Sobrecogidos por la sorprendente y desdichada muerte del amigo y compañero de colegio, Alfredo Balsera, lo más inmediato que se nos ocurrió a los compañeros que vivimos distantes, fue manifestar nuestro más sentido pésame a la familia y seguido rebuscar entre los recuerdos que aún conservamos de aquella etapa de la vida, después de transcurridos sesenta años, cualquier reseña del colegio que aliviara o atenuara en parte la pena surgida por la pérdida del amigo, entre las muchas vivencias de juventud que aún recordamos y que compartimos durante los siete años de bachiller que cursamos en el internado de los PP. Dominicos en Corias.
La mayoría de los exalumnos, el mejor testimonio que conservamos de aquella disciplinada y austera etapa es el álbum de fotos repleto de fotografías en blanco y negro, las cuales, evocan todo tipo de recuerdos, unos muy agradables y otros no tanto, como pasa en todos los sitios. Apenas ojeadas un par de páginas del álbum, ya he dado con varias fotografías en las que figuraba Balsera junto con otros compañeros y en diferentes actividades del colegio, pero entre todas ellas, aunque cualquiera podría servir para la ocasión, elegí ésta que encabeza el texto, por su calidad y nitidez y en la que, al menos, vemos al finado con gesto exultante y triunfante, representando al grupo musical, como desearíamos poder seguir viéndolo ahora y por muchos años más.
Dicha foto incita a pensar que recoge un momento estelar, principalmente del vocalista en pleno auge de su actuación. Pero tampoco es descartable que fuese simple posado para la foto, momentos antes o después de la intervención. Alfredo como era el vocalista, la voz cantante y alma del grupo, ocupa lugar preferente en el centro de la imagen, mostrando gesto de triunfo y de querer abrazar y representar al resto de los músicos que también son sus compañeros de estudios: Longinos, Pacuti, Gera, Rufino y Miguel Ángel. Desdichadamente, de aquel grupo solamente viven en la actualidad dos: Gera y Longinos. El amigo Gera no se ve que tenga entre manos ningún instrumento musical, con lo que no sería descabalado pensar que más bien haría las veces de mánager y promotor, para encumbrar y lanzar al éxito artistas noveles.
Un rasgo muy particular del cantante Balsera era el gusto por las cazadoras y guayaberas como prendas de vestir para las ocasiones festivas. Rara es la foto en la que se le ve con chaqueta de traje. Otra de sus debilidades sonoras eran las rancheras como género musical preferido. De ahí que la mayoría de su repertorio habitual estuviese formado por canciones de origen mexicano. En cierta ocasión el profesor de Agronomía y Cultivos, que era seglar y un gran docente, se fue del colegio. Su marcha no obedecía a que estuviese descontento en Corias, sino que era madrileño y estaba casado recientemente, lo que motivó que solicitase una plaza de lo mismo en su tierra, en Madrid y, dado su buen curriculum, se la adjudicaron en breve y se fue. Tanto el claustro de profesores como los alumnos le estábamos muy agradecidos a este riguroso profesor por sus años de excelentes enseñanzas y por su gran personalidad. Y como el ser agradecidos es de bien nacidos, el colegio no dudó ni un momento en hacerle un sonoro homenaje como despedida, en el que tomaron parte el padre Prior, diferentes profes y determinados alumnos, reconociendo y ensalzando todos, las virtudes y valores del profesor don Jesús Hernández. Y como broche de oro del acto improvisado le esperaba la actuación musical estrella, por parte de Alfredo Balsera y sus mariachis. A la hora de elegir las canciones para halagar al profesor que se iba, el intérprete no dudó en elegir una de las piezas que mejor se sabía, titulada “Qué bonitos ojos tienes, debajo de esas dos cejas” y que nada más anunciar el título, la tremenda carcajada de todo el salón de actos fue unánime y se oyó hasta en Retuertas. La elección de la canción habría sido perfecta, si no fuese porque el homenajeado tenía unas cejas excesivamente grandes, negras, prominentes y pobladas como las del presidente ruso Leónidas Breznev. Recuperada la audiencia del ataque de risa colectivo, Balsera cantó muy bien y el señor Hernández se sintió muy emocionado, halagado y agradecido con la actuación y todo tuvo un final feliz. Sirva esta simpática anécdota como recuerdo y homenaje para nuestro amigo y compañero, tristemente finado, Alfredo Balsera, que en Gloria esté.
B. G. G.


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