PRESENTACIÓN

Anualmente cuando nos reunimos los antiguos alumnos de Corias, bien sea en grupos minoritarios por promociones en diferentes lugares del Principado y alrededores, o de forma general en el encuentro de Corias a finales de cada mes de septiembre, siempre solíamos comentar al sentir la alegría de juntarnos de nuevo que, era una pena el que hubieran pasado tantos años sin comunicarnos y sin saber unos de otros.

Afortunadamente, en estos tiempos eso está subsanado gracias a los medios informáticos disponibles que tenemos a nuestro alcance. Aprovechando la oportunidad que nos brinda BLOGGER para poder crear un espacio cibernético común, en la nube, donde se pueda participar y expresar los recuerdos que cada uno de nosotros guardamos celosamente de aquellos años, es cuando surge el Blog de los antiguos alumnos de Corias.

Esta elemental presentación lo único que pretende y persigue es reavivar la amistad y la armonía que hemos trabado entre todos nosotros durante los años de convivencia en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias y, que a pesar del tiempo transcurrido, aún perviven frescas en nuestro recuerdo.

Otro de los objetivos del blog es recordar y compartir las peripecias vividas por aquellos jóvenes que coincidimos bajo las mismas enseñanzas, disciplinas, aulas, comedores, dormitorios, juegos, etc., durante varios años en el convento de Corias y que aún las tenemos muy presentes.

La mejor forma que tenemos para rememorarlo es ir contando en este blog todos los pasajes que cada uno de nosotros recuerde, expresados con la forma y estilo propios de cada uno pero, siempre supeditados a los principios del buen gusto, el respeto y a la correcta educación que nos han inculcado los padres dominicos. El temario en principio aún siendo libre, sí debiéramos procurar en general, que tengan preferencia los temas relacionados con el colegio y su entorno, ya que es el vínculo y denominador común entre todos nosotros.

Como es lógico, cada colaborador es el único responsable de sus opiniones vertidas aquí en el blog; las cuales pueden ser expresadas libremente sin condicionantes ni cortapisa alguna por parte de la dirección; tan solo debemos atenernos todos, a las premisas mencionadas anteriormente del respeto y el buen gusto.

Una vez hecha esta breve presentación, se pide la colaboración y aportación de todos los antiguos alumnos pues, seguro que todos tenemos algo ameno e interesante que contar. Unas veces serán relatos agradables y divertidos, y otras no tanto; pero así es la realidad de la vida.

Al blog le dan vida una serie de antiguos alumnos que colaboran de forma fehaciente y entusiasta con Benjamín Galán que es el bloguero administrador. A este galante caballero el cargo de administrador no le fue asignado por méritos propios, más bien por defecto, de forma automática; simplemente, por ser el titular del blog. Pero podría delegar el cargo en cualquier otro colaborador que así lo deseara.

De antemano, muchas gracias a todos los participantes y colaboradores. Tanto a los antiguos alumnos y profesores que deseen intervenir, como a todos nuestros amigos lectores.

¡A colaborar y a disfrutarlo!

(21 de noviembre de 2009)

B. G. G. (BLOGUERO PRIOR)

viernes, 9 de diciembre de 2016

A OJO DE BUEN CUBERO (concurso)

                                       
                                             Texto y fotos: jrFrancos



      ¡Hola, amig@s!

      Hace ya un tiempo que no aparezco por estas página, aunque algunas veces las leo y muy de tarde en tarde hago algún comentario. Como le había dicho en su día a Galán que "sortearía uno" y habiendo sido el pasado día tres el aniversario de la culminación para mí de un deseo largo tiempo alimentado (tanto que ya lo tenía en mis años de Corias), pues a falta de otras ideas o temas sobre los que escribir, voy a sortear un libro. He barajado varias formas de hacerlo, pero al final me he decidido por ésta: "¿Cuántas páginas tiene el libro de la foto?" (Se concede un error de  +  -  10). Esto será un juego a "ojo de buen cubero", que Pancracio Celdrán diría que "era aquel oficial que cuando se fabricaban vasijas o tinajas de barro, dada su experiencia y buen ojo, "cubicaba" de cabeza el contenido de las mismas" a falta de conocer la fórmula matemática.

     Ya os dejo con vuestros cálculos de "buen cubero", quienes queráis participar, en la firme voluntad de dejarme ver con más frecuencia en el futuro. Unas fotos (portada, contraportada, lomo y dos recortes de prensa) ilustran esta entrada.


                                                                                                   Hasta pronto.







jueves, 8 de diciembre de 2016

ENCONTRAMOS "UNO"



Este no es el Asno que ando aún buscando, pero para los efectos es el mejor.  Deseando a todos y todas unas Felices Navidades y que el 2017 sea muy amplio en bendiciones, salud, pesetas y ...

Un fuerte abrazo para todos y todas, y etiquetando a Samuel, ¡¡¡Que haya Salud!!!

domingo, 4 de diciembre de 2016

ESCASITO, QUE ESTÁ MÁS RICO


La maestra de la escuela a que fue Angelina, mi esposa (observe usted que no digo mi mujer) desde que el Padre Jaime ofició nuestro matrimonio en Corias allá por el…¡ay Dios mío…cuándo!, digo que la maestra, como todas los maestros de por aquel entonces tenía un muy escaso sueldo y por si fuera poco el marido dicen que era un tacaño, con lo que los estipendios “para hacer el pote”, eran pocos y menguados, por lo que ella siempre guisaba las cantidades muy ajustadas y acaso exiguas. Y el razonamiento, conocido de uno a otro confín, de Doña (Maestra) era:
— “Escasito, que está más rico”. (Parece que Fidel Bigotes —sí, sí, el de la entrada anterior—no pasó por aquella escuela, pues las bacanales que celebran anualmente esta media docena de buena gente, superan las que celebraban Lúculo y Petronio, aquellos dos juerguista de la Roma pagana y que Ulpiano intuye cómo deben ser las pantagruélicas viandas que se cocinan en las perolas que le gustaría ver y que desde tan lejos le llegan los efluvios…).
Los comentarios a mis tres últimos escritos son eso: ESCASITOS, en cuanto a número, pero ¡QUÉ RICOS! Y no lo digo por lo agradecidos que os mostráis, ni por la generosidad de los mismos, ni siquiera a Ulpiano por sus ¡617 palabras!, sino por lo que nos unen esos sentimientos de recuerdos directos, unos y, otros —otras más bien— por “apegadas” a los que los tienen directos y que, aunque sólo sea con su presencia, estilan el carisma de Corias. ¡La vida! La vida que será, siempre, un misterio, real, presente en todas partes y que nos está contando permanentemente sus parábolas; con sus tiempos y sus ciclos. Mirad, sino:
Subíamos en fila, —qué cosa tan extraña hoy en día ¿verdad?— en dos filas bien formadas digo, por la escalera y cuando llegábamos a la planta segunda, la de las clases, allí estaba Gurdiel, (una figura bien parecida a Sammy Davis, jr.), terminando de barrer el pasillo que le había tocado en desgracia barrer por Dios sabrá qué castigo. Digo que Dios sabría porque ni él, Manuel Gurdiel, ni ninguno de sus compañeros podríamos saber por lo buen chaval que era. Pero le pasaba igual que al propio Sammy Davis, que decía de sí mismo, con el humor que le caracterizaba, que tenía la mala suerte de ser poco agraciado a la vez que negro, tuerto, feo y…judío. Y encima se juntó con otros “pelgares” como Dean Martin o F. Sinatra.  Pues Gurdiel no era ni tuerto, ni negro ni judío, pero…le pasaba así también: andaba siempre con otros “pelgares” (dicho con cariño) que casi siempre se escabullían y él:
— Gurdiel, mañana, durante el recreo de… a barrer el pasillo de… empezando por el extremo sur.
— Es que Padre,...yo…
— Por empezar por “es que yo…”, lo barres también pasado mañana.
Y claro un pasillo así de largo y tres metros de ancho, por mucho aire que te dieras en la media hora del recreo era imposible… Pero después de…tantos días de práctica algunas veces se acercaba al final, justo cuando subíamos en filas y en dirección contraria a la faena lo que unido a la mala leche de algunos que arrastraban la basura con los pies, el pasillo volvía a su estado original. Claro, el inspector de turno, muchas veces un fraile de la marina, no daba de paso la labor y quedaba pendiente para el día siguiente…
Pero, ya me iba por los cerros de…de…del Acebo, subíamos en filas por la escalera y al ver a Gurdiel se me ocurrió otra diablura más: Bauzán, otro alumno popular de mi curso, que siempre vestía de negro…, era muy gordito (bolita le llamábamos) iba delante de mí y ya había alcanzado el último peldaño, ¡¡justo, la ocasión la pintaban calva!!, saqué la mano tiré del pie de Bauzán con tan buena fortuna que cayó sobre Luis Arias y por efecto dominó unos cuatro, o cinco, más, todos encima de la escoba de Gurdiel. El alboroto amplificado por Gilberto, Marina, Puente,… fue histórico… me sentí merecedor de otra matrícula… ¡Pero…!
¡Quién podía imaginar que justo allí, detrás de Gurdiel, estaba allí el Padre que cité al principio, frotándose las manos por encima del ombligo, en pose bien conocida por todos especialmente por Manolito, el de las gruesas gafas. Con tal destreza y fuerza apuntó, que me pasó de una de las filas a la otra! Atravesé los tres metros ingrávido, volando… Y claro, colaboré, ajeno a todo interés, a barrer el claustro aquel, una semana.
Pero, ¡y lo que Gilberto, Puente, Veiga y otros muchos se rieron!  Si supiera que podrían volver a reírse, sin dudar pondría la cara para recibir un bofetón tal aquél.
Y lo del ciclo venía a cuento de que nunca guardé rencor alguno por aquel insigne y bien calculado bofetón, hasta el punto que le pedí que celebrara la eucaristía de nuestro enlace matrimonial.

viernes, 2 de diciembre de 2016

BASELGAS V, 2016




Una vez más, y ya es la quinta, que nos hemos reunido gran parte del grupo, “Promoción Corias 1959/1966”,  en Baselgas concejo de Grado, para festejar y perpetuar una amistad forjada entre todos nosotros ya hace más de cincuenta años. A propósito de este bonito rincón moscón   y de la buena acogida que tiene  año tras año,  este grupo de amigos y antiguos compañeros de internado de  colegio,  por parte del hacendado anfitrión Fidel,  me viene a la memoria algo remoto de cuando yo era niño  que creo puede venir a cuento en este caso.

En mi pueblo, Posada de Rengos, y supongo que en muchísimas más aldeas, tanto del concejo cangués como de  los concejos limítrofes,  después de la guerra incivil y hasta bien entrados los años setenta, existía un derecho adquirido  popular, de trasmisión oral, del tipo de los que regían en los pactos entre ganaderos cuando iban a cerrar el trato,  que eran  simples palabras y a la hora de dar validez al compromiso adquirido entre las partes convenidas, eran tan válidas o más que una  fe de notario.

Todas estas normas o reglas que pasaban de padres a hijos  en los pueblos, no eran  publicadas  en el BOE pero eran aceptadas, practicadas y respetadas por todos de forma casi unánime. En el caso que voy a contar  la ordenanza conminaba, sin llegar a obligar bajo sanción,  a los vecinos de los pueblos a dar cobijo a cualquier  mendigo, transeúnte o pordiosero, que apareciese por el pueblo siempre y cuando  faltasen pocas horas para que llegase la noche, no dándole tiempo para que el desamparado pudiera desplazarse  por su pie y  con luz natural,  hasta la población  más cercana.
   
Cuando esto sucedía el pordiosero en cuestión, nada más que llegaba al pueblo, siempre que estuviera a  punto de caer la noche, antes de apostarse en cualquier sitio público,  lo primero que hacía era preguntar  por la casa del alcalde, vistor o, en su ausencia o defecto, cualquier vecino del pueblo que hubiese asumido la responsabilidad y el control de estas tareas de  caridad y solidaridad hacia cualquier paria que apareciese por la aldea.  Para controlar esta prestación la persona encargada llevaba  un control riguroso con  el orden de acogida para las diferentes casas del vecindario. De ahí que en cuanto se personaba el  desdichado de turno en casa del alcalde pidiendo cobijo, éste  consultaba su listado de acogida y por estricto orden de cumplimiento  designaba al vecino  que le correspondía  prestar ese servicio de caridad.

El alcalde solía acompañar  al transeúnte hasta la casa de acogida y lo presentaba a los recién nominados benefactores para darle más empaque y validez al acto.  Normalmente, ningún vecino  se solía negar a hacer  tal favor,  pero como pasa con todo en la vida,  había personas que recibían al huésped  de  muy buen agrado,  incluso   se esforzaban lo que podían por  complacerle en todo lo relacionado con la alimentación y con  el descanso, así como de facilitarle ropa usada limpia,  pero había otros que no eran tan receptivos y voluntariosos para socorrer al transeúnte, porque les parecían que eran todos unos mangantes y unos vagos.

Había casos en los que podría estar justificado el intento de escaqueo pues,  la vivienda no reunía condiciones y espacio suficiente como para albergar a desconocidos junto con los miembros de la familia. Llegado el caso  en el que el vecino intentaba zafarse, el alcalde no solía permitirlo y de forma inflexible decía que se arreglaran como pudiesen, porque él no podía saltarse el turno y  el indigente  tampoco  podía pernoctar  al raso. Digo esto con conocimiento de causa porque  ese era nuestro  caso. La casa de mis padres es pequeña y con los miembros de la familia que en ella convivíamos, prácticamente, ya  estaba al completo. Aún así, un buen día se personó la autoridad competente en casa junto a  un pobre de los del saco, para  decirnos que nos tocaba darle alojamiento  esa noche a aquel pobre víctima de la vida.

Recuerdo que  era un hombre de mediana edad,   bajo y rechoncho, sonriente y   de buen carácter,  con tales barbas que, estando sentado,  le llegaban a la altura del ombligo. El alcalde de turno sabía la falta de espacio de nuestra vivienda pero él tampoco  podía saltarse el orden establecido. Mi madre no se oponía a darle de comer las veces que hiciese falta al mendigo, pero el tener que proporcionarle  cama, eso a ella  sí le suponía un  problema y le decía  al regidor que había muchas casas más amplias que la nuestra,  en las que habilitar una habitación no les supondría  ningún trastorno, pero el juez en este caso,  no cedía e insistía en que cuando toca, toca.

Tal que,  mi madre viendo que no se podía zafar del encargo, le dijo al mendigo que en casa había poco sitio pero si él estaba de acuerdo  le  podían habilitar como cama un antiguo pesebre de la vaca bien mullido de yerba, con buenas mantas  y que dormiría allí plácidamente, sin ruidos y bien caliente. El hombre acostumbrado a hacer guardia en peores garitas, intuyó que se le iba a tratar bien y  no lo dudó. Al instante  aceptó la oferta  de muy buena gana. Recuerdo lo amena que fue la cena en la cocina los tres junto al barbas aquel,  y cómo nos narró detallada y minuciosamente las miles de peripecias y calamidades que aquel pobre desgraciado pasaba por el mundo.

A la hora de llevarle a la suite, el mayor miedo de mi madre era que fumase  ya que  había yerba seca amontonada y temía que tuviéramos que salir todos huyendo despavoridos por las llamas durante la noche. Pero no. Antes de bajarlo a los aposentos pesebriles le hizo una advertencia muy seria, que por Dios no se le ocurriera fumar en el “leito” (cajón de madera que hace de cama en la Cabrera leonesa, donde antiguamente se acostaba  la familia al completo. De ahí los problemas de consanguinidad y raquitismo endémico) y, aquel desgraciado, a pesar de que no paraba de “aborronar” en todo momento, fue consecuente con la exhortación del ama y  no fumó en toda la noche.

 A la mañana siguiente, sobre las nueve y media, como no respiraba el huésped, mi madre bajó a la suite a llamarle para desayunar y el hombre desperezándose como los gatos respondió muy alegre y contento diciendo que  en seguida subía. El aseo personal se le suponía pues en la casa tampoco había agua corriente por entonces, pero sí pasaba un caudaloso regueiro al lado, donde los nenos jugábamos, bebíamos y nos lavábamos de vez en cuando.

Una vez el hombre  en la cocina,  bien calentito sentado a la mesa, tomamos los cuatro buen  tazón cada uno  de café con leche  migado con pan. Aún recuerdo cómo al hombre se le quedaba la barba llena de migas y faraguyas  de pan empapadas en leche, debido a la fruición y la rapidez con que aquel pobre desgraciado  sorbía el desayuno.  Una vez reconfortado por el calor del café y también por la divertida conversación, aquel  pobre mendicante  se deshacía en elogios hacia sus acogedores, aunque solo fuese por una noche, y decía que se sentía feliz de lo bien que había dormido pues, el pesebre–cama, que se le había improvisado,  le había retrotraído a su infancia, ya que aquella seudocama, especie de cajón de madera, de sección trapezoidal,  era exactamente igual a la  cuna en la que él y un hermano suyo más pequeño,  habían dormido juntos hasta que no cupieron en ella.

Una vez contado  el pasaje del pobre, como conclusión diré que nuestro amigo  Fidel tiene el gran  inconveniente  que, a pesar de vivir en otros tiempos más democráticos que los del pobre de marras, se ve que en Baselgas no son tan respetuosos  como en Posada de Rengos  con las tradiciones de corte samaritano. Por lo tanto,  por muchos pretextos que este mozo busque, siempre tendrá que seguir cargando, al menos una vez por año,  con la murga de este  grupo de mandrias que juran y perjuran por lo más sagrado que son sus amigos y  que nunca lo abandonarán. De ahí que no le quedará otro remedio que albergarlos y acogerlos.

Amigo Fidel, muchas gracias por todo en nombre del grupo.


B. G. G. bloguero “Prior”

martes, 22 de noviembre de 2016

Va de ángeles



No me digáis que no sería maravilloso que se inventara algún artilugio para detener el tiempo. Quiero decir que sería genial poder echar el ancla justo en el momento en que casi tocamos el cielo con las manos. Prolongar esos minutos, horas, quizá días que nos sentimos absolutamente felices. No es posible quedarnos, instalarnos en ese momento mágico. Estamos destinados a recorrer otros minutos, otros días, unas veces venturados y otros desventurados.

El tiempo se lleva todo consigo, lo grato y lo ingrato. No cabe dolerse de la crueldad que significa poner fin a los momentos maravillosos, porque por contrapartida, el tiempo se lleva también lo adolorido, lo triste.  Es más, nos hace la caridad de mantener una memoria gozosa al recordar lo bueno y nos ayuda, y mucho al ir dejando lo ingrato entre las nieblas del pasado. Sólo los enfermos mentales logran instalarse en el pasado doloroso. Y lo llevan como un insoportable fardo a sus espaldas.

Los sanos mentales, rebuscamos en el pasado lo momentos felices para seguir gozándonos con ellos.

Con frecuencia me viene a la memoria aquella Navidad del ochenta y pico. Trabajaba yo en aquella época 11 horas al día. A las nueve de la noche terminaba en el centro donde impartía inglés comercial. A las nueve y cuarto llegaba a casa. Mis dos niñas, una de cuatro años, Rosa y otra de cinco, Ida, llevaban cinco minutos acostadas pero no dormidas, pues esperaban a despedirse de papá. Yo rendido, exhausto, les dedicaba un cuarto de hora entrañable para mí. Las tomaba de la mano y las llevaba al mundo mágico de los cuentos, donde todo lo imposible resultaba posible y, en la penumbra de la habitación mi voz convertida en susurro, las transportaba suavemente al país de los sueños.

Cientos de cuentos improvisados que lamento no recordar. Eran como un dulce somnífero a dosis diaria… En alguna ocasión me quedé dormido yo mismo a la par que ellas. Sólo recuerdo alguno que me veía obligado a repetir una y otra vez. A petición del público.

En esas estábamos cuando un incidente de mi salud me llevó al hospital Gregorio Marañón donde estuve encamado mes y medio.

Se trataba de una grave dolencia de la vista que me obligó a guardar reposo durante mes y medio con los ojos vendados y sin poder mover la cabeza ni un centímetro todo el tiempo. Fue terrible. Me encamé el día de Nochebuena y di orden de que no llevaran a las niñas a verme, pues la estampa era patética y demasiado impresionable para su corta edad.

La única información que recibieron fue: “Papa está malito en el hospital”.
Rosa de tres años y medio, fue quien primero reaccionó ante mi ausencia. Según me explicaba mi mujer se pasaba el día diciendo –viniera o no a cuento– “Bueno, yo como no quería a papá”, “Mamá, yo a papá no le quería”, “Yo no quería  a papá”.

Así mes y medio.

Cuando retorné a casa ofrecía un aspecto lastimoso. Pálido, con el pelo alborotado, vacilante, con unas gafas en la que los cristales habían sido sustituidos por dos cartones negros con un minúsculo orificio en el centro. Llegué y me derrumbé en una butaca con el cansancio de haber corrido un maratón.

Rosa no se separaba de mí y me decía: “Papá, qué guapo eres”, “Papá, guapo, te quiero mucho”.

No aguanté más allá de diez minutos. El cansancio era tal que tuve que acostarme en la cama.

Allí estaba yo, en la penumbra y sin ver… cuando oí que alguien andaba junto a la cama.
-                               -   ¿Quién anda por ahí? Pregunté.  
 -                        -  Papá, soy yo, Rosa. Contestó una vocecita y prosiguió, Papá ¿Me dejas acostarme un ratito contigo?
-                               -  Sí, mi vida, ven y acuéstate. Respondí.

Pronto la sentí apretarse contra mí, al tiempo que me decía:
-                              -  Qué  guapo eres Papá.
-                              -  Ya hija, lo sé, gracias.

Un silencio.
-                             -   ¿Papá?
-                            -    ¿Qué cariño?
-                            -   ¿Quieres que te cante algo o te cuente un cuento?

La oferta me deslumbró. Quería darme lo mejor, según sus valores, una canción o un cuento. Sentí una emoción inenarrable. En oscuridad mis quebrados ojos se me llenaron de lágrimas. Apenas si pude susurrar.
-                          -   Un cuento cariño. Dije.
-                          -   Una vez, una ardilla que vivía…

Fui consciente de que ni antes ni después de aquello iba a vivir algo tan bello, tan maravilloso como aquello.

Di gracias a Dios por facilitarme una prueba palpable de que, en efecto, existen los ángeles. Y uno estaba allí a mi lado. Luego, reconozco que le pedí a Dios un imposible; que detuviera el tiempo, que no terminasen aquellos minutos de ensueño.

Y no terminaron. Casi cuarenta años después, sigue el ángel a mi lado. La niña creció, se hizo mayor, hizo dos carreras universitarias, aprobó dos oposiciones, se casó y actualmente vive en Bruselas donde trabaja en la European School 4.

El roxín de la foto es su hijo, que, haciendo honor a su prosapia angelical es otra prueba ineludible de que existen ángeles.


Mirad la foto, y comprobaréis que es un ángel. Es un ángel trilingüe, ya sabe cómo se dice: cuento, canción, soñar y cariño en tres lenguas, en francés, inglés y en la lengua de los ángeles, o sea, el español.

Quizás todo esto ha sido un regalo que me dio la Providencia por bautizar a mi hija Rosa con sidra.

Sí, sí, con sidra.

Pedí permiso al cura de Pola, donde nació la niña para que me permitiera echar unas gotas de sidra en el agua bautismal. Ya que la niña había nacido en Asturias y aquí se cristianaba yo quería que saliera una criatura explosiva, exuberante, chispeante, rubia, alborotada y alegre como la sidra que cae sobre el vaso. Y así salió.

Pepe Morán. Dominico-ex

viernes, 18 de noviembre de 2016

Ambas son necesarias...



En la cariñosa y cercana homilía, contaba ayer uno de los sacerdotes oficiantes en el Funeral de la madre de unos amigos, una anécdota que os voy a compartir:
“Preguntaban en una entrevista de un popular programa de televisión a una doctora forense que se declaraba profundamente católica, ¿qué eran para ella la enfermedad y la muerte, tan avezada como estaba a tratar con ellas? Después de un rato en silencio con los párpados ocultando la expresividad propia de los ojos, levantó la cara y dijo:
—Es verdad que con ambas trato diariamente, mas con ninguna de las dos me acostumbro; pero… —tras otra pausa y ante el asombro del presentador, añadió— ambas son necesarias… Cuál sería el sentido de nuestras vidas, cuál es, sobre todo el sentido de las vidas de todos los vivientes…“.
Y siguió la homilía con eruditos y siempre cariñosos pensamientos refiriéndose a la difunta, Socorro y a los familiares que durante años, años..., la cuidaron… con la dedicación y cariño que alguno sabíamos…
Pues, queridos amigos: Una madre es un tesoro y cuando la perdemos lo valoramos aún más y puedo asegurar que aún pasados 50 años se sigue echando en falta. Hacemos nuestro el dolor que SAMUEL, JAVIER, ambos alumnos de Corias y su hermana ANA, así como el resto de su familia sienten por la pérdida de su amada madre. Por eso hemos acudido a su funeral, ayer en Navelgas (Tineo) y hemos rogado a Dios que os conceda la fortaleza necesaria para afrontar este irreparable designio.
Y les expresamos nuestras muestras de solidaridad, amistad, estima y respeto.
Lo que traslado al Blog, por lo que en él es considerado y querido Samuel.
¡Salud! Gera

domingo, 13 de noviembre de 2016

¿DÓNDE ESTÁIS QUE NOS OS VEO?


Tras otro paréntesis, (el “veroño” se presta a fútiles escapadas) iba a decir sin levantar la persiana —pero más bien es desplegarla— de este blog, veo que aún permanece mí última entrada esperando que otra, u otras, la “emburriaran” al baúl de los recuerdos. Y eso que la mía ya había sido instilada porque me parecía necesaria por ausencia de otras más conspicuas y/o más acertadas. Bueno pues insisto, con el ánimo de ser más levadura, que masa.

En aquel tiempo… habían puesto (¿el padre Eutimio?) una película de Mario Moreno “Cantinflas”, sí aquel que rehusó ser presidente de Méjico, ¿lo sabías? Sí, aquel de uno de los tres bigotes más célebres.  También el que era mucho más que un cómico; que fue reflejo de una sociedad donde los ricos humillan a los pobres,…, donde los caciques, políticos y banqueros…  Aquel   cuyas películas carecían de sentido al ser dobladas a otros idiomas porque perdían el encanto de su ingenio… Aquél, en aquella película, entre otros oficios en aquel film (o como decía uno de mi pueblo: «Yo siempre pensé que se decía plícula y resulta que ahora se dice flim…), el paticorto ese que hasta la R.E.A. de la Lengua, en 1.992 le mostró su respeto al admitir el verbo cantinflear y los vocablos cantinflas y cantinfleada, el bis-bigote ese, digo, trabajaba de dependiente en una tienda de modas.

En una escena en que entra una señorita a comprarse una prenda el jefe del establecimiento le azuza para que la atienda y que no se le escape sin venderle algo, a lo que, solícito, servicial y desconocedor de la ubicación de los bañadores, le dice:
— Pues ándele que sí. Tenemos un modelo nuevo —mientras revolvía en diversos estantes— que se llama ANDESTASQUENOTEVEO…
Me da pie para repetir esa palabra, ya formalmente separada para preguntar al blog, tanto la zona activa como pasiva, ¿DÓNDE ESTÁIS QUE NOS OS VEO?
Comprendo que hay programas de tv, partidos de esto y de lo otro; que las otras redes tal y pascual…, pero esto de Corias, “ye algo muy serio” y a veces muy ameno. ¿ANDE ANDARÉIS?

Vivimos en tiempos de relativismo e incluso de nihilismo, en lo que todo vale, ya que los límites infranqueables, ya no lo son, pero, ¡caray!, los valores y la cultura que en Corias, los básicos, no la liturgia, no las bambalinas,…, nos han imprimido carácter…
Personalmente, os echo en falta y no mires para otro lado que a ti, a ti también.
Ánimo a quien escribe y a quien lee, que funciones el menú desplegable porque sino el eje de la rutina, se oxida.

ANDESTASQUENOTEVEO. Reflexión: ¿Por qué TODO JUNTO se escribe separado y SEPARADO todo junto?
Salud, Gera