Querido Padre Prior:
Espero que al recibo de estas líneas se encuentre bien de salud, quedando yo también bien, gracias a Dios.
Si en mi anterior escobazo-s empecé con usted, Padre Prior, quiero hoy hacerlo también por algo que escribió alrededor de Reyes y que siempre dejo para el último pase de escoba, cuando ya voy cansado. "Para la próxima vez que barra", me digo. Y la próxima vez, vuelta a lo mismo. De modo que hoy, en primer lugar.
Hace referencia en aquel escrito al burrito aquel de cartón que le regalaron por Reyes sus papás, que como chico responsable, lo llevó junto con sus primos a beber agua al regueiro después de una mañana de juegos con él. ¿Recuerda cómo terminó el animal, hincado de rodillas y fartucu de agua...? Para el arrastre y para el gran disgusto del niño que era usted y que con los años llegaría a ser nada menos que Prior de una amplia curia.
Al leer el relato de aquel episodio de su niñez me vino a la memoria este chiste: Un padre viudo, algo vago y en horas del sopor de la siesta, tras un buen plato de pote cangués, botellita de PESGOS incluída, descansa bajo la sombra de un árbol, sombrero tapándole el rostro, tras la faena de la hierba. De pronto, su hija llega alborotada gritando: "Papá, papá, que el burro se cayó al pozo". A lo que el buen hombre, cambiando de postura, contesta con toda tranquilidad: "Hija, échale cebada, que agua ya tiene".
Habla usted, mi admirado Padre Prior, a quien nunca me cansaré de besar su mano y limpiar la levita pero sin llegar a ser su tiralevitas, de cómo perdió su inocencia respecto al cuento de los Reyes Magos con aquel inoportuno palo de xardón, que habiendo prestado su servicio a los conejos que sus padres tenían en la jaula, mondado y blanco como un palillo de dientes, le prestó un servicio también a usted al hacer de soporte de los regalos, espabilándolo y dándole un morradita -que a usted debió sonarle más a ostión que aquel que le dio el Padre Vicente, pasillo de la bodega, más de media noche de pie y en fila, por rebelarnos contra las lentejas- en su ingenuidad, que le espabiló, dejando de ser niño cagón y pasando a formar parte de la pandilla de "niñosmayores" de Posada de Rengos.
Justo, Padre, el día que usted escribió eso, estaba yo en mi campito arrancando un xardón (acebo) que se me había secado, pues mire usted qué torpe soy, que después de haber tenido uno a quien llamaba "el Sevillano", pues los 7 duros que me costó se los gané a un colega de la ciudad del Guadalquivir jugando al chincón en una noche de invierno en un cortijo de
la Serranía de Huelva, una malhadada enfermedad se me lo llevó después de una crecida de cinco años, cuando ya su rama guía me hacía cosquillas en la nariz, planté después dos más, pero desoyendo las enseñanzas del señor Hernández, se acuerda, Padre, aquel perito agrícola, buen hombre, buen enseñante, lambreta y cigarro como un "janfrey bógar" coriense hasta el punto de amarillearle los dedos de la mano, lo hice en mayo, hay que ver qué ocurrencia. Llegó el fuego canicular a Extremadura, como todos los años, en forma de rayos de sol de a 35º p´arriba, y los arbolitos, poco enraizados aún y pese al goteo de todos los días, se fueron al carajo, como "el Sevillano". Entonces, este año, aprendida la lección, planté otro hoy, el cuarto en mi historial de arboricultor. Y le hice un buen joyo. E hice tres montoncitos de tierra (la superficial, con microorganismo, humus y oxigenada, para la raíz, la central al centro y la de profundidad, viciosa y pobre, para la superficie. Y hasta le eché una palada buena de cuito, ala p´allá, p´aque nui falte ninguna cousa ya miedre pronto, todo según el protocolo aprendido con el señor Hernández, cejijunto él y a quien Balsera le cantó en la fiesta de despedida aquello de "¡Qué bonitos ojos tienes, debajo de esas dos cejas...!, se acuerda Padre, qué risas y qué felices éramos sin crisis, sin berlusconis, sin operacicones de faisan, nuevas rumasas, casos gurtel y jubilaciones estafa mercasevillanas, en fin Padre, que esto es un cesto de manzanas podridas donde solo nos salvamos usted y yo y creo que también podíamos poner la mano en el fuego por estos rapaces y rapazas que escriben en el Blog y quienes lo leen, porque nosotros somos de otros tiempos, de otros valores y estamos feitos de otras pasta.
Pues, Padre, termino con usted, que tengo aún muchas habitaciones por barrer y en realidad lo que quería era decir que siempre los conejos fueron la perdición de los cazadores y de los hombres en general, como lo fueron de su inocencia. Y si no, escuche esta canción que por estos lares se canta, hombres y mujeres a la par, en sobremesas camperas o parrandas de taberna y que se titula "El conejo de
la Lole". Dice así la letra:
La Lole,
la Lole tenía un conejo chiquitito y juguetón, que a los dieciocho años a su novio enseñó. Y el novio que era hortelano y en el huerto cultivaba coles, guardaba los tronchos gordos para el conejo de
la Lole".
Padre, dice mi señora y santa esposa que es una canción machista, pero yo no opino así. Es una canción de amor, libre y consentido. Y mire, yo soy del pensar que "a quien Dios se la dé, Sampedro se la bendiga".
Ya para terminar, que vou tando cansau, recordarle aquella foto que colgué del meandro del Alagón y de la cual nos dio usted una sencilla y bien traída lección de geología. Se acuerda, ¿verdad? Pues hay un detalle que merece la pena comentar y sin que esto signifique subírme a sus barbas, que la autoridad es uted, voy a apuntar un detalle: con el paso de los tiempos y cuando ya usted sea por lo menos obispo desde un campo de malvas, al igual que yo, lo que ahora es un meandro conformando una pequeña península, terminará por la acción erosiva del agua -que folganona ella busca siempre el camino más corto- convirtiéndose en una isla. Ya le escribiré para contárselo en papel de esquela y tinta "polvoeres-polvoteconvetirás".
Padre, toy cansau y pemeque que nun sigo barriendo. Solu fichxi un cuartu, el sou, pero fíchxelo a cunciencia.-jrFRANCOS
3 comentarios:
Querido discípulo. Te diré que todos los meandros cuando son tan cerrados como el de la foto que mencionas, cuyo curso de agua llega a ser casi tangente a si mismo, después de hacer un giro próximo a los 180 grados, el proceso erosivo siempre concluye abrazando en redondo por completo al macizo interior hasta convertirlo en isla. Es un ejemplo de libro.
JrFrancos,eres de pluma fina y transparente,excelente el comentario y los personajes mencionados...!Qué te podría decir yo¡la canción de la Loles...muy a tono con el comentario,cuando nos veamos te enseñaré unos compases musicales,tú eres listo y enseguida vas a aprender,después les tocas algo a esas gentes Extremeñas,Vale?Un abrazo y slds cariñosos.
Benjamín,la lección de los meandros...magistral,estamos en formación continua,así da gusto,creo que llagaremos a los 95 y tan frescos.Un abrazo,slds cariñosos.
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