viernes, 28 de febrero de 2014
jueves, 27 de febrero de 2014
Las duchas en Corias.
Hoy, sin motivo alguno, se me ha venido a la memoria las duchas existentes en Corias allá por el año ¿1963?.
Recuerdo que teníamos que ir todos los del dormitorio, a una hora determinada, en pantalón corto y albornoz. También, evidentemente, deberíamos de llevar la correspondiente toalla y la pastilla de jabón. No recuerdo que existiesen los geles ni los champús.
Las duchas eran unos recintos cuadrangulares adosados y sin techo con una ducha fija saliendo de una de las paredes y una canaleta de desagüe en el suelo que, creo era de cemento.
El proceso era, creo recordar, como sigue: entraba un número de alumnos, uno en cada ducha, que, por cierto, recuerdo espaciosas. Los "encargados" de las duchas, alumnos también aunque no recuerdo quienes eran, abrían el agua, más o menos caliente, durante un corto espacio de tiempo ( ¿1 minuto?) para que nos mojásemos. A continuación se cerraba el agua durante otro corto espacio, uno o dos minutos, para enjabonarse. Pasado este tiempo se volvía a abrir el agua unos dos minutos para el aclarado final. Una vez cerrada el agua, un minuto y todos afuera para la entrada de la siguiente remesa.
En la puerta un fraile se encargaba de revisar que estábamos duchados mediante el procedimiento de comprobar si teníamos el pelo mojado. (Si fuese hoy día a la mayoría nos enviaría a la "hora de queda". A mi por lo menos el escaso pelo que me queda se me seca en segundos.)
Por encima de las duchas, incumpliendo las mas elementales normas de seguridad y privacidad inexistentes en aquellos días, deambulaban los "encargados" para vigilar que todos nos duchábamos. Supongo que no habría otro motivo.
Creo que las duchas eran semanales y , lo que son los tiempos, nadie nos consideraba unos guarros.
Quizás mis recuerdos no sean exactos. Se admiten comentarios.
Felipe.
miércoles, 26 de febrero de 2014
CRUZANDO EL MAR...
Con
permiso compañeros
por lo que
voy a exponeros,
pues
cambio de temas serios
a
otros simples y someros.
Va
a ser un batiburrillo
de
un viaje muy ocioso,
mezclado
con chascarrillos
e
intentar no ser tedioso.
Por
la reseña y la traza,
bien
podréis adivinar
la
isla de que se trata.
Su
situación en la Tierra,
su
amplia área costera,
baja
orografía o media,
parece
esta isla pequeña
que
se mantuviera eterna
en
clima de primavera.
Del
siglo ocho antes de Cristo
del
hombre hallan vestigios,
y
tras estos pobladores
de
orígenes españoles,
arribaron
a esta isla
los
navegantes fenicios,
seguidos
de los asirios,
cartagineses,
romanos,
vándalos
y bizantinos.
Del
siglo ocho al trece
el
moro fue el residente,
hasta
que Jaime de Aragón
batalla
plantó y los vence.
Por
sus fuertes vapuleos
de
corsarios y más pueblos
bien
podríamos nombrarle
isla
de los “avatares”.
Bajo
el dominio fenicio
se
cree la bautizaron
como
la isla Ibosim,
perdurando
por los años.
Destácanse
los fenicios
por
su artesanía y artes,
negocios
y navegantes
y
habilidad con vecinos.
De
éstos fue gran avance
el
cambio del signo egipcio
mediante
versión cambiante
a
un simple alfabeto fenicio.
Más
tarde toca a los griegos
la
adaptación de vocales
tanto
como consonantes,
siendo
el primer alfabeto
considerado
completo.
Se
deja atrás a la historia
y
damos un giro a la noria.
Salinas
Amén
de la agricultura
la
pujanza de la isla
la
nutrieron las salinas
que
por los siglos perduran.
La
incursión en la isla
de
viajeros turistas
condenan
a la desidia
la
labranza y las salinas.
Su
gran clima de bondad
y
el movimiento hippy
en
los pasados sesenta,
dio
un vuelco radical
al
origen de su Renta.
Playa paradisíaca
Gran
temperatura y sol
son de atractivo rigor,
son de atractivo rigor,
como
sus múltiples calas
que
con fiestas hasta el alba
llevan
de España la palma.
Aunque
en su economía
tuvo
influencia y peso
el
“turismo de mochila”,
se
realizaron esfuerzos
para
transformar la misma
sin
escatima de medios,
obrando
hoteles de lujo
para
minorar el flujo
de
turistas mochileros.
Su
especial gastronomía,
cual
“borrida de rajada”
tiene
de protagonista,
condimentos
y la raya;
el
“guisado de pescado”,
guiso
de pez y marisco
está
entre los favoritos.
Las Dalias (Santa Eulalia)
También
es diferencial
en
esta isla famosa
el
mercadillo habitual
que
los sábados del año
se
da cita en “Las Dalias”.
Moda de la Isla
La
moda de la isla es,
la de Adlib, moda “a placer”,
la de Adlib, moda “a placer”,
ropas
blancas y difusas
que
inconformistas hippies
plantaron
en islas Pitiusas*.
Cañones en Dalt Vila
Dalt
Vila, “ciudad alta”
es
de visita obligada,
con
Catedral enclavada
en
Castillo amurallado,
en
gran extremo cuidado.
Quizá
las puestas de sol
de
esta encantadora isla
sean
la óptima atracción
para
aquél que la visita.
Puesta de sol (San Antonio)
Pasa
el cielo del azul
al naranja y al rosa
al naranja y al rosa
y
al violeta se cambia
al
hundirse el sol en agua.
Una
estatua remembranza
del
que fue descubridor
de
la América latina,
es
el huevo de Colón
que
en San Antonio se ubica,
cuya
yema es carabela
y
el nombre Santa María
pues
a élla representa.
Huevo de Colón (San Antonio)
Este
homenaje fue,
por
don Cristóbal Colón
que
en lugar de genovés
pudo
en la isla nacer.
¿Quién
no ha oído mentar
al
Club de Noche Pachá?
¿Quién
no sabe que Pocholo
y
sus fieles seguidores
cierran
las fiestas al orto
y
entre raya y raya de oro,
son
zombis trasnochadores?
Sobre
fiestas desenfreno
nos
recuerda un lugareño
un
chistecillo travieso:
Dos
amigas que van a una isla un fin de
semana y
al
regresar en el avión dice una de ellas al sentarse,
- ¡Al fin juntas!
A lo que responde la otra:
- Pero si llevamos 48 horas de fiesta ¡juntas!
y dice la amiga:
- Ya, ¡yo hablaba con mis piernas!
- ¡Al fin juntas!
A lo que responde la otra:
- Pero si llevamos 48 horas de fiesta ¡juntas!
y dice la amiga:
- Ya, ¡yo hablaba con mis piernas!
*Islas Pitiusas: Nombre que se da al conjunto de sesenta islas
que
están situadas al sur de Baleares.
Parece que significa
”Islas
de Pinos”, nombre usado por griegos y fenicios.
domingo, 23 de febrero de 2014
¿QUIÉN TIENE LA CULPA?
Se escuchan y se leen con demasiada frecuencia, llevando al
límite de su resistencia las costuras de la paciencia, opiniones orales
y escritas que señalan a los “responsables” de nuestros males y penurias:
parados, dependientes, marginados y todos aquellos que comen la sopa boba
cocinada con los impuestos que hemos aportado. ¡Ojo! Que algún teórico “activo”
del “nuevo-viejo orden económico” también mete en el mismo saco a los jubilados
que al prolongar la vida comemos, hasta el tuétano, los dineros al Estado.
Pero ese iracundo dedo acusador tiene un blanco favorito: la
inmigración. Inmigrantes que suelen ser
mirados con suspicacia, cuando no odio- con creciente ahínco cuanto mayor sea
su diferencia en color y raza- como responsables de la degradación de nuestro Estado
de bienestar. Personas que emigran dejando atrás seres queridos y hambrunas en
busca de trabajo y pan, que se internan en desiertos, selvas y demás parajes
infernales siguiendo el rastro del dinero que dejó, y deja, esquilmados los recursos
en sus países de origen. Pero, a diferencia de las fortunas emigradas, que
viajan cómodamente por vía telemática o jet privado y son recibidas con gozosos
brazos abiertos, ellos encuentran barreras desde Lampedusa hasta el desierto de
Arizona pasando por Gibraltar- por citar solo algunos de los lugares más renombrados-
erizadas de los más sofisticados y mortales impedimentos. Obstáculos que les
empujan a tomar barcos de juguete, de desguace, o trenes de la muerte para
acabar, demasiadas veces, en el fondo del mar, o en tierra de nadie, a veces
bajo el impacto de pelotas de goma, también pueden ser balas de plomo, o
desollados por unas cuchillas llamadas concertinas para disimular.
Solo algunos
afortunados logran alcanzar la tierra prometida. Una nueva tierra de esperanza
que puede convertirse en el frustrante
ofrecimiento de La
Farola a la puerta de un súper de Madrid o, aún peor, en
esclavista red de prostitución.
Es sorprendente lo común que resulta para algunos buscar
responsables de su insatisfactoria situación entre quienes, en la escala
social, perciben que están por debajo de ellos. Una tendencia que suele ser
proporcional a la admiración experimentada, aderezada por una puntual o
persistente envidia, hacia los “triunfadores”, esos que, en esa resbaladiza
escala, se encuentran muy por encima de ellos. Afortunadamente, también son
muchos los que miran atrás o al lado, y tienden la mano. Gesto que se ha
llamado, se llama y se llamará solidaridad.
¿Son los parados, dependientes, marginados, inmigrantes,
incluso los jubilados, los responsables de la degradación actual del llamado Estado
de bienestar?
Esa pregunta me hacía leyendo las páginas color sepia de un
diario considerado como serio. Allí, en un artículo aparentemente inocuo y
técnico, se ofrecían cifras que, a pesar de su frialdad, debieran servir por sí
solas para suscitar, no solo indignación, sino una llamarada de rebelión.
Las cifras ofrecidas eran elocuentes; los fondos de
inversión y de pensiones, manejados por una reducida aristocracia financiera,
poseen en la actualidad un patrimonio que supera el 75% del PIB mundial. Ese patrimonio,
cifrado en más 40 billones de euros, es suficiente de sobra para adquirir todas las
empresas cotizadas del planeta.
Al ser irrefutable que quién tiene el poder económico tiene
el poder real, ya sabemos quién detenta hoy el poder global. Por eso no puede
extrañar otro dato aportado por el artículo- estudio en cuestión: el patrimonio
de estos fondos se incrementó desde 2007, es decir durante la crisis actual, en
un 30%, porcentaje que, traducido, supera los 13 billones de euros. Cifras mareantes
difíciles de imaginar. Para hacerse una idea de su dimensión quizá ayude un
dato; el PIB español se sitúa en torno a un billón de euros.
¿Alguien tiene alguna
duda de dónde ha ido a parar el importe de todos los recortes en prestaciones y
derechos que la inmensa mayoría estamos sufriendo?
Si hace ciento cincuenta años Marx escribía aquello de “Un
fantasma recorre Europa” tal vez en la época actual se debiera decir que “Un
monstruo recorre la faz de la tierra”. Un monstruo creado a partir de discutibles
actividades lícitas, pero en gran medida por la especulación más feroz, así
como por los réditos de la corrupción política que posibilitó esa especulación.
Un monstruo alimentado igualmente por los ahorros de millones de trabajadores
constituidos en fondos de pensiones. Fondos que, fieles a sus principios
especulativos, entregan a esos ahorradores con una mano aquello que les quita
con la otra. Un monstruo que recorre el planeta lanzando a diestro y siniestro
derrotes para llevarse, prendidos en las astas, jirones del que era un
incipiente bienestar, arrancado, éste, con sacrificios y luchas, por sucesivas
generaciones. Y que, sin embargo, no suele tener gran repudio social. Actúa
protegido por grandes e influyentes medios de comunicación que están bajo su
control
Ante tamaña tropelía cabría preguntase, ¿qué hacen los
gobiernos? Preguntar al menos por aquellos que fueron elegidos democráticamente
para velar y garantizar los derechos de sus ciudadanos. La respuesta- basta
seguir alguno de los pocos medios informativos que no ejercen de meros
aplaudidores- es descorazonadora: La minoría de gobiernos que osaron
enfrentarse a esa bestia financiera yacen sobre la arena, desangrándose,
víctimas de sus cornadas. Otros pocos, que tampoco comparten, al menos
plenamente, sus métodos codiciosos, permanecen en el burladero en espera de
improbables tiempos mejores. Pero la inmensa mayoría de los gobiernos que debían
regir, a partir de sus países, los destinos de la humanidad, mantienen dos, no
tan diferentes, actitudes: Unos, sabedores de que una parte del jirón arrancado
por la bestia terminará en su bolsillo, la jalea con entusiasmo y apoya sus
embestidas; otros, más pudorosos, aún albergando la misma esperanza de
participar en el botín, adoptan la postura de Don Tancredo. Dejan hacer subidos
en su pedestal en medio de la plaza.
Me imagino que todo esto suena muy truculento, perdón, pero
es lo que percibo y pienso. Solo queda una esperanza: que las futuras
generaciones- nosotros, me refiero a nuestra generación, ya casi estamos
amortizados- tomen conciencia del fiero animal al que se enfrentan. Eso sería
el primer paso para devolverlo a sus corrales, a esos de los que nunca se le
debió permitir salir.
Ulpiano Rodríguez
Calvo
viernes, 21 de febrero de 2014
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