sábado, 17 de noviembre de 2012
LOS “SOBRAOS” Y LOS OBJETOS PERDIDOS
El amigo “Jesusín”, cuando se refiere a nosotros los
lectores y participantes del blog, lo hace al modo cangués, como no podría ser de otra forma, y nos llama:
”sobraos”. Supongo que no se referirá a
todos en general, sino, más bien, a los que ya estamos fuera de la actividad
laboral, al menos por cuenta ajena. Yo interpreto que este mozo el adjetivo
“sobrao” lo aplica a personas que según
él, andan de más por el mundo sin tener un cometido concreto que solventar. Y no
digo que no le sobre razón en algunos
casos pues, yo mismo, sé que muchas veces puedo responder perfectamente a ese perfil de libertad que apunta el Pelgar. Pero también le digo a este anónimo enmascarado que, si uno
se considera un ciudadano con sentido
cívico, hasta cuando se está de más por
la calle, se puede estar adquiriendo compromisos y responsabilidades, sin buscarlas,
las cuales ya le ocupan su tiempo libre y por lo tanto, uno ya queda eximido y liberado de pertenecer a esa categoría
un tanto peyorativa y no muy bien vista: la de “sobrao”.
En mi caso, desde que estoy jubilado suelo dedicar una
fracción del día a pasear por el campo, sin tener un cometido muy concreto que
cumplir: simplemente lo hago para pasar el rato y hacer algo de ejercicio, que,
según “Jesusín” eso sería lo propio del perfecto “sobrao”. A pesar de
parecerlo, debo decirle que en mi
caso, no es cierto del todo, pues será
raro el día que cuando regreso a casa después
de los paseos no traiga deberes
pendientes que me ocupan la tarde. Y hay
veces que, bastante más tiempo.
Antes, cuando estaba mi padre, el tema de los paseos lo tenía
por obligación a diario para poder distraerle y entretenerle, y ahora los
hago simplemente, por placer y como mantenimiento físico. Pero debo corregirle
al Pelgar y decirle que estos entretenimientos, aparentemente banales, no son
propios de un ”sobrao”, que huye de los compromisos que se le puedan presentar,
sino más bien de una persona que asume ciertas responsabilidades cívicas. Y
voy a explicar el por qué del asunto. Se
trata de la cantidad de objetos perdidos que, frecuentemente, suelo encontrar en
la vía pública, y que una vez recogidos debo ingeniármelas para buscar a sus respectivos dueños.
En el plazo de tres o cuatro meses me he encontrado dos
teléfonos móviles. El primero me fue relativamente fácil el poder ponerme en contacto con su propietario. Para
ello solo he tenido que rebuscar en su agenda y comenzar a llamar a números de
personas que figuraban en su lista, que con toda seguridad podrían conocer al dueño del teléfono y así logré que éste se
pusiera en contacto conmigo. Después de realizar varias llamadas pude dar con
una persona próxima a la buscada. Pero en este caso se daba la circunstancia añadida
que el teléfono encontrado no era propiedad de la persona que lo perdió, pues
en realidad era un terminal de
sustitución prestado, que le había dejado el operador de telefonía con el que
tenía suscrito el contrato, como teléfono de sustitución temporal mientras le
reparaban el suyo propio, que estaba afectado por una avería ocasionada con
motivo de otra pérdida. Al final el propietario del teléfono era un joven de
una población distante de León capital unos treinta kilómetros y que al
instante se personó su madre en mi casa,
muy preocupada, a recogerlo. Me dio
muchas gracias por mi comportamiento y en paz.
Satisfecho por haber cumplido mi deber como ciudadano, me
quedé tranquilo y dije: voy a procurar no mirar mucho para el suelo para evitar
estos compromisos que me busco yo solo cada dos por tres. La verdad es que yo por deformación profesional, ya lo he
dicho en varias ocasiones, durante mi actividad laboral he tenido que andar siempre
fijándome mucho en los diferentes
terrenos que visitaba y aún tengo la costumbre de seguir haciéndolo. De
ahí que, cuando voy caminando por la
calle siga mirando lo que piso y así con
frecuencia veo diversos objetos tirados en el suelo.
No había transcurrido ni un mes del hallazgo anterior, cuando una
mañana estando caminando por un parque de la ciudad, aquí cercano a mi casa, vuelvo
a toparme con otro teléfono móvil, y éste muy sofisticado de tecnología
puntera, 3G. Se ve que alguien que pasó corriendo se le cayó del bolsillo y debido a
la amortiguación del césped no notó su caída. Nada más divisarlo ya de
lejos me dije: ¡Por favor, otro móvil! Tenía que hacerme el loco y dejarlo donde está,
pero pensé que mi deber era recogerlo y buscar a su dueño. Pues, nada; así lo hice, y otra vez a investigar. En este
caso el despistado dueño resultó ser vecino mío próximo, pues vivía en la misma
calle a pocos metros de distancia de mi portal. No obstante, y a pesar de la
proximidad, me costó bastante más trabajo que el anterior el poder llegar a contactar con este escurridizo hombre. A partir de ese momento, nada más que
me ve a gran distancia ya comienza a
saludarme, como gesto de agradecimiento por el favor prestado.
El día que llegué a casa con este segundo móvil, mi mujer me
dijo: ¡oye chato!, a ver si dejas de mirar para el suelo de una p… vez, porque sino tendrás que abrir una oficina
de objetos perdidos y no harás otra cosa que buscar a los despistados dueños.
En este mismo parque, otro día encontré un mando a distancia de un garaje, pero
éste no pude dar con su dueño, aunque lo intenté, y aún lo tengo
en casa.
Bueno, parecía que iban
transcurriendo los meses de forma tranquila, sin tener que hacer nueva actividad
detectivesca, pero un lunes al llegar a una zona donde existe un club de
alterne de alta gama; de esos que tienen
a la puerta dos porteros del Este, rubios casi albinos, con el pelo rapado al
cero y unos antebrazos como troncos de castaño,
y entre unas zarzas próximas veo una prenda deportiva de buena marca y que se advertía que no había sido depositada allí voluntariamente.
Cuando la remuevo, con cierto recelo con la punta de un palo que llevaba, noté que
aquello pesaba demasiado. En ese momento la cogí con la mano y fui comprobando
lo que había en los bolsillos de aquella estupenda chaqueta de chándal. Contenía
un gran manojo de llaves, todas de seguridad, tres mandos a distancia incluido
el de un vehículo BMV, una cartilla de ahorros
con bastante saldo y la tarjeta de crédito para uso del cajero. En aquel
momento hice varias conjeturas para intentar comprender qué pintaba aquella
prenda allí tirada cargada con aquellos enseres tan valiosos e importantes para
su dueño. De momento, ya me di cuenta que la prenda le había sido arrebatada al sujeto de forma no muy delicada, más bien violenta,
pues tenía las dos mangas vueltas del revés. Entonces ya pensé: a éste pájaro le
debieron de sacar del club con cajas destempladas y en el forcejeo perdió hasta
la chaqueta.
Gracias a los datos que figuraban en la cartilla, fui a la sucursal donde había
sido abierta y allí después de comprobar mi identidad me dieron los datos del titular
que resultó ser un conocido hostelero del Barrio Húmedo. Al personarme en su
establecimiento que estaba con la trapa a medio bajar, por ser día de descanso
semanal, me atendió un empleado que estaba dentro y me facilitó el número de
teléfono del buscado dueño. Le llamé
desde mi móvil y al contestarme casi no podía ni oírle de lo bajo que
hablaba. Se ve que estaba en situación muy comprometida. Pero me dijo que se
encontraba de viaje (no sé con qué coche, pues tenía yo las llaves de todo:
garaje coche…etc.) y que no podía verse conmigo para hacerle la entrega. Me
sugirió que lo entregara todo al camarero que me había facilitado su número de
teléfono y así lo hice.
Este desagradecido hombre no tuvo ni la gentileza de
llamarme después, ya que tenía mi número, para darme las gracias. Tampoco se
interesó por saber quien había sido su
benefactor. Es más: un par de veces por semana voy a su bar, pero ni le he
dicho quien soy ni lo pienso hacer en adelante. Las gestiones que tuve que
hacer para concluir este hallazgo como es debido, me llevaron una mañana entera.
Hace una semana, más o menos, me encontré un carnet de identidad que era
una tarjeta de residencia de una mujer
inmigrante. Ésta, no me dio trabajo apenas pues, como figuraba su dirección, solamente
tuve que meterla en un sobre e ir a franquearlo en Correos.
Ayer viernes, día 16, a medio día me he encontrado en la
calle una bolsa de la compra con dos paquetes de lentejas, uno de alubias, dos
paquetes de tomate frito y una ristra de
chorizos. Por la forma de estar la bolsa apoyada en el suelo, entre dos coches,
daba la impresión que aquello era fruto de un robo. Luego al inspeccionar la mercancía,
comprobé que ésta procedía de sitio diferente al que figuraba en el anagrama de
la bolsa que lo contenía. Para mí aquello había sido robado y el “chori” tuvo
que salir cortando. Mañana iremos al Banco de Alimentos a entregarlo.
Hoy, sábado, día 16, a las ocho de la mañana nos hemos
encontrado mi señora y yo, apenas iniciado el paseo matinal, 20 eurazos como
veinte soles. No podéis imaginaros
la alegría que nos entró pues, en estos tiempos que corren, el
encontrarse con veinte machacantes a primera hora de la mañana, no es una
suerte, ¡es un mi-la-gro!
Todo este rollo lo he puesto aquí para que “Jesusín” sepa
que está equivocado cuando a los “jubi”
nos tilda a todos de “sobraos”. En esta
extensa exposición puede ver si quiere, el
trabajo que yo asumo de forma casi voluntaria a diario, sin pretenderlo, ni
buscarlo.
B. G. G. bloguero
“Prior”
P. D. La foto
corresponde a otro hallazgo único. Es una moneda de cincuenta pesetas, con el
Escudo Nacional y la cara del Caudillo, acuñada
en 1957, que encontré en L'Hospitalet de
l'Infant (Tarragona) hace varios años. Según los anales de hallazgos, debo ser la
única persona que ha encontrado una moneda en Cataluña. Por eso la guardo como
oro en paño.
PINCELADAS DE ARTE 21 (EL PINTOR MALDITO)
Hoy recogemos parte de la obra del pintor Bruno Amadio
nacido en Venecia en 1911 y fallecido en Padua en 1981, admirador de Mussolini
y fascista de corazón, la segunda guerra mundial le dejó huella sobre los niños
desamparados y huérfanos, y aunque ya había pintado muchas obras, nació la
colección de los niños llorones, que consta de 27 cuadros. Residió en España,
concretamente en Sevilla y Madrid donde se le pierde la pista, estando en
Madrid cambió de nombre pasando a llamarse Giovanni Bragolin, sus cuadros
tuvieron mucho éxito de ventas en Chile, la leyenda comenta que al sentirse un
pintor mediocre y con poco reconocimiento hizo un pacto con el diablo y se dice
que en aquellos inmuebles donde se halla alguno de estos cuadros (los niños
llorones) acabarán ardiendo dejando intactas las llamas las obras de Bragolin,
y que los habitantes de las casa donde están, sufrirán mala suerte y un sin fin
de desgracias, además de embrujarse la casa y de comenzar a manifestarse
fenómenos paranormales de toda índole. El símbolo del pez es el símbolo del
cristianismo ¿quizá Bragolin quería decirnos algo expresando artísticamente
esto? ¿es qué al pactar supuestamente con el diablo tuvo que dejar reflejado el
cristianismo como algo maligno? Supuestamente según los datos de la güija los
niños llorones que pintó vivían en Alemania. Hasta aquí este pequeño relato
dentro de nuestras pinceladas de arte sobre unos cuadros enigmáticos.
Miguel Ángel Vázquez
VIAJE EN CINCO TRENES
El pasado domingo día 11, salimos de Alicante con destino
Oviedo a las 10,35 horas, en un tren Alvia
que tenía la llegada a Madrid Chamartín a las 14,18 horas, y allí estaba
previsto un enlace en otro tren Alvia,
a las 14,40 para la llegada a Oviedo a las 19:45. Los domingos en esta
dirección no hay tren directo.
Cuando llevábamos una media hora de viaje comentamos que
parecía que iba despacio, pero como es terreno abrupto no le dimos demasiada
importancia. Realizó dos paradas normales (En Elda-Petrer y Villena). Pasados
unos veinte minutos desde Villena, (A las 11:30) de repente se para y se apagan
las luces, televisión, música etc. Sólo quedaron en funcionamiento las luces de
emergencia. Estábamos en un paraje solitario, se veía a unos 300 metros un trozo
de autopista y en los alrededores de las vías muchos conejos-liebres, entrando
y saliendo de sus madrigueras.
Empezó a pasar el tiempo y a ver al personal del tren
moverse deprisa, de un extremo a otro del tren, hablando por el móvil
alterados. Hora y media después nos informan por megafonía que hay una avería y
que seguirán informando.
Como ya pasaba de las 13 horas decidimos ir a la cafetería a
comprar un bocadillo, porque preveíamos que no nos iban a dar la comida
prevista, y al llegar nos encontramos que como los llevan congelados y los
tienen que descongelar en microondas al no haber energía eléctrica no funciona.
Sólo había agua y refrescos. Además estaban recogiendo para cerrar por un
posible transbordo a otro tren.
Sobre las 14 horas vimos llegar por unos caminos rurales
varios vehículos de la
Guardia Civil y de Protección Civil. Ahí ya empezamos a
preocuparnos. A las 14:30 nos anuncia en
el vagón el revisor que hay un tren en camino para recogernos y trasladarnos a
Albacete. Que se va a realizar el transbordo por unas plataformas, y con la
ayuda de la Guardia
Civil , personal de Renfe y Protección Civil. Que estemos
preparados con todas nuestras pertenencias. A las 15 horas llegó un tren Altaria que nos trasladó a la estación
de Albacete.
Ya de camino nos anunciaron por megafonía que en Albacete
había un tren AVE, fletado desde
Valencia expresamente para recogernos y trasladarnos a Madrid. En la estación
de Albacete realizamos el transbordo normal y salimos a las 16:15 horas. El
trayecto nos anunciaron que duraría una hora y media. Así fue. Lo peor es que
estábamos sin comer, ese tren no traía operativa la cafetería ni catering y
encargaron sólo una botella de agua para cada pasajero en Albacete. De comer
nada. A los que viajábamos en Preferente nos acomodaron en clase Business que
es muy confortable.
El AVE
llegó a la estación de Atocha a las
17,45 y nosotros y otras 12 personas con destino Oviedo y León teníamos que
trasladarnos a Chamartín a coger el último tren que sale para Asturias, a las
18:30. Funcionó muy bien el operativo que había en Madrid, aunque tuvimos que
ir a “carreras” por la estación detrás del revisor que nos acompañaba a coger
el tren Civia de cercanías, nos
abrieron el paso para no tener que pagar y pasar rápido, y cuando llegamos a
Chamartín, había dos personas, esperándonos para acompañarnos a la Sala Vip para tomar y
comer algo (Sólo durante diez minutos) e indicarnos la vía donde estaba
estacionado el tren Alvia. Allí en
el andén nos esperaba el revisor para asignarnos asientos. A partir de ahí todo
fue normal. Lo peor la llegada a Oviedo a las 23,35. Pues aún teníamos que
venir hasta Cangas.
No tuvieron la misma suerte los que tenían
destino en Galicia, que eran muchos más (Creo que 65), pues los trasladaron en
autobús porque ya no había trenes hacia sus destinos. Cuando estábamos en el
AVE llegó una mujer “invitando” a todos los que fueran para Galicia a no
bajarse del tren, con el fin de que no los trasladaran en autobús y pusieran un
tren especial. En aquel momento nosotros no nos enteramos de lo que pasara,
pues nos bastó correr para llegar. Pero luego leí en el “Faro de Vigo” y en “La Región ” de Orense, que,
efectivamente, se habían negado a bajarse del AVE y que habían tenido que
llamar a la Policía.
Como anécdota, venía al lado nuestro un señor
noruego de unos 75 años, pero muy buena forma, y durante el tiempo de la
avería hablamos como pudimos (Él no
sabía español, solo noruego y algo de inglés, y nuestro inglés es muy reducido)
y nos dijo que venía a León para hacer un tramo del Camino de Santiago, que lo
estaba haciendo, desde Roncesvalles, por etapas de una semana, que la vez
anterior hiciera Burgos-León a donde iba a retomar. Está pasando el invierno en
Alfaz del Pi (Alicante). Cuando el
revisor le preguntó hacia donde iba, él contestó que a Chamartín, y yo le decía
al revisor –No, no. Va a León. Como no eran capaces de entenderse, y la
situación era complicada incluso para los que no teníamos dificultades de
idioma, acordamos que viniera con nosotros. Así que tuvimos un “protegido”
desde Albacete hasta León. Quedó muy agradecido y así nos lo expresó de “mil”
maneras.
El título de la entrada viene de que en el
viaje, que hacia Alicante hicimos en un tren, a la vuelta se convirtió en un
viaje en cinco trenes: “Alvia, Altaria,
AVE, Civia, Alvia”.
MARÍA ISABEL PÉREZ FERNÁNDEZ
martes, 13 de noviembre de 2012
¿A QUÉ GÜELEN LAS NENAS?
Güei pu la mañena, anantias de baxar al cunsultoriu a pu las melecinas
que tomu a diariu, pa la tinsión ya pal riuma, atoupei-me nu mediu’l camín cuna
Rulindes que vinía la probe cargada cumu si fora’l pullín. Solu tse faltaban las
parigüelas u lus xerones. Miánicas traía al tsombo un feixe de ceba tan grande que tapaba-tse pur cumpletu hasta
lus pias. Paecía una facina esguilandu pul suelu. Na más s’agüechaba un muntón
de ceba enriba de unas madreñinas piquenas que chapinaban muitu lixeras. Cuandu
tse dixe: ¿Ou vas tan cargada Rulindes? Miánicas veis riventar oh. Astoncias etsa
cunuciu-me pu la fala ya cuntestou-me: Ah,
sos tú Jasusín. Voi cuna ceba pa lus xatus que tan bramandu na corte de
la fame que tienen lus cundenaus. Agora que tas aiquí, anque nun puedu pará-me
muitu cuntigu, voi dicí-te que lus
rapaces ya rapazas del Blog esi de lus dimonius, andan numbrandu-te ya
riclamandu-te a cada poucu. Astoncianas, qué quieren de mí esus subraus,
cuntestei-tse you. Ay munín, quieren que garabatees nu Blog esi más a minudu.
Paez que tses gusta lu que tses
aldrumeiras de las cousas daiquí del pueblu.
Deixar, deixou-me un poucu
apaxarau, peru nese mesmu mumentu, puxe-me a cavilar lu que me dixu esta nena, ya espueis dun ratucu, pinsei: tengu que
puné-tses algu a esta xente pa que nun refundien muitu de mi. You tengu pocu
tiempu, nun ía cumu etsus que tan bien fulgaus ya tan toul día de sobra; nun fain más que cumer y'andar de fulixa tou’l día ya pur tous lus tsaus, peru voi a intentá-lu purque
miánicas, chegou a priucupá-me un poucu esu de que a toda esta rapazada tses
guste lu que you tses aldrumeiru. Subre tou cuandu tengu tiempu ya m’alcuerdu de las picias
que faiamus de rapazacus nus pueblus.
Nesti casu voi cuntá-vus algu que
a mín faime muita gracia. Dicen las mucheres que lus homes tseiramus poucu. Ya
que etsas, las mucheres, güelen muitu más que nos. Ya ía virdá. Peru, asina ya
tou, you tamién ricuerdu de nenu cúmu gulían cada una de las rapacinas cunas
que xugaba-mus que yeran del mesmu tiempu nuesu. Taba la Filisina que yera ruxina ya pelirroxa cun
muitas pezas. Esta nena yera un poucu ruinuca ya dilicada; sua mai taba siempre restregandu-tse enxuagues ya ungüentos pa lus dulores. Miánicas,
esta rapacina había veces que gulía a güevus podres, ya yera pu lu que tse
untaban na cabeza; tiníala tsena de pustillas ya de custrones, purque caíatse
muitu’l pelu. Pur si fora poucu cun estu, tamién tse faian tsapar aceite de
fégadu de bacalau que tseiraba mal ya
sabía muitu pior. Nos huyíamus detsa
cumu de la peste. Espueis, pasaus lus anus, fixu una muzona que manda
madre. Home non.
Outra rapazaca que taba muitu
guapa, yera Cristina. Esta nena yera fuertona cumun rebotso. Tinía unus
cadriles que dios nus tsibre; paecía una yegua percherona. A nos gustábanus
muitu a tous pu lu guapa que yera. Cuandu taba sintada u escarqueixada n’ascalera
l’horriu subianse-tse las sayas algu ya enseñaba un poucu pur encima las
rudichas. Esu a nos puníanus alietsus del tou. Esta guaxuca además de guapina gulía
muitu bien siempre; ya voyi dicí-vus
purqué. Al tiner lus muslus ya las perneconas tan fuertonas xuntábanse-tse
muitu, ya ruzábase toda de tantu ristrigar un cadril contra’l outru al chapinar.
Astoncianas la sua mai chenaba-la de polvos de talcu bien pirfumaus; d’aquetsus
de la marcas: CALBER u MIRURGIA. A etsa dábatse muita rabia cuandu tse
intrugábamus: ¿Cristina, güei güeles muitu a polvos de talcu, esu ía que tas ruzada? A etsa tsevabanla lus dimonius uyir
estu, y’astoncias escumencipiaba a refundiar: ya vos que vus emporta sinvergonzacus;
tsangurdius de mierda. Pu lu menus you güelo bien, non cumu vusutros que guleis
tous a cuitu purque nun vus tsaváis
nunca. Nesi mumentu, afalagábamusla un poucu, yal ratucu ya taba outra ve
mansina ya cuntenta. Yera buena nena. Nel beitse, lus rapazacinus, tous quiríamus beitsar cun etsa: pu lu guapina,
pu lu bien que beitsaba ya pu la espetera tan bona que tinía.
You tamién m’alcuerdu de la Sulitina. Esta rapacina en sua
casa yeran un rabañau de nenus que dios nus tsibre, ya tsavaban-se poucu tous.
Las cortes del ganau taban siempre chenas de cuitu. Pur esu murrian-tses lus
anemales a cada poucu; sobre tou lus gurinus del mal roxu aquel, que yera la
peste africana. Cuandu tsegou al pueblu el primer vitirinariu dixu-tses que, u tsimpiaban bien las cortes yal ganau, u murririan-tses tous. Astoncias cuchienun pur
norma ruciar las cortes cun Zotal. Ya fixenunlu de tal xeitu, que aquetsa casa
gulía toda a esi disinfectante purque esu caltriza muitu. A la Sulitina ya la tseiraba-mus
tandu a una legua detsa. Lu pior yera
que, cuandu nun gulía a Zutal, cumu
tinían esnatadora na sua casa, muitas veces tseiraba a tseite ácida que tumbaba;
a tseite dibura, la que queda espueis de quitá-tse toda la nata pa fae’l queixu u la manteiga. Nun sei
lu que yera pior, purque esti gulor ácidu resultaba muitu ufensivu. Menus mal
que de vez en cuandu tsavucábase un pocu cun xabón del Tsagartu. Peru cun gulor
ya tou, nos chapinábamus tras detsa a
tou miter en cuantu la gulíamus.
Nos, lus rapazacus, cumu reblincábamus
muitu ya nun parábamos quietus un mumentu, las nenacas estas dician-nus que nus gulían muitu lus pias a queixu Cabrales ranciu, ya
yera verdá. Tiníamus puestus lus mesmus calcetus un muntón de días, sin cambia-lus,
al fenal gulirían a rayus podres. Peru esu a nos, nun nus ufendia nada. Tábamus
acustumbraus.
La mexor de todas yera Teresina.
Esta nena tinía la custume ya ubligación de datse al sou güelu, espueis
d’afeitase, el Floid aquel pul caretsón, que gulía muitu bien. El viechu nun
pudía cutser el frascu purque tinía Parkinson ya arramába-lu tou pul suelu.
Cumu astoncias nun había muitus pirfumes, esta nena ristrigaba las manus na sua
roupa pa tsimpiase ya pur esu espueis gulía tantu Ya cun esu alon, rapaces.
Estus son lus pirfumes que tuvía ricuerdu de cúmu gulian las nenacas del miou
pueblu. Peru lu mexor de tou yera el gulor natural que daban estas rapacinas,
que yera un gulor sanu a xuventú. Daba gustu tseirá-tses tou. Tou; ende la cabeza
a lus pías.
“Jesusín”, el pelgar
VIAJE A LA HISTORIA (ESPLENDOR Y DECADENCIA)
Encontrándome una tarde de sobremesa en el patio castellano
de mi abuelo, como nieta única, él siempre aprovecha para contarme sus
añoranzas de los 32 años en Asturias y concretamente en las minas del Valle de
Turón. Eso hace en mí, por mis estudios en historia, un interés especial en
conocer ese valle en esplendor y decadencia que refleja mi abuelo en sus
historias.
Aprovecho un fin de semana para ir a conocer Turón, una vez
en Asturias, a la altura de Figaredo cojo el desvío que me señaliza el comienzo
del Valle de Turón, valle con una extensión de 25.3 km2 formando una clara U.
Comienzo mi recorrido por el Valle observando la frondosidad de sus bosques,
sus verdes praderas, pero lo que mas me llama la atención, como luego me
confirman, son mas de 200 puntos negros que observo en el Valle, puntos negros
que corresponden a las denominadas escombreras donde se depositaban los
residuos de las explotaciones mineras. Continuo, y a mi derecha veo el primer
pozo vertical de minas Figaredo, a partir de aquí todo son vestigios de una
rica industrialización que se refleja en el paisaje donde destacamos los
antiguos lavaderos de carbón, una chimenea que corresponde a la central
eléctrica, y un polígono industrial. Sin darme cuenta me encuentro en el casco
urbano de Turón donde cojo la carretera de circunvalación con exposición de
distintas maquinas de vapor y un monumento dedicado a todos los mineros
fallecidos en el Valle, sin moverme de allí ya veo el pozo restaurado de San
José que junto con el pozo Santa Bárbara representan los dos buques insignia de
la minería del Valle. Sigo haciendo camino y a mi izquierda veo lo que parece
una maqueta de juguete que es el pozo Espinos, un pozo vertical de 25
metros de profundidad, una autentica joya industrial quizá mas apreciada por
los de fuera que por los propios vecinos. Continuo haciendo camino y observo
una gran explanada adornada con muchos útiles propios de la minería, dos
bocaminas, una de ellas un antiguo polvorín, y un monumento que me llama la
atención, sobre un pozo de aproximadamente 5 metros de profundidad
existe un monumento con una leyenda espeluznante en el cual se relata que
durante la guerra civil los franquistas asesinaron y arrojaron en unos casos
con vida a mas de 200 personas, se desecho la inhumación por considerarse una
tarea muy difícil el poder identificar a las victimas por el tiempo pasado y
porque la profundidad del pozo estaba por debajo del nivel del río. Veo a un
lugareño y le pregunto si me queda mucho trayecto para finalizar el Valle, me
recomienda que deje el coche y que allí mismo coja a través de un plano
inclinado y recorra parte de la senda verde que ya comienza en Figaredo, la
verdad es que tuve que darme una buena caminata pero mereció la pena… toda la
senda transcurre a través de túneles, puentes y sala de máquinas y llego al
punto que mas me emociona que es el grupo de montaña restaurado de la molinera,
lugar donde trabajó mi abuelo y por último al grupo de la Hueria restaurado todo
el con una bonita área recreativa, desde allí retorno el viaje de vuelta no sin
antes contemplar en el alto de la Colladiella el monumento a los mineros y el
monumento a la Paz dedicado
a los guerrilleros.
De regreso al centro urbano, denominado La Veguina , entro en el
primer mesón que veo y le pregunto al dueño si me puede aportar algún dato
sobre el esplendor del Valle, me dice que él no pero que un señor que estaba
tomando un café allí sentado respondería amablemente a todas mis preguntas, me
presento y le comento los motivos de mi viaje y que lo que mas me interesa es
el esplendor y la decadencia del Valle, me responde que el Valle fue colonizado
en algún momento del neolítico y que se conservan algunos túmulos y castros en
la zona alta, continua diciéndome, en 1627 el 75 % de la población eran
hidalgos, y a mediados del siglo XIX el valle tenía 2000 habitantes. De 1890
a 1960 el valle pasa a tener 20000 habitantes censados, quizá lo que mas
me interesa sean los datos que me aportó después, en el año 1890 dos
empresarios ven las posibilidades de rentabilidad en la zona y crean dos
empresas, Coto Paz de Figaredo y Mina Clavelina, al mismo tiempo un grupo vasco
decide crear Hulleras de Turón, a partir de ese momento se abren mas de 200
bocaminas, la empresa Hulleras de Turón llega a tener 6400 trabajadores, a lo
largo del Valle aprovechando el carbón que se perdía en los lavaderos centrales
e iba al río se crearon al menos 8 o 9 lavaderos privados para aprovechar
dichos residuos. Como empresa, dijo él, Hulleras del Turon se puede considerar
modélica ya que antes de la
República creó cientos de viviendas a los trabajadores,
un hospital, un colegio, y un tren gratuito que unía Turón con Ujo para el
servicio de los vecinos.
Todo este crecimiento continuo llevó consigo el recibimiento
de trabajadores de toda España especialmente de Andalucía, Extremadura,
Castilla, Galicia y Portugal la gente vivían compartiendo la vivienda, dos
hasta tres familias, los hórreos, las paneras, existían los albergues que eran
barracones donde generalmente se alojaban los solteros hasta que podían traer a
sus familiares, proliferó la figura del posadero, gente que en su casa tenía
una habitación libre y la alquilaba, por aquella época, me contó, que la vida
social se repartía en varios casinos, cinco cines que llegaron a funcionar al
mismo tiempo, incluyendo el de Urbiés, y anteriormente aunque no coincidió con
estos el cinema de San Andrés, el Ateneo obrero por el que pasaron los mas
insignes políticos y escritores del momento, dos salas de fiesta, y al margen
en cada pueblo su bolera típica asturiana y su baile popular, se dice que antes
que en Oviedo fue en Turón donde hubo el primer café cantante, aunque el
salario no era muy alto las necesidades y el consumismo no eran ni parecidas a
las de ahora con lo cual la vida social era boyante, después de esto yo me
preguntaba que había pasado para que todo eso desapareciera y él me dijo
algunos hechos que lo desencadenaron, se comenzaron a cerrar algunas minas de
montaña, en algunos casos por acabarse la explotación y en otros por no
considerarse rentables, con la entrada de Hunosa terminó todo por irse al
garete, en 1962 con la Gran Huelga,
Turón fue prácticamente tomado militarmente, compañías de los llamados “grises”
ocuparon el antiguo colegio de las monjas incrementándose los efectivos de la
guardia civil en el cuartel de Turón, implantándose el toque de queda.
A partir de esta fecha se fueron cerrando paulatinamente
todas las explotaciones, comenzando la inmigración a otros países
europeos como Suiza, Francia, Alemania y Bélgica, en la actualidad el Valle
ronda los 5000 habitantes, la última explotación en cerrar fue la del pozo
Santa Bárbara, inaugurado en 1913 y cerrado el 31 de julio de 1995, dicho todo
esto me preguntó si me había fijado en el polígono industrial que podía haber
representado una buena expectativa y por la mala gestión de los fondos mineros
quedó en nada. En la actualidad el número de trabajadores en todo el Valle de
Turón no supera el centenar, incluyendo los autónomos, ya que un porcentaje
pertenece a los funcionarios, maestros, sanitarios del centro de salud y
correos y a nivel de la empresa privada los trabajadores de la banca, mancebos
de farmacia y algún camarero.
Una pregunta ronda mi cabeza, ¿qué expectativas ve en el
Valle?, el Valle dispone de una riqueza forestal importante como es el roble,
el castaño, el avellano y en otras regiones se aprovechan los frutos de dichos
árboles (no en balde a los turoneses les llamaban corbateros en alusión a la
gran masa forestal de castaños y al consumo del mismo en una preparación llamada
corbatas), también se podría aprovechar el reclamo turístico, explotando los
útiles industriales que existen en todo el Valle y por último la posibilidad de
la creación de viviendas sociales que aumentasen la población en 1000 o 2000
habitantes que aunque fuera ciudad dormitorio sería un incentivo para abrir
nuevos negocios en el Valle.
Le agradecí a aquel señor el enorme favor que me había echo,
lo útiles que habían sido para mi todos aquellos datos y la ilusión que le
haría a mi abuelo a mi regreso el contarle todo lo que había visto y oído sobre
el gran Valle de Turón.
Miguel Ángel Vázquez Vega
domingo, 11 de noviembre de 2012
EL TORDÍN
La vida de Aquilino no se diferenciaba en nada de la de
tantos aldeanos que dedicaron su vida al campo en una economía de mera
subsistencia. Sus vacas, los cerdos, sus gallinas y El Tordín. Este último era
su gran cooperante, su gran ayuda, casi su compañero del alma. Se trataba de un
burrín de mediada alzada, de color gris-negro, manso, sufrido, omnívoro y casi
tan inteligente como Rigoleto, pero no tan poético como Platero que, en fin de
cuentas, fue un vago y un cursi toda su vida. Mira que andar por ahí oliendo
las florecitas… El Tordín llevaba en casa unos tres años, de lo que se deduce
que todavía le esperaba un largo curriculum en aquella casa y el cariño de la
familia de la que ya formaba parte. Nunca tuvo una mala actitud, nunca se
plantó, cosa rara en un burro, y dejó de hacer aquello que se le pedía. Un
santo, un verdadero santo.
Todo auguraba que ambos amigos caminaran juntos hacia la
respectiva ancianidad. Había también un perro mezcla de pastora alemán y vete a
saber qué padre. Formaba con Aquilino y El Tordín un trío inseparable. Solo se
separaban a la hora de comer y de dormir. Y, a esta hora también El Tordín y el
perro dormían cuerpo contra cuerpo en la cuadra. No es que yo trate de pintar
una estampa bucólica de aquel grupo. En fin de cuentas esto era lo habitual en
las aldeas que yo conocí en mi niñez. Uno de mis numerosos tíos tenía un perro
que cada tarde, a las siete y diez, se presentaba en la estación a recibir a mi
tío Celso, que venía en el tren de trabajar en la Hullera. De casa a la
estación hay unos dos kilómetros que el chucho tenía cronometrados al segundo y
jamás faltaba a su cita vespertina con mi tío.
Estas amistades solo suelen darse entre caballos, burros,
perros y personas. Jamás hay, ni hubo, ni habrá una amistad con un gato. El
gato no quiere al dueño, quiere la casa, el confort hogareño, el lugar junto al
fuego y, pagado de su belleza, cree que bastante favor nos hace con su
presencia en casa. Incluso cuando busca el regazo de alguien, no busca el
afecto que se derivaría del contacto tan íntimo.
Cuando los veis como dormidos en el alféizar de una ventana,
no creáis que duermen, están soñando novelerías de la época en que sus
antepasados eran tigres.
¡Dios mío! Ya estoy divagando… Íbamos a lo de Aquilino y El
Tordín. El paisano, con 60 años, llevaba una vida casi tan feliz como el burro.
Unos días bien y otros días mal. Pero así es la vida.
Aquilino tenía una hija de enfermera en Gijón y la moza
quería casarse. Esto motivó que su padre, ante la necesidad de echar una mano
decidiera vender un “prau” muy bueno para ayudar con unas perras. El “prau”
tenía una mata anexa, una mata de castaño que el paisano decidió vender por
separado del “prau” porque sabía que era mejor venta. Él mismo se comprometió a
vender la mata con la madera puesta ya en la carretera, lo cual le reportaba
una mayor ganancia. En ello estaban él y dos obreros, cuando ocurrió la
desgracia. Una rolla se desequilibró del conjunto e inició una marcha cuesta
abajo que atropelló a Aquilino dándole un golpe terrible en donde las espaldas
pierden su casto nombre. Ahí empezó el calvario. Pero Don Ramón, el médico
–pero quizás le conocisteis. Fue el mismo médico que en cierta ocasión iba por
la calle con la bragueta abierta de arriba abajo y un convecino le advirtió: “Don
Ramón, va escapásei el páxaru”. El médico, impasible contestó: “Nunca irá muy
lejos, deja aquí los huevos”.- Pues decía que Don Ramón fue el primero que se
percató de la gravedad del caso y fue quien aconsejó que fuesen a Oviedo a la
consulta de Don Paquito. Era este un señor bajito y que por lo que yo recuerdo,
era considerado en toda Asturias como un hombre sumamente competente. Hablamos
de los años 50 y 60. A Oviedo fueron con Aquilino en un taxi ya que el pobre
había quedado medio baldado. Tras las pertinentes pruebas radiológicas, Don
Paquito emitió un diagnóstico muy pesimista y un pronóstico más pesimista aún.
Si hoy es muy complicada la cirugía de espalda, imaginaros en aquella época.
Aquilino estaba sentenciado a una incapacidad laboral. La mayoría de las faenas
del campo le estaban prohibidas.
El trastorno que generó en el hogar, al no quedar ningún
varón para tomar el relevo del paisano. Todo cambió y todo hubo de ser
acomodado a la nueva situación. Las consecuencias alcanzaron al mismísimo Tordín.
Con ese sentido práctico de los labriegos que, a veces parece crueldad,
Aquilino pensó que no tenía mucho sentido mantener al pollino que así, de
repente, iba al paro. Al buen paisano, en el fondo, le partía el alma el tener
que desprenderse de tan buen amigo, pero la vida no estaba para
sentimentalismos.
Fue una decisión muy dura. Pero lo aceptó y tomó la
determinación de llevarlo al mercado de ganado a celebrar en Cabañaquinta el
sábado.
Con la típica astucia aldeana merodeó bien de mañana por el
recinto ferial, intentando sondear el mercado asnal. Tanteó, preguntó y llegó a
la convicción de que el precio de el Tordín podría andar por las mil pesetas.
Se apostó cerca de el Tordín con el alma rota solo pensando
en la posible separación de tan fiel amigo. Por naturaleza desconfiado, todos
los aldeano llevan en sus genes esta particular desconfianza, quizá producto de
generaciones de ser víctimas de engaños. Desde la climatología a la política
todo se aúna para hacer perder la confianza del aldeano en cuanto le rodea.
Así que se percató de que un grupo de mozalbetes le
observaba y cuchicheaban entre sí riéndose. Aquilino conocía a uno de ellos, de
la aldea próxima a la suya. Tal que se acercaron Aquilino no tuvo duda de que
su intención no era sana. Precisamente el conocido de Aquilino fue el que le
abordó, supuestamente interesado en el pollino. Hizo que lo examinaba, antes de
emitir una oferta. Aquilino se percató de que aquello iba de mofa y aguantó el
tirón impasible.
-“¿Qué paisano? ¿Como cuánto pide por esti burracu?”.
Aquilino siguió imperturbable y contestó:
-“Van a ser muchas perras pa ti”.
El joven se encrespó ante tal estocada y dio un paso en
falso:
-“Pues yo ofrezco-i 50 pesetes na más”.
El paisano sin perder la compostura, sin un mínimo detalle
de irritación le devolvió el golpe:
-“Rapaz, conozco bien a tu padre y paezme a mi que nun va
querer a dos iguales en casa”.
Pepe
Morán, dominico ex.
POEMAS
ESPERANZA
Prados verdes
De mi tierra
Inmensos bosques
De castaños, robledales y avellanos
Dais vida esplendor y esperanza
Con ese verde de tonalidades distintas
Son reflejo de vida
Que no decaiga vuestra lucha y esperanza.
LOS RÍOS
De nuestras montañas,
Los ríos.
Fluyen jóvenes y raudos
Vertiente bajan culebreando
Forman
cascadas y recovecos
Que surgen en su camino
Al fin… el Valle
Donde sus aguas remansan
Llegan a la mar en silencio y paz
Es el ocaso final.
Miguel Ángel Vázquez
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










