miércoles, 16 de octubre de 2013
TRIVIALIDADES DE LA VIDA
Las personas que habitualmente dedicamos una parte de nuestro
tiempo libre a caminar, normalmente solemos
utilizar el mismo itinerario casi todos lo días y, aunque se escoja el campo o
las afueras de las ciudades como lugares más naturales y mucho más atractivos que las zonas urbanizadas, una
vez que se lleva transitada la misma ruta durante varios días, también se llega a hacer un tanto monótona y aburrida
como es lógico, debido a la falta de
cambios; es decir, a la rutina.
En nuestro caso, aunque el paseo siempre discurre por el alfoz
de la ciudad, totalmente fuera del hormigón urbanita, sí seguimos el mismo
itinerario con pequeñas variaciones que
hacemos en el sentido de ciertos tramos del recorrido, ya que es un circuito cerrado
el que recorremos pues regresamos al mismo punto de donde partimos. Un sistema bastante
eficiente para que no se haga la caminata demasiado aburrida y repetitiva, consiste en buscarse durante el trayecto algo nuevo en qué fijarse,
aparte de las posibles variaciones que
se produzcan por sí solas cada día, bien de forma natural u ocasional.
Pondré unos ejemplos: parte de nuestro recorrido diario habitual
discurre por las márgenes del río Torío, alternando unos tramos por la
derecha y otros por la izquierda, y se da la circunstancia que este importante
curso de agua, a su paso por la capital leonesa, está dotado del sistema SAIH
(sistema automático de información hidráulica), con lo cual existen una serie
de paneles electrónicos colocados en puntos singulares a lo largo del cauce del río y por donde
nosotros pasamos tenemos uno a la altura de Puente Castro, en el que se puede
ver y leer en una gran pantalla en color la información en tiempo real referente
a los datos de capacidad de los embalses y de los ríos que componen la cuenca
del Duero. En este panel, donde también se incluyen fotos relacionadas con las
presas y los cursos de agua de la comunidad, se dan los datos propios del río Torío a su
paso por León y referidos concretamente a ese punto, tales como: caudal que
circula en ese momento expresado en metros cúbicos por segundo, altura
de la lámina de agua, temperatura ambiental, caudal máximo estimado del año y
alguna otra referencia más. Si uno se
aficiona a fijarse en esta información y comparar los datos de un día con otro,
un rato antes de llegar al sitio ya vas pensando a ver si sube o si baja el nivel del agua, así como, si el caudal
será mayor o menor que el del día anterior, etc. También cabe la posibilidad de
que algunos días dicho panel esté apagado, o que no funcione y entonces te
sientas un tanto frustrado, pero te conformas
al instante con solo pensar que al día siguiente volverá a funcionar de
nuevo.
Otra distracción con
la que contamos de un tiempo a esta parte, en este itinerario y que surgió de por sí, sin buscarla, es que un buen día cuando llegamos al final de la primera mitad del
recorrido, avistamos un muñeco de trapo
y vistosos colores, que reproduce
fielmente la figura de un cocodrilo de
tamaño considerable, sujeto de una alambrada que delimita el área de protección
de la autovía, pero con la particularidad de que la persona que lo colocó allí,
no lo hizo de cualquier forma, no; lo
hizo con cierta gracia ya que el bicho bien parece que esté agarrado firmemente
con sus patas a la alambrada y con mirada escrutadora hacia los transeúntes que por allí
pasamos. Como curiosidad diré que se ha dado el caso de un buen día que llovió
por la noche y por la mañana el cocodrilo amaneció tocado con una pequeña gorra
de visera impermeable que lo resguardaba por completo de la lluvia y le mantenía
la cara totalmente seca. Otro día que
amaneció muy despejado y con sol desde
primera hora, apareció con unas gafas oscuras totalmente fashion… Tal que, los dichosos complementos
con los que el bicho aparece de vez en cuando, sorprenden a los curiosos viandantes
y dan pie a interpretaciones variopintas sobre quién puede ser el que se las coloca
tan oportunamente, dependiendo del
tiempo que haga. De momento este año, según va el otoño, la bufanda parece que se le resiste un poco y
se hace esperar, pero de todos modos, no tardará en aparecer.
Con todas estas sorpresas que nos ofrece casi a diario este
presumido reptil, no es de extrañar la popularidad que está adquiriendo entre
los caminantes pues la mayoría de éstos se admiran de los cuidados que recibe de
forma altruista y misteriosa este afortunado muñeco de trapo. Se nota que la
noticia ha corrido como la pólvora entre estos simpáticos animalillos de tela y el cocodrilo ya no está solo. Desde
hace unos días tiene compañía y por partida doble pues, se le han juntado codo
con codo, dos okupas más de alambrada: un osito panda pequeño y un
macaco de cola bastante larga. El pobre mono es el más desfavorecido de todos pues,
por avatares de la vida, tiene un ojo
saltado por completo, totalmente fuera de la órbita y el mirar para él, más que
gracia, produce repelús y también lástima o compasión. De todas formas, como se
puede deducir después de haber presentado a este plantel de pacientes peluches,
que se pasan las horas muertas agarrados a la malla metálica de la autovía, los transeúntes ya
tenemos otro buen motivo de diversión consistente en advertir las novedades que exhibirán cada día estos vagabundos
muñecos, en función del pronóstico del
tiempo que tengamos.
Así pues, entre comprobar y contrastar los datos diarios del
río y la adivinanza de los complementos que lucirán los muñecos, se nos hace cada
día el recorrido mucho más corto, ameno y divertido. Cada uno se las tiene que
ingeniar como mejor le parezca, o como
pueda, tanto de forma real como virtual, para poder hacer más llevadera y divertida la rutina diaria de la vida.
B. G. G. bloguero
“Prior”
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7 comentarios:
Estoy totalmente de acuerdo con Galán en que la rutina llega a producirte en ocasiones un cierto aburrimiento cuando sales a caminar y haces siempre el mismo recorrido.
En mi caso vengo haciendo casi siempre la misma ruta. Como vivo muy cerca de lo que fue la antigua carretera de Oviedo el Barrio de la Urgisa en Pumarín, salgo de casa y por dicha calle, que tiene anchas aceras que te facilita el poder caminar con soltura y sin tener que sortear continuamente a la gente bajo hasta la Puerta de la Villa y luego cerca de allí por la calle Corrida hasta el final junto al Muelle, pasar por la plaza del Ayuntamiento a la Playa y a través del Paseo del Muro ir hasta la zona del Rinconín. El recorrido son aproximadamente unos 6 kilómetros. El regreso salvo un pequeño atajo que hago en el Náutico y que acorta unos 400-500 metros lo hago por la misma ruta.
Últimamente he modificado algunos días la ruta y salgo en sentido contrario para atravesar por el Parque de los Pericones hasta el Barrio de Viesques, continuar por la plaza de toros hasta la playa en la zona del Piles y regresar por el antiguo recorrido.
El recorrido es un poco más corto pero con el agravante de que atravesar el Parque es por una cuesta, que aunque no muy pronunciada, al menos a mi me frena un poco la marcheta. En total el tiempo es aproximado de unas 2 horas y media más o menos. Todo ello dependiendo un poco del funcionamiento del cuerpo en ese momento.
Lo que no tengo en mis rutas son esos muñecos de trapo que existen por la ribera del Torío en la Capital de Reino. Eso sí, como voy solo me acompaño con la música guardada en el teléfono para que la caminata se haga más amena.
Lo primero deciros que me dais mucha envidia con vuestros paseos. Espero algún día poder dar alguno aunque sea mucho más corto, pues ya veo que tanto vosotros como Alfredo hacéis un recorrido considerable. Manolo también pasea, creo que un poco menos, pero le gusta mucho también, y como bien dice Benjamín, utilizando casi siempre el mismo itinerario.
Eso de utilizar siempre el mismo itinerario, aunque sea en coche, se hace mejor. Yo la temporada que voy a Oviedo con frecuencia, me rinde mucho menos el viaje. Y no sé si os pasará a vosotros, pero cuando va uno por un sitio desconocido le rinde mucho más, tanto que sea en coche como andando.
Eso de que le pongan al cocodrilo gafas de sol y demás, no deja de ser gracioso, hay gente para todo. Si os entretiene a los paseantes, buena cosa es. En cuanto a lo que dices de la bufanda, este año no llega el frío, tampoco es que yo lo eche de menos, pero aquí estos días hace calor húmedo, que es desagradable.
Cuando vamos a un sitio desconocido; a la vuelta, siempre repetimos lo mismo: "me rindió más la ida que la vuelta". ¿O no es cierto?.
Y aunque parezca mentira, el camino sin obstáculos, como una carretera, cansa más que uno en el que los pasos son de variada longitud.
Siento no poder opinar sobre recorridos en la zona de Gijón; suelo rebajar el colesterol con el hacha (léase bruesa) o con la guadaña, que es un instrumento totalmente recomendado como para fortalecer toda clase de músculos.
Samuel, con gente como tú que, en vez de pasear, no paráis de trabajar, nos van a subir la edad de jubilación todavía más.
Por otra parte no me extraña que estés en forma, si después de comer subíais al Acebo y bajabais para el cine de las siete… Porque la bajada, a pesar de que algunos decían que era peor para las piernas, que daba más agujetas, todavía se llevaba; pero la subida por el Reguero San Martín, la hice varias veces y hasta llegar a encima de Rañeces era tremenda. Después también era bastante, pero no tanto. Subir y bajar al Acebo andando tenía su encanto, pero… si hacía calor había que madrugar mucho para no “asarte”. Recuerdo que el día del Acebo salíamos de casa al empezar a amanecer. El caso es que yo no sé qué hacíamos todo el día en el Acebo, pues llegábamos allí sobre las diez o antes, y bajábamos por la tarde. Bueno, sobre las once comíamos algo, después la misa, y subíamos diez o doce veces hasta la cruz. Luego ya a comer. Después a escuchar el acordeonista de turno. Yo subía con tres o cuatro amigas y la madre de una de ellas que era la que dirigía la subida y bajada. Creo que la última vez que subí con ellas tendría 18 ó 19 años. Después subí otra vez andando con Manolo y mi hermano y las siguientes ya fueron e coche, que tiene menos encanto pero es mucho más cómodo.
Así que tú eras de los que de vez en cuando, en la época en que éramos jóvenes, se ponían las madreñas. Yo creo que sobre todo los años muy fríos, a todos nos apetecían, pues eso de llevar las zapatillas puestas daba más calor a los pies. Hubo una época, dos o tres años, que se llevaban mucho los “chanclos” con las zapatillas, pero luego, no sé si porque los zapatos empezaron a ser mejores, se dejaron de ver de forma radical, no tenían la tradición que tenían las madreñas.
Pues si Maribel, el menda andaba de madreñas por los claustros. Sólo me faltaban los carpinos, que aquí salieron a relucir en alguna ocasión.
La subida al Acebo, que comenta Villamil, la recuerdo muchas veces. Además, allí arriba, estaba todo cerrado; no creo que paráramos más de media hora. Lo suficiente para recuperar el aliento y no perder el cine de las 7, que seguro sería de vaqueros o de Marisol. Se me olvidaba, sin bocadillo y, como dije anteriormente, de zapatos pues sólo tenía las zapatillas para clase y los zapatos para los fines de semana. Cuando jugaba al fútbol, pocas veces, me dejaban prestados unos playeros. Así era el día a día nuestro.
No te preocupes, la pensión, ya se encargarán de ponerla a largo plazo para que sólo los muy afortunados puedan llegar a cobrarla.
Acabo de ver en la tele que el presidente del gobierno tiene 245 asesores.
Pregunta:"¿para qué demonios queremos presidente?".
Suponiendo, que es poco suponer, que cada uno cobre 2.000 Euros al mes, son 490.000 Euros y sin riesgo alguno.
No hay pais como España.
Cómo es lógico,quiero hacer un comentario sobre las subidas al ACEBO.Tengo unas cuantas en las piernas,desde Corias,desde San Féliz-donde nací-...había que bajar a Arganza,subir al Puelo,bajar al Puente del Infierno,carretera y subir por San Pedro de Corias...hasta el Acebo.Siempe que tenías un malestar,aunque fuese tos,te ofrecían a la Virgen del Acebo y había que ir.He subido hasta con fiebre...y sin nada para beber...Lo que dice Samuel,a veces arriba estaba todo cerrado.Se podía,creo sacar agua del pozo...El calzado,generalmente botas o madreñas....yo me manejo perfectamente con madreñas...La última subida, pero en coche,fue en la mañana del día 9 de Septiembre de 2013,con un amigo navarro...aficionado al ciclismo y que quería ver esas rampas.Dos días antes habiamos estado en el ANGLIRU....a lo que iba...en esa mañana del día 9,subía andando cantidad de gente,jóvenes en su mayoría...con lo que la tradición permanece.
Recuerdo la subida de rodillas desde Veigalapiedra y las vueltas que los ofrecidos daban a la Capilla,siempre de rodillas....
In es Inocencio
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