miércoles, 2 de agosto de 2017
Crónica de Grandas
¡Al fin llega el día 13 de julio, al fin vamos a volver a Grandas!
Después de 60 años, quienes contamos ya tantos como para hablar de mediados del
siglo pasado, recordamos con emoción la
primera y única vez que vimos aquella
obra gigantesca, siendo niños. Ni siquiera importa que el día sea oscuro y
lluvioso porque eso confiere al paisaje su más pura esencia asturiana y lo
llena de melancolía, tan proclive a los recuerdos.
A las 10 de la mañana, puntualmente, estamos en Pola de Allande,
donde no había vuelto desde mediados de los 60, cuando mis padres nos llevaban
a ver aquella descarga de fuegos artificiales de colores, a la china, tan
distinta de la nuestra. Me pareció
que la villa de los americanos no
había cambiado mucho y reconocí alguno de aquellos palacetes de indianos y La
Nueva Allandesa, sede de inolvidables banquetes.
En el Bar Lozano se reúnen todos los viajeros y nuestro Prior
oficia como maestro de ceremonias presentándome a todos y cada uno. En realidad
creo que no es necesario porque somos ya viejos amigos a través del blog y de
los recuerdos compartidos, pero un buen Prior jamás olvida las formas,
imprescindibles para la buena marcha de la comunidad.
Después del café y de unos minutos de amena conversación volvemos
a los coches para proseguir el viaje. El Puerto del Palo está envuelto en
niebla y apenas es visible el refugio de cazadores, cuya preciosa foto nos
envió Samuel. Apenas adivinado entre la bruma y en lamentable estado de
abandono, es como una alegoría del paso del tiempo y sus desastres. Algunos
esforzados peregrinos aparecen y desaparecen al borde de la carretera, fugaces
como figuras incorpóreas e inquietantes de un sueño.
A la hora prevista estamos ante la fachada de la Central que sigue
siendo la monumental construcción que recordaba y siempre he deseado volver a
ver, quizá porque fue mi primer encuentro con el arte moderno, que habría de
interesarme el resto de mi vida. Ahora, pasados 60 años, entiendo lo que
entonces me impresionó pero no entendí. Ahora entiendo que sus raíces de hunden
en el arte egipcio y que esta fachada se parece a los pilonos de un templo
nilótico donde todo ha sido concebido para la eternidad.
Nos recibe un amable guía que comienza a hablarnos de Los Vaquero, Vaquero Palacios,
arquitecto y pintor, y su hijo, Vaquero Turcios, pintor, escultor y arquitecto,
a quienes se debe el diseño y decoración de la obra. Los relieves que creí
tallados en granito rosa, como muchas esculturas faraónicas, no son tallas
graníticas sino hormigón vaciado en moldes y adherido a la fachada. Su tema es
el agua, que cae desde las nubes al río, pasa por complicados procesos en los
que intervienen hombres y máquinas, se convierte en rayos y sale de la central
por cables sostenidos por torres metálicas. El tiempo y la humedad van
oscureciendo la piedra y el hormigón y los van dotando de pátina, ese halo misterioso, inexplicable, que convierte una obra
de ingeniería en arte.
Ya dentro, convenientemente protegidos por blancos gorros
quirúrgicos y cascos, comenzamos la visita no por la sala de máquinas a nivel
de la entrada sino por la de control, más elevada, a la que accedemos en
ascensores. Se parece a una nave espacial antigua porque las que hoy vemos en
las películas son mucho más sofisticadas. No es grande pero sí llena de paneles
color verde inglés con lucecitas de colores, botones, mandos, relojes y
pantallas. En fin, para expertos como
yo, una atracción cinematográfica donde los metales relucen como recién pulidos
y todo funciona con germánica precisión…desde mediados del siglo pasado, cuando
la tecnología y los medios eran muy distintos a los de hoy.
Bajamos después a la sala de máquinas donde está el gran mural de
Vaquero Turcios, que narra muy gráficamente toda la génesis de la central, desde
la localización del lugar por un anciano con larga barba blanca y túnica que
parece un filósofo griego y, al parecer, representa al abuelo de uno de los
Vaquero, hasta el proceso costosísimo y a veces doloroso de la construcción en
tan difícil paraje. La técnica de las pinturas es cubista, estilo dominante en
esa época, y tienen un marcado propósito descriptivo y pedagógico. Sobre el
enorme mural, en cuatro grandes ménsulas, aparecen las imágenes de cuatro
ilustres personajes con una frase emblemática de cada uno de ellos. Se trata de
Picasso, Freud, Max Plank y Einstein, todos ellos pilares del mundo moderno,
que fueron allí colocados en 2001, cuando los frescos fueron restaurados. En
época de la construcción no fue posible dada la escasa simpatía que tan
insignes personalidades despertaban en el régimen dominante.
Bajo el monumental fresco, bajo la mirada de aquellos genios, hay
una salita redonda con sofás rojos en torno a una mesa circular, de aire
funcional y neoyorkino años 50. La diseñó Vaquero Turcios para facilitar las
reuniones de ingenieros, arquitectos y técnicos in situ, al abrigo del fragor
de la obra en construcción. Pues bien, El
Caudillo, cuando inauguró la central en 1953, se negó a entrar en la salita
porque ¡estaba tapizada en rojo! Parece que Su
Excelencia ignoraba que aquellos frescos bajo los que se hallaba son un
claro ejemplo de realismo socialista, idénticos a los que pueden verse en las
estaciones de metro de Moscú y que Stalin ordenó construir por las mismas
fechas. Y es que el arte no sabe de fronteras y como muy bien dice un refrán
castellano “los extremos se tocan”.
A la salida de la sala de máquinas observamos la maqueta de uno de
los dos colosales halcones que habrían de ser miradores colocados sobre la
presa, entre cuyas patas pasarían los coches. También en Moscú, en el solar de
la catedral del Salvador que Stalin ordenó demoler, se proyectó levantar una
estatua de Lenin cuyas manos extendidas serían dos helipuertos. Los halcones de
Grandas y la estatua de Lenin han tenido el mismo destino. Sic transit gloria mundi.
Ya en el exterior observé con más atención aquel paisaje áspero al
que las construcciones auxiliares, abandonadas y ruinosas, dan cierto aire
siniestro subrayado por las nubes bajas y sombrías. Volví a ver el mirador en
forma de fauces abiertas y la imagen de la Virgen de la Luz y ambos me
parecieron menos grandes y más feos que entonces. Las enormes paredes de la
presa, los aliviaderos, toda la obra se va ennegreciendo, todo tiene un aspecto
posindustrial, de decadencia, de abandono, de irreversible pasado.
Hacia las 13 h nos instalamos en torno a la mesa del restaurante
Las Grandas. Acerca de la comida ha habido disparidad de criterios, como dicen
los taurinos, pero como no soy autoridad en la materia y para mí la compañía es
siempre lo más importante, solo diré que disfruté de lo lindo de todo, comida,
compañía, conversación y vistas espectaculares desde la terraza sobre el
embalse.
Continuamos camino hacia Grandas por una carretera sinuosa y
bellísima y ya en el pueblo, fuimos directamente al museo, ubicado en un
recinto cercado al que se accede por un amplio portón que bien podría ser la
entrada a cualquier pueblo del suroccidente asturiano de nuestra infancia: casa
con hórreo, molino, tienda, ermita y demás instalaciones necesarias para la
vida en la aldea.
Empezamos la visita por la casa con su chariega, escaños,
trébedes, masera, bacitas y los innumerables utensilios que tan familiares nos
son a los aldeanos cangueses que ya peinamos canas…en el mejor de los casos.
Después, la habitaciones: camas, cunas, armarios, enseres y ropas de todo tipo,
algunas verdaderamente jocosas. Una escuela con pupitres con tinteros de mojar, mapas en las paredes, globo
terráqueo, cartillas, enciclopedia, encerado, retratos de los amados líderes, y la estufina de carbón que a punto estuvo de arrancar una lágrima a
algún nostálgico. Una peluquería-barbería de caballeros, con sus sillones
blancos, navajas, tijeras, peines, cuchillas, Varón Dandy y papel higiénico El
Elefante entre un sinfín de objetos cuidadosamente ordenados en las viejas
vitrinas. Una sastrería muy bien surtida donde el Prior tuvo ocasión de
deleitarnos con una lección magistral. Sacas de correos y valijas que me
saludaron como a una antigua colega. Una tienda como la de Saturno de
Ventanueva donde había desde caramelos hasta carburo para los candiles… Telares
de todas clases; máquinas de coser, de ebanistería y de todo tipo; enorme
colección de cuencos, jarras, cestas y toda clase de utensilios hechos de madera;
una completísima colección de madreñas, no solo de Asturias sino de otras
regiones de España y Europa… El Prior nos explicó detalladamente el
funcionamiento de las trampas para cazar ratones, una de las cuales era como
una guillotina de madera. ¡Qué ingenio, que derroche de talento para matar o
cazar a un pobre ratón! Y una cocina más moderna, de aquellas llamadas económicas (fabricadas en el País Vasco,
se vendían en la tienda de mis padres y eran eternas, prácticamente
indestructibles), equipada con toda la cacharrería propia de la época.
En torno a aquel precioso espacio verde y ajardinado están el
hórreo y el molino completo y en pleno funcionamiento, movido por las aguas
claras del regueiro que riega la
propiedad donde también se alza la capilla, ejemplo perfecto de arquitectura
popular en cuyo interior pasamos momentos divertidos examinando confesionarios,
imágenes, carracas, incensarios, apagavelas, ornamentos varios y hasta un
féretro de madera toscamente tallada que debía pasar de generación en generación
pues, de lo contrario, estaría bajo tierra y no aquí sobre unas andas.
A la salida dimos las gracias efusivamente a quienes se encargan
de reunir, clasificar, restaurar y cuidar tan ingente cantidad de objetos y les
animamos a continuar en tan admirable labor. Firmamos en el libro de visitantes
y así concluyo una visita memorable a un museo ejemplar.
En un café cercano nos sentamos durante media hora para comentar
las emociones del día, quizá con el secreto deseo de alargarlo un poco más.
Todos agradecimos a Samuel su perfecta organización y me atrevo a decir que
nadie la disfrutó más que yo y por todo ello, por la oportunidad que me brindasteis
de volver a ver lo que nunca creí posible y por vuestra calurosa acogida,
siempre os estaré agradecida, siempre desearé volver a reunirme con tan
extraordinarios amigos.
Para todos y cada uno el más cariñoso abrazo y ¡hasta pronto!
MGM
domingo, 23 de julio de 2017
“DALÍ”
Desvalido,
solitario,
enfermito
imaginario
traído de
acá para allá
por
tiránicas blancuras
en níveas
urnas rugientes;
triste
majestad sedente
en férreo
trono rodante
coronada
gentilmente
por
barretina colgante.
¡Pobre
Salvador Dalí,
pobre niño
consentido
sin papás y
sin amigos
a quien
todos dicen sí!
Patético
niño mío,
no sé si te
habrán querido
pero ahora
serás feliz
en el
Ampurdán celeste
que he
pintado para ti.
.....
MGM
viernes, 14 de julio de 2017
VISITA A LA CENTRAL HIDROELÉCTRICA DE GRANDAS DE SALIME
Ayer
día 13 de julio, dada la mala fama que arrastra el número trece según la superstición popular, es probable que
para muchos no fuera un día muy propicio para alejarse del entorno conocido de
cada uno. Sin embargo, nuestro amigo y compañero Samuel, allá a primeros de
junio ya pensó en organizar una excursión junto a sus compañeros de
colegio y esposas, que no fuera muy lejos y que tuviera un poco de todo: gastronomía, paisaje,
entretenimiento, distracción, cultura… El punto elegido con mucho acierto
fue la Central Hidroeléctrica de Grandas de Salime sobre el río Navia.
En principio íbamos a ser
bastantes más los asistentes , pero por diversos motivos y ocupaciones
familiares hemos acudido solo once: Samuel, Olga, Manolo Camposín y Maribel, Alfredo y Conchita, Raúl y Rosi, Galán y Elena. Como miembro e invitada especial, participante y entusiasta del Blog de los
antiguos alumnos de Corias, nuestra entrañable amiga Gloria.
El
punto de encuentro fue en Pola de Allande a las diez de la mañana. Una vez que
tomamos café nos pusimos en marcha toda
la comitiva con dirección hacia el Embalse de Grandas. La hora prevista para la
visita eran las once. Llegamos sobre las once y diez. Como Samuel lo tenía todo
gestionado a la perfección, no hubo ninguna sorpresa. A la entrada de la
central ya nos estaban esperando los guías, que por cierto, uno era exalumno de
Corias, pero de promociones posteriores a las nuestras.
Antes de iniciar el
recorrido nos pertrecharon de una especie de redecilla de color blanco, a modo
de velo, de usar y tirar, para cubrir la cabeza, y sobre ella nos calamos el flamante y reluciente casco blanco.
Fuimos recorriendo los distintos departamentos de la central, acompañados por
personal acreditado que nos fue explicando el funcionamiento y control de los
cuatro grupos generadores que posee la central, con los consiguientes cuadros
de mandos así como los dispositivos autómatas que vigilan y regulan los posibles
imprevistos que pudieran surgir durante la generación de la electricidad. Como
detalle que apreciaron rápidamente las mujeres fue el refulgente brillo que despedían
los rótulos y dispositivos de los cuadros de mandos que eran de bronce.
En la
sala de generadores existe en la parte alta de uno de los laterales un atractivo mural con mucho
colorido en el que se representa el
proceso completo de la construcción de la presa y que es obra de los artistas Vaquero,
padre e hijo. También recoge figuras que hacen comprensible el proceso de generación
de la electricidad mediante el agua embalsada. Comienza por la nube que
proporciona el agua que aportará la energía potencial necesaria, hasta que
salen de la central los kilovatios a la subestación y de ahí a la red eléctrica. Todo el recorrido fue muy ameno,
muy interesante y bien explicado en
términos muy accesibles para profanos y entendidos.
Sobre
las 13 horas finalizamos la visita, nos hicimos la foto de familia en la
entrada de la central y nos fuimos a comer
a un hotel cercano, en la carretera hacia Grandas, llamado Las Grandas.
Por la tarde nos acercamos hasta Grandas de Salime para visitar el Museo
Etnográfico y que algunos ya habíamos visitado hace muchos años. Nos gustó
mucho a todos por el lugar donde está albergado, el contenido, lo bien ordenado, el número de piezas que posee,
por la simpatía de los guías y por qué no decirlo: por el precio tan económico de la entrada, 1,50 €. Gloria firmó en nombre del grupo en el libro
de visitas y con esto dimos por concluida la excursión.
A la
salida de la visita al museo tomamos un café en un bar frente a la bonita
iglesia del pueblo y cada mochuelo a su olivo. Todos regresamos a casa muy satisfechos de haber disfrutado de
un estupendo día entre viejos amigos. Lástima que Josefa, la mujer de Samuel, no pudo asistir por tener otros compromisos.
Muchas gracias a Samuel por la dedicación y esfuerzo en la preparación del
evento, y decirle que es todo un experto
en logística pues, no deja ningún cabo suelto, todo atado y bien atado, no como les pasó a
otros. Así da gusto.
B. G.
G. bloguero “Prior”
jueves, 29 de junio de 2017
A VUELTAS CON LA MEMORIA
El paso del tiempo y la pérdida de memoria suelen ser circunstancias propicias para que el
olvido tienda sus mortales emboscadas.
Esta semana se celebraron los 40 años de la legislatura constituyente con actos en los que fueron
homenajeados, y condecorados, algunos de los miembros que formaron parte de
ella. Éstos, junto a otros hombres y mujeres ya fallecidos, son
reconocidos, unos con más justicia que otros, como protagonistas
de la Transición democrática en nuestro país.
Sin embargo son muchos más los protagonistas olvidados, o solo recordados en esta ocasión por algunos de los actuales diputados en un acto celebrado al
margen del boato oficial. Duele que tantos sacrificios personales y colectivos
por una sociedad más justa hayan sido, y sean hoy, aprovechados por quienes detentan
el poder político y económico para perpetrar el saqueo del bienestar de todos.
Al seguir estas celebraciones a través de los medios de comunicación experimenté la misma sensación que había
experimentado hace más de dos décadas,
cuando, al cumplirse los 20 años de la muerte de Franco y del inicio de
la Transición, se prodigaron fastos parecidos.
Entonces sentí la
necesidad de rescatar la memoria de uno, de uno al menos entre los miles de
olvidados. De un compañero y amigo. Era noviembre - diciembre de
1995 y escribí
una carta al director de El País con el título “La otra
Transición” La carta fue publicada (algo que
dudo hubiera hecho hoy el actual Director teniendo en cuenta la deriva
informativa y editorial mantenida por este periódico durante
los últimos tiempos)
Ahora, igual que entonces, para que el paso
del tiempo y la pérdida de memoria no nos lleve a olvidar, he sentido la necesidad de
recuperar ese recuerdo, y después de bucear en los archivos de Cartas al
Director de la edición impresa de El País recuperé aquella
carta. Hoy la transcribo aquí:
-La
otra Transición - (El País -15 de diciembre 1995)
Un tema de moda: la Transición. ¿Quién, quiénes fueron sus artífices, sus
protagonistas? Unos se ponen medallas, otros las ponen a señores importantes ahora, algunos también lo eran entonces. Pero de los otros protagonistas ¿quién se acuerda? Yo recuerdo uno, uno más entre miles.
Comenzó a luchar
por la libertad y la democracia y muy joven se hizo comunista. Muy joven también un tribunal militar, año 1962, le
encarceló
en el penal de Burgos. Cuando salió, día a día, mes a
mes, año a año, se dedicó tenazmente a continuar esa lucha visitando periódicamente nuevas cárceles.
Los trabajadores de Madrid, especialmente
los metalúrgicos, recordamos una empresa, Taybesa, donde entonces (años 70) trabajaba, y una zona, Ventas, en la cual desarrollaba su
actividad sindical y política. Después años de trabajo agridulce para crear la
estructura capaz de transformar lo que era un movimiento obrero en un sindicato
democrático y de clase.
Una vez cumplida esa etapa, y ya en los años 80, retomó su oficio de siempre, mecánico de automóviles. Pero ya había cumplido 40 años. Su edad y militancia sindical y política no eran buena compañía para
encontrar nuevos empleos: La Transición permanece
detenida ante la puerta de muchas empresas.
Transcurre entre el paro y contratos
temporales (antecedentes de los hoy oficializados contratos basura) ese periodo
de su vida. Hasta una mañana de principios de agosto de 1988.
Muchos partíamos de vacaciones, él se dirigía a un nuevo empleo (temporal, por supuesto). Su vehículo se salió de la carretera y dejó de existir. Aún no tenía 50 años. Este protagonista de la Transición se llamaba Emilio Alcaraz.
Fdo. ulpiano rodríguez calvo.
jueves, 22 de junio de 2017
ADIÓS A UNA AMIGA DEL BLOG
Nuestro más sentido pésame a los familiares de Marta
Rodríguez por su fallecimiento. Dada la
simpatía que sentía esta amiga hacia los
antiguos alumnos de Corias, que mientras tuvo salud, procuró sacar tiempo de donde fuese para visitar con frecuencia este blog y participar en él con sus poéticos y nostálgicos comentarios. Sobre todo, siempre que saliese a relucir algo relacionado con:
Corias, el convento, los frailes, la
juventud de aquellos años, etc. Los amigos del blog siempre la recordaremos y le
quedamos muy agradecidos por sus colaboraciones. Te echaremos de menos amiga Marta. D. E.
P.
B.G.G. bloguero"Prior"
miércoles, 21 de junio de 2017
LA DÉCIMO SEGUNDA
Este grupo de talludos “pimpollos”
que vemos posando en la tercera foto, tras
los rosales enanos repletos de lucidas y atractivas rosas rojas, son antiguos alumnos de Corias, restos de la promoción: 1959-1966. Aunque por
ley natural el grupo va mermando, pues, ya sufrimos tres bajas entre nosotros; la última muy reciente todavía pues, apenas hace tres semanas que nos dejó el amigo Juanma
de Pola de Lena. La foto en
la que estamos todos de pie, recoge el
momento del brindis en su honor
y memoria por buen amigo y excelente compañero.
A pesar de estos reveses que da la vida, el resto de compañeros seguimos
reuniéndonos al menos una o dos veces anualmente. La de este año ha hecho la décimo segunda cuchipanda. El número de asistentes a
estos encuentros suele oscilar entre ocho como máximo y como pocos seis, como ha sido el caso de este año.
Lo que sí ha cambiado esta vez fue el lugar de celebración, que ha sido en La Cruz
de Lena en una preciosa casita de recreo, propiedad de Raúl, con trazas de
hórreo y enclavada en un paisaje de
montaña idílico. Pero el cambio afectó principalmente, a las coordenadas del
lugar pues, en cuanto a bonitos y acogedores lugares y esmerada atención por
parte de los anfitriones son a cual más, entre los cuatro “refugios” que
caritativamente, han ido acogiendo al grupo a lo largo de estos diez últimos
años.
Estos sufridos amigos que se brindan
gustosamente para atender y asistir a
este maduro grupo, la mayoría septuagenarios, tienen mucho mérito y les
estamos todos muy agradecidos por ello, pues, queramos
o no, vamos muy mayores y ya damos
mucha lata. Bueno, en cuanto a lata, no nos quejaremos demasiado pues podría
ser la cosa mucho peor si la asistencia fuera al completo.
También es de justicia decir que algunos de estos “mesoneros”
improvisados, se les hace la carga un
poco más llevadera gracias a la veteranía adquirida en prestar este servicio
una y otra vez, como es el caso de Fidel en Baselgas, en el concejo de Grado, que
llevamos recayendo por allí, ya cinco
veces. No sería nada de extrañar que la
próxima vez que por allí aparezca la comitiva, se encuentre en la fachada de la casa con un
letrero que diga más o menos esto: “CERRADO POR TIEMPO INDEFINIDO DEBIDO A REFORMAS ESTRUCTURALES MUY IMPORTANTES EN EL
EDIFICIO. LA PROPIEDAD SOLO ATIENDE ON LINE,
Y VISITAS NO SE RECIBEN HASTA NUEVA ORDEN”.
Bromas aparte, es justo decir que
pasamos un estupendo día y que regresamos todos a casa con ganas de volver a repetirlo
en cualquier momento: bien sea en cualquiera de estos privilegiados lugares, o
en el albergue municipal más próximo si hiciese falta; eso daría lo mismo. El caso es poder seguir
juntándose todos, y celebrándolo así de bien. Hasta pronto.
B. G. G. bloguero “Prior”
viernes, 16 de junio de 2017
CANÍCULA Y CEREZAS
Continuando
con las diversiones propias de nuestra infancia, durante los calurosos meses de julio y
agosto, los que fuimos criados en pueblos con río cercano, hay que reconocer
que tuvimos mucha fortuna pues, ya siendo pequeños, como dicen los argentinos, apenas
unos soretes, llegados los calores caniculares nuestra mayor distracción a la hora de la
siesta era ir al río y meternos en los pozos más remansados para, a base de
insistencia y de algún que otro trago involuntario de agua, y de sufrir mofas y
repetidas “aguadichas” por parte de los “xabardus” (brutos) mayores, lográbamos aprender a nadar.
Otro
entretenimiento, muy valorado por todos nosotros en estas fechas, consistía en
por las noches ir a visitar los cerezos vecinos que había en el pueblo y si
estaban bien cargados de fruto les aligerábamos un tanto de peso. Esta diversión conllevaba cierto
riesgo físico pues, a veces, a pesar de cobijarnos la oscuridad de la noche, no resultaba nada
fácil el esquivar los cantazos que
llegaban a la “caramiecha” (cima) de los árboles, estando como estábamos, sin nosotros saberlo, bajo la atenta vigilancia y puntería de los astutos
y recelosos dueños de los cerezos.
Volviendo a la
primera diversión, conviene resaltar que en aquella etapa de nuestra adolescencia,
el adquirir la capacidad de poder
comportarse como un “bilaxu” (trucha pequeña) en el agua,
durante al menos unos momentos, suponía todo un reto y era una de las formas de poder compartir de igual
a igual con los mayores las sesiones de
baño, ya que
ellos eran más veteranos en esas lides y se manejaban con cierta soltura,
tal como el lanzarse de cabeza al agua desde un risco elevado de la orilla y bucear hasta tocar con
la punta de los dedos el fondo del pozo.
Para los más novatos el poder llegar a
hacer esas mismas proezas que hacían los mayores, era como alcanzar un rango, un estatus superior
dentro de la jerarquía de la pandilla pues, entrañaba una de las mejores formas
de divertirse y de que los mayores te respetaran y te tuvieran en cuenta. Sin
embargo, las muchachas era más raro que fueran al río a bañarse junto con
nosotros. De ir, iban algunas veces, pero ellas solas y medio escondidas, para procurar
que los rapaces no las viésemos en traje de baño, ya que para ellas aquella pudorosa y generosa vestimenta
resultaba poco menos que estar en paños menores.
No hace mucho
he hecho un comentario en Facebook relacionado con los baños en la playa, que
por cierto, como apreciación diré que a pesar de haber tantas piscinas al aire
libre y climatizadas en todas las ciudades, todavía se ve bastante gente que no sabe
nadar. En dicho comentario reconocía y
agradecía el haberme criado en un pueblo ribereño con río cercano pues, gracias
a eso, a partir de los 10 o 12 años, aproximadamente, ya sabíamos nadar lo que
nos facilitó a lo largo de la vida el poder disfrutar de los relajantes baños veraniegos
en los ríos y ocasionales en el mar.
Recuerdo
siendo niño que de vez en cuando, en
verano, se organizaba en el pueblo alguna que otra excursión a Luarca, gracias
a los servicios de ALSA, pues, era la
única forma de que los de interior pudiésemos disfrutar, al menos por un día, de los reconocidos efectos beneficiosos que la
brisa marina y el agua del mar producen
en el cuerpo humano. Era curioso comprobar que la mayoría de nuestros
progenitores, a pesar de ser ribereños, no sabían nadar; pero una vez en la playa, se remangaban la ropa como podían, tanto hombres
como mujeres, y se metían en el agua hasta que les cubría por la rodilla para disfrutar de las caricias del oleaje y también
para que el salitre marino les aliviase los frecuentes dolores musculares y
reumáticos que les solían acompañar.
Por el
contrario, los zagales nada más que
pisábamos arena fina, ya nos despojábamos
a la carrera de la ropa y nos quedábamos
con el calzón de baño, de marca Meyba, el cual, la mayoría de las veces,
no estaba para muchos trotes pues, entre lo descolorido
y desgastado que lo teníamos, era como si lleváramos encima puesto un tul, (más o menos como el que se vio que llevaba
puesto Rodrigo Rato, de color amarillo, estando a bordo de un yate), pero como
tampoco teníamos mucho que tapar, esas minucias a nosotros apenas nos
condicionaban ni nos coartaban a la hora de tener la oportunidad de meternos en
el mar. Al instante, ya nos adentrábamos con cierto recelo en el agua hasta donde hubiese calado suficiente y que
las olas no fuesen muy grandes, para
poder demostrar que nuestras habilidades natatorias adquiridas clandestinamente
en aguas dulces, también eran igual de válidas
para la mar salada.
Nada más
comenzar a nadar nuestros mayores se
quedaban estupefactos al comprobar que no solo nos manteníamos a flote del
agua, sino que sabíamos nadar y bucear
casi tan bien como lo hacen las anguilas. En ese momento se preguntaban entre
ellos: ¿y dónde aprendieron a nadar estos diablecos? La duda no duraba mucho
pues, siempre había alguno del grupo con
cierta incontinencia verbal, que descubría el intríngulis al momento, diciendo
que habíamos aprendido en el Narcea mientras nuestros padres dormían la siesta,
y que la mayoría de nosotros la siesta la pasábamos metidos en el río, y cuando salíamos al prado a secarnos
estábamos ya blancos como la leche, tiritando y dando diente con diente, de lo fría que solía estar el agua.
Recuerdo que algunas
madres y padres de los amigos del pueblo, gracias a las esporádicas excursiones
a Luarca, descubrieron que sus retoños sabían nadar sin su
consentimiento y sin que ellos les hubieran enseñado. De ahí que se mostrasen algo
más tolerantes a la hora de aplicar castigo pues, a pesar de haber burlado las horas impuestas de siesta, tampoco
era como para decir que habían desperdiciado el tiempo pues, mientras los padres se creían que los “diablecos” estaban reposando en la piltra,
para que luego afrontaran los trabajos de la labranza con mayor ímpetu y ganas,
lo que estaban haciendo era chapotear en los pozos del Arca o de Souto como si fueran auténticas “tsóndrigas”
(nutrias).
La verdad es
que no era de extrañar que nos prohibieran el ir solos a bañarnos al río, ya
que, algunos de los pozos que
frecuentábamos encerraban mucho peligro por los remolinos que en ellos se
formaban, sobre todo, en los situados en
profundos recodos o meandros del río Narcea y también de sus tributarios, el
Gillón y el Moal, principalmente, en las inmediaciones de Ventanueva.
Pero no todo
eran parabienes por el sorprendente aprendizaje adquirido, no; a más de uno y
de dos, cuando sus madres descubrieron la
desobediencia y el rechazo de las horas de la siesta, les costó algún que otro disgustillo, como el tener que asumir,
día tras día, el realizar ellos solos, sin la ayuda de nadie, ciertas tareas engorrosas de la ganadería, que
no resultan muy gratas en sí, pero que son obligatorias para la higiene y
desarrollo de los animales estabulados: como era la limpieza y barrido de la
cuadras, sacar el cuito de las cortes de
gochos y vacas, el abastecimiento de mullido para el ganado, etc.
Lo positivo de
todo esto es que, a base de mentir un
poco a los padres, mentiras piadosas, no
sin riesgo de recibir unas buenas “xostradas” (bofetadas) si nos descubrían, y a tener que chapotear incansablemente en el
agua por nuestra propia cuenta, primero solo con las manos, imitando a los
perros, y después ya con brazos y piernas, tipo rana, aprendimos a movernos dentro del río con cierta soltura, sin gastar un duro y sin
necesidad de tener que adquirir excesivos tecnicismos en las formas y en las
poses, ni soportar reproches de monitores, demasiado estrictos y académicos.
B. G. G. bloguero “Prior”
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