PRESENTACIÓN

Anualmente cuando nos reunimos los antiguos alumnos de Corias, bien sea en grupos minoritarios por promociones en diferentes lugares del Principado y alrededores, o de forma general en el encuentro de Corias a finales de cada mes de septiembre, siempre solíamos comentar al sentir la alegría de juntarnos de nuevo que, era una pena el que hubieran pasado tantos años sin comunicarnos y sin saber unos de otros.

Afortunadamente, en estos tiempos eso está subsanado gracias a los medios informáticos disponibles que tenemos a nuestro alcance. Aprovechando la oportunidad que nos brinda BLOGGER para poder crear un espacio cibernético común, en la nube, donde se pueda participar y expresar los recuerdos que cada uno de nosotros guardamos celosamente de aquellos años, es cuando surge el Blog de los antiguos alumnos de Corias.

Esta elemental presentación lo único que pretende y persigue es reavivar la amistad y la armonía que hemos trabado entre todos nosotros durante los años de convivencia en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias y, que a pesar del tiempo transcurrido, aún perviven frescas en nuestro recuerdo.

Otro de los objetivos del blog es recordar y compartir las peripecias vividas por aquellos jóvenes que coincidimos bajo las mismas enseñanzas, disciplinas, aulas, comedores, dormitorios, juegos, etc., durante varios años en el convento de Corias y que aún las tenemos muy presentes.

La mejor forma que tenemos para rememorarlo es ir contando en este blog todos los pasajes que cada uno de nosotros recuerde, expresados con la forma y estilo propios de cada uno pero, siempre supeditados a los principios del buen gusto, el respeto y a la correcta educación que nos han inculcado los padres dominicos. El temario en principio aún siendo libre, sí debiéramos procurar en general, que tengan preferencia los temas relacionados con el colegio y su entorno, ya que es el vínculo y denominador común entre todos nosotros.

Como es lógico, cada colaborador es el único responsable de sus opiniones vertidas aquí en el blog; las cuales pueden ser expresadas libremente sin condicionantes ni cortapisa alguna por parte de la dirección; tan solo debemos atenernos todos, a las premisas mencionadas anteriormente del respeto y el buen gusto.

Una vez hecha esta breve presentación, se pide la colaboración y aportación de todos los antiguos alumnos pues, seguro que todos tenemos algo ameno e interesante que contar. Unas veces serán relatos agradables y divertidos, y otras no tanto; pero así es la realidad de la vida.

Al blog le dan vida una serie de antiguos alumnos que colaboran de forma fehaciente y entusiasta con Benjamín Galán que es el bloguero administrador. A este galante caballero el cargo de administrador no le fue asignado por méritos propios, más bien por defecto, de forma automática; simplemente, por ser el titular del blog. Pero podría delegar el cargo en cualquier otro colaborador que así lo deseara.

De antemano, muchas gracias a todos los participantes y colaboradores. Tanto a los antiguos alumnos y profesores que deseen intervenir, como a todos nuestros amigos lectores.

¡A colaborar y a disfrutarlo!

(21 de noviembre de 2009)

B. G. G. (BLOGUERO PRIOR)

martes, 18 de octubre de 2016

ÓPERA EN CORIAS




No sé si, queridos compañeros, guardáis, aún, en la memoria —no la flotante como la de los ordenadores, sino en la perenne— aquella graciosa y fascinante ópera que unos cuantos alumnos tuvimos la inmensa suerte de interpretar en Corias. Sí, sí; en Corias se llegaba a tan altas cotas.
Habíase elaborado un programa de mano al más puro estilo de los del Teatro Campoamor: Un folio doblado por la mitad del eje vertical, con un dibujo en la portada que además del título mostraba una pretendida escena del “drama” que se representaba. En las planillas interiores, además del argumento, dramático claro, figuraba el reparto de todo de elenco del bel canto, en busca del mejor resultado del legato, coloratura y virtuosístico…, brillantez de los agudos de Cachito y de los graves de un servidor…
 Habíanse impreso en aquella multicopista de origen alemán, Gestetner, postrera primicia de la comunicación, gracias a la cual se pudieron imprimir los gloriosos ejemplares del injustamente poco loado periódico Piñolo… También, dicho sea colateralmente, estas multicopista eran usadas para difundir mensajes antisistema… (Lo aseguro, porque como cantaba Mary Triny, "quién a los quince años no dejó su cuerpo abrazar...".
Pues el título de aquesta insigne pieza musical no era ninguna boutade: “La Vendetta”, con subtítulo de “Il Ritorno di Fiama”, aunque en el programa por una cuestión de libre traducción figuraba “El Tiri per la Culata”, mucho más expresivo, ¿no? Y el reparto…¡ah el reparto!: lo más florido disponible por aquellos claustros. En él figuraba yo como un tal Giuseppe Manolino Gera, que me habían adjudicado el papel de Rey… —perdón— que un determinado pasaje del primer acto, lleno de dudas y sospechas, interrogaba a Tadeo, mi fiel y valiente soldado, con voz grave como corresponde a un rey, en do sostenuto:
— ¿Di dónde si arriba, Tadeo, el piu bravo guerriere?
— Yo vengo de Tineo,  respondía  Cachito con voz de tenor, vichita molto importante…  Seguía narrando las excelencias de la villa, del parque donde Rubén cazaba (ya entonces) amores al azar y que tenía algún malhecho (que Dios tendrá en la gloria por lo buena persona que era) y maltrazaus bastantes. (Uno de los cuales era yo).
Habíamos ensayado durante un mes bajo la atenta escucha del Padre Castaño, acompañado de la exquisita y refinada musicalidad del lenguaje sinfónico del Padre Luciano y con una atrevida puesta en escena que tanto gustaba a las mocinas de Cangas, de sobra avezadas a estos cultos actos.
El resultado, como dicen que dijo —yo no lo oí—, Nietzsche, desde entonces no sólo me resulta imposible vivir sin música, sino que la ópera, la música,…el arte en definitiva, es para siempre y para todos: no sólo para unos pocos.
Tal es así que pocos años adelante, en una romería de prau por el río Naviego arriba ¿?,  acompañando a, ¡ay mocinas de Cangas!…, quedé atónico (¡entiende usted?: sin tono) cuando un virtuoso acordeonista anuncia la siguiente melodía de color diciendo:
— Y ahora, señores y señoras, les voy a intrepetrar un foxtró a toda ostia… (Tal cual escrito queda).

P.D. 1. Y que esto lo diga uno de Gera…, aunque esto otro que añado entre comillas, lo dijo otro de Tineo hace algo más de veintiséis quinquenios y dos años más:
“Esos señores —se refiere a la llegada de la Orden de Predicadores a Corias, tras 27 de abandono del monasterio— son queridos y respetados en la comarca por su ilustración y afabilidad con todo al mundo, que los capta las simpatías de cuantos los conocen, prestando importantes servicios, y dedicándose a la enseñanza. ¡Lo que va de tiempos a tiempos! Los que había antes de Felipe II, querían ser respetados por la fuerza de las riquezas; los de hoy, por la fuerza de la ciencia, la virtud y la modestia”. E. Carrizo.

P.D.2. …me alegra que fuera uno, uno más, de Tineo quien así hablara…

P.D.3. No es por jactancia no citar a otros actores sino que desde aquel entonces habrán pasado casi, casi sesenta años y los míos…ya suman diez…; así que la memoria orada hasta donde las circunstancias…y es que la ciencia llega hasta donde llega la ciencia. Después, después está Dios.
¡Salud!

viernes, 7 de octubre de 2016

De la lima basta, al brownie de chocolate



Estaréis de acuerdo conmigo en que existen lugares que tienen un atractivo especial, bien sea  por su ubicación dentro del conjunto arquitectónico al que pertenecen, o porque reúnen de por sí determinadas condiciones telúricas o tectónicas que no se dan en el resto de compartimentos del edificio y por lo tanto,  siempre resulta agradable y reconfortante el permanecer bajo su techo, independientemente de la utilización a la que se les dedique. Tal es el caso del recinto que vemos en la foto repleto de mesas y de comensales en plena degustación del Pote cangués, y qué casualidad, que  muchas de estas mismas personas junto a muchísimas más, en otros tiempos ya lejanos, ocuparon diariamente durante una o dos horas este mismo espacio, pero no como lugar de deleite gastronómico, sino como aula de formación práctica de la asignatura de Tecnología que era el Taller de Metal.

Hoy se le denomina a este aposento  sala Monte Muniellos, en honor a la Reserva Natural de la Biosfera, distante de aquí tan solo unos 25 km  y que es cuna del oso y del urogallo,  con una riqueza forestal de roble, haya y abedul de las mejores conservadas de Europa.

En la actualidad, lo que era el antiguo Taller de Metal y después de su reconversión, está claro que sigue siendo  un lugar complaciente, pues basta ver la animada comida que están celebrando los antiguos alumnos de  Corias y sus familias,  con motivo del Encuentro anual que tiene lugar el último sábado de septiembre de cada año. Pero si nos remontamos a  los tiempos del instituto laboral las horas que aquí pasamos los alumnos siempre fueron  amenas y entretenidas. Si después  nos fueron más o menos útiles  como formación académica  para el  camino que tomó cada uno, eso no lo sé, pero perjudiciales seguro que tampoco. Las clases prácticas de talleres,  tanto en el de Madera como en el de Metal o en el de Electricidad, y posteriormente en el de Cerámica, siempre eran como un aflojamiento en la jornada diaria después de la rigidez,  dificultad y concentración que requerían las asignaturas troncales, aunque entonces no se llamaban así: decíamos las importantes.

El profesor del taller, el señor Lisardo, era hombre serio y un experto tornero que  cumplía perfectamente  su misión  docente de enseñarnos  a manejar toda aquella maquinaria de la que disponíamos, para luego llegar a saber mecanizar todo tipo de piezas de metal, tanto de soldadura en sus dos versiones: oxiacetilénica y eléctrica, como de  ajuste y de torno. Todos recordamos aquel enigmático armario metálico,  cerrado a cal y canto, donde el profesor Lisardo guardaba como oro en paño el cuadernillo de las notas, las soluciones de las diferentes combinaciones de los números de dientes de las ruedas conductora y conducida que se colocaban en la lira del torno para obtener una determinada rosca, por ejemplo, de un  paso de 8 hilos por pulgada si era  rosca Whitworth, o de 2,5 m/m  si ese trataba de rosca Métrica. Detrás de estos tesoros de papel  estaba a buen recaudo  la botella de orujo,  que de vez en cuando y siempre fuera de las horas de clase, y  amparado por su mozo de estoques, Jose de La Chata, tenía la ocurrencia de  dar a probar al pardillo de turno que cayera por allí, aquel Bálsamo de Fierabrás  haciéndolo pasar por agua del grifo.

A mí me ha gustado mucho el cambio de comedor pues, en años anteriores celebramos la comida en la sala Lagares, también muy bonita, pero este año ha tenido un sabor especial ya que el antiguo Taller de Metal lo considera uno como algo más propio, agradable y más cercano;  ya que en él  pasamos muchas horas  de ocupación docente y divertida. Además, supone un cierto placer el  recordar que en el mismo lugar que hace 50 años desbastábamos  con lima gruesa un tocho de hierro dulce



hoy día saboreamos un delicioso "Brownie" de chocolate.



B. G. G. bloguero “Prior”

martes, 4 de octubre de 2016

De nada hombre, de nada…



Hace poco aludía yo en este blog a la trascendencia que puede tener en una vida la toma de decisiones que sobrevienen en un momento determinado e irrepetible. Citaba el caso de un alumno al que orienté y reorienté su vida dos veces… Por lo original del caso me decido a contarla a sabiendas de que en forma alguna será identificado por nadie. Es un secreto que sólo yo he tenido para mí, como muchos otros.

Allá por los 60, el ingreso en Corias lo determinaba un examen que no hacíamos nosotros si no funcionarios del Estado, una vez al año en Julio y en Oviedo.

Se llamaba el P. I. O (Principio de Igualdad de Oportunidades). Una vez aprobado el examen, las familias decidían donde enviar a sus hijos. A Corias iban unos 100 cada año. Los que por no hacer el examen en Oviedo, no tenían beca, tenían que ir por libre, o sea, pagando el internado y previa superación de un examen que les hacía Pepe Morán, que era el secretario.

Un año, se me presentó un hombre con su hijo, para tal prueba. Se conoce que no habían tenido noticias del P. I. O y venían por libre. El muchacho era un tipo fuertote y con cara de buena persona. El padre me indicó que tanto el cura como el maestro estaban empeñados en que estudiara pues le veían sumamente capaz. De paso debo indicar, que aquel hombre era muy mayor, con ciertas evidentes minusvalías físicas y además, viudo. Era campesino. A mí me llamó la atención que tuviera la grandeza de espíritu de renunciar a la ayuda del chaval por el bien de éste. Le hice una prueba y quedé impresionado. El chaval sabía todo y no había forma de cogerle en un fallo. El tema, por ese lado, estaba resuelto. Pero todo se torció cuando, al ir a tomar  los datos personales del chaval, me percaté de que ya tenía los 14 años cumplidos. ¿Y qué…? Pues que el consejo de profesores había decidido  en el Junio anterior, no admitir a ningún chico que tuviera los 14 cumplidos. Ello era debido a que nos pareció que en el primer curso había una disparidad de edad que iba de los 10 a los 16 y tratamos de corregirlo.

Cuando le dije al hombre que no podía admitirle se me  derrumbó. Casi lloraba del disgusto.

Yo me conmoví ante aquel extraño fenómeno de desprendimiento paterno en un hombre de campo y minusválido. Yo no podía pedir una reunión urgente del Consejo de Profesores para explicar el caso. Entonces  tomé la decisión de pasar por encima de la ley. Yo ya sabía entonces (no todo lo aprendí en la Biblioteca Nacional) que existía algo llamado epikeya, inventado por Aristóteles siglos antes de Cristo. Es decir, que hay que aplicar la ley siempre, pero no se debe de aplicar si su aplicación va a producir un perjuicio o un mal irreparable.


Era evidente que por la edad era imposible subsanar el caso al año siguiente. Luego estaba en mis manos decidir si estudiaba o volvía a l pueblo a cuidar vacas. Y, claro, le dije que yo le admitía. ¿Cuánto costaba al mes un interno? Creo recordar que eran unas 1300 pesetas. El hombre que lo oye se viene abajo de nuevo. No disponía de ese dinero mensual. Y, el que conocía esa realidad, sabía que era normal que no dispusiera del dinero. Ese mismo verano, un amigo mío bastante adinerado me había dicho que si veía algún caso de un chico capaz pero pobre, él se ofrecía a pagarle los estudios. Con una sola condición, que nadie supiera jamás quien lo pagaba.  Que era un asunto entre los dos.

A estas alturas de la reunión yo ya estaba lanzado. Le dije al hombre:
-               -      No se preocupe, que venga sin pagar.
-               -     ¿Quién lo paga? Quiso saber.
-               -     Señor, eso no puedo decirlo. Lo he prometido.
-               -      Entonces no puedo aceptarlo.
                -     Bien, es usted libre de aceptarlo o no, pero no puede pedirme que falte a mi        palabra de no revelar  su nombre.
-               -     Bueno, venga, lo acepto.

Así ingresó el chaval en Corias. Fue durante siete años y extraordinario alumno.
Al terminar Corias pidió una beca salarial para estudiar en Madrid. Se la concedieron. El importe no sé cual era, pero si sé que el Doctor Avanzas, tenía una beca para estudiar medicina en Salamanca de una cuantía mensual mayor que el sueldo de su padre.

Fue en esa época cuando yo cambié para la vida seglar y me fui a Madrid, una amiga mía de Ujo entró un día a un bar y oyó al camarero hablar con un cliente. Hablaban de Corias. Esperó un momento y le preguntó al camarero:
-              -      ¿Has estudiado en Corias?
-              -      Sí, todo el bachillerato.
-              -     Entonces conocerás a un tal Pepe Morán.  
 ¡      -  ¡Ay! No me diga que le conoce y que sabe dónde encontrarlo.
-              -     Pues sí -dijo mi amiga– le diré que estás aquí y que venga a verte.
-             -     Fui. No faltaba más.

Me contó que al terminar el primer año de la carrera sacó una nota media de 6,6 y para conservar la beca pedían un 7 de media. Entonces ante la alternativa de volver avergonzado al pueblo o ponerse a trabajar optó por esto último. No encontró nada mejor. Trabajaba doce horas al día, dormía en un camastro en la trastienda y rezaba todas las noches para que su suerte le cambiara.

Pues mira, ya te ha cambiado.

Ese mismo día llamé a un amigo mío que presidía la delegación de una empresa en Madrid:
-               -      Oye, tengo un chaval que tú necesitas.
-               -     Pepe, y no necesito a nadie ahora.
-               -     Escucha, te lo ofrezco a ti por amistad.
-               -     Que no necesito a nadie.
B     -   Bueno, mira, mañana irá a verte a tu despacho. Y te digo más, no pasará ni una semana sin que me llames para darme las gracias.
-               -     Pepe, por Dios, que yo…
-               -     Nada, nada. Mañana irá a verte.

No se cumplió la semana, pero sí mi pronóstico de que me llamaría para darme las gracias.

De nada hombre. Si necesitas media docena más, te los mando. De Corias, naturalmente.

Una vez encarrilado me desentendí de él. Sé por mi amigo, que se matriculó en derecho, que hizo la carrera, que ganó unas oposiciones y que llegó a un alto cargo en la Administración Pública.

Y nada más. Nunca recibí noticias suyas. Ni una llamada, ni un Christmas, ni recuerdo de…

Confieso que me afectó. Tanto que me prometí no volver a hacer favores así. Pero, claro, no lo cumplí. Hice muchos. Es inevitable.

Cómo estoy convencido de que nadie puede identificarlo aquí.

Y como consejo: Haz el bien y que no se entere tu mano izquierda de lo que haces con la derecha.


Pepe Morán. Dominico-ex

lunes, 26 de septiembre de 2016

A VUELTAS CON LOS IMPUESTOS


Por todos es sabido que pagar los impuestos es uno de los primeros deberes cívicos. Los impuestos son pilares básicos que sustentan la sociedad, permiten su funcionamiento y articulan el llamado estado social a través de una redistribución de la riqueza.

Al menos, sucintamente, esta es la teoría. Sin embargo es un tema que suscita infinidad de controversias. La base de esos desacuerdos, independiente de la mayor o menor voluntad de cada ciudadano a la hora de rascarse el bolsillo, radica en las leyes injustas que regulan el pago de impuestos. No es de recibo que mientras los asalariados sujetos a nómina y pensionistas son fiscalizados y pagan hasta el último céntimo las grandes fortunas y las grandes corporaciones dispongan de mecanismos, ingeniería financiera llaman, para eludir o reducir al mínimo esos pagos.

No resulta casual que durante el último lustro, mientras se reducían los salarios y las pensiones permanecían en la práctica congeladas, se incrementaran de forma exponencial las grandes fortunas y el número de nuevos ricos gracias a la política económica y fiscal del gobierno ahora en funciones.

Ante esta injusta situación un grupo de amigos ha comenzado a reflexionar y me han hecho llegar algunas primeras conclusiones que piensan hacer llegar hasta Bruselas. Si éstas son tenidas en cuenta y el próximo gobierno no cambia la legislación para hacer tributar de forma más justa a las grandes fortunas y corporaciones que operan en España las arcas del Estado sufrirán un agujero enorme.

Hace muchos años que abandonamos Corias y la inmensa mayoría de aquellos antiguos alumnos somos ya pensionistas. Ese es el motivo de publicar en el blog las conclusiones de esta reflexión.
En mi opinión no se trata de un sálvese quien pueda. Sí de un régimen tributario más justo.

ulpiano rodríguez calvo.


ATENCIÓN PENSIONISTAS. La indignación ante una injusta realidad ha ido creciendo: El cobro de la pensión debe ser excluido del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) por las siguientes razones:
  1º - No es un rendimiento del trabajo.
   2º - Estas pensiones actuales se fueron generando durante la vida laboral y con el cobro de los salarios mensuales/anuales ya fueron sometidas al I.R.P.F  Es decir ya tributaron por el impuesto.
  3º - Por lo tanto al ser sometidas en la actualidad al I.R.P.F están siendo gravadas nuevamente por el mismo impuesto cayendo claramente en la figura de doble imposición. Situación que se debe corregir  haciendo que la pensión quede excluida del I.R.P.F
  4º – En todo caso la pensión podría tener cabida como rendimiento de capital mobiliario, con una fiscalidad mucho menor  que va disminuyendo progresivamente de manera notable con la edad del jubilado.
  5º – Tendría sentido esta figura toda vez que el jubilado fue acumulando ese capital a lo largo de su vida laboral y pagando el correspondiente I.R.P.F para cobrar al final de ella la pensión.
  6º – Esta figura está contemplada en la Ley de la cual se benefician las entidades financieras privadas con el producto de Renta Vitalicia Inmediata aplicada a un capital del cliente (que en nuestro caso  sería el capital acumulado por nosotros durante la vida laboral) para eso una renta vitalicia inmediata (asimilable al concepto de nuestra pensión).

  7º – Concluyendo: nuestra pensión NO ES UN RENDIMIENTO DEL TRABAJO Y YA FUE SOMETIDA AL IMPUESTO DURANTE NUESTRA VIDA LABORAL, POR LO QUE SE HACE NECESARIO CORREGIR ESA  INJUSTICIA. Pero cómo es posible que paguemos dos veces. ¿Por qué a los jubilados, se les retiene el IRPF de la pensión? ¿No la paga el Estado? Ya pagaron el IRPF cuando trabajaban, incluso durante más de 40 años, para tener derecho a esa pensión limpia de polvo y paja. A los cargos políticos del gobierno, parlamento, senado etc. etc. no se les aplica la retención del IRPF y todos ellos también cobran del Estado. 

domingo, 25 de septiembre de 2016

ENCUENTRO EN CORIAS





Como cada año y coincidiendo con el último fin de semana de Septiembre nos hemos reunido en nuestro viejo Convento de Corias, hoy convertido 
en un excelente Parador de Turismo según el programa preparado al efecto por la Dirección de ADEACO.

Siguiendo la costumbre a partir de las 12 de la mañana fue llegando el personal a la explanada de la Iglesia para asistir a la Misa anunciada para las 12:30 y que habitualmente oficia el P. Basilio pero que en esta ocasión un compromiso de última hora en su residencia de Caleruega le impidió su asistencia. 

Una vez tomadas las correspondientes fotos de familia se pasó a uno de los claustros donde en espera de la comida Paradores nos ofreció el ya tradicional aperitivo. Este año el Potaje de la comida creo que merece una buena calificación. Confiemos en que se mantenga.

Tras el acto ya obligado de la charla del Sr. presidente que está ocasión dio la impresión de querer abandonar el barco en espera de que otro Capitán asuma el mando del mismo, se pasó al no menos importante sorteo de obsequios aunque también debo decir que cada vez hay menos regalos. ¿Para cuando se le pide a la dirección del Parador para que ofrezca una noche para poder comparar entre la "confortabilidad" de aquellas literas de antaño y las estupendas habitaciones que ahora ocupan lo que fue nuestro querido Instituto.

No sé cómo saldrá esto ya que anoche me fue imposible por no tener conexión de internet y ahora lo estoy haciendo con el IPad pero resulta un poco complicado hacerlo. Esperemos que al menos pueda colocar alguna foto. La mejor reseña será la que nos ofrezca el Prior cuando regrese a León.

Creo no me deja meter fotos así que espero que la buena maña de Benjamín solucione en parte este desaguisado.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

DOMINICOS


En plena escalada de la edad cuando uno ya ha dejado atrás casi todo, resulta inevitable, y a veces divertido hacerse una reflexión retrospectiva. Como todos estamos hechos del mismo barro, no seré yo el único que se interpele a sí mismo con esta pregunta: Y ¿Qué hubiera sido de mi sin…? ¿Sin qué? Por ejemplo sin tal persona que -para bien o para mal– ha sido decisiva en mi biografía, si tal libro cuya lectura fue la simiente de una vocación posterior, tal encuentro fortuito que vino a orientar o reorientar toda mi vida, tal oportunidad que se me ofreció justo en el momento decisivo, tal decisión que marcó toda mi vida con un antes y un después de haberla tomado. El hecho de que, en  mi pasado, se hayan producido determinados acontecimientos y otros han conducido a que hoy seamos lo que y como somos.

En mi caso concreto (para qué voy a buscar otro ejemplo estando yo aquí y ahora) tengo por seguro que soy lo que soy por el efecto de cuatro cosas: mi madre, mi maestro, la Orden Dominicana y la Biblioteca Nacional.

Lo de mi madre fue un regalo del destino.

El primer día que asistí a la escuela en Campomanes, el maestro me pegó en la cabeza con una vara metálica. Eché mano al pelo y saqué la mano llena de sangre. No lo pensé dos veces. Cogí el tintero que había sobre la mesa y se lo arrojé a la cara. Acto seguido recogí mis bártulos y me fui para casa. Mi madre, después de oírme sentenció: “A partir de mañana vas a la escuela de la Frecha”. Así fue como caí en las manos de un maestro extraordinario.

En el año 72 se me planteó una difícil disyuntiva cuando acudí a mi amigo Máximo Aza, diplomático en Asuntos Exteriores para que me buscara una plaza de profesor de español en Canadá.
-                  -¿Lo dices en serio?
-                  -Sí, te lo digo en serio.
-                  -Antes de una semana me llamó:
-                 -Pepe, tienes una plaza de profesor en Vancouver.
No lo acepté. Me incliné por la Biblioteca Nacional.

Si lo hubiera aceptado… hoy sería un anciano canadiense, jubilado en una casita al lado de un lago en un bosque de abedules de tronco plateado, con tres nietos canadienses jugando por allí, tendría cierta amistad con un oso pardo que frecuentaría mi trato. Me vería libre de la estúpida pesadilla de acudir a contestar por tercera vez en un año quien quiero yo que gobierne.

Os invito a que hagáis un ejercicio mental similar al mío. Quitad de vuestra biografía uno o varios factores que fueron decisivos e imaginad sabe Dios qué delirantes vidas habríais vivido. Los que lo miramos desde una de las últimas curvas que restan para meta, ya sabemos que somos lo que somos y cómo somos porque fuimos lo que fuimos.

Al final del año 71 entré un día en un bar de mala muerte en el Madrid de los Austrias. Allí me encontré, por casualidad, con un camarero que había sido alumno mío en Corias y al que la mala suerte le había llevado a una situación precaria. Una semana más tarde entró a trabajar en una empresa de reconocido prestigio. Ello le permitió hacer la carrera de derecho y terminar en un alto puesto de la administración.

Cuando este chico ingresó en Corias tuve que hacer una trampa para matricularle, pues tenía 14 años cumplidos y además de la trampa, le facilité el ingresar en Corias sin pagar ni un céntimo el primer año.

El resto ya fue cosa suya.

Por cierto, nunca volví a tener noticias suyas desde entonces. Ni una humilde llamada.

Si le veis por ahí -que seguramente le veréis-  decidle que estoy esperando que me invite a un café.  Descafeinado.

Hay teorías que defienden que lo esencial de la persona, aquello que constituye la base y fundamento que lo configura para siempre, sucede en lo que vivimos entre los 0 y los 12 años. Que a partir de los doce, solo vamos adaptando lo que somos al paso del tiempo y sus vicisitudes. Es decir que yo sería irreconocible sin esos 12 años primeros pero también seria inexplicable sin los sucesos que luego terminaron por diseñarme tal como soy.

La famosa teoría que define la filosofía de Ortega, es decir: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Sería la explicación condensada en cinco palabras, de la complejidad de nuestra vida.

El tiempo y avatares de la vida, han sido el artista que fue cincelando lo que soy. ¿Es posible explicar nuestro presente sin conocer nuestro pasado? Rotundamente, no. Para bien o para mal somos así porque fuimos así.

Yo no sería tal cual soy sin uno de los episodios más básicos de mi vida: la pertenencia a la Orden Dominicana. Me satisface reconocer que sin la orden, hoy sería otro. Reconozco agradecido lo que para mi supuso la pertenencia a la orden. Fue, lisa y llanamente, una segunda madre.


Y ahora mamá cumple 800 años. Eso es lo que celebramos hace días en Oviedo un ingente número de dominicos ex e in. La comunidad de Oviedo nos invitó a todos a una reunión fraternal. Primero rezamos juntos y luego nos invitaron a comer en el convento.


Acompaño las dos fotos que allí me hice. En una estoy con el padre Ricardo, prior del convento. En la otra con el padre Galán, director del colegio.

Debo aclarar algo que sería insólito en la vida civil. Los dominicos de la comunidad de Oviedo nos sirvieron a la mesa.

Con el prior a la cabeza. Que el anfitrión sea también el camarero es algo que solo se puede dar y comprender en una institución tan antigua, venerable, virtuosa y noble como es la orden.


Quedamos citados para el 900 centenario.

Pepe Morán. Dominico-ex


domingo, 4 de septiembre de 2016

CINCUENTA Y CINCO AÑOS DESPUÉS



Con este septiembre un nuevo verano se va por el sumidero del tiempo. Antes de despedirse me deja antiguas imágenes aún vivas, no importa que sobre ellas hayan transitado, y dejado sus huellas, otros cincuenta y cinco veranos.

En junio las notas en Corias llegaban con olor a hierba recién cortada. Mientras las guadañas con su característico sonido, mitad silbido mitad rugido, atacaban por los prados la alta hierba que se tornaba dorada, nuestros profesores afilaban los lápices para fijar las notas de fin de curso y, también a veces, los convertían en guadañas. Los lápices no segaban hierba, sí las cabezas de algunos alumnos, al menos su futuro de estudiante. Los decapitados, al no poder disponer ya de beca, casi siempre eran arrojados extramuros del Instituto. Solo un hálito de esperanza, una especie de purgatorio a penar durante todo el verano, quedaba depositado en los exámenes de septiembre. Si entonces los lápices continuaban siendo inclementes las puertas del Instituto se cerraban para siempre y su futuro, en muchos casos, decidido; cuidar unas pocas vacas y trabajar unas tierras, si las había, o  entrar por el agujero negro de la bocamina.

No debía resultar fácil (Morán se ha referido a ello repetidas veces), para aquellos profesores ejercer de juez y verdugo. De su lápiz guadaña- podía depender el futuro de un alumno. Hoy podemos imaginar sus dudas y desasosiego entre el fatídico cuatro y el salvador cinco. Algunos profesores, aunque la responsabilidad no fuera en buena parte suya, ante el desastroso examen que estaban corrigiendo se culparían de su fracaso como docentes. Otros se regodearían (palabra muy de  moda en el instituto-convento)  calificando con un cuatro o nota menor y tomar así una alambicada venganza contra aquel proyecto de individuo incapaz de atender a las explicaciones, elemento perturbador y graciosillo incluso, durante las interminables horas lectivas del curso. De estos últimos existían dos tipos con muy diferente suerte: Los que hacían gracia, y su cuatro se podía transformar en cinco, y los que no, condenados a convivir durante el verano con el estigma del cuatro.

Poco podíamos disfrutar entonces, con aquellos lápices convertidos en guadañas sobre nuestras cabezas, de la maravillosa eclosión de vida multicolor, con predominio de todas las tonalidades del verde, que se enseñoreaba de uno a otro confín del concejo de Cangas. Escaso era el tiempo para, extasiados, contemplar cómo el agua y el sol vestían con hilos de plata las laderas de desnuda roca. O ver  la folguera surgir de la tierra como un fino violín antes de desplegar su voluta sobre el  grácil mástil para formar la fronda. Miles de frondas. Bajo ellas se cobijarían los animales más pequeños del monte.

En contadas ocasiones, entre examen y examen, un profesor se apiadaba de nosotros y nos llevaba, para desanudar los nervios, a dar una vuelta por el monte. Si se trataba del P. Castaño era a la parte más alta, a los confines de la finca del instituto-convento. Allí nos ordenaba rebuscar entre las xiniestas, ya vestidas de deslumbrantes amarillos o blancos y perfumadas de penetrante olor, hasta encontrar los más raros especímenes de la fauna del lugar. Los seleccionados, una vez disecados, completarían las colecciones del Museo de Ciencias Naturales, gran afición de aquel profesor. Si era el rector, P. Jesús Martín, quien nos pastoreaba solía permitir  acercarnos al bosquecillo de cerezos situado a media ladera. Las cerezas de mayo son de las primeras frutas que maduran en Cangas y por ello las más ansiadas. Admirados contemplábamos cómo los rayos de sol, al penetrar entre las verdes hojas, arrancaban de aquellos  frutos ya rojizos destellos de rubí. Con consentimiento de nuestro guardián o a hurtadillas tomábamos alguna de aquellas tempranas cerezas que al llegar a la boca se tornaban en carnosos y dulces labios de novia enamorada.

Terminados los exámenes llegaba la estampida. El silencio se adueñaba de aulas y claustros castigando con estruendosos y múltiples ecos cualquier indicio de vida. Solo algunos días, como nos contaba el recordado Carlos Lobato, la magnanimidad de un guardián permitía acceder al patio del frontón a los chavales de Corias. Jugaban al fútbol y sus gritos junto al sonido sordo del balón rompían ese silencio en mil añicos.

La suerte de los estudiantes ante las vacaciones era dispar. Unos podían haraganear y divertirse desde el primer al último día. Otros, sobre todo quienes proveníamos de casas de labranza, teníamos que arrimar el hombro en las tareas de la casa: ayudar a terminar de pañar la hierba, cuidar vacas y ovejas, echar el agua a los praos cuando correspondía la vecera, enramar y ayudar a sulfatar y azufrar las viñas, segar el trigo y el centeno además de otras múltiples tareas requeridas por una casa de labranza. Esto, en Limés al menos, no impedía bajar al río después de comer a bañarnos con las chavalas del pueblo. Tampoco, hasta ahí podíamos llegar, ir a todas las fiestas que se celebraban en la zona.

El verdor de los campos adquiría tonos dorados mientras los días de vacaciones transcurrían raudos, arrastrados por voraz torbellino. Alcanzábamos finales de agosto embriagados por el olor de la manzanilla en las cumbres. Entonces la tarea se multiplicaba, había que mayar el trigo y el centeno. No solo el de casa, también ayudar a familiares y amigos. Durante una o dos semanas el rugido de la máquina, al devorar los manoyos para separar el grano de la paja, inundaba todo el valle. Al terminar la faena, en cada casa éramos obsequiados con pantagruélicas comidas regadas con abundante vino. Éste limpiaba bien el gaznate del polvo de la paja.

Con la llegada de septiembre el final del verano se precipitaba, la fiesta del Acebo, como un mojón, marcaba su fin. El desfile de autocares rebosantes de veraneantes rumbo a Madrid se intensificaba hasta que, pocos días después, partía el último. Montañas y valles de Cangas quedaban envueltos por un profundo silencio disturbado solo por el sonido metálico de la esquila de una vaca. Silenciosos también maduraban los racimos en los viñedos de las laderas del valle. Llegaba la hora de la vendimia y de nuevo se multiplicaba la tarea, vendimiar para casa y para familiares y amigos. Se repetían las comilonas y se trasegaba abundante vino.

 El final de las vacaciones, y regreso a Corias, llegaba cuando los castaños abrían sus erizados ojos mostrando miles de iris dorados.

Al llegar nos encontrábamos con antiguos y nuevos compañeros, también con el olor a tinta y cola de los nuevos libros. Hacíamos recuento de los compañeros ausentes, unos víctimas del lápiz-guadaña de algún profesor, otros por los más diversos motivos. Si se había intimado con alguno en el curso anterior, independiente de cual fuera la circunstancia, el pesar por la pérdida no era menor.

Dentro de unos días antiguos alumnos volverán a encontrarse en el convento-instituto hoy convertido en flamante parador. Con pesar, por circunstancias, este año tampoco podré acudir. Pero quienes acudan volverán a hacer recuento de los ausentes, ausencia trágica ahora, para recuperar su memoria y para que esa memoria acompañe a todos los presentes durante  muchos encuentros más.


ulpiano rodríguez calvo.