencia de otras más conspicuas
y/o más acertadas. Bueno pues insisto, con el ánimo de ser más levadura, que
masa.
En aquel tiempo… habían puesto (¿el padre Eutimio?) una
película de Mario Moreno “Cantinflas”, sí aquel que rehusó ser presidente de
Méjico, ¿lo sabías? Sí, aquel de uno de los tres bigotes más célebres. También el que era mucho más que un cómico;
que fue reflejo de una sociedad donde los ricos humillan a los pobres,…, donde
los caciques, políticos y banqueros… Aquel cuyas películas carecían de sentido al ser
dobladas a otros idiomas porque perdían el encanto de su ingenio… Aquél, en
aquella película, entre otros oficios en aquel film (o como decía uno de mi
pueblo: «Yo siempre pensé que se decía plícula y resulta que ahora se dice
flim…), el paticorto ese que hasta la R.E.A. de la Lengua, en 1.992 le mostró
su respeto al admitir el verbo cantinflear y los vocablos cantinflas y
cantinfleada, el bis-bigote ese, digo, trabajaba de dependiente en una tienda
de modas.
En una escena en que entra una señorita a comprarse una
prenda el jefe del establecimiento le azuza para que la atienda y que no se le
escape sin venderle algo, a lo que, solícito, servicial y desconocedor de la
ubicación de los bañadores, le dice:
— Pues ándele que sí. Tenemos un modelo nuevo —mientras
revolvía en diversos estantes— que se llama ANDESTASQUENOTEVEO…
Me da pie para repetir esa palabra, ya formalmente
separada para preguntar al blog, tanto la zona activa como pasiva, ¿DÓNDE ESTÁIS
QUE NOS OS VEO?
Comprendo que hay programas de tv, partidos de esto y de
lo otro; que las otras redes tal y pascual…, pero esto de Corias, “ye algo muy
serio” y a veces muy ameno. ¿ANDE ANDARÉIS?
Vivimos en tiempos de relativismo e incluso de nihilismo,
en lo que todo vale, ya que los límites infranqueables, ya no lo son, pero,
¡caray!, los valores y la cultura que en Corias, los básicos, no la liturgia,
no las bambalinas,…, nos han imprimido carácter…
Personalmente, os echo en falta y no mires para otro lado
que a ti, a ti también.
Ánimo a quien escribe y a quien lee, que funciones el
menú desplegable porque sino el eje de la rutina, se oxida.
ANDESTASQUENOTEVEO. Reflexión: ¿Por qué TODO JUNTO se
escribe separado y SEPARADO todo junto?
Salud, Gera
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











