Habíamos hecho la reserva con antelación,
pues existe bastante lista de espera, y es necesario presentar la solicitud en
Oviedo para un máximo de 10 personas.
La magnitud de la obra sólo se puede comprobar
desde su interior y nada hace suponer lo que guarda en sus entrañas cuando se circula por
la carretera en la parte superior del muro.
A la entrada, se accede por un túnel y una
carretera de unos 500 metros que llega a la puerta principal donde están las
figuras de hormigón. Y, desde esta entrada, por un largo pasillo se llega a la
sala de turbinas.
Las obras, de esta central, se iniciaron bajo
la dirección del arquitecto Vaquero Palacios en 1946 y se terminaron en 1954.
Para su construcción fue necesaria la
instalación de un teleférico, con una longitud de 35 Km., que unía el puerto de
Navia y la obra, con el fin de transportar
el material (clinker y yeso), necesarios para la fabricación del cemento.
También se construyeron 4 poblados, con
capacidad para 92 familias y 1386 productores, dos capillas, dos cines,
panadería, economato, tiendas, residencia y garajes, Total una superficie
cubierta de 14.000 m/2.
Se calcula que llegaron a trabajar, en esta
obra, unas 3000 personas, principalmente andaluces, que como las condiciones de alimentación y
seguridad no eran las más adecuadas, murieron entre 100 y 300 obreros en su
construcción. Es curioso que se conocen todos los datos de esta obra y ninguno
sobre número exacto de fallecidos
La obra fue financiada, a partes iguales, por
Hidroeléctrica del Cantábrico y Electra del Viesgo que constituyeron la
sociedad “Saltos del Navia”, respaldada por el banco Urquijo y que fue la obra
hidráulica más importante de España, en aquella época, y la segunda de Europa.
Tiene una superficie de 685 Ha., una longitud de 30 Km., una
altura de salto de 114 m., una capacidad
de 266 Hm/3 y es el tercero en construcción, después del de Doiras y el de Arbón,
en la cuenca del Navia.
La parte negativa fue que se inundaron cerca
de 2000 fincas, 14.000 frutales, ocho puentes, cinco iglesias y cuatro
cementerios, sin contar los árboles y viñedos.
La central está situada debajo del aliviadero,
con 4 turbinas de tipo Francis y eje vertical que le proporcionan una
producción de 35.000 KVA cada una.
El cemento se fabricaba a pie de obra y la
piedra se transportaba, en vagonetas tiradas por locomotoras de gas-oil, desde
una cantera cercana.
Es de destacar que, tanto las turbinas como
los generadores, fueron suministrados por el gobierno inglés. desafiando el
embargo que Naciones Unidas había impuesto al régimen franquista.
En 1955, una vez terminadas las obras,
Vaquero Palacios y su hijo Vaquero Turcios fueron designados para dotar a esta obra de diversos elementos
ornamentales y decorativos.
El primero diseñó la fachada de la entrada,
con relieves de hormigón, formando un mural que representa el proceso de producción
eléctrica.
Su hijo, diseñó el mirador, en la parte derecha del
río, conocido como la Boca de la Ballena y el gran mural de 60 metros de largo
que está en la fachada de la sala de las turbinas, representando el proceso de construcción de la central, desde sus primeros estudios hasta la distribución de la energía, la primera reunión del Consejo de Administración y la marcha de los habitantes de las zonas inundadas por las aguas.
También había pensado dibujar , en la parte
alta del mural, los rostros de Picasso,
Einstein, Plank y Freud, pero la censura de la época se lo impidió.
Fue en la restauración de 2001, cuando
Vaquero Turcios rescató esta idea y colocó estos cuatro personajes en el lugar
que se había previsto en un principio.
También se había proyectado coronar la obra
con alguna figura escultórica, como el águila de la foto, que se encuentra en
la sala de turbinas, pero la falta de
presupuesto dejó la idea en el tintero.
Es una obra que merece la pena visitar, no
sólo por su gran magnitud, debido a las dificultades de la época en que fue
construida, sino por el emplazamiento, las características de su construcción y
su estado de conservación.
Es de suponer que el gran rendimiento que aún
conserva sea el motivo de su mantenimiento, de lo contrario sería abandonada
como ocurre con otras obras de la época,
en protesta por el régimen bajo el cual fueron construidas.