sábado, 15 de noviembre de 2014
¡FUEGO!
“Al español, cuando
escasea el pan, lo primero que se le ocurre es pegar fuego a las panaderías. En
España de cada diez cabezas, una piensa y los otras nueve embisten”. “Es
español, el que, para su desgracia no puede ser otra cosa”.
La primera de las frases pertenece a Ortega y Gasset y fue
escrita hace casi un siglo. Nadie duda, de que Ortega ha sido el intelectual
más prestigioso que ha dado España en los últimos doscientos años. Libros como
“La Rebelión de las masas” han sido traducidos a casi todos los idiomas del
mundo. Ortega no era precisamente un hombre indocumentado y tampoco era un
fanático de nada.
Yo admito que las frases citadas, son una caricatura, solo
una caricatura, pero una caricatura al fin y al cabo. La caricatura siempre
refleja los rasgos fundamentales de la realidad. Quiero decir que esa querencia
al incendio seguramente es consustancial con nuestra idiosincrasia, con
nuestros genes, con nuestro ADN.
Desde el año 1836 al 1936, España fue una continua hoguera:
tuvimos cuatro guerras civiles, cuatro jefes del gobierno asesinados, un
intento de asesinar al Rey, dos repúblicas, varias intentonas de golpe militar,
más analfabetos en 1900 que en 1800 etc, etc…
Yo, inocente de mi, creí que, definitivamente, toda esta
triste realidad era algo del pasado. Pero no. Lo llevamos en la sangre, no hay
modo de evitarlo. Desde el advenimiento de la democracia hasta hoy, creíamos
vivir la realidad de lo que significan las palabras: libertad, democracia,
partidos políticos, sindicalismo, progreso, etc…
Las palabras, todas estas palabras, no significan nada
concreto, es puro nominalismo. Esas palabras son vividas en su plenitud y
llenas de su mejor definición o son un puro engaño. Justicia, división de
poderes, estado de derecho, etc, pueden
ser una simple burla o algo a un tiempo maravilloso e imprescindible en un
país.
Confieso mi decepción, que comparten conmigo multitud de españoles,
tristemente una dolorosa realidad.
Debe de ser que los hispanos, para su desgracia, tienen una
irremediable vocación de incendiarios. La historia de España y la historia de
los países Iberoamericanos es un continuo desfile de despropósitos, de
alucinaciones, de adhesión a utopías baratas.
La utopía es por definición, algo irrefutable. Lo malo que
tienen las utopías es que, como las pistolas, las carga el diablo (comunismo y
nazismo).
¿Cuándo si es que, alguna vez lo conseguimos nos percatemos
los españoles de que todas esas realidades que antes citaba se consiguen
siempre día a día, mes a mes, año a año y nunca son perfectas?
¿Cuándo dejaremos de seguir en actitud borreguil e
irreflexiva al primer salvapatrias de mercadillo que se nos presente cuando las
cosas van mal?
Definitivamente soy pesimista. Y ya sabéis que un pesimista,
es un optimista bien informado.
Bien. Hala amigos, corramos tras el último utópico y el
último salvapatrias, cojamos la antorcha para empezar a pegar fuego a la
patria.
Pepe Morán.
Dominico-ex
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10 comentarios:
Sin ningún propósito de polemizar con nuestro antiguo profesor Morán y menos aún, además de imposible, con el venerado Ortega, continúo con la caricatura.
Mi percepción es que, en España y también en otros países, esos incendios los han prendido las mismas y sucesivas minorías que detentando el poder político, económico o eclesiástico se han caracterizado por su intransigencia y avaricia. La inmensa mayoría llamada pueblo siempre fue, según la historia, la leña consumida en esas interesadas hogueras.
¡Ah! totalmente de acuerdo con el pie de foto.
Desconocía yo esa definición de pesimista, por lo que soy pesimista si pienso que Pepe Morán hará comentarios a los publicados a esta entrada.
Morán, cuando las cosas van mal, ya sabes perfectamente que nos agarramos a un clavo ardiendo.
Comparto contigo lo de los salvapatrias pero, la experiencia nos dice que, hace falta meter el miedo en el cuerpo a los que nos han metido en estos lodos y ahora tratan de convencernos de que son nuestros salvadores lanzándonos una cuerda al cuello como señal de gran amistad.
Hace unos días se jubiló el Sr.Guerra y dijo:"He cotizado 50 años a la S.S.y ya es hora de dejar el puesto".
Creo que debería cambiar la primera persona del singular por la segunda del plural.
El día 11 de los corrientes, en el periódico EXPANSIÓN y a 5 columnas, hay un artículo titulado: "El verdadero salario de sus señorías". De pena.
Morán, si con estos salvapatrias se arregla el sistema lo comprendo, aunque no lo comparta.
Pepe Morán, tengo la sensación de que pretendes ser tú el "salvapatrias". Estás muy equivocado si piensas que, todos los que discrepamos de tus ideas, somos unos "borregos irreflexivos". Pues no nos vamos a resignar a que nos sigan gobernando, per saecula saeculorum, los que nos han llevado a esta situación... Basta ya!!! de PPSOE.
Morán, tocayo, si hubieses escrito: "Un pesimista es,A VECES, un optimista bien informado", lo suscribiría. Pero sin el "a veces" rotundamente no. Te voy a decir yo lo que es un pesimista: Un pesimista es, MUCHAS VECES, un mal follao.
Personalmente, huyo de ellos como de la peste, sean hombres o mujeres. Nunca trae nada bueno su compañía,como no sea aguamiento de la fiesta, desánimo, casi,casi tristeza y palos en la rueda.
Cualquier psicólogo o psiquiatra, y hay estudios sobre ello, diría que las personas optimistas gozan de mejor salud, son más felices o realizadas que viene a ser lo mismo, llevan a mejor término sus proyectos y, en fin, viven más y con más salud emocional.
Un profesor de psicología que tuve, muy didáctico él, nos ponía este ejemplo gráfico al hablar del pesimista y del optimistas: "Por una inmensa pradera va un ciclista en sus inicios. Está aún verde y su equilibrio es un tanto inestable. En toda ella solo hay un árbol a por lo menos un kilómetro. El pesimista, lo mira y se dice: No, ya verás tú cómo voy achocar contra él. Y no tiene a partir de entonces más ojos que para el árbol. Efectivamente, a los pocos minutos se dan el gran morrazo contra él. El optimista, en la misma situación, pedalea con ánimo y sin decir PODEMOS, perdón, puedo, mecagoenlamadrequelopario, sortea ese árbol y veinte más que hubiera. Y así sucedió.
Más gráfico, imposible. Era un gran profesor aquel a quien decíamos el señor Prada. Aprendí mucho con él.
Yo no es que crea en los salvapatrias. Uno peina las suficientes canas y luce las suficentes arrugas como para haber visto varios, incluso hasta en el equipo de fútbol de su pueblo, y si no que se lo pregunten a la Unión Cultural La Estrella, el equipo de Los Santos de Maimona (BA), no sé en qué categoría ahora, pues no soy aficionado. Pero a veces es bueno darle una patada en el culo al padrino para sacudir al novio, que todavía ayer estaba en brazos de su amante (por padrino, léase po-lí-ti-cos, y por novio léase vi-cios-de-la-po-li-ti-ca).
Samuel, para que comprendas ese pesimismo que manifiestas en el primer párrafo, escucha este hecho verídico.
Cuando yo tenía cuatro años y para destetarme (años de postguerra y había que aprovechar todos los tantos con tal de llenar el estómago), una tía mía, moza de veinte años, me llevó con ella a su casa materna. Tenía un novio y por más que le decía que yo era sobrino, el tío se cogió un mosqueo del copón, pues pensaba que yo era un hijo secreto de ella. "Que, no, Braulio, que Pepín es hijo de una hermana mía, que me lo he traído porque, fíjate, pronto va a la escuela y todavía
está colgado de la teta".
Hoy día, cuando ya uno peina canas y luce arrugas, mi tía me sigue diciendo Pepín. Los dieciséis años que me lleva le dan "autoridad" para ello.
Samuel, convéncete, que para Morán seguimos siendo los Pepín. El está por encima del bien y del mal. Cualquier día levita por Pola de Lena y sube el Pajares más rápido que el Tarangu.
Señores: si queremos mantener el espíritu primigenio del blog creo que no debemos, como se hixo hasta ahora, entrar en los tres temas en los que se puede y se debe de discrepar:RELIGION, POLITICA Y FUTBOL.
No nos pondríamos nunca de acuerdo y, suguro, todos tendriampos aunque solo fuese una pizca de razón.
Hablemos de Corias qu es lo que nos une y, en mi opinión, nos permite discrepar en todos los temas que nos imaginemos porque, es mi opinión,nos enseñaron a pensar.
Permíteme don Felipe
disentir con deferencia,
que cada cual polemice
con aquello que le venga.
Los límites pocos son
y los exhorta el Prior
en su primera Edición:
usar buen gusto y respeto
sobre los temas abiertos,
priorizando en concreto
las vivencias del Convento.
Francos, me gusta más el ejemplo del árbol y si lo traemos a la vida diaria veremos que se repite con demasiada frecuencia.
Si hay una posibilidad de que algo salga mal, seguro que así es.
Como se puede comprobar, soy pesimista por naturaleza y un gran tímido según me etiquetó, hace bastante tiempo, Olga.
Felipe, esa película me suena y estoy un tanto de acuerdo contigo pero, creo que faltan nuevas anécdotas y ahí es donde pueden entrar las de otras generaciones más jóvenes o más viejas que no sean siempre las de los primeros cursos, de bachiller, como está sucediendo.
No aparece aquí ninguno de la Formación Profesional y pasaron muchos alumnos en aquella estapa.
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