miércoles, 5 de diciembre de 2012
RECETA 5/XII/12 (Si no quieres taza, taza y media)
PITU DE CALEYA CON BOGAVANTE (A mi estilo)
Trocear el pitu, pasar ligeramente por harina y freír un
poquito. En una cazuela o tartera muy amplia rehogar la cebolla y el ajo,
añadir un buen chorro de coñac, pimienta negra, perejil, laurel y agua, añadir
el pitu y dejar que se vaya haciendo lentamente (tener en cuenta que el pitu de
caleya tarda más tiempo en hacerse), añadir la sal.
En otra tartera preparamos la caldereta con el marisco, para
ello rehogar ajo y cebolla, añadir un buen chorro de champán (cava),
tomate, un poquito de agua y un poquito de guindilla. Según criterio
pasar la salsa por el chino o no, trocear el bogavante, unas buenas
almejas y unos langostinos sin pelar. Añadir a la salsa y dejar que
se hagan. Cuando el pitu y el marisco estén hechos mezclar y mantener un cuarto
de hora a fuego lento, para que se mezclen bien los sabores.
BUEN
PROVECHO
martes, 4 de diciembre de 2012
¡SANTA BÁRBARA!
¡FELICIDADES A TODOS LOS MINEROS Y AL MUNDO DE LA MINA, EN EL DÍA DE SU PATRONA, A PESAR DE LOS TIEMPOS QUE CORREN!
lunes, 3 de diciembre de 2012
UN DÍA DE FERIA PARA EL PRIOR
Después de la minuciosa
descripción que ha hecho Maribel sobre un día de feria en Cangas, poco me queda
que añadir, porque a esta moza no se le ha escapado, prácticamente, nada. Como dice Maribel los que vendían las
coplas y romances solían ser personas mutiladas: ciegos, cojos, mancos, etc.
Recuerdo un hombre muy característico, que no se perdía un día de feria en
Cangas y que se ponía al lado de la puerta principal de la iglesia, hoy
basílica, y que le faltaba una pierna de medio muslo para abajo. Este hombre que
tenía una larga barba, permanecía quieto
de pie anunciando en voz alta sus coplas, mientras apoyaba el muñón en el travesero de la muleta y con las dos manos
libres agitaba los lotes de papeles de colores, donde estaban escritas las
letras, a la vez que tarareaba trozos o estribillos de cada una de ellas. Y
debo decir que, para los chavales lo más llamativo no eran las letras de las
canciones, ni mucho menos. Lo que más nos atraía e impresionaba, era mirarle al cojo para el corte del muslo que lo
tenía al desnudo y se le veía toda la
cicatriz. Ese morbo era lo que nos cautivaba y aunque nos diera cierto miedo, no dejábamos de
mirar.
Yo como neno de aldea debo apuntar
una diferencia con Maribel, en cuanto a lo que suponía un día de feria para mí;
primeramente, por ser niño y después por
no vivir en la Villa ,
sino en un pueblo. Para los que
bajábamos de los pueblos el día de feria
era un día muy especial pues la jornada ya
se presentaba grande, sobre todo para los chavales, desde primera hora del día. La primera
novedad y alegría la suponía el tener que montar a las nueve de la mañana en el
Correo de Pepe Rengos para bajar a la
Villa desde Ventanueva. Eran 17 kilómetros con parada en
todos los pueblos para recoger viajeros, por lo que se hacían muy largos y durante todo
su recorrido los chavales procurábamos ponernos lo más adelante posible, para no perder detalle de todo lo que hacía el
conductor para poder domar y encarrilar aquel trastón de coche, atestado de
gente con pollos, pitas, conejos, cestas de huevos, y hasta algún “gurínín”
pequeño que otro (de los de “Jesusín”), para que no se saliera de la estrecha
carretera.
El fijarse en todos y cada uno de
los movimientos y gestos que hacía el
conductor era muy importante para
nosotros pues, los chicos, uno de nuestros juegos preferidos en el pueblo, era
simular por los caminos que conducíamos virtualmente un camión. Cada uno tenía
su preferido. Y como era lógico, tenían que ser todos diferentes. Dos conductores
no podían tener el mismo vehículo. Uno decía: yo llevo el G. M. C de Tablizas; el otro decía: yo llevo el camión de Pombo el de la Victoria ; el otro decía: yo llevo el Pegasín del “Morucu”
Cibuyo; el otro decía: yo llevo el Comet
de Castrosín… etc. y así hasta que se agotaba la flota. Cuando jugábamos a esto
de ser camioneros, se nos podía ver corretear por los caminos del pueblo a un montón de
chavales, todos rugiendo con la boca para imitar el ruido del motor y con las manos en posición horizontal, simulando
que agarrábamos un volante grandón. De vez en cuando debíamos soltar
momentáneamente una mano con mucho cuidado, para poder agarrar la palanca de
cambio y meter otra marcha, pero al
instante había que volver la mano a su sitio pues, había que tener en cuenta
que en aquellos años las direcciones aún no eran asistidas y resultaban muy recias
y duras de girar. Por eso todas las manos eran pocas ya que cualquier despiste al volante podía acarrear
consecuencias gravísimas; sobre todo, por la proximidad de nuestro recorrido con el "regueiro".
Recuerdo cuando comenzaron a
llegar los camiones al valle de Rengos, años cincuenta, más menos, para transportar el carbón extraído en la mina
de Reguera Braña situada en el río Gillón, desde el cargue de la mina hasta San
Esteban de Pravia, que se proporcionó una pequeña flota de camiones, cada uno de su
dueño y que hacían las delicias para todos nosotros con solo verles llegar y
oír como “runfaban” aquellos motores
Perkins y Barreiros en las cuestas, colmados de carbón hasta los topes, mientras avanzaban contorneándose la caja de
un lado al otro por los profundos roderones formados, a paso de hombre, a lo
largo de la escabrosa pista de tierra que aún discurre paralela al cauce del río
Gillón, pero afortunadamente hoy, está asfaltada y sin apenas tráfico; lo que
la ha convertido en un hermoso itinerario para pasear tanto los locales como los turistas.
Otra cuestión importante de la
feria para los chavales de los pueblos era el comer fuera de casa. Normalmente
lo solíamos hacer en La Criolla. Y
como remate del día casi siempre los padres o tíos nos compraban algún
cachivache útil. Lo más socorrido y práctico, era una “navacha” de Taramundi. Aún conservo varias, a cada cual más guapa.
B. G. G. bloguero “Prior”
LUS HOMES, QUE SE VISTEN PUR LUS PÍAS, NUN ANDAN ESQUEIRANDU NUS POTES; NON, QUIÁ
Agora que nestus días de carbiesu
ya de bonas surriadas de friu, falais
muitu de lus mexunxes ya galdrofas que amañáis de cumer aiquí nu Blog esti, alcuerdu-me
you cuandu yera nenacu que la nuesa mai nun nus deixaba pur nada del mundu
andar alredor del fou, ya esqueirandu nus potes ya cacharrus de la cucina. Esu,
ni gulé-lu. Tsevaban-la lus demonios si nus agüechaba fayendu tal cousa. Esu
yera cousa de las nenacas ya de las mucheres de la casa: tantu xóvenes cumu
viechas.
Si se daba'l casu que apaeciera
un rapacín que tse gustara andar escucirnandu cunus potes, las garcietsas, ya cunas escudietsas, taba apañau el probe; miánicas
lu sacaban las mucheres que hubiera na casa, a bascachazu tsimpiu de la tsariega, farfutsandu-tse
a vouces pa que lu uyeran lus vicinus: “vete pa las cortes ya pa lus praus a
trabachar cumu dios manda, fulgazán, mandilón, ya deixa de andar alredor de las mucheres ya
de las otsas escazulandu cumu lus quiliqueirus”. Míanicas tse chamaban maricón
ya tou. Agora, ía tou al rivés. Lu que más se tsieva, entre la xuventú ía estus
rapacinus que paecen manfluritus que nun se sabe si son homes u mucheres. Si
oh, ía la pura vierdá. Si chegamus a viechus aspéra-nus bona, rapaces.
Naquetsus anus mious, un home nun
yera capaz de puné-se un faragachu desus de mandil pur delantre tandu na sua casa, cumu
faen agora, purque si lu fixera, aparte de espatarrá-se las mucheres todas de
risa, miánicas yeran capaces de currer la
zueira cun él, pueblu arriba ya pueblu abaixu, hasta fartá-se, chamándutse maricuelu,
quilicas, ya cousas piores.
Na nuesa casa lus homes somus tous una calamidá pa las
cousas de entamar la cumida. Nunca fiximus nada. Tamién ía virdá que nun nus
damus maña pa nada. Miou pai aparte de tar cumu una xoxa toul tiempu, tampoucu ía
capaz de friyir ni una pataca. Ya you pul estilu. La culpa de tou tien-la mia
mai que cuandu nus criamus nunca nus mitiu al riegu. A las hirmanas sí las encarrilou
bien, sí, peru a nos non. A la mia mai nun tse gustaba agüechá-nus muitu tiempu
pu la cucina a lus homes, non. Na más que xantábamus, sulia decí-nus que nos,
lus homes, ou tábamus mexor yera na corte ya nus praus enriandu l’augua ya calcandu las touperas. Ya tinía
toa la razón.
Lus humecones nas cucinas naquetsus
anus nun faian más que afumiacar tou,
purque nun paraban d’aburrunar, ya esturbar cunus menales de las patas
espurridas pur fuera‘l escanu pa que las mucheres al pasare, tuvienan que
ruzá-se cun etsus. Miou pai cuandu mía
mai s’agachaba pa miter la tseña nu fornu pa que secara, u p’atizar el fou, sulía plízcala nas ñalgas
ya etsa puníase toda tsarizuda ya rivulviase pa él, arreandu-tse cun el tarucu u
astietsa de tseña maior que tuviera na manu un buen barganazu pul tsombo. Ya él farfutsaba pu lu baixu: qué refistulada
ía esta mucher, la cundenada, ya cumu se anoxa escapau namás que tse apalpu lus cadriles. Enxamás pude sabere si, espuéis
de lus anus, mía mai tse deixaba al pelgar de miou pai faer algu nu camastru u non. Etsa, tinía-tse muitu ascu;
purque cuando tsegaba pa casa fartu de murapiu hasta más nun puder, traía la
roupa toda esmexazada, ya gulia cumu si tsevara pur dientru una murrina podre. Pur
esu etsa nun se acubilaba cunel ya
mandaba-lu a durmir pal parreiru.
Outra cousa que a mia mai tse punía endemuniada ya de mal xeitu, yera venus andar dereitus pu la cucina, ya que tse cuchieramus las patacas de la sartén
mientras las taba friyendu na manteiga de gochu dirritida, firviendu ya tou. A mín más dun madreñazu me
tocou pur mité-tse lus dedus nu cazu.
Agora nestus tiempos que nus
tucá-nun vivire, cumu lus homes de la capetal escapau tan xubilaus, ya nun faen
outra cousa que chapinar sin xeitu pu las caleyas y’andar espaparutaus pu lus caminus ya calechones.
Pur esu da-tses pur escucirnar ya pur tar toul día entre las otsas, mientras las
mucheres andan pu lus chigres solas alternandu bien, ya si cuadra, puniendu-tses
bonas curnales. Ya tatses muitu bien. Di-lu hasta la Rulindes que güei día nun hai cun quien cuntar; muitus de
lus homes, son unus mandilones ya unus floxus. Tan mediu amaricunaus: nun
cavilan más que pa pirfumá-se ya pa depilá-se lus touzus ya las serdas. Pur esu
etsa nun acaba duna vez pur todas d’arrimá-se a un pilandrón. Tien tserza a que
tse salga cumu’l Cerolu esi de Madrí ¡Furón!
“Jesusín”, el pelgar
domingo, 2 de diciembre de 2012
FERIA DE “SAN ANDRÉS” EN CANGAS, HACE MUCHOS AÑOS
Como dije ayer en un comentario que le puse a Jesusín, ayer
se celebró la feria de San Andrés en Cangas, y viendo las diferencias tan
grandes, desde el año 1956 al 1966, en los que yo las recuerdo como niña o
jovencita, y lo que son ahora, se me ocurrió contar el recuerdo que tengo yo de
un día de “Feria” en aquellos tiempos. Tendría que contarlo Jesusín, y lo haría
mucho mejor, desde sus recuerdos, que evidentemente, no pueden ser igual que
los míos, aunque en algunas cosas coincidamos.
Para empezar, no había escuela ni colegio en Cangas. Así que
ya se iba pareciendo a un festivo. (En el convento de Corias, según me dice
Manolo, cree que era un día normal).
Desde nuestra casa, en la calle Pelayo, cerca de donde se une con la carretera que va a Limés, Las Mestas etc. (Actualmente, esa carretera por aquella zona, se llama Avenida de Leitariegos), veíamos pasar a la gente de los pueblos con los animales andando para la feria (que como recordareis era enLa Vega ), cosa que nos entretenía
bastante, aunque a los ganaderos, me imagino que menos, pues algunos “bichos” o
bien no querían seguir andando, o se
“remontaban”. Pero visto desde los ojos de un niño era algo diferente a
cualquier otro día. También se veían
pasar algunos hombres, desde pueblos bastante alejados (Parroquias de San
Julián de Árbas, Naviego, etc.), a caballo. Estos no se veían en plan trabajo.
Solían ir con las pellizas y sentados en el caballo con pinta de “Aquí voy yo”.
Desde nuestra casa, en la calle Pelayo, cerca de donde se une con la carretera que va a Limés, Las Mestas etc. (Actualmente, esa carretera por aquella zona, se llama Avenida de Leitariegos), veíamos pasar a la gente de los pueblos con los animales andando para la feria (que como recordareis era en
Las mujeres, solían pasar en el borrico, a veces llevándolo
del ramal porque iba muy cargado con los productos que traían a la “plaza”, y
si no iban demasiado cargados se sentaban ellas. Había hombres de pueblos
cercanos que también bajaban en borrico, pero mujeres a caballo solas, no.
Después, yo acompañaba siempre a mi abuela a la “plaza”, donde había más surtido de cosas
que en los sábados normales. Y en el caso de San Andrés, solían vender, además
de lo habitual (“manteca”, quesos, huevos, patatas, habas, conejos, “pitos”
etc.) ramos de cebollas para las morcillas, pues estaba la matanza cercana.
Cuando íbamos camino de la plaza, al llegar a la plaza del
Ayuntamiento ya empezabas a encontrar un gentío que parecía el día del Carmen
ahora, y una cosa que me gustaba mucho a mi, los “vendedores de coplas”, debía
de entrar en el trato, que mi abuela me las comprara. No sé si las recordareis,
estaban escritas en papeles de colores, e igual era la narración de un
truculento suceso escrito en verso, que letras de canciones conocidas. El lote
incluía de todo. Ellos hacían la propaganda “como un charlatán de feria” y
nunca mejor dicho. Eran hombres y, generalmente, con algún problema físico.
Al llegar a la plaza, lo primero que hacíamos era
“asomarnos” según se bajaba de la
Iglesia , a ver cuanto ganado había y si se veía movimiento de
compra, ya sabéis que la feria del ganado era allí debajo, donde ahora está el
edificio llamado de Servicios. Después nos íbamos parando en todos los puestos,
que ahora se llaman “mercadillo” y siempre se compraba algún “artefacto” que
luego no servía para nada. Recuerdo especialmente un enhebra-agujas que nunca
pudimos hacer funcionar (Lo recomendaban para la gente que tuviera problemas de
visión, y ese era el caso de mi abuela). Bueno el gasto tampoco era mucho.
Después ya nos dedicábamos a la compra de productos comestibles. Este “viaje”
con mi abuela, podía durar tres horas, pues se aprovechaba para saludar y
charlar con la gente conocida que ese día estaba casi toda por allí. Antes de
marchar, era obligado volver a dar un vistazo al “ganado” para ver si quedaba
menos porque hubiera muchas ventas.
Después de llegar a casa, ya volvíamos a ponernos a ver a la
gente que iba de vuelta. Se notaba si hubiera venta o no, en las compras que
llevaban para casa, y también mi abuela, hacía sus interrogatorios. Estaban
pasando toda la tarde. Pero los que lo hacían a partir de las cinco o las seis,
solían llevar una carga de alcohol, que menos mal que para ir a caballo,
andando, o en borrico no había que hacer controles de alcoholemia, porque se
quedarían “sin ningún punto en el carnet”. Ahora ya no se ve por la calle a los
hombres así haciendo “eses” y hablando solos.
Después de comer, sobre las cuatro o cuatro y media,
empezaba el baile en la Plaza , el acordeonista de Limés, Herminio, era el
encargado de poner la música. Se llenaba la Plaza de gente, tanto de Cangas como de los
pueblos. Tenía muchísimo éxito. Yo, desde pequeña, siempre iba a mirar. Solía
ir con vecinas, ya mayores, pues las mujeres de mi familia
no solían ir.
Cuando ya tenía yo catorce o quince años, debido al mal
tiempo, y, probablemente a que los tiempos cambiaron también. El baile, a la
misma hora para que lo pudieran disfrutar los de los pueblos, ya se hacía en el
Club, y se llenaba también.
Con esto doy por finalizada yo la feria. Pero como hay un
dicho que dice “Cada uno habla de la feria, según le va en ella”. ¿Qué os
parece, si cada uno cuenta sus recuerdos? Por ejemplo, Mamen vivía en el centro
de Cangas, entonces la visión es distinta. Olga en vez de ver pasara los del
río de Naviego y Cibea, como era mi caso, veía a los del río de Rengos. Alfredo
nos podría contar desde la Plaza ,
Gión también tendrá algo, y seguro que gracioso, que contar. Galán, José Manuel,
Ulpiano, seguro que todos, de alguna manera, recuerdan las ferias.
Como dije ayer en el comentario que le puse a Jesusín,
ahora, aquí en el centro de Cangas, no se nota nada. Casi me atrevería a decir
que menos que cualquier otro sábado.
MARÍA ISABEL PÉREZ FERNÁNDEZ
RECETA 2-XII-12
PIERNA DE CORDERO RELLENA DE MARISCO
Deshuesar la pierna de cordero, si no sabemos, que nos lo
haga el carnicero, procurando quede una buena manta.
En el mortero preparar ajo picado, sal, pimienta negra y un
buen chorro de coñac.
En una fuente adobar la manta de cordero y dejar toda la
noche que se impregne en los sabores en el frigorífico.
Al día siguiente rellenar el manto de cordero con
langostinos pelados y un poco de champiñones en laminas (las cabezas de los
langostinos y las cáscaras las podemos aprovechar para una sopa o un caldo).
PREPARARLO COMO UN ROLLO sin que salgan los ingredientes del
interior, atándolo.
En la bandeja del horno echar una capa finísima de agua, que cubra
ligeramente la base de la bandeja.
Colocar el rollo en el centro de la bandeja, añadirle un
chorro de aceite por encima del rollo y el adobo.
Si tenemos unas patatitas pequeñas redondas, si no hacemos
unos cuadrados, las salamos un poquito y las añadimos a la bandeja. Podemos
añadir como guarnición unos pimientos, unos guisantes y
unos champiñones.-
Presentamos el plato en rodajas con la guarnición.
¡ BUEN
PROVECHO!
Miguel Ángel Vázquez
sábado, 1 de diciembre de 2012
VIAJE A LA HISTORIA. EUGENIA ASTUR
Quizá el nombre de Eugenia Astur no nos suene, esta
escritora que firmaba con este seudónimo, su nombre real era Enriqueta García
Infanzón. Viajamos a la hermosa villa de Tineo donde nos encontramos con ella.
Directamente le preguntamos háblenos de sus orígenes.
- Nací en la
villa de Tineo en el año 1.888 y fui educada en Luarca, hija de familia
hidalga, mi padre era alcalde y mi madre hija del afamado médico D.
Melitón, médico de Tuña descendiente del General Riego.
- Como empezó su
afición a la literatura.
- Escribiendo
cuentos, crónicas y artículos para revistas locales y nacionales. En
1.928 colabore en Región y en el Gijonés la Prensa.
- De ahí el salto a
la novela.
- Si escribí,
Memorias de una solterona, La mancha Mora y Rosita y unos libros bibliográficos
dedicados Fermín Canella y a Riego. En mi madurez colabore en rotativos
madrileños como La
Estafeta Literaria y el domingo.
- Cayo en desgracia
durante el franquismo
- Si pero aún
publique alguna cosa, como Memorias Reales, sobre los amoríos de la mujer de
Felipe IV.
- Le comentamos que
su obra póstuma Roca Tarpeya se publico en el año 1.949.
- Nuestra escritora
depuro mucho su estilo semejándose al de Azorín.
- Nos abandono en
Tineo un 10 de Enero de 1.947.
Miguel Ángel Vázquez
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