martes, 30 de noviembre de 2010
AQUÍ ESTÁ LA NOPAL
De la orquesta canguesa La Nopal, como estamos viendo de momento en este blog, hasta ahora han sido todo elogios lo que se recuerda de ella; y la verdad es que son todos merecidos pues, los de nuestra época tenemos muy buenos recuerdos por los agradables y embelesados ratos que pasamos bailando a su ritmo y también, como no decirlo, escuchando sus melodías arrimados al mostrador. No debemos olvidar que, no todo era “xiringo” eh, también había buenas sesiones de barra y barrera; que por cierto, como fase previa a todo espectáculo, es desde donde mejor se ve el material. Fijaros si esto era así que, como consecuencia de aquellas prolongadas sesiones de ojeo, yo pienso que desde entonces fue cuando se llegó a la necesidad, convertida posteriormente en moda, de poner coderas en las mangas de las chaquetas y jerseys debido al desgaste de los codos sobre las barras de los mostradores.
Pues aunque todo lo que se ha dicho hasta ahora de esta orquestina han sido solamente piropos, yo sintiéndolo mucho tengo que apuntar una pequeña crítica, no de todo el grupo, más bien de uno de sus componentes, y a continuación explicaré el porqué.
Un verano de mi juventud, por el quince de agosto estaba contratada la orquesta La Nopal para tocar en Posada de Rengos con motivo de celebrarse la fiesta principal de la parroquia, La Asunción de la Virgen. Como todos sabemos, en aquellos años, sesenta-setenta las orquestas que iban a las fiestas de los pueblos solían tocar un ratito por la mañana al salir de misa, para el baile vermú, y por la tarde después de comer, reanudaban la marcha, sobre las seis o siete, para que la gente se animara y fuera saliendo de las prolongadas sesiones de sobremesa y acudiera al “prao” a mover el esqueleto hasta la hora de cenar, y después de la cena, otra vez de nuevo hasta las tres o cuatro de la madrugada.
A media tarde solíamos acudir la chavalería para degustar las rosquillas y avellanas tostadas que vendía Oliva la rosquillera, y sobre las siete o las ocho, pasados los calores, ya se incorporaban nuestros mayores. Con motivo de la festividad principal del pueblo siempre venían familiares de afuera que animaban y engrandecían la fiesta. Los mozos estábamos esperando que llegase este día como agua de mayo pues, era cuando se llenaba el pueblo de chavalas procedentes de la capital, principalmente de los madriles.
Estas jóvenes nos atraían mucho a los del pueblo pues, aparte de lo guapas que fueran, nos impresionaban bastante por lo bien que hablaban. También estaban las que habían ido del pueblo y tras permanecer un tiempo en la capital se volvían de un finolis subido. La mayoría de éstas, cuando retornaban al pueblo, aunque la ausencia fuera solo de semanas, también llegaban muy refinadas y hablaban de manera muy fina. Era la prueba de que habían estado en la capital del reino. Entonces decíamos que: cortaban el bacalao. Porque no apeaban de su boca el he venido, he llegado, he terminado…, y en nuestra zona todos sabemos que, gramaticalmente hablando, no solemos usar de forma muy correcta el pretérito para diferenciar si la acción es reciente o pasada. Casi siempre decimos: vine, llegué, terminé sin reparar en que acabes de realizar tal acción o la hayas llevado a cabo hace un año. Es un defecto popular, muy arraigado y difícil de corregir. Pero como la ignorancia es la madre del atrevimiento, nosotros nos reíamos de aquellas pueblerinas amadrileñadas pero, en realidad, aunque nos sonase extraño su forma de hablar, concretamente en este caso, ellas estaban aplicando el tiempo del verbo correctamente y nosotros no.
Bueno, pues aquel año recuerdo de la presencia de una guapa y exótica moza de procedencia madrileña, que aparte de cortar el bacalao de lo lindo, también nos gustaba y atraía mucho por lo bien parecida que era, lo bien que vestía y principalmente, por lo muy pintada que iba. Tal que esta salerosa forastera era el punto de mira de todos los rapaces jóvenes y de los otros menos jóvenes, más. ¡Vaya si lo era! Aquel año fue el mirlo blanco de la fiesta. Nosotros los rapazucos de Posada, de vez en cuando la solicitábamos para “echar una pieza” y ella aceptaba gustosamente, dada la condición de amistad que teníamos con sus parientes del pueblo; pero yo creo que lo hacía casi más bien por diplomacia o por caridad, que por gusto, ya que esta guapa moza era algo mayor que nosotros y emparejada con cualquiera de nosotros, resultaba mucho arroz para muy poco polluelo.
Los mocetes de Posada estábamos encantados en aquella tarde festiva, porque a cada poco nos dábamos el pegote de salir a tanguear una pieza o dos, con la deseada y lucida madrileña y los amigos de los pueblos lindantes al nuestro, se quedaban con la boca abierta viendo cómo fardábamos los propios con tan buena compañía. Pero, como suele pasar en la mayoría de las cosas de la vida, lo bueno dura muy poco. Tal que, entre pieza y pieza, fue pasando la primera parte del baile y, en el primer descanso que hizo la orquesta, uno de sus miembros, recuerdo que era un apuesto mozo con los carrillos muy rechonchos y pronunciados, creo que tocaba la trompeta, aunque de esto, no estoy muy seguro; pero instrumento de metal sí era. En la foto no está. El virtuoso músico, que lo era más para otras habilidades, durante el descanso entabló conversación con el mirlo blanco de la fiesta y la conquista fue tan exitosa que ya no la soltó. A nosotros nos dejó “pasmaos” con la boca abierta toda la tarde pues, una vez finalizado el descanso reglamentario, este pollo no se incorporó como debiera, con los compañeros a su trabajo y el gran usurpador de forasteras se pasó la tarde-noche agarrado a la moza a modo de sanguijuela y bailando al ritmo de lo que tocaban sus compañeros. El flechazo había sido tan fuerte que no la soltaba ni en los descansos; aquello era una auténtica lapa. Y nosotros, a mirar. Menudo bien lo pasó el tío, seguro que si vive, aún lo recordará. Vaya tarde. Ni en Las Ventas. ¡Cómo para desperdiciar la ocasión estaba la moza!
Nosotros nos pasamos la noche observando al bailarín y de vez en cuando nos preguntábamos, pero este cabronazo no se cansará. ¿Cuándo la soltará y volverá a tocar? Nada. No hubo forma de reincorporarlo a su trabajo y que nos dejara a nosotros el campo libre. Así pues, a esperar hasta el siguiente año, a ver si con algo de suerte, la nena de la ciudad del oso y el madroño volvía a visitarnos. La verdad es que: más moral, ni el alcoyano.
lunes, 29 de noviembre de 2010
RECUERDOS DE JUVENTUD
Leyendo el último comentario de Víctor Gión me vienen a la memoria muchos recuerdos de mi juventud en Cangas.
Aquéllos bailes los jueves y domingos en las Plazoletas y en el Paseo. Tres piezas, descanso, otras tres, descanso y las tres finales.
Recuerdo que mi padre algunas veces no me dejaba hasta que acabara, que era en torno a las 12 o 12:30 de la noche, horario que para la gente de Cangas era mas que normal, pero para nosotros que proveníamos de la zona central de Asturias eran horarios a los que los mayores no estaban acostumbrados, con lo cual pese a que ya tenía 17-18 años, a veces cuando los domingos me salía un poco de madre y nunca mejor dicho lo de madre, pues era ella la que al ver que tardaba en llegar, de vez en cuando se levantaba a ver si ya estaba en la cama y entonces mi padre cortaba por la calle del medio y al día siguiente "Ordeno y mando": Horario de los días de diario, 11 de la noche. Los domingos a la 1. Horarios que solía cumplir uno o dos días para luego con la complicidad de mi hermana Mª Carmen que me dejaba la llave debajo del felpudo, volver a las andadas, porque los domingos estábamos en el Trébol con aquellas maravillosas compuestas que sabían a Gloria, hasta que el Habanero empezaba a apagar las luces que debía ser sobre las 3 de la madrugada.
Yo me acordaba de tí tocando con la Nopal, como bien dices en la cuerda de Saxos junto a Neto y los Corolos y sin embargo con la Banda no. Y eso que éramos vecinos los dos de la calle Dos Amigos.
También yo tenía aficiones musicales y de hecho empecé los ensayos en el Parque donde está ahora el Monumento al Minero con Juanjo que era el Director de la Banda, pero yo pretendía empezar la casa por el tejado, pues no me gustaba mucho el solfeo y lógicamente no podía tocar el saxo sin saber música, con lo que a los dos o tres meses me cansé y lo dejé.
Sí me acuerdo de Antonín, que estaba viviendo con algún familiar en Cangas, y era de Infiesto, que llevaba ya más ensayos que guardias tenía el Picurri en el Ferral en nuestros tiempos de la mili y nunca le daban instrumento, ni lo dejaban tocar en los conciertos. Un día que se lo pidió, Juanjo le contestó que era porque tenía los labios muy gordos, a lo que Antonín le contestó no sin cierta sorna: "Oiga D. Juan los negros tienen los labios como puños y toquen la corneta como Dios". A partir de ahí todo el mundo sabe de quién hablamos cuando nos referimos a "Dios". Por cierto que luego en mi época laboral como viajante de barnices, una de las zonas que mas visitaba era precisamente Infiesto. Allí lo veía con frecuencia y se acordaba de mí. El pobre hombre estaba un poco tocado. Había veces que lo encontraba ya cerca de Nava, distante unos diez Km. de Infiesto, a donde subía a "dar un paseo" todos los días. Hace ya unos cuantos años que murió.
En el comentario de Gión al que hago referencia al principio de este escrito, dice que Samuel colgó varias fotografías de los actos del 150 Aniversario de Corias. Partiendo de la base de que como entendido en estas lides soy lo justo, no encuentro dichas fotografías, por lo que lanzo desde aquí un ¡SOS! A quien me pueda ayudar a ello.
Miguel Ángel dice que tiene la grabación de "Sahara" en un CD. Espero la copia prometida, y si hace falta ir hasta Turón, aprovechamos para visitar a viejos amigos. Por cierto que esta canción también se la escuché alguna vez a Celia Cruz con su gracejo especial y su ¡Azúcar….! pero tampoco logro encontrarla por ninguna parte.
Acabo de leer el último comentario de Samuel y me uno a su petición para "Anónima" adopte un Seudónimo y así en caso de que haya más , como así ocurrió, saber con quién nos jugamos los cuartos.
Alfredo Fernández
domingo, 28 de noviembre de 2010
CRÓNICA DE DOMINGO
Bueno amigos, aquí estamos a punto de concluir el fin de semana (como dicen los jóvenes el finde) y a pesar del frío reinante hemos tenido un buen día. Los domingos a primera hora, si mis obligaciones de familia me lo permiten, suelo salir a dar un paseo de unos diez kilómetros entre ida y vuelta por el alfoz de la ciudad. Tengo dos itinerarios predilectos, uno un poco más largo que el otro, y los voy alternando, según el tiempo de que disponga. Uno me lleva hora y media y el otro casi dos horas y media. Tanto uno como el otro son recorridos bastante frecuentados por los mañaneros andarines que quieren rebajar calorías para luego no tener remordimientos si se pasan un pelín, a la hora de tomar “el blanco” con sus correspondientes tapitas. Como llevo haciendo estas rutas bastante tiempo ya me son conocidas las caras de los otros paseantes que también son asiduos. La mayoría ya nos saludamos cuando nos encontramos y solemos comentar las inclemencias del tiempo como tema principal de conversación. Si un día falta alguno, rápidamente se echa de menos. Al momento. Yo, concretamente tengo dos puntos determinados en una de las rutas que siempre me encuentro al llegar a esas alturas a las mismas personas; de ahí que hayamos llegado a reconocernos y decirnos los buenos días. Gran defecto de la mayoría de la gente de ciudad que no entiende que, al cruzarse con un semejante, sobre todo en el campo, lo bueno y correcto es saludarse y darse los buenos días. Una ventaja más que tenemos los de pueblo pues, afortunadamente, esa costumbre la tenemos asumida.
Hoy después de desayunar y tomar un segundo café (éste sin Bálsamo de Fierabrás) me pertreché de bufanda, gorro de lana y guantes, que todo era poco, y a la calle. A las diez de la mañana había un sol radiante, pero los charcos aún estaban todos entoldados con una gruesa cubierta de hielo como si fueran lucernas. Sobre las ocho el termómetro aún marcaba cinco grados negativos pero, a pesar de ser una temperatura muy baja se estaba bien, pues no corría brisa alguna que es la que produce esa sensación térmica de muchos menos grados de temperatura de la que realmente hace. Al poco de iniciada la ruta me he encontrado con un mañanero habitual pero le he notado un tanto apagado. En seguida me dí cuenta de que venía solo y que le faltaba la compañera inseparable que era su perra de raza pastor alemán. Al preguntarle dónde estaba el can, el hombre todo apenado me dijo que se le había muerto de vieja. Tenía quince años. Daba pena ver al hombre, de unos setenta años, lo triste y abatido que estaba; y la diferencia de carácter que tenía comparado como cuando él paseaba con su inseparable y fiel amiga.
La verdad es que, para todo aquel que le gusten los animales es una forma de compañía estupenda, pero para las personas mayores que viven solas el tener un animal con ellos les supone media vida. Después de charlar un rato con este apenado y triste hombre continué mi camino pero no dejé de pensar en la amistad tan profunda que se puede entablar entre un fiel animal y una persona.
TARDES FRÍAS E INVERNALES
Con las noticias tan pesimistas que nos brindan diariamente los medios audiovisuales y, no vaya a ser que se nos olviden, también la prensa escrita insiste y nos lo vuelve a recordar día tras día, de forma machacona y cansina hasta decir basta, como para dejarle a uno la moral por los suelos. Y si nos referimos a los tertulianos, en general, entonces: apaga y vámonos. Como reacción a esta campaña orquestada de aburrimiento, los ciudadanos de a pie debiéramos de salir mucho más a la calle para alejar de nosotros este cenizo que trata de acongojarnos y meternos el miedo en el cuerpo. Si hiciéramos bueno el dicho popular de “al mal tiempo buena cara”, podríamos comprobar que no es cierto todo lo que se barrunta y que el ciudadano normal, a pesar de todas las dificultades de la vida, sigue teniendo muchas más ganas de divertirse y de pasarlo bien, que de regodearse en conspiraciones de índole retorcida y desestabilizadora. En general el personal lo que debiera de procurar era dejar el muermo para otras ocasiones, y a poder ser, cuánto más lejanas, mejor. Y por si fuera poco el tener que soportar esta murga diaria, el tiempo climático parece que se pone de parte de estos presagiadores de mal agüero, empeñados en amargarnos la existencia, y no nos deja apenas salir de casa. Aquí en León que ya rebasamos estos últimos días, los cinco grados centígrados bajo cero durante las noches, aunque los días son soleados, la verdad es que apetece más estar en casa que andar por la calle. Es una pena que no aprovechemos estos espacios de tiempo de reclusión casera para elaborar material bloggero. Yo creo que para ello, simplemente tenemos que sentarnos ante nuestra máquina electrónica con ánimo de recordar ciertos episodios pasados o presentes, que nos hayan causado gracia y alegría, o simplemente comentar el tiempo que hace. Aunque en principio nos parezca difícil y digamos: es que no se me ocurre nada. No es cierto. Todos podríamos contar infinidad de cosas, por banales que nos pudieran parecer en sí mismas; siempre serán origen de discusión y podrán desencadenar un montón de comentarios, bien por afinidad o por disparidad, por parte de alguno de nuestros lectores. En general, creo que somos excesivamente críticos con nosotros mismos y por eso nos censuramos anticipadamente. Simplemente tendríamos que vencer el miedo tan grande que tenemos al ridículo. Los que normalmente colaboramos en este Blog, queramos o no, ya vamos teniendo algo de oficio y como dice el refrán: “el que hace un cesto hace un ciento”. A primera vista siempre es difícil vencer el pánico al folio en blanco, pero fijaros yo me he puesto al teclado, así como el que no quiere la cosa y ya he dicho varias perogrulladas; pero si sirven para que os dignéis en leerlas ya me doy por contento. En las últimas entradas sí hubo varios comentarios por parte de los visitantes. Todos de buen tono y algunos muy ocurrentes y amenos. Deberían muchos tomar nota de nuestro “Anónimo/a” que siempre responde y puntualiza con sus amenos comentarios a todo lo que se publica en general, y sobre todo, lo relacionado con Cangas. También estoy esperando una colaboración de nuestro amigo Víctor Gión que tiene preparada y en cualquier momento aparecerá n el Blog.
Como refuerzo a lo que venía diciendo se une también el aval de que el número de distracciones que uno va teniendo, según se van cumpliendo años, en vez de ir a más, todo lo contrario y, lo malo es que casi siempre es debido a que ya no se pueden hacer gran parte de las cosas que nos gustaban. Y no me refiero a nada especial. Simplemente el poder comer o beber lo que a uno le guste ya puede suponer un pequeño placer muy deseado para el día a día o de vez en cuando. Por pitos o por flautas, en la mayoría de los casos ya hay que ir moderándose; cuándo no hay que eliminarlo del todo o sustituirlo por otras actividades que, aunque nos digan que son muy saludables y distraídas, ya no es lo mismo. Llegados a este situación una forma de entretenerse y pasar muy a gusto el tiempo es escribiendo. Yo, antes de ponerme a ello me tomo un café bautizado con unas gotas de Bálsamo de Fierabrás (vulgarmente llamado orujo) y detrás un vasito de agua para refrigerar. Al momento de la ingesta de este espirituoso brebaje parece que me vienen las ideas a porrillo; deben de ser los vapores etílicos. Ilusionado con el agolpamiento de ideas presentes suelo empezar con mucha euforia, pero una vez que llevo igual dos páginas o más escritas, hago un receso y me lo leo. Con toda seguridad que no me gusta nada lo que he escrito y lo borro. De momento, pienso en las otras posibilidades que tenía reservadas pero: cuándo quiero tirar de ellas, o se me han olvidado o ya no me son tan sugerentes como al principio. Tal que, al rato, lo pienso de nuevo y digo: pues no estaba tan mal lo que había escrito. ¡Qué pena! No debiera haberlo borrado. Y vuelvo al tajo para intentar recomponerlo. Cuándo quiero darme cuenta tengo a mi mujer al lado llamándome por enésima vez para que vaya a comer o a cenar de un p… vez. Resulta que después de no saber qué decir, y de tener toda la tarde por delante, al final se me ha hecho el tiempo corto y tengo que posponerlo para el día siguiente.
viernes, 26 de noviembre de 2010
RECORDANDO COMPAÑEROS
Hablar de campanas, era citar a Galán, si hablásemos de cine de Fray Tejo y su ayudante Alfredo Mario, si de deporte se tratase y para más señas de fútbol, todos en mayor o menor medida jugábamos, pero hay que destacar (por llegar más lejos) a Jorge (tristemente desaparecido) que jugó en el Granada, Avilés y Turón, entre otros. Richard que jugó en el Lugo, del cual perdí la pista. Ángel (tristemente desaparecido) que jugó en el Mosconia. En carreras de fondo quien no recuerda a Rufinín y a Parrondo con sus duelos, siempre dentro de la mayor deportividad. Parrondo que apuntaba grandes dotes para la talla de la madera. Como dotes tenía Lorenzo para la electrónica, todo un “manitas”. El gran sanitario que teníamos, en compañía del P.Lastra, el mismo que pensáis, Avanzas. "En el apartado musical destacaban dos virtuosos de la música uno de la guitarra, el hijo del café Madrid, creo recordar que de nombre Gerardo y el otro mi buen amigo Gión un artista con el saxofón, aún recuerdo sus actuaciones en Turón con la Nopal y su cantante Marino, nos veíamos con frecuencia en el aeropuerto de Asturias."
Personajes con simpatía a raudales, como...Pombal, Castañón y Miyares. Grandes actores, sobresaliendo sobre todos, en mi opinión personal, Cachito y Granda. Granda sobre todo, tenía una gran capacidad de interpretación. Otro personaje interesante era Fray Pepín, con un dominio del francés, que practicaba, sobre todo en las visitas turísticas a la Iglesia. Había otro personaje que era el tramoyista, pero de ese, no recuerdo quien era. MIGUEL-ANGEL VAZQUEZ VEGA
Personajes con simpatía a raudales, como...Pombal, Castañón y Miyares. Grandes actores, sobresaliendo sobre todos, en mi opinión personal, Cachito y Granda. Granda sobre todo, tenía una gran capacidad de interpretación. Otro personaje interesante era Fray Pepín, con un dominio del francés, que practicaba, sobre todo en las visitas turísticas a la Iglesia. Había otro personaje que era el tramoyista, pero de ese, no recuerdo quien era. MIGUEL-ANGEL VAZQUEZ VEGA
jueves, 25 de noviembre de 2010
"de bares...que más te da"

La diversión en el interior del colegio, fundamentalmente estaba, en el deporte, dentro del deporte balonmano y sobre todo futbol. El P. Lastra nombraba una serie de compañeros, como cabezas de serie, luego nosotros escogíamos a los compañeros, confeccionando los equipos y formado una liga. Recuerdo que mí equipo, siempre se llamaba el Inter. Fuera del Colegio, al margen de excursiones puntuales, actuaciones en la residencia de ancianos, en las monjas de clausura, los bailes en el Club y las sesiones de cine en el Trébol. La diversión más generalizada era la visita a los "altares" y en Cangas por metro cuadrado había muchos. Comenzando por Corias, el Bar La Chata, se llevaba la palma, cuantas partidas al tute, que truchas tan deliciosas. En casa Galdina, no se la razón, casi no parábamos. En alguna ocasión fuimos a un bar que había en Regla, recuerdo que era muy pequeño y que había una chica, ya se sabe las moscas a la miel, pero no recuerdo el nombre. Luego estaban las visitas, casi siempre acompañados del P. Eutimio o el P. Noguera al bar del Puente del Infierno. Ya en Cangas los recorríamos todos : El Julter, el Chacòn, el Madrid, el Club, el Royalty.....Pero especial mención en mí recuerdo El Castil y sus deliciosos callos, el Pénjamo, que era de los pocos, que en aquella época se podía degustar nuestra sabrosa sidra. El Chicote, creo recordar que era de un municipal o sereno y tenía dos hijas, tenia buen vino. El Metro y sus sabrosos embutidos y como no, cuando la economía lo permitía, El Blanco, donde ponían la caza de muerte. A buen seguro que me dejo alguno, del que posiblemente fui buen cliente. Muchos de estos establecimientos, hoy no existen, pero están en el recuerdo. SALUDOS, MIGUEL-ANGEL
miércoles, 24 de noviembre de 2010
ORTOGRAFÍA
¿Recordáis aquellos galimatías que teníamos que memorizar en Corias para aprender la correcta escritura de las palabras?
Deben escribirse con b ...
Las palabras que comienzan por las siguientes sílabas y a continuación de las mismas: tri-, tur-, nu-, su-, cu-, ca-, gar-, ver- , si-, al-, ur-, tu-, ti-, to-, ra-, ri-, tre-, gu-, lo-, ru-, so-, la-, car-, ta-, ro-, sa-, te-, tra-, ce-, ha-, he-, hi-, ho-, hu-.
Después de casi cuarenta años de mi vida dedicados a enseñar a los niños, entre otras cosas, la manera correcta de escribir las palabras, después de casi una década de ver como los mensajes de los teléfonos móviles y las conversaciones por los “chats” tiraban por los suelos todos los esfuerzos de quienes nos hemos dedicado a la Enseñanaza, pensaba yo que ya lo había visto todo.
No obstante, cuando ya estaba cercano a la jubilación, que ahora disfruto jubilosamente, me llegó un escrito que copio aquí en su integridad.
Sgeun un etsduio de una uivenrsdiad ignlsea, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio la paalbra es un tdoo. Pesornamelnte me preace icrneilbe...
Como no podía ser de otra manera, sometí a varios niños de distintos niveles a la lectura del dichoso escrito, pidiéndoles que aunque viesen que estaba mal escrito, tratasen de adivinar lo que había querido decir el que lo escribió, y que así lo leyesen.
El resultado fue unánime. Todos los niños de tercero de primaria en adelante pudieron leerlo y entenderlo sin problema alguno.
Las conclusiones podéis sacarlas vosotros mismos.
José Antonio Ramos García
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