Por: jrFRANCOS
"Tú has perdido un hermano y yo a un amigo", le escribía ayer a la hermana de Balsera, que me pidió que le enviase fotos de él o con él si las tuviese. ---------------
De nuestra estancia en Corias (1959/66), yo de Alfredo Balsera no tengo más que dos recuerdos: era buen estudiante , de notables y sobresalientes -de hecho se fue a Madrid a estudiar con éxito una ingeniería superior- y que cantaba y tocaba bien la guitarra; su canción preferida era la composición "Malagueña salerosa"/Miguel Aceves Mejía, el cantante mejicano conocido como "El rey del falsete".
Nosotros le decíamos Balsera "el Tequila".
Era dos años mayor que yo como mínimo y a esas edades esa diferencia marca para elegir con quién relacionarte.
No recuerdo cómo ni cuándo empezamos a tratarnos, ya de adultos y situados en la vida.
Yo como enseñante y con hijos y él soltero, pero siempre con una novia -a veces en el extranjero- trabajando para la televisión asturiana (la TPA) y después en la autonómica de Madrid. De ambas se fue por voluntad propia "porque no podía tragar con lo que veía", me confesó.
Tras eso, montó una empresa propia de telefonillos, antenas y y todo lo relacionado con ello, que llegó a tener una veintena de empleados. Como profesional, debía de tener cierto crédito pues me contó en una ocasión Galán, de esas en las que paraba en su casa al subir cuando lo hacía solo, que en un conflicto que hubo allí en una comunidad en León lo mandaron a él como técnico para que hiciese un informe.
Cada vez que subía de Extremadura a Oviedo quedábamos. Unas veces para desayunar chocolate con churros en la cafetería Valor (en un extremo de "La Losa", en cuyas inmediaciones vivía en una de esas torres) y otras en la cafetería Santa Cristina, frente a la estación de ferrocarril, donde alguna vez se nos sumaron Samuel, José Manuel y Raúl.
También le acompañaba a jugar al golf, deporte al que estaba muy entregado y en el que destacaba, unas veces a La Morgal (donde se nos( unió en una ocasión José Manuel Martínez, "juega bien", según él), y a Las Caldas.
Tenía toda una vitrina llena de trofeos.
Nos encontramos un día casualmente en la Corte del Rey Pelayo con Raúl y señora. De ahí surgió una invitación que nos hizo el citado a pasar un día en su maravillosa casa de montaña donde estuvimos toda una una jornada, para el recuerdo, acompañados de una amiga mía.
En cierta ocasión que nos vimos más de una vez, cuando en la última me despedí me dijo algo que me llegó al corazón: "Me da pena que te vayas".
Según me dejó entrever, yo era su mejor amigo, el que mejor entendía sus pensamientos -muchas veces distintos de los míos- y a quien contaba aspectos de su mundo que no contaba a nadie.
Alguna vez estuvimos un poco "esquinados"; le escribía y no abría los mensajes, pero si le llamaba, cogía el teléfono.
En fin, como sucede en las mejores familias.
Cuando vuelva a desayunar a nuestra cafetería, amigo Balsera, pediré dos tazas de chocolate y dos raciones de churros, una por mí y otra por ti.
Descansa en paz. Tu amigo que lo fue, Francos.





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