PRESENTACIÓN

Anualmente cuando nos reunimos los antiguos alumnos de Corias, bien sea en grupos minoritarios por promociones en diferentes lugares del Principado y alrededores, o de forma general en el encuentro de Corias a finales de cada mes de septiembre, siempre solíamos comentar al sentir la alegría de juntarnos de nuevo que, era una pena el que hubieran pasado tantos años sin comunicarnos y sin saber unos de otros.

Afortunadamente, en estos tiempos eso está subsanado gracias a los medios informáticos disponibles que tenemos a nuestro alcance. Aprovechando la oportunidad que nos brinda BLOGGER para poder crear un espacio cibernético común, en la nube, donde se pueda participar y expresar los recuerdos que cada uno de nosotros guardamos celosamente de aquellos años, es cuando surge el Blog de los antiguos alumnos de Corias.

Esta elemental presentación lo único que pretende y persigue es reavivar la amistad y la armonía que hemos trabado entre todos nosotros durante los años de convivencia en el Instituto Laboral San Juan Bautista de Corias y, que a pesar del tiempo transcurrido, aún perviven frescas en nuestro recuerdo.

Otro de los objetivos del blog es recordar y compartir las peripecias vividas por aquellos jóvenes que coincidimos bajo las mismas enseñanzas, disciplinas, aulas, comedores, dormitorios, juegos, etc., durante varios años en el convento de Corias y que aún las tenemos muy presentes.

La mejor forma que tenemos para rememorarlo es ir contando en este blog todos los pasajes que cada uno de nosotros recuerde, expresados con la forma y estilo propios de cada uno pero, siempre supeditados a los principios del buen gusto, el respeto y a la correcta educación que nos han inculcado los padres dominicos. El temario en principio aún siendo libre, sí debiéramos procurar en general, que tengan preferencia los temas relacionados con el colegio y su entorno, ya que es el vínculo y denominador común entre todos nosotros.

Como es lógico, cada colaborador es el único responsable de sus opiniones vertidas aquí en el blog; las cuales pueden ser expresadas libremente sin condicionantes ni cortapisa alguna por parte de la dirección; tan solo debemos atenernos todos, a las premisas mencionadas anteriormente del respeto y el buen gusto.

Una vez hecha esta breve presentación, se pide la colaboración y aportación de todos los antiguos alumnos pues, seguro que todos tenemos algo ameno e interesante que contar. Unas veces serán relatos agradables y divertidos, y otras no tanto; pero así es la realidad de la vida.

Al blog le dan vida una serie de antiguos alumnos que colaboran de forma fehaciente y entusiasta con Benjamín Galán que es el bloguero administrador. A este galante caballero el cargo de administrador no le fue asignado por méritos propios, más bien por defecto, de forma automática; simplemente, por ser el titular del blog. Pero podría delegar el cargo en cualquier otro colaborador que así lo deseara.

De antemano, muchas gracias a todos los participantes y colaboradores. Tanto a los antiguos alumnos y profesores que deseen intervenir, como a todos nuestros amigos lectores.

¡A colaborar y a disfrutarlo!

(21 de noviembre de 2009)

B. G. G. (BLOGUERO PRIOR)

viernes, 2 de diciembre de 2016

BASELGAS V, 2016




Una vez más, y ya es la quinta, que nos hemos reunido gran parte del grupo, “Promoción Corias 1959/1966”,  en Baselgas concejo de Grado, para festejar y perpetuar una amistad forjada entre todos nosotros ya hace más de cincuenta años. A propósito de este bonito rincón moscón   y de la buena acogida que tiene  año tras año,  este grupo de amigos y antiguos compañeros de internado de  colegio,  por parte del hacendado anfitrión Fidel,  me viene a la memoria algo remoto de cuando yo era niño  que creo puede venir a cuento en este caso.

En mi pueblo, Posada de Rengos, y supongo que en muchísimas más aldeas, tanto del concejo cangués como de  los concejos limítrofes,  después de la guerra incivil y hasta bien entrados los años setenta, existía un derecho adquirido  popular, de trasmisión oral, del tipo de los que regían en los pactos entre ganaderos cuando iban a cerrar el trato,  que eran  simples palabras y a la hora de dar validez al compromiso adquirido entre las partes convenidas, eran tan válidas o más que una  fe de notario.

Todas estas normas o reglas que pasaban de padres a hijos  en los pueblos, no eran  publicadas  en el BOE pero eran aceptadas, practicadas y respetadas por todos de forma casi unánime. En el caso que voy a contar  la ordenanza conminaba, sin llegar a obligar bajo sanción,  a los vecinos de los pueblos a dar cobijo a cualquier  mendigo, transeúnte o pordiosero, que apareciese por el pueblo siempre y cuando  faltasen pocas horas para que llegase la noche, no dándole tiempo para que el desamparado pudiera desplazarse  por su pie y  con luz natural,  hasta la población  más cercana.
   
Cuando esto sucedía el pordiosero en cuestión, nada más que llegaba al pueblo, siempre que estuviera a  punto de caer la noche, antes de apostarse en cualquier sitio público,  lo primero que hacía era preguntar  por la casa del alcalde, vistor o, en su ausencia o defecto, cualquier vecino del pueblo que hubiese asumido la responsabilidad y el control de estas tareas de  caridad y solidaridad hacia cualquier paria que apareciese por la aldea.  Para controlar esta prestación la persona encargada llevaba  un control riguroso con  el orden de acogida para las diferentes casas del vecindario. De ahí que en cuanto se personaba el  desdichado de turno en casa del alcalde pidiendo cobijo, éste  consultaba su listado de acogida y por estricto orden de cumplimiento  designaba al vecino  que le correspondía  prestar ese servicio de caridad.

El alcalde solía acompañar  al transeúnte hasta la casa de acogida y lo presentaba a los recién nominados benefactores para darle más empaque y validez al acto.  Normalmente, ningún vecino  se solía negar a hacer  tal favor,  pero como pasa con todo en la vida,  había personas que recibían al huésped  de  muy buen agrado,  incluso   se esforzaban lo que podían por  complacerle en todo lo relacionado con la alimentación y con  el descanso, así como de facilitarle ropa usada limpia,  pero había otros que no eran tan receptivos y voluntariosos para socorrer al transeúnte, porque les parecían que eran todos unos mangantes y unos vagos.

Había casos en los que podría estar justificado el intento de escaqueo pues,  la vivienda no reunía condiciones y espacio suficiente como para albergar a desconocidos junto con los miembros de la familia. Llegado el caso  en el que el vecino intentaba zafarse, el alcalde no solía permitirlo y de forma inflexible decía que se arreglaran como pudiesen, porque él no podía saltarse el turno y  el indigente  tampoco  podía pernoctar  al raso. Digo esto con conocimiento de causa porque  ese era nuestro  caso. La casa de mis padres es pequeña y con los miembros de la familia que en ella convivíamos, prácticamente, ya  estaba al completo. Aún así, un buen día se personó la autoridad competente en casa junto a  un pobre de los del saco, para  decirnos que nos tocaba darle alojamiento  esa noche a aquel pobre víctima de la vida.

Recuerdo que  era un hombre de mediana edad,   bajo y rechoncho, sonriente y   de buen carácter,  con tales barbas que, estando sentado,  le llegaban a la altura del ombligo. El alcalde de turno sabía la falta de espacio de nuestra vivienda pero él tampoco  podía saltarse el orden establecido. Mi madre no se oponía a darle de comer las veces que hiciese falta al mendigo, pero el tener que proporcionarle  cama, eso a ella  sí le suponía un  problema y le decía  al regidor que había muchas casas más amplias que la nuestra,  en las que habilitar una habitación no les supondría  ningún trastorno, pero el juez en este caso,  no cedía e insistía en que cuando toca, toca.

Tal que,  mi madre viendo que no se podía zafar del encargo, le dijo al mendigo que en casa había poco sitio pero si él estaba de acuerdo  le  podían habilitar como cama un antiguo pesebre de la vaca bien mullido de yerba, con buenas mantas  y que dormiría allí plácidamente, sin ruidos y bien caliente. El hombre acostumbrado a hacer guardia en peores garitas, intuyó que se le iba a tratar bien y  no lo dudó. Al instante  aceptó la oferta  de muy buena gana. Recuerdo lo amena que fue la cena en la cocina los tres junto al barbas aquel,  y cómo nos narró detallada y minuciosamente las miles de peripecias y calamidades que aquel pobre desgraciado pasaba por el mundo.

A la hora de llevarle a la suite, el mayor miedo de mi madre era que fumase  ya que  había yerba seca amontonada y temía que tuviéramos que salir todos huyendo despavoridos por las llamas durante la noche. Pero no. Antes de bajarlo a los aposentos pesebriles le hizo una advertencia muy seria, que por Dios no se le ocurriera fumar en el “leito” (cajón de madera que hace de cama en la Cabrera leonesa, donde antiguamente se acostaba  la familia al completo. De ahí los problemas de consanguinidad y raquitismo endémico) y, aquel desgraciado, a pesar de que no paraba de “aborronar” en todo momento, fue consecuente con la exhortación del ama y  no fumó en toda la noche.

 A la mañana siguiente, sobre las nueve y media, como no respiraba el huésped, mi madre bajó a la suite a llamarle para desayunar y el hombre desperezándose como los gatos respondió muy alegre y contento diciendo que  en seguida subía. El aseo personal se le suponía pues en la casa tampoco había agua corriente por entonces, pero sí pasaba un caudaloso regueiro al lado, donde los nenos jugábamos, bebíamos y nos lavábamos de vez en cuando.

Una vez el hombre  en la cocina,  bien calentito sentado a la mesa, tomamos los cuatro buen  tazón cada uno  de café con leche  migado con pan. Aún recuerdo cómo al hombre se le quedaba la barba llena de migas y faraguyas  de pan empapadas en leche, debido a la fruición y la rapidez con que aquel pobre desgraciado  sorbía el desayuno.  Una vez reconfortado por el calor del café y también por la divertida conversación, aquel  pobre mendicante  se deshacía en elogios hacia sus acogedores, aunque solo fuese por una noche, y decía que se sentía feliz de lo bien que había dormido pues, el pesebre–cama, que se le había improvisado,  le había retrotraído a su infancia, ya que aquella seudocama, especie de cajón de madera, de sección trapezoidal,  era exactamente igual a la  cuna en la que él y un hermano suyo más pequeño,  habían dormido juntos hasta que no cupieron en ella.

Una vez contado  el pasaje del pobre, como conclusión diré que nuestro amigo  Fidel tiene el gran  inconveniente  que, a pesar de vivir en otros tiempos más democráticos que los del pobre de marras, se ve que en Baselgas no son tan respetuosos  como en Posada de Rengos  con las tradiciones de corte samaritano. Por lo tanto,  por muchos pretextos que este mozo busque, siempre tendrá que seguir cargando, al menos una vez por año,  con la murga de este  grupo de mandrias que juran y perjuran por lo más sagrado que son sus amigos y  que nunca lo abandonarán. De ahí que no le quedará otro remedio que albergarlos y acogerlos.

Amigo Fidel, muchas gracias por todo en nombre del grupo.


B. G. G. bloguero “Prior”

martes, 22 de noviembre de 2016

Va de ángeles



No me digáis que no sería maravilloso que se inventara algún artilugio para detener el tiempo. Quiero decir que sería genial poder echar el ancla justo en el momento en que casi tocamos el cielo con las manos. Prolongar esos minutos, horas, quizá días que nos sentimos absolutamente felices. No es posible quedarnos, instalarnos en ese momento mágico. Estamos destinados a recorrer otros minutos, otros días, unas veces venturados y otros desventurados.

El tiempo se lleva todo consigo, lo grato y lo ingrato. No cabe dolerse de la crueldad que significa poner fin a los momentos maravillosos, porque por contrapartida, el tiempo se lleva también lo adolorido, lo triste.  Es más, nos hace la caridad de mantener una memoria gozosa al recordar lo bueno y nos ayuda, y mucho al ir dejando lo ingrato entre las nieblas del pasado. Sólo los enfermos mentales logran instalarse en el pasado doloroso. Y lo llevan como un insoportable fardo a sus espaldas.

Los sanos mentales, rebuscamos en el pasado lo momentos felices para seguir gozándonos con ellos.

Con frecuencia me viene a la memoria aquella Navidad del ochenta y pico. Trabajaba yo en aquella época 11 horas al día. A las nueve de la noche terminaba en el centro donde impartía inglés comercial. A las nueve y cuarto llegaba a casa. Mis dos niñas, una de cuatro años, Rosa y otra de cinco, Ida, llevaban cinco minutos acostadas pero no dormidas, pues esperaban a despedirse de papá. Yo rendido, exhausto, les dedicaba un cuarto de hora entrañable para mí. Las tomaba de la mano y las llevaba al mundo mágico de los cuentos, donde todo lo imposible resultaba posible y, en la penumbra de la habitación mi voz convertida en susurro, las transportaba suavemente al país de los sueños.

Cientos de cuentos improvisados que lamento no recordar. Eran como un dulce somnífero a dosis diaria… En alguna ocasión me quedé dormido yo mismo a la par que ellas. Sólo recuerdo alguno que me veía obligado a repetir una y otra vez. A petición del público.

En esas estábamos cuando un incidente de mi salud me llevó al hospital Gregorio Marañón donde estuve encamado mes y medio.

Se trataba de una grave dolencia de la vista que me obligó a guardar reposo durante mes y medio con los ojos vendados y sin poder mover la cabeza ni un centímetro todo el tiempo. Fue terrible. Me encamé el día de Nochebuena y di orden de que no llevaran a las niñas a verme, pues la estampa era patética y demasiado impresionable para su corta edad.

La única información que recibieron fue: “Papa está malito en el hospital”.
Rosa de tres años y medio, fue quien primero reaccionó ante mi ausencia. Según me explicaba mi mujer se pasaba el día diciendo –viniera o no a cuento– “Bueno, yo como no quería a papá”, “Mamá, yo a papá no le quería”, “Yo no quería  a papá”.

Así mes y medio.

Cuando retorné a casa ofrecía un aspecto lastimoso. Pálido, con el pelo alborotado, vacilante, con unas gafas en la que los cristales habían sido sustituidos por dos cartones negros con un minúsculo orificio en el centro. Llegué y me derrumbé en una butaca con el cansancio de haber corrido un maratón.

Rosa no se separaba de mí y me decía: “Papá, qué guapo eres”, “Papá, guapo, te quiero mucho”.

No aguanté más allá de diez minutos. El cansancio era tal que tuve que acostarme en la cama.

Allí estaba yo, en la penumbra y sin ver… cuando oí que alguien andaba junto a la cama.
-                               -   ¿Quién anda por ahí? Pregunté.  
 -                        -  Papá, soy yo, Rosa. Contestó una vocecita y prosiguió, Papá ¿Me dejas acostarme un ratito contigo?
-                               -  Sí, mi vida, ven y acuéstate. Respondí.

Pronto la sentí apretarse contra mí, al tiempo que me decía:
-                              -  Qué  guapo eres Papá.
-                              -  Ya hija, lo sé, gracias.

Un silencio.
-                             -   ¿Papá?
-                            -    ¿Qué cariño?
-                            -   ¿Quieres que te cante algo o te cuente un cuento?

La oferta me deslumbró. Quería darme lo mejor, según sus valores, una canción o un cuento. Sentí una emoción inenarrable. En oscuridad mis quebrados ojos se me llenaron de lágrimas. Apenas si pude susurrar.
-                          -   Un cuento cariño. Dije.
-                          -   Una vez, una ardilla que vivía…

Fui consciente de que ni antes ni después de aquello iba a vivir algo tan bello, tan maravilloso como aquello.

Di gracias a Dios por facilitarme una prueba palpable de que, en efecto, existen los ángeles. Y uno estaba allí a mi lado. Luego, reconozco que le pedí a Dios un imposible; que detuviera el tiempo, que no terminasen aquellos minutos de ensueño.

Y no terminaron. Casi cuarenta años después, sigue el ángel a mi lado. La niña creció, se hizo mayor, hizo dos carreras universitarias, aprobó dos oposiciones, se casó y actualmente vive en Bruselas donde trabaja en la European School 4.

El roxín de la foto es su hijo, que, haciendo honor a su prosapia angelical es otra prueba ineludible de que existen ángeles.


Mirad la foto, y comprobaréis que es un ángel. Es un ángel trilingüe, ya sabe cómo se dice: cuento, canción, soñar y cariño en tres lenguas, en francés, inglés y en la lengua de los ángeles, o sea, el español.

Quizás todo esto ha sido un regalo que me dio la Providencia por bautizar a mi hija Rosa con sidra.

Sí, sí, con sidra.

Pedí permiso al cura de Pola, donde nació la niña para que me permitiera echar unas gotas de sidra en el agua bautismal. Ya que la niña había nacido en Asturias y aquí se cristianaba yo quería que saliera una criatura explosiva, exuberante, chispeante, rubia, alborotada y alegre como la sidra que cae sobre el vaso. Y así salió.

Pepe Morán. Dominico-ex

viernes, 18 de noviembre de 2016

Ambas son necesarias...



En la cariñosa y cercana homilía, contaba ayer uno de los sacerdotes oficiantes en el Funeral de la madre de unos amigos, una anécdota que os voy a compartir:
“Preguntaban en una entrevista de un popular programa de televisión a una doctora forense que se declaraba profundamente católica, ¿qué eran para ella la enfermedad y la muerte, tan avezada como estaba a tratar con ellas? Después de un rato en silencio con los párpados ocultando la expresividad propia de los ojos, levantó la cara y dijo:
—Es verdad que con ambas trato diariamente, mas con ninguna de las dos me acostumbro; pero… —tras otra pausa y ante el asombro del presentador, añadió— ambas son necesarias… Cuál sería el sentido de nuestras vidas, cuál es, sobre todo el sentido de las vidas de todos los vivientes…“.
Y siguió la homilía con eruditos y siempre cariñosos pensamientos refiriéndose a la difunta, Socorro y a los familiares que durante años, años..., la cuidaron… con la dedicación y cariño que alguno sabíamos…
Pues, queridos amigos: Una madre es un tesoro y cuando la perdemos lo valoramos aún más y puedo asegurar que aún pasados 50 años se sigue echando en falta. Hacemos nuestro el dolor que SAMUEL, JAVIER, ambos alumnos de Corias y su hermana ANA, así como el resto de su familia sienten por la pérdida de su amada madre. Por eso hemos acudido a su funeral, ayer en Navelgas (Tineo) y hemos rogado a Dios que os conceda la fortaleza necesaria para afrontar este irreparable designio.
Y les expresamos nuestras muestras de solidaridad, amistad, estima y respeto.
Lo que traslado al Blog, por lo que en él es considerado y querido Samuel.
¡Salud! Gera

domingo, 13 de noviembre de 2016

¿DÓNDE ESTÁIS QUE NOS OS VEO?


Tras otro paréntesis, (el “veroño” se presta a fútiles escapadas) iba a decir sin levantar la persiana —pero más bien es desplegarla— de este blog, veo que aún permanece mí última entrada esperando que otra, u otras, la “emburriaran” al baúl de los recuerdos. Y eso que la mía ya había sido instilada porque me parecía necesaria por ausencia de otras más conspicuas y/o más acertadas. Bueno pues insisto, con el ánimo de ser más levadura, que masa.

En aquel tiempo… habían puesto (¿el padre Eutimio?) una película de Mario Moreno “Cantinflas”, sí aquel que rehusó ser presidente de Méjico, ¿lo sabías? Sí, aquel de uno de los tres bigotes más célebres.  También el que era mucho más que un cómico; que fue reflejo de una sociedad donde los ricos humillan a los pobres,…, donde los caciques, políticos y banqueros…  Aquel   cuyas películas carecían de sentido al ser dobladas a otros idiomas porque perdían el encanto de su ingenio… Aquél, en aquella película, entre otros oficios en aquel film (o como decía uno de mi pueblo: «Yo siempre pensé que se decía plícula y resulta que ahora se dice flim…), el paticorto ese que hasta la R.E.A. de la Lengua, en 1.992 le mostró su respeto al admitir el verbo cantinflear y los vocablos cantinflas y cantinfleada, el bis-bigote ese, digo, trabajaba de dependiente en una tienda de modas.

En una escena en que entra una señorita a comprarse una prenda el jefe del establecimiento le azuza para que la atienda y que no se le escape sin venderle algo, a lo que, solícito, servicial y desconocedor de la ubicación de los bañadores, le dice:
— Pues ándele que sí. Tenemos un modelo nuevo —mientras revolvía en diversos estantes— que se llama ANDESTASQUENOTEVEO…
Me da pie para repetir esa palabra, ya formalmente separada para preguntar al blog, tanto la zona activa como pasiva, ¿DÓNDE ESTÁIS QUE NOS OS VEO?
Comprendo que hay programas de tv, partidos de esto y de lo otro; que las otras redes tal y pascual…, pero esto de Corias, “ye algo muy serio” y a veces muy ameno. ¿ANDE ANDARÉIS?

Vivimos en tiempos de relativismo e incluso de nihilismo, en lo que todo vale, ya que los límites infranqueables, ya no lo son, pero, ¡caray!, los valores y la cultura que en Corias, los básicos, no la liturgia, no las bambalinas,…, nos han imprimido carácter…
Personalmente, os echo en falta y no mires para otro lado que a ti, a ti también.
Ánimo a quien escribe y a quien lee, que funciones el menú desplegable porque sino el eje de la rutina, se oxida.

ANDESTASQUENOTEVEO. Reflexión: ¿Por qué TODO JUNTO se escribe separado y SEPARADO todo junto?
Salud, Gera


martes, 18 de octubre de 2016

ÓPERA EN CORIAS




No sé si, queridos compañeros, guardáis, aún, en la memoria —no la flotante como la de los ordenadores, sino en la perenne— aquella graciosa y fascinante ópera que unos cuantos alumnos tuvimos la inmensa suerte de interpretar en Corias. Sí, sí; en Corias se llegaba a tan altas cotas.
Habíase elaborado un programa de mano al más puro estilo de los del Teatro Campoamor: Un folio doblado por la mitad del eje vertical, con un dibujo en la portada que además del título mostraba una pretendida escena del “drama” que se representaba. En las planillas interiores, además del argumento, dramático claro, figuraba el reparto de todo de elenco del bel canto, en busca del mejor resultado del legato, coloratura y virtuosístico…, brillantez de los agudos de Cachito y de los graves de un servidor…
 Habíanse impreso en aquella multicopista de origen alemán, Gestetner, postrera primicia de la comunicación, gracias a la cual se pudieron imprimir los gloriosos ejemplares del injustamente poco loado periódico Piñolo… También, dicho sea colateralmente, estas multicopista eran usadas para difundir mensajes antisistema… (Lo aseguro, porque como cantaba Mary Triny, "quién a los quince años no dejó su cuerpo abrazar...".
Pues el título de aquesta insigne pieza musical no era ninguna boutade: “La Vendetta”, con subtítulo de “Il Ritorno di Fiama”, aunque en el programa por una cuestión de libre traducción figuraba “El Tiri per la Culata”, mucho más expresivo, ¿no? Y el reparto…¡ah el reparto!: lo más florido disponible por aquellos claustros. En él figuraba yo como un tal Giuseppe Manolino Gera, que me habían adjudicado el papel de Rey… —perdón— que un determinado pasaje del primer acto, lleno de dudas y sospechas, interrogaba a Tadeo, mi fiel y valiente soldado, con voz grave como corresponde a un rey, en do sostenuto:
— ¿Di dónde si arriba, Tadeo, el piu bravo guerriere?
— Yo vengo de Tineo,  respondía  Cachito con voz de tenor, vichita molto importante…  Seguía narrando las excelencias de la villa, del parque donde Rubén cazaba (ya entonces) amores al azar y que tenía algún malhecho (que Dios tendrá en la gloria por lo buena persona que era) y maltrazaus bastantes. (Uno de los cuales era yo).
Habíamos ensayado durante un mes bajo la atenta escucha del Padre Castaño, acompañado de la exquisita y refinada musicalidad del lenguaje sinfónico del Padre Luciano y con una atrevida puesta en escena que tanto gustaba a las mocinas de Cangas, de sobra avezadas a estos cultos actos.
El resultado, como dicen que dijo —yo no lo oí—, Nietzsche, desde entonces no sólo me resulta imposible vivir sin música, sino que la ópera, la música,…el arte en definitiva, es para siempre y para todos: no sólo para unos pocos.
Tal es así que pocos años adelante, en una romería de prau por el río Naviego arriba ¿?,  acompañando a, ¡ay mocinas de Cangas!…, quedé atónico (¡entiende usted?: sin tono) cuando un virtuoso acordeonista anuncia la siguiente melodía de color diciendo:
— Y ahora, señores y señoras, les voy a intrepetrar un foxtró a toda ostia… (Tal cual escrito queda).

P.D. 1. Y que esto lo diga uno de Gera…, aunque esto otro que añado entre comillas, lo dijo otro de Tineo hace algo más de veintiséis quinquenios y dos años más:
“Esos señores —se refiere a la llegada de la Orden de Predicadores a Corias, tras 27 de abandono del monasterio— son queridos y respetados en la comarca por su ilustración y afabilidad con todo al mundo, que los capta las simpatías de cuantos los conocen, prestando importantes servicios, y dedicándose a la enseñanza. ¡Lo que va de tiempos a tiempos! Los que había antes de Felipe II, querían ser respetados por la fuerza de las riquezas; los de hoy, por la fuerza de la ciencia, la virtud y la modestia”. E. Carrizo.

P.D.2. …me alegra que fuera uno, uno más, de Tineo quien así hablara…

P.D.3. No es por jactancia no citar a otros actores sino que desde aquel entonces habrán pasado casi, casi sesenta años y los míos…ya suman diez…; así que la memoria orada hasta donde las circunstancias…y es que la ciencia llega hasta donde llega la ciencia. Después, después está Dios.
¡Salud!

viernes, 7 de octubre de 2016

De la lima basta, al brownie de chocolate



Estaréis de acuerdo conmigo en que existen lugares que tienen un atractivo especial, bien sea  por su ubicación dentro del conjunto arquitectónico al que pertenecen, o porque reúnen de por sí determinadas condiciones telúricas o tectónicas que no se dan en el resto de compartimentos del edificio y por lo tanto,  siempre resulta agradable y reconfortante el permanecer bajo su techo, independientemente de la utilización a la que se les dedique. Tal es el caso del recinto que vemos en la foto repleto de mesas y de comensales en plena degustación del Pote cangués, y qué casualidad, que  muchas de estas mismas personas junto a muchísimas más, en otros tiempos ya lejanos, ocuparon diariamente durante una o dos horas este mismo espacio, pero no como lugar de deleite gastronómico, sino como aula de formación práctica de la asignatura de Tecnología que era el Taller de Metal.

Hoy se le denomina a este aposento  sala Monte Muniellos, en honor a la Reserva Natural de la Biosfera, distante de aquí tan solo unos 25 km  y que es cuna del oso y del urogallo,  con una riqueza forestal de roble, haya y abedul de las mejores conservadas de Europa.

En la actualidad, lo que era el antiguo Taller de Metal y después de su reconversión, está claro que sigue siendo  un lugar complaciente, pues basta ver la animada comida que están celebrando los antiguos alumnos de  Corias y sus familias,  con motivo del Encuentro anual que tiene lugar el último sábado de septiembre de cada año. Pero si nos remontamos a  los tiempos del instituto laboral las horas que aquí pasamos los alumnos siempre fueron  amenas y entretenidas. Si después  nos fueron más o menos útiles  como formación académica  para el  camino que tomó cada uno, eso no lo sé, pero perjudiciales seguro que tampoco. Las clases prácticas de talleres,  tanto en el de Madera como en el de Metal o en el de Electricidad, y posteriormente en el de Cerámica, siempre eran como un aflojamiento en la jornada diaria después de la rigidez,  dificultad y concentración que requerían las asignaturas troncales, aunque entonces no se llamaban así: decíamos las importantes.

El profesor del taller, el señor Lisardo, era hombre serio y un experto tornero que  cumplía perfectamente  su misión  docente de enseñarnos  a manejar toda aquella maquinaria de la que disponíamos, para luego llegar a saber mecanizar todo tipo de piezas de metal, tanto de soldadura en sus dos versiones: oxiacetilénica y eléctrica, como de  ajuste y de torno. Todos recordamos aquel enigmático armario metálico,  cerrado a cal y canto, donde el profesor Lisardo guardaba como oro en paño el cuadernillo de las notas, las soluciones de las diferentes combinaciones de los números de dientes de las ruedas conductora y conducida que se colocaban en la lira del torno para obtener una determinada rosca, por ejemplo, de un  paso de 8 hilos por pulgada si era  rosca Whitworth, o de 2,5 m/m  si ese trataba de rosca Métrica. Detrás de estos tesoros de papel  estaba a buen recaudo  la botella de orujo,  que de vez en cuando y siempre fuera de las horas de clase, y  amparado por su mozo de estoques, Jose de La Chata, tenía la ocurrencia de  dar a probar al pardillo de turno que cayera por allí, aquel Bálsamo de Fierabrás  haciéndolo pasar por agua del grifo.

A mí me ha gustado mucho el cambio de comedor pues, en años anteriores celebramos la comida en la sala Lagares, también muy bonita, pero este año ha tenido un sabor especial ya que el antiguo Taller de Metal lo considera uno como algo más propio, agradable y más cercano;  ya que en él  pasamos muchas horas  de ocupación docente y divertida. Además, supone un cierto placer el  recordar que en el mismo lugar que hace 50 años desbastábamos  con lima gruesa un tocho de hierro dulce



hoy día saboreamos un delicioso "Brownie" de chocolate.



B. G. G. bloguero “Prior”

martes, 4 de octubre de 2016

De nada hombre, de nada…



Hace poco aludía yo en este blog a la trascendencia que puede tener en una vida la toma de decisiones que sobrevienen en un momento determinado e irrepetible. Citaba el caso de un alumno al que orienté y reorienté su vida dos veces… Por lo original del caso me decido a contarla a sabiendas de que en forma alguna será identificado por nadie. Es un secreto que sólo yo he tenido para mí, como muchos otros.

Allá por los 60, el ingreso en Corias lo determinaba un examen que no hacíamos nosotros si no funcionarios del Estado, una vez al año en Julio y en Oviedo.

Se llamaba el P. I. O (Principio de Igualdad de Oportunidades). Una vez aprobado el examen, las familias decidían donde enviar a sus hijos. A Corias iban unos 100 cada año. Los que por no hacer el examen en Oviedo, no tenían beca, tenían que ir por libre, o sea, pagando el internado y previa superación de un examen que les hacía Pepe Morán, que era el secretario.

Un año, se me presentó un hombre con su hijo, para tal prueba. Se conoce que no habían tenido noticias del P. I. O y venían por libre. El muchacho era un tipo fuertote y con cara de buena persona. El padre me indicó que tanto el cura como el maestro estaban empeñados en que estudiara pues le veían sumamente capaz. De paso debo indicar, que aquel hombre era muy mayor, con ciertas evidentes minusvalías físicas y además, viudo. Era campesino. A mí me llamó la atención que tuviera la grandeza de espíritu de renunciar a la ayuda del chaval por el bien de éste. Le hice una prueba y quedé impresionado. El chaval sabía todo y no había forma de cogerle en un fallo. El tema, por ese lado, estaba resuelto. Pero todo se torció cuando, al ir a tomar  los datos personales del chaval, me percaté de que ya tenía los 14 años cumplidos. ¿Y qué…? Pues que el consejo de profesores había decidido  en el Junio anterior, no admitir a ningún chico que tuviera los 14 cumplidos. Ello era debido a que nos pareció que en el primer curso había una disparidad de edad que iba de los 10 a los 16 y tratamos de corregirlo.

Cuando le dije al hombre que no podía admitirle se me  derrumbó. Casi lloraba del disgusto.

Yo me conmoví ante aquel extraño fenómeno de desprendimiento paterno en un hombre de campo y minusválido. Yo no podía pedir una reunión urgente del Consejo de Profesores para explicar el caso. Entonces  tomé la decisión de pasar por encima de la ley. Yo ya sabía entonces (no todo lo aprendí en la Biblioteca Nacional) que existía algo llamado epikeya, inventado por Aristóteles siglos antes de Cristo. Es decir, que hay que aplicar la ley siempre, pero no se debe de aplicar si su aplicación va a producir un perjuicio o un mal irreparable.


Era evidente que por la edad era imposible subsanar el caso al año siguiente. Luego estaba en mis manos decidir si estudiaba o volvía a l pueblo a cuidar vacas. Y, claro, le dije que yo le admitía. ¿Cuánto costaba al mes un interno? Creo recordar que eran unas 1300 pesetas. El hombre que lo oye se viene abajo de nuevo. No disponía de ese dinero mensual. Y, el que conocía esa realidad, sabía que era normal que no dispusiera del dinero. Ese mismo verano, un amigo mío bastante adinerado me había dicho que si veía algún caso de un chico capaz pero pobre, él se ofrecía a pagarle los estudios. Con una sola condición, que nadie supiera jamás quien lo pagaba.  Que era un asunto entre los dos.

A estas alturas de la reunión yo ya estaba lanzado. Le dije al hombre:
-               -      No se preocupe, que venga sin pagar.
-               -     ¿Quién lo paga? Quiso saber.
-               -     Señor, eso no puedo decirlo. Lo he prometido.
-               -      Entonces no puedo aceptarlo.
                -     Bien, es usted libre de aceptarlo o no, pero no puede pedirme que falte a mi        palabra de no revelar  su nombre.
-               -     Bueno, venga, lo acepto.

Así ingresó el chaval en Corias. Fue durante siete años y extraordinario alumno.
Al terminar Corias pidió una beca salarial para estudiar en Madrid. Se la concedieron. El importe no sé cual era, pero si sé que el Doctor Avanzas, tenía una beca para estudiar medicina en Salamanca de una cuantía mensual mayor que el sueldo de su padre.

Fue en esa época cuando yo cambié para la vida seglar y me fui a Madrid, una amiga mía de Ujo entró un día a un bar y oyó al camarero hablar con un cliente. Hablaban de Corias. Esperó un momento y le preguntó al camarero:
-              -      ¿Has estudiado en Corias?
-              -      Sí, todo el bachillerato.
-              -     Entonces conocerás a un tal Pepe Morán.  
 ¡      -  ¡Ay! No me diga que le conoce y que sabe dónde encontrarlo.
-              -     Pues sí -dijo mi amiga– le diré que estás aquí y que venga a verte.
-             -     Fui. No faltaba más.

Me contó que al terminar el primer año de la carrera sacó una nota media de 6,6 y para conservar la beca pedían un 7 de media. Entonces ante la alternativa de volver avergonzado al pueblo o ponerse a trabajar optó por esto último. No encontró nada mejor. Trabajaba doce horas al día, dormía en un camastro en la trastienda y rezaba todas las noches para que su suerte le cambiara.

Pues mira, ya te ha cambiado.

Ese mismo día llamé a un amigo mío que presidía la delegación de una empresa en Madrid:
-               -      Oye, tengo un chaval que tú necesitas.
-               -     Pepe, y no necesito a nadie ahora.
-               -     Escucha, te lo ofrezco a ti por amistad.
-               -     Que no necesito a nadie.
B     -   Bueno, mira, mañana irá a verte a tu despacho. Y te digo más, no pasará ni una semana sin que me llames para darme las gracias.
-               -     Pepe, por Dios, que yo…
-               -     Nada, nada. Mañana irá a verte.

No se cumplió la semana, pero sí mi pronóstico de que me llamaría para darme las gracias.

De nada hombre. Si necesitas media docena más, te los mando. De Corias, naturalmente.

Una vez encarrilado me desentendí de él. Sé por mi amigo, que se matriculó en derecho, que hizo la carrera, que ganó unas oposiciones y que llegó a un alto cargo en la Administración Pública.

Y nada más. Nunca recibí noticias suyas. Ni una llamada, ni un Christmas, ni recuerdo de…

Confieso que me afectó. Tanto que me prometí no volver a hacer favores así. Pero, claro, no lo cumplí. Hice muchos. Es inevitable.

Cómo estoy convencido de que nadie puede identificarlo aquí.

Y como consejo: Haz el bien y que no se entere tu mano izquierda de lo que haces con la derecha.


Pepe Morán. Dominico-ex